6 de Octubre de 2006
El final de la autoría
En mis primeros 15 o 20 años de autoría, casi nunca se me pidió que diera un discurso o concediera una entrevista. Se suponía que la obra escrita hablaba por sí misma y se vendía sola, a veces sin tan siquiera la fotografía del autor en la solapa posterior. A medida que al autor se le retira paulatinamente de sus viejas responsabilidades de confrontación y provocación indirectas, ha aumentado su importancia como una especie de anuncio andante y parlante del libro, tal vez una tarea mucho más agradable y halagadora que crear el libro en soledad. Los autores, si es que comprendo las tendencias actuales, pronto serán como madres suplentes, úteros de alquiler en los que una semilla implantada por poderosos asesores podrá madurar y, nueve meses después, ser lanzada entre berridos al mercado.Esta cita pertenece a un artículo escrito por John Updike, titulado "El final de la autoría", que fuera publicado en Babelia, de El País hace unas pocas semanas. En dicho artículo, el autor estadounidense vierte una serie de interesantes reflexiones sobre las perspectivas de la "biblioteca infinita" en que podría llegar a convertirse internet, si la digitalización y libre acceso a los libros llega a convertirse en realidad.
El artículo de Updike comienza con una melancólica remembranza de las librerías de infancia y adolescencia, recuerdos que parecen encerrados en una pompa de jabón que explota inclemente cuando cita un artículo de Kevin Kelly, publicado en mayo pasado en el Magazine del New York Times, y cuyo link no puedo compartirles porque es de la sección pagada del periódico a la que no tengo acceso.
En dicho artículo, Kelly parece felizmente anunciar que muy pronto veremos desaparecer los libros porque todos estarán colgados en la red.
"El explosivo avance de la red, que ha pasado de la nada al todo en una década", escribe, "nos ha animado a volver a creer en lo imposible. ¿Puede que la tan anunciada gran biblioteca de todo el saber realmente esté a nuestro alcance?".¿Y qué pasará entonces con los escritores, la propiedad intelectual y los derechos de autor? Kelly tiene una respuesta macabra:
Cuando el modelo económico actual desaparezca, escribe Kelly, la "base de la riqueza" pasará a "las relaciones, los vínculos, la conexión y el compartir". En lugar de vender copias de sus trabajos, escritores y artistas podrán ganarse la vida vendiendo "actuaciones, acceso al creador, personalización, información complementaria, falta de atención (mediante anuncios), patrocinio o suscripciones periódicas; en resumen, todos los pródigos valores que no se pueden copiar.
Lo que me llama la atención de todo esto es como, en ningún momento, se habla de la palabra clave ("literatura"), cómo cree Kelly que eso ocurrirá sin una tan sola voz de protesta, pero lo que es peor, que los escritores vayan a transformarse en payasos de circo "vendiendo actuaciones".
Si algo tiene el oficio de la escritura es su roce con el silencio y la soledad, su encierro, su misterio, su carácter íntimo. Es cierto que en los últimos años se ha distorsionado mucho el carácter del escritor y su relación con los libros, en algunos casos, convirtiendo a los autores en una especie de vedettes literarios. A veces conocemos más el rostro y el nombre de un escritor que su obra.
No cabe duda que internet puede ser una herramienta preciosa, de recursos ilimitados pero que también tiene su lado siniestro. No creo que esto de digitalizar TODOS los libros ocurra pronto y que el oficio del escritor sufra una transformación tan profunda que llegue a convertirse en escritor para la red y que subsista económicamente con presentarse en shows y ferias.
Imaginar la vida sin esos objetos llamados libros me cuesta. A menos que sea algo como lo que ocurre en Farenheit 451 de Ray Bradbury. Pero quien sabe, nada es imposible.
Atente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
Recuerda que el insulto nada tiene que ver con la libertad de expresión, por tanto si tu comentario resulta insultante u ofensivo será borrado.
