10 de Octubre de 2006
Manlio Argueta: "Siento que estoy comenzando" (1)
A mediados de Septiembre, Manlio Argueta visitó San José, Costa Rica, para presentar su libro El cipitío. Basado en una historia oral salvadoreña, el cuento fue publicado por la Editorial Legado, en una preciosa edición bilingüe (la traducción al inglés fue hecha por Linda Craft), que cuenta con las ilustraciones de Vicky Ramos.
Se me ocurrió que sería una buena oportunidad para entrevistar a Manlio para el suplemento cultural de La Nación y organizamos el encuentro. Para ello acordamos hacerlo en la casa de Sebastián Vaquerano, gerente de la Editorial y quien me pasaría recogiendo en la Iglesia de San Pedro. Pero la cita la hicimos para el 15 de septiembre... y se nos olvidaba que como "día de la independencia", había actos, desfiles y bandas estudiantiles por doquier. La calle de la iglesia estaba intransitable.
Después de no encontrarnos (ambos estuvimos en el lugar pero gracias a la muchedumbre no nos vimos y Sebastián había dejado su celular en casa), nos coordinamos para encontrarnos unos metros más adelante, en la Fuente de la Hispanidad y así poder cumplir con la cita.
La conversación con Manlio, como siempre ocurre, fue larga y muy amena. Pero el espacio que se me concedió en el periódico no era el suficiente como para incluir todo lo que hablamos. Así es que decidí publicar acá la versión ampliada de la entrevista (una versión resumida fue publicada el domingo 8 de octubre en Áncora). A continuación, el texto:
Manlio Argueta es, sin duda, uno de los escritores vivos más importantes de la región centroamericana. Nacido en 1935 en San Miguel, la tercera ciudad más importante de El Salvador, se trasladó muy joven a la capital donde poco a poco logró ver publicados sus primeros poemas en los suplementos literarios de los periódicos. En 1977 ganó el Premio Casa de las Américas por Caperucita en la Zona Roja, una novela experimental que tuvo gran influencia en los autores salvadoreños de generaciones futuras. Fue miembro de la llamada Generación Comprometida, un grupo de intelectuales que creía que los artistas y escritores no podían darle la espalda a la realidad social de su país. Entre otros miembros destacados de esta generación estaban Italo López Vallecillos y Alvaro Menen Desleal. También participó en el Círculo Literario Universitario junto a Roque Dalton y Otto René Castillo.
Por sus escritos y su actividad política, tuvo que exiliarse en 1972 en Costa Rica, aunque Manlio prefiere no llamarlo así. “Me da pena llamarlo exilio porque los ticos se portaron muy bien conmigo”, dice. Después de casi 20 años de vivir en San José y de nacionalizarse costarricense, regresó en los 90 a El Salvador, donde ha ejercido diversos cargos culturales. Actualmente se desempeña como Director de la Biblioteca Nacional.
Su obra literaria le ha valido numerosos reconocimientos. En el 2000, su novela Un día en la vida obtuvo el 5º. lugar en la lista de las 100 mejores novelas latinoamericanas del Siglo XX, según la Modern Library. En el 2004 fue declarado “Escritor Meritísimo de El Salvador” según decreto de la Asamblea Nacional. En el 2005 le fue concedida la prestigiosa Beca Guggenheim para trabajar en una novela sobre el tema de la migración salvadoreña y este mes de octubre recibirá el Premio de Poesía “Naim Frashëri” de Macedonia, la más alta distinción en poesía de aquel país.
Aunque se le conoce sobre todo por sus novelas, ha incursionado también en la poesía, el cuento y últimamente, en narraciones infantiles. Children’s Books Press de San Francisco publicó una edición bilingüe de su cuento The Magic Dogs of the Volcanoes, donde cuenta la leyenda de los cadejos, una tradición oral salvadoreña sobre perros mágicos que hacen el bien.
