4 de Noviembre de 2006
Bravísimo, cantaor: Diego El Cigala en Costa Rica

Ante un Teatro Nacional a reventar, Diego El Cigala, considerado el mejor cantaor de flamenco actual, se presentó en la ciudad de San José este viernes 3 de noviembre.
Aunque la propaganda para el concierto fue algo discreta, los boletos se agotaron más de una semana antes de su presentación, pese a que los precios de entrada andaban entre los 20 y 65 dólares. Pero la verdad es que para espectáculos de esta categoría, el precio es lo de menos, y así lo consideramos los amantes del flamenco y seguidores de este personaje que desde su trabajo junto a Bebo Valdez y Lágrimas Negras, se metió el mundo en el bolsillo.
El concierto arrancó con un tema interpretado por 3 músicos: Yumitus, el robusto pianista, Yelsy Heredia al contrabajo y la percusión de Sabú Porriña (cajón incluido). El público aplaudió con calidez esperando al ídolo, que apareció luego de terminada la pieza de calentamiento, vistiendo traje negro y camisa rosado claro. La ovación que recibió, al apenas entrar, fue tan impresionante que me causó escalofríos. Largos minutos de aplausos, gritos de "bravo" y "Dieguito", que impidieron que El Cigala se sentara siquiera. Se quedó parado agradeciendo y saludando una y otra vez al público que simplemente no paraba de aplaudir y halagarlo... ¡y El Cigala ni había comenzado a cantar!
Entonces comenzaron los primeros acordes de Inolvidable seguida luego de Veinte Años, Corazón Loco y culminando con la popular Lágrimas Negras, interpretadas con una fuerza que me sacaron lágrimas. En los acordes iniciales de cada canción y al final, los aplausos y gritos eran interminables, sólo para detenerse cuando El Cigala abría la boca para cantar de nuevo.
A los pocos músicos se sumaría más adelante Diego El Morao en la guitarra acústica, para acompañar varias canciones de Picasso en mis ojos, la última grabación del cantaor y comentada hace unos días por acá. En algún momento, El Cigala y El Morao se quedan solos para interpretar San Migueles, flamenco profundo y puro, lleno de magia e intensidad. Otro momento culminante del concierto fue la interpretación de la clásica de Bola de Nieve, Vete de mí. La muy sentimental canción nos llenó de lágrimas los ojos de nuevo a muchos.
El concierto sucedió en un ambiente muy íntimo. El Cigala se tomaba unos tragos y brindaba a la salud del público, nos colmó de bendiciones, secaba el sudor de su rostro con un paño verde, bailaba meneando el cuerpo sobre su banco alto, se apartaba el largo cabello para ordenárselo. La calidad de los 4 músicos es de primera, excelentes cada uno en su instrumento. Impresionante también es el nivel de integración del cantaor con ellos que a una señal saben qué hacer, si entrar, si salir, si alargar, si improvisar. Y supongo que el ambiente de confianza que se desarrolló (parecía una peña con amigos), hizo que se rompiera el programa y se interpretaran otras y más canciones que las programadas.
Es notable que cuando un artista es entero, completo, no necesita de trucos visuales ni escénicos para impactar. El Cigala, hoy por hoy un artista de primer orden internacional, se presenta con la sencillez de alguien que disfruta con lo que hace y no busca impresionar, sino, como bien dijo en sus palabras de saludo luego de la primera canción "espero haceros gozar y que me hagáis gozar a mí". La prensa tica ha hecho notar que es un tipo más bien humilde, casi tímido, y se notó en las palabras de saludo, en que agradeció el recibimiento y la alegría que le daba estar por primera vez en esta región del mundo, pero no mencionó que justamente la noche anterior se había ganado dos Grammys Latinos, uno precisamente por su disco Picasso en mis ojos y otro por el DVD Blanco y Negro, un concierto dado junto a Bebo Valdez. Pudo alardear sobre el asunto, le hubiéramos aplaudido y celebrado con él, pero prefirió no hacerlo. Eso señores, es de los verdaderamente grandes.
