19 de Septiembre de 2006
Tsotsi
Tsotsi es el líder de una pandillita de muchachos que viven en las zonas marginales de Johanesburgo. Salen cada noche a asaltar a gente. En una de esas noches, Tsotsi se va por su cuenta y roba un automóvil. Tsotsi no sabe manejar, así es que a duras penas logra sacar el vehículo de la zona de donde se lo robó. Al detenerse descubre que en el asiento de atrás hay un bebé de meses de nacido. Y decide llevárselo a su morada. ¿Pero qué puede hacer un ladronzuelo frío y malvado con un bebé?
Es la interesante cuestión que plantea la película sudafricana Tsotsi, ganadora del Oscar del año pasado a mejor película en lengua extranjera. Dirigida por Gavin Hood, la película retrata la vida de un grupo de muchachos delincuentes sin romanticismos ni pretensión de distinguir culpables o inocentes. Es "nada más" la vida tal cual es. El personaje principal, Tsotsi, reconstruirá a través de flashbacks su infancia: su madre muere de Sida y el constante maltrato de quien me pareció era su padrastro, lo obligan a huir de casa y a vivir y crecer entre unos tubos de concreto junto con otros niños de la calle. Son los recuerdos que le brotan al personaje al intentar el cuido del bebé. Los sentimientos que le provoca la pequeña criatura evocan en él no sólo recuerdos que ha reprimido durante mucho tiempo, sino que le hacen descubrir un lado humano que la crueldad de la vida cotidiana en la calle le había hecho olvidar tenía. Hasta llega a recordar su verdadero nombre, ya que Tsotsi es un apodo, una palabra que significa delincuente negro, criminal, pandillero, según el lenguaje usado en los barrios bajos.
Hay dos evoluciones que corren paralelas a lo largo de la película: la frialdad del delincuente que se mira "ablandado" por la presencia del bebé y cómo las circunstancias del entorno lo han endurecido a él y a todos los que viven en el "township" donde transcurre la mayoría de la acción. La película no pretende hacernos simpatizar con los delincuentes, pero sí mostrarnos el posible origen de su conducta y su crueldad.
Filmada en auténticos townships de Johanesburgo, hablada en zulu, xhosa y africaans, la película está basada en una novela del autor sudafricano Athol Fugard. Adaptada a tiempos actuales, Tsotsi incluye una banda sonora repleta de kwaito, una mezcla de hip-hop con ritmos dance y house, popular en las zonas urbanas de Sudáfrica. Por momentos la película puede resultar algo lenta, pero es nada más una impresión creada, supongo, por los diálogos cortos, bastante lacónicos. No hay exceso de diálogos ni explicaciones.
Cabe destacar la excelente actuación de Presley Chweneyagae en el papel de Tsotsi. El muchacho trabaja muy bien los cambios de expresividad facial, sobre todo notables en las escenas en que lleva el bebé a casa de Miriam, una muchacha del barrio, para que le de leche. Miriam tiene un bebé propio y Tsotsi, ante su ignorancia de cómo alimentar al bebé, obliga a Miriam, a punta de pistola, a darle pecho. Mientras observa la escena del bebé siendo amamantado, la expresión de Tsotsi se ablanda, se enternece ante el bebé y la mujer, pero de inmediato retoma la expresión de dureza cuando ella lo mira y él la apunta con el revólver. La relación de Tsotsi, no sólo con el bebé sino también con Miriam, le hacen pensar en posibilidades que antes no había contemplado.
Otra cosa que llama la atención es que todos los personajes de la película son negros. Incluso los padres del bebé (cuya casa es luego asaltada por la pandilla de Tsotsi), son negros pudientes. El único blanco que aparece en toda la película es el jefe de policía a cargo del caso de la desaparición del bebé y quien comanda el operativo para capturar a Tsotsi. Lo cual me llamó la atención pues en la literatura o en otras películas sudafricanas, por lo general, la tónica es negros-malos y blancos-víctimas de los malos negros.
Hay momentos en que Tsotsi me recordaba a Ciudad de Dios de Fernando Meirelles. No por las historias (que son profundamente diferentes) ni por el uso del recurso cinematográfico (también muy diferente en ambos). Supongo que me recordó a Ciudad de Dios por el hecho de indagar en la psique de nuestros niños delincuentes, y digo "nuestros" porque quizás nunca como ahora, las ciudades han sido abarrotadas con la violencia y la delincuencia juveniles. Tsotsi bien podría transcurrir en San Salvador, Guatemala, Caracas, Río de Janeiro.
El DVD incluye dos finales alternativos, el video de la canción Mdlwembe tema cantado por Zola y que aparece en la película, así como el corto The Storekeeper del mismo director.
Una película altamente recomendable.
La ví hace unos meses, me conmovió y me gustó mucho. Además de mostrar una de los barrios más importantes y famosos del mundo, Soweto, entrega una historia llena de humanidad y compasión.
Excelente reseña, gracias por compartirla
¡Soweto, SOWETO! Con casi millón y medio de habitantes pobres y ahora un buen número de clase media, Soweto sobrevive a pesar de que ahora -- después de la India y Brazil -- la Sudáfrica del post-apartheid es el país en el mundo con la mayor brecha entre ricos y pobres. Esta realidad, se pone de manifiesto en las imágenes de Tsotsi.
En agosto pasé tres semanas en Sudáfrica y estuve en Soweto. A pesar de que el African National Congress es el partido de mayor influencia en el país, con un enorme apoyo popular, escuché opiniones serias que expresan grandes preocupaciones por lo que muchos catalogan como la derechización del ANC por su apoyo al capitalismo desenfrenado, su política "neo-liberal" y la corrupción que parece existir en la plana mayor. A pesar de todo, el obispo anglicano Desmond Tutu sigue siendo la conciencia de Sudáfrica y es uno de los principales críticos de la corrupción gubernamental y de los excesos de los de la cúpula del ANC.
¡Como dan vuelta las cosas!, pero a ésto, los salvadoreños ya estamos acostumbrados :-(
A pesar de todo, ¡que viva Soweto!
EN GENERAL LA PELICULA ESTUVO EXCELENTE LO UNICO ES QUE NO HAY UN FINAL DEFINIDO.
LILIANA | 30 de Septiembre de 2008 - 04:17 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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