13 de Diciembre de 2006
Otro pinochetazo
No comparto el júbilo de muchos ante la muerte de Augusto Pinochet. ¿Por qué la alegría? ¿Pensamos que la muerte es un castigo? La muerte nos ocurrirá a todos, tarde o temprano, y a mi ver, no es castigo ni premio, sino nada más algo que nos ocurrirá y ocurre a todos por el simple hecho de ser mortales. (Por supuesto, me refiero a la muerte natural o producto de alguna enfermedad, no del asesinato ante lo cual es difícil conformarse).
Su muerte en realidad deja un mal sabor de boca. Algo de rabia. Creo que si hay algo que lamentar es que haya muerto sin pagar ante la justicia de ningún país por todos los crímenes cometidos. La muerte se ha burlado de la justicia. Ha sido otro pinochetazo.
Su muerte no revive ni redime a los miles de torturados, desaparecidos, asesinados, perseguidos, exiliados, ni a todos los que de manera directa o indirecta sufrieron todo tipo de dolor (dolor que se extiende al día presente), dolor que emanó y provocó este sujeto.
Pero aunque muchos utilizan la muerte como una especie de “redención” del difunto (todos los errores se olvidan y se enfocan en “las cosas buenas” que pudo haber hecho en vida), lo que hizo Pinochet no se puede obviar ni olvidar. No se debe. No en ánimo del rencor o la venganza, sino para aprender y velar porque atrocidades como las ocurridas no vuelvan a pasar ni en Chile ni en cualquier otra parte del mundo.
Cuesta concederle el privilegio del olvido a un sujeto que, en ningún momento de su vida, mostró arrepentimiento alguno sobre lo que fue su obra. En repetidas ocasiones manifestó Pinochet, muy conciente de todo lo que hizo, que no se arrepentía de nada y peor aún, añadía que si volviera a vivir haría todo de nuevo, de idéntica manera o quizás incluso apretando todavía más la tuerca. Todo, según él, en nombre de “salvar a la patria” del comunismo (oh patria, cuántos crímenes se cometen en tu nombre…).
De ahí que no coloco una fotografía del viejito de pelo blanco, de salud dizque endeble y que fingió durante años sufrir demencia senil para evadir a las autoridades, sino una de las fotos que peores recuerdos traen, la del militarón sanguinario y despiadado, rodeado de sus secuaces, la imagen de lo que siempre fue.
En todo caso, ¿qué castigo hubiera sido bueno para Pinochet? Fue tanta la maldad que emanó de esta persona que ningún castigo hubiera sido suficiente. Su deuda con los chilenos y con la humanidad decente, son impagables.
Pero lo que más pienso sobre la muerte de Pinochet es que cada vez que se mencione su nombre o se mire un retrato suyo, ese nombre y ese rostro estarán ligados para siempre con dolor, sangre, sufrimiento, tortura, corrupción, asesinato, odio, división, cinismo, mentira, muerte. No hay manera de desligar una cosa de la otra. Ésa es la verdadera herencia de Pinochet.
Hay mucho más que podría escribir sobre este tema, pero Marcelo Figueras se me adelantó en su blog y escribió esta nota que es como si yo la hubiera escrito y con la cual concuerdo totalmente.
Totalmente de acuerdo con vos, a mi parecer se fue sin castigo, tantos crimenes y nada de justicia.
Zoe3500 | 13 de Diciembre de 2006 - 10:18 PMBueno, aunque tienes razón, tengo que admitir que me dió un poco de alegría saber que ese asesino ya no existe.
Ahora viene la de Fidel. Esa sí que la voy a celebrar con unos tabacos que tengo guardados. Cuando mueren tiranos de esa estirpe, a veces hay que darles unas patadas al ataúd.
Guillermo Parra | 14 de Diciembre de 2006 - 10:59 AMLa pregunta es "¿cómo es posible que el tirano represor nunca pagase por sus crímenes?"
Desde mi experiencia como español les auguro que habrá muchos de sus compatriotas que se proclamarán antipinochetistas, pero nunca hicieron nada contra él. Cuando un tirano se escapa de rositas, el responsable siempre es su "pueblo".
Saludos.
Ike Wana | 14 de Diciembre de 2006 - 05:09 PMCoincido con vos Ike Wana. El hecho de que no fuera castigado en vida (ni él ni tanto tirano)implica que también la sociedad y el sistema legal fallaron y que la impunidad triunfó de nuevo... eso es lo que incomoda de la muerte de Pinochet, porque como bien dijo otro bloguero, estamos sentando precedentes: el crimen triunfa y la justicia es, realmente, ciega.
Saludos a todos.
No me da gusto que se haya muerto porque ése es su castigo: es que las vibras del mundo van a mejorar un buen poco. Si se trataba de castigarlo, que siguiera vivo un año por cada asesinato, que siguiera envejeciendo, enfrentando juicios y totalmente lúcido.
Rafael Menjivar Ochoa | 16 de Diciembre de 2006 - 02:49 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
Recuerda que el insulto nada tiene que ver con la libertad de expresión, por tanto si tu comentario resulta insultante u ofensivo será borrado.
