13 de Septiembre de 2006
Fragmentos de Ka
(Pág. 31, de cuando Prajapati crea la tierra):
Reflexionaba: "Las aguas son el fundamento de todo. Pero las aguas también son la doctrina, los Veda. Demasiado difíciles. ¿Quién, de entre los que nacen, podrá comprenderlas? Hay que cubrir al menos una parte de las aguas. Hace falta la tierra". En forma de jabalí se zambulló en lo profundo. Cuando emergió, tenía el hocico sucio de barro. Con amoroso cuidado comenzó a extender el barro sobre la hoja de loto. "Ésta es la tierra", dijo. "Ahora que la he extendido, necesito piedras para fijarla". Desapareció otra vez. Después dispuso alrededor del barro, que ya estaba seco, un cerco de guijarros blancos. "Seréis sus guardianes", dijo. La tierra quedó extendida como una piel de vaca. Prajapati se abandonó sobre ella, cansado. Por primera vez conoció el contacto de la tierra. Y la tierra por primera vez fue oprimida por un peso.
(Pág. 270):
(...) "Krsna hociquea la tierra y se come la basura como si fuese un cerdo". Yasoda fue corriendo y lo encontró caminando en cuatro patas. Ya lo reprendía con severidad cuando la detuvo el asombro de encontrar en la mirada de Krsna un terrorífico relampagueo. "Es mentira mamá; si no me crees, mírame la boca". "Ábrela", dijo Yasoda.
La madre vio abrirse aquellos pequeños labios, cuyas grietas conocía una a una. Yasoda bajó la mirada para escrutar el paladar de su hijo y encontró una inmensa bóveda estrellada que la chupaba. Yasoda viajaba, volaba. Donde hubiera debido estar el fondo de la garganta se erguía el monte Meru, sembrado de infinitos bosques. A su lado se veían islas, que quizás eran continentes, y lagos, que quizás eran océanos. Yasoda respiraba con una tranquilidad desconocida, como si por primera vez saliera al aire libre a través de la boca de su hijo. La visión que más la cautivó fue la rueda del Zodíaco: rodeaba al mundo oblicuamente, como una faja jaspeada. Yasoda fue aún más allá. Vio la oscilación de la mente, su mutabilidad lunar, sus brincos de mono de una rama a otra del universo. Vio cómo los tres hilos de los que toda sustancia está hecha se enrollaban en ovillos, de los que nacían otros ovillos. Al fondo, vio el pueblo de Gokula, reconoció sus callejones, las ensambladuras de las piedras, las carretas, los manantiales de agua, las flores macilentas. Y finalmente se vio a sí misma, en una calle, mirando la boca de un niño.
(Pág. 377, pocos meses antes de morir el Buddha):
Siguieron el camino hasta Vaisali, en busca de limosnas. Con mirada de elefante observó la puerta de la ciudad y sonrió. "¿Por qué sonríes?", preguntó Ananda. "En veinticinco años jamás había visto volverse al Buddha hacia la puerta de una ciudad y sonreír". "Siempre tiene algún significado que el Buddha vuelva la mirada. Ésta es la última vez que el Tathagata mira Vaisali", dijo el Buddha.
Algunas frases subrayadas:
-Todos los hombres nacen viejos, de una vejez que remonta toda historia.
-¿Por qué da miedo esa felicidad? Porque no nace de un deseo.
-La vida de quien vive sin casa es lisa como una concha.
-Los hombres son ante todo el sueño de un dios a la deriva, tendido sobre las vueltas de una serpiente enroscada.
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