1 de Agosto de 2006
Mi celular y yo
Confieso que las dos veces que he comprado un celular ha sido ya puesta en el último extremo de la desesperación, rendida ante lo que he considerado una necesidad. Los casos lo ameritaban. La primera vez fue cuando viví en Los Planes de Renderos, en una casa metida casi al final de un camino a 10 minutos de la carretera principal. En esa calle sólo había 11 casas y muchos árboles, ardillas, tacuazines (zorros o zarigüeyas les dicen en otras partes), en fin, mucha fauna y mucha flora. Y cuando llovía, era normal que alguna rama de árbol cayera sobre las viejas líneas telefónicas, las botara y que algunos nos quedáramos sin teléfono. O que alguna ardilla o tacuazín, por andar caminando en los cables y postes, los botaran y de nuevo, nosotros sin teléfono. Y la eficientísima empresa telefónica de El Salvador no subía a Los Planes a arreglar el teléfono de 5 casas metidas en el monte a menos que se les diera la tremenda y soberana gana, aunque todos tuviéramos al día nuestros pagos.
Siendo que tampoco tenía vehículo y que me he pasado casi toda la vida entre guerras, terremotos, huracanes y todo tipo de tragedias centroamericanas, he desarrollado un sentido permanente de emergencia que me hace pensar que quedarme sin teléfono 5 o 6 días puede ser crítico. El rango de emergencias con los que podía contar en Los Planes era amplio, desde una mordedura de culebra (nada improbable pues ya había encontrado dos dentro de la casa) hasta un par de vándalos entrando en la propiedad (cosa que también pasó dos veces).
Un día, el camión de la basura hizo no sé que insólita maniobra dentro del estrecho camino y derribó, para variar, los cables. Esa vez pasamos sin teléfono 12 días, pese a las insistencias de que nos reconectaran el servicio. Y entonces pensé que era demasiado. Porque no sólo era quedarse sin teléfono, sino también sin internet (oh, aborrecible tragedia...!!!) Prefiero vivir sin teléfono, pero sin internet, para mí es impensable. Así es que con el primer cheque de la columna que tenía en La Prensa Gráfica, compré un celular Motorolla, que duró lo que yo estuve por allá.
Luego acá en San José, el lugar donde vivo tiene teléfono, sí pero... es una línea compartida. Y eso supuso muchos problemas de mensajes no recibidos, pero peor aún, de insólitos mensajes dados a quien me llamara (como que yo estaba "dormida" a las 11 de la mañana, 3 de la tarde o 7 de la noche, simplemente porque al vecino no le daba la gana venir a avisarme que había una llamada). Lo grave era que le dijeran eso a gente que me buscaba por algún trabajo... así es que ahí decidí comprar un celularcito, un Panasonic chiquitito, tan chiquito que me lo meto en la bolsa del pantalón y listo (porque odio andar cartera).
Sin embargo, tengo una relación muy complicada con el celular. Me pasa que suena y suena y suena (sobre todo si estoy en la calle) y yo pienso "qué barbaridad, para qué compra celular la gente si no lo va a contestar"... hasta que caigo en la cuenta que es ¡el mío el que está sonando! Luego, si ando caminando en la calle, definitivamente no lo contesto. Por un par de motivos. Acá en Costa Rica hay bandas muy bien organizadas para robar celulares y andar en la calle hablando es delatarte que tenés uno. Además, no me gusta andar caminando o estar en un lugar público y que cualquiera escuche mi plática. Eso realmente me incomoda. Y muchas veces simplemente salgo y se me olvida montármelo encima y me acuerdo a un par de cuadras de la casa, pero no regreso a traerlo porque me tiene sin cuidado.
Entonces veo cómo la demás gente está pero realmente obsesionada con su celular. Recibiendo y haciendo llamadas a todo momento, la mandadera y recibidera de mensajitos, la gente con la que estás hablando y que interrumpe la charla y te dejan esperando porque "rin rin, el telefonito, óyelo sonando...".