Acá en Costa Rica, Editorial Legado publicó hace poco su cuento El Cipitío, con ilustraciones de Vicky Ramos. Basado también en una tradición oral salvadoreña, El Cipitío es la historia de un niño abandonado por su madre que vive en los ríos, come ceniza de los fogones en los ranchos y le gusta enamorar a las niñas bonitas. Se dice que es un niño que nunca envejece y como tal, disfruta haciendo una que otra travesura.
¿Cómo nace la idea de combinar cuentos para niños con leyendas tradicionales de El Salvador y publicar (ambas) en el extranjero?
Era un tema que para mí estaba en el aire. Comencé a escribir estas historias para darles un poco más de identidad escrita, porque historias como el cipitío, la siguanaba, el cadejo, la chinchintora son historias orales. Ya existen otras versiones anteriores, como las que hicieron Miguel Ángel Espino y Francisco Gavidia, pero no se han reeditado. Me pareció importante retomarlas como elementos de la identidad.
¿Le parece que con el fenómeno migratorio actual que se vive y con la urbanización de las zonas rurales se están perdiendo ciertas tradiciones…? Porque yo recuerdo que esas leyendas nos las contaban los mayores cuando íbamos a las fincas o se contaban en los cortes de café por las noches, para pasar el rato…
La intención principal de retomar estas historias es rescatar nuestras tradiciones, nuestros valores, y aportar algo propio a la literatura infantil. Se lee literatura infantil hecha desde Colombia o España. De hecho, mi generación se alimentó con lo infantil que venía de Argentina.
Me pareció importante rescatar lo nuestro pensando en la migración y que los muchachos allá puedan leer algo que viene de la región centroamericana. Los profesores de los Estados Unidos hablan mucho de lo importante que es para un migrante menor de edad consolidarse dentro de un país tan diferente a través de los mitos de su región y sus tradiciones. De ahí también viene la idea de las ediciónes bilingües. La idea que tenemos con El Cipitío es de ir a buscarle lectores a los Estados Unidos.
El Cipitío es un proyecto que tenía 6 años de estarse cocinando. De hecho el ilustrador seleccionado era el fallecido Hugo Díaz a quien Sebastián Vaquerano (el editor) y yo bombardeamos con fotografías y dibujos para que las ilustraciones fueran lo más parecidas posibles al entorno de donde provenía la historia. Luego de fallecido Hugo, yo le sugerí a Sebastián algunos ilustradores de Cuba y Colombia, pero Sebastián se decidió por Vicky Ramos porque quería estar cerca de todo el proceso de producción para cuidar la edición lo mejor posible. Además Vicky Ramos goza de gran prestigio en Costa Rica y su trabajo como ilustradora es de primera calidad.
(Continuación y final, mañana).
Jacinta a las 02:22 PM | Referencias 0Soy Salvadoreña y "El cipitio" de Manlio y Edit. Legado, me retornò a mi niñez, a la casa de mi abuela, desde el petate que sirve de contraportada, la flora y fauna ilustrada, las caritas del cipitio, los niños/as, tantas cosas que ese libro deberìa, de estar en todos los lugares del mundo, donde estèn mis compatriotas. Muchas gracias por tan bello Regalo a Manlio y a Edit. Legado.
Carolina Gomez | 18 de Abril de 2007 - 03:05 AMMi esposa es salvadoreña y vivimos en California, soy uruguayo, trajimos ese libro desde El Salvador y lo disfrutamos en familia. Felicitaciones a los salvadoreños por ese cuento precioso, porque les quitó la idea de horror, que tenía cuando mi suegra se lo contaba a mi hijo, con la terrible bruja Siguanaba.
Nelson | 4 de Diciembre de 2008 - 05:52 AMlos interesados en adquirir la producción literaria de Manlio Argueta y otros autores centroamericanos pueden visitar Librería Legado en www.editlegado.com
Milton | 17 de Abril de 2009 - 02:42 AMPuedes adquirir El Cipitío de Manlio Argueta desde la comodidad de tu casa. http://www.editlegado.com/product_info.php?products_id=77
Kala | 15 de Octubre de 2009 - 05:51 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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