24 de Agosto de 2006
Samsara
¿Qué es más importante: satisfacer mil pequeños deseos o concentrarse en satisfacer uno solo?
Tashi es un monje budista que se ha pasado 3 años encerrado en una cueva meditando. Su logro le permite ganar el respeto y la admiración de sus compañeros y maestros. Se reincorpora a la vida del monasterio pero su adaptación es lenta y dificultosa. Tiene sueños húmedos. Se desconcentra al ver los brazos de las mujeres en medio de las ceremonias grupales. Y finalmente se enamora de una muchacha, Pema. Tashi decide algo que parece absolutamente incoherente con toda su práctica espiritual: abandonar el monasterio y vivir la vida del hombre común.
Samsara, del director hindú Pan Nalin, narra esta historia de excelente factura, que puede ser vista como una dramática historia de amor, pero también como un drama que plantea preguntas filosóficas o espirituales muy profundas. Con los imponentes paisajes de Ladakh, región de la India vecina a los Himalayas, con austeridad de diálogos y con un ritmo muy pausado, Nalin logra impresionar con un largometraje de dos horas y 15 minutos.
La fotografía es sin duda una de las herramientas más poderosas de esta película, la cual no es utilizada solamente para apreciar las bellezas naturales de la región en cuestión. La espectacularidad de las montañas y los valles, la desolación, la poca vegetación, los inmensos espacios abiertos, las alturas, los monasterios y casas de meditación empotrados en las montañas en contraste con los humanos viajando a través de ellos, sirven para remarcar su pequeñez y su sumisión ante la naturaleza circundante. También es utilizada con efectividad la fotografía para hacer transiciones entre escenas o para hacer notar el paso del tiempo de una manera muy sutil.
Los diálogos son cortos, precisos, y se le comparte información al espectador mediante acciones cotidianas y diálogos en apariencia simples (como cuando el padre de Pema le informa a su esposa que deberá darle de comer al nuevo trabajador, la madre contesta apenas con un "ajá, más trabajo para mí"). Sin embargo, la película no escatima palabras en los momentos en que son necesarias, por ejemplo, cuando Tashi le comunica a su maestro sus inquietudes. "Para renunciar a algo, primero debe poseerse. Para aprender algo, primero debe des-aprenderse" le argumenta, para rematar con la conocida enseñanza del Buda de no creer ciegamente en su palabra sino experimentar por cuenta propia sus enseñanzas. El maestro escucha, apenas dice algo cuando Tashi remata con el reclamo de "¿dónde está la libertad que se me daría a cambio de mi voto de celibato?".
Tashi emprende por decisión propia un camino similar al de Buda, sólo que al revés: desde su vida de monje disciplinado decide conocer la vida terrenal en toda su consecuencia: se casa con Pema, tiene un hijo y vive la vida de su familia donde conoce el trabajo en el campo, la estafa de quien les compra la cosecha a mal precio, la venganza, la ciudad. Y pareciera que Tashi está bien adaptado a esa vida y que no extraña para nada al monasterio, hasta que un día, un monje con el que compartía cuarto le lleva una carta de su maestro Apo que ha fallecido.
El final de la película es intenso y deja algunas preguntas en el aire. Pienso que es algo así como "un final para armar", lo cual va a tono con la película y toda su carga filosófico-budista. La vida es ilusión (y el final de la película puede plantear varias "ilusiones" o versiones que creemos pueden ser la "correcta", aunque creo que ninguna realmente lo es o deja de serlo). Valiosas son las preguntas personales que nos quedan como espectadores y que nos dejarán reflexionando sobre muchas cosas.
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