No se me malentienda. Yo soy amante apasionada de todos los aparatos que la técnica nos ha ofrecido en los últimos años, y no tengo todos los que quisiera (y los quiero TODOS) simplemente porque mi capacidad económica no me lo permite. Por ejemplo, me muero por tener algún día una Palm Treo Smartphone, que puede hacer y recibir llamadas, conectarse a internet, guardar y escuchar archivos mp3, con cámara para fotos y videos... lo único que no hace el Smartphone es colarte un espresso (eso sería el colmo de la felicidad).
Pero ¿realmente queremos estar así de "localizables" todo el tiempo? ¿Acaso ya no hay momentos privados, íntimos? Por ejemplo, no entiendo a la gente que se mete en el cine y que está hablando por teléfono, contestando llamadas y enviando mensajitos, molestando de paso a los que sí queremos ver la película. O que va caminando en la calle o está en la fila del super y uno se entera de un montón de cuentos que no debería enterarse. O que van a una conferencia o presentación de teatro y el bendito celular que suena. Por supuesto que hay otras cosas implícitas. El celular es también un objeto de status. Mientras más sofisticado el modelo, mejor plantado estás en el mundo, más "cool" sos. Mientras más te llaman, sos más popular, etc.
Los celulares han permitido que estemos más localizables, ajá. Es cierto que hay momentos en que un celular resuelve muchas cosas, ajá, y que en emergencias hasta pueden salvar vidas, ok. Los celulares son una necesidad creada que muy dificilmente podremos ya erradicar, sobre todo a los jóvenes que han crecido con ellos y que son totalmente adictos a los mismos. Pero mi pregunta final sobre todo esto es si los celulares realmente han mejorado la comunicación entre los seres humanos. La verdad no lo sé y no lo creo.
Celulares, móviles, handy, telefonino, celly, como quiera que usted lo conozca y lo llame, usemos los celulares con prudencia y que nuestro uso de ellos no agreda el espacio de los demás. Recordemos que nada supera una conversación frente a frente, viéndonos a los ojos o la expresión de nuestro rostro, escuchando nuestras palabras de viva voz.
Comparto tu distanciamiento hacia los celulares. A mí, por ejemplo, me tiene sin cuidado los últimos modelos que salen al mercado y todas sus características, así como los planes que ofrecen las compañías telefónicas. La única razón -por el momento- por la que utilizo uno es para permanecer en contacto con mi novia. Y llamadas de dos minutos porque en general les tengo cierta apatía. Pero un planteamiento que tú haces y me parece muy importante es sobre si realmente han mejorado la comunicación entre los seres humanos. Como herramientas de contacto me parece que han cumplido un buen rol, pero como herramientas de comunicación, por mucha tecnología de punta que los auxilie, todavía están en pañales.
Neo | 1 de Agosto de 2006 - 03:44 PMLos celulares más avanzados también te permiten, entre otras chuladas, entrar a un chat, cargar juegos escritos en Java y grabar videos con sus camaritas incorporadas. Pronto podrán prepararte el café.
Arbolario | 2 de Agosto de 2006 - 02:24 AMYo odio que suene!!! No sé por qué el celular siempre, siempre, lo siento tan invasivo, tan provocador, tan necio...trato de tenerlo apagado y de oír los mensajes. Tengo una relación poco avenida con los teléfonos.
Julia | 2 de Agosto de 2006 - 06:18 AMLa tecnología… tengo una relación conflictiva con ella. No soy de los que corre a comprar el último modelo y resisto el dejarme llevar por los fads. En última instancia, la adoro cuando funciona. La detesto cuando falla.
En casa hemos pasado casi dos semana sin acceso al Internet. A pesar de vivir en el "primer mundo", restablecer el servicio ha sido una saga del siglo XVII. Mejor ni lo cuento porque me enfada.
Cuando pienso en comunicaciones satelitales y en fibra óptica, me gusta reflexionar en las palomas mensajeras (con notitas endulzadas en agua de azafrán y perfumadas con incienso), en las señales de humo en hogueras forjadas con leños de eucalipto, en los maratónicos correos de la Grecia antigua, en mensajes en botellas artesanales de cristal lanzadas al mar por los naufragos