Al concluir el concierto, con una ronda de improvisaciones de sus excelentes músicos alrededor de Dos Gardenias, el teatro entero se puso de pie a gritar y aplaudir frenético. La ovación duró unos 5 minutos en que El Cigala y sus músicos entraban, salían y saludaban. La gente no se movió y la ovación permaneció en intensidad hasta que El Cigala se sentó de nuevo para agradecerle al público tanto entusiasmo. "Más allá de todo, ésta es la mejor retribución que puede tener un artista", dijo evidentemente emocionado y abrumado por tanto cariño.
Así es que nos regaló la "Bien Pagá", una de las grandes clásicas del flamenco:
No te engaño, quiero a otra,
no creas por eso que te traicioné.
No cayó en mis brazos, me dió sólo un beso,
el único beso que yo no pagué.
Ná te pio, ná me llevo.
Entre esas paredes dejo sepultás
penas y alegrías que te he dao y me diste
y esas joyas que ahora pa otro lucirás.
Bien pagá, si tu eres la bien pagá,
porque tus besos compré.
Concluida la canción, más aplausos, nueva ovación del teatro entero de pie, gritos, bravos, hurras, un público que no quiere irse, que no quiere salir al mundo real porque allí, en el Teatro Nacional de San José, frente a la presencia y la poderosa voz del Cigala, frente al sentimiento con que nos ha cantado, el mundo ha parado de girar y si afuera de sus muros el mundo se derrumbó, no nos importa. Queremos más, queremos no irnos. Comenzamos a taconear el piso para acompañar los gritos, los aplausos. Los músicos y El Cigala están desconcertados, abrumados, sobre todo el cantaor, se le nota lo conmovido cuando se para a solas a mandar besos al público, a saludar una y otra vez, a llevarse las manos al corazón para hacernos saber lo emocionado que está.
Entonces llama a sus músicos e improvisan, sin instrumentos. Aplaudiendo al ritmo del taconeo del público, micrófono en mano El Cigala improvisando algunas coplas, baila un poquito y bailando sale con sus músicos del escenario. Más ovación, más gritos y nadie se mueve. Nadie se mueve, nadie se mueve mientras pasan otros 5 minutos. Así es que el cantaor y sus músicos no pueden más que volver, a improvisar sin instrumentos, bailar un par de pasos y a despedirse de este público que lo amó a rabiar.
Nunca en mi vida he visto un público así. Era de escalofrío realmente. Había una electricidad, una pasión en el ambiente mismo generada sin duda por la magia y el duende que El Cigala lleva dentro y suelta sobre el escenario sin mezquindad ni arrogancia. Compartió la voz, la sonrisa, palmeó con sus inmensas manos, llevó el ritmo sobre sus piernas, nos hizo soñar, olvidar la oscuridad de la vida y sentir que el cielo puede convocarse desde su garganta, que la maldad del mundo puede vencerse porque el arte y la belleza del ser humano son más poderosos.
Al escucharlo cantar y al ver la reacción del público (de la cual yo no estuve exenta, grité como loca y las manos me quedaron en los huesos de tanto aplaudir), recordé lo que me dijo alguna vez alguien sobre lo que ocurría cuando cantaba El Camarón de la Isla, de quien se considera que El Cigala es heredero musical. "Cuando Camarón canta, los hombres se parten la camisa y las mujeres se despeinan la cabellera de la emoción", decían.
Bien que por El Cigala también hacemos eso. Yo por lo menos, salí totalmente despeiná.
Bravísimo cantaor. Sos el mejor. Vuelve pronto, prontísimo.
P.D. La foto es mía. No es tan perfecta como quisiera, porque la tomé de contrabando, está prohibido tomar fotos en el Teatro. Pero por El Cigala, ni eso nos importó...
Jacinta a las 05:52 PM | Referencias 0Hay Jacinta!!! Qué bien poder leerle a alguien que conoce el disco nuevo -ni tan nuevo- del Cigala. Yo me he muerto de la emoción con el jazzeado de la noche, músicos estupendos, ensamble innovador, sonido fresco. Y las sevillanas del final, bailadas tan a lo "Andalucía profunda". Lo que más me ha gustado fue la sensación de estar en la sala de casa o en un barcito de pueblo. Excelente.
Adris | 6 de Noviembre de 2006 - 10:21 PMpues tendrías que escucharlo cantando gitano.
jose | 7 de Noviembre de 2006 - 04:42 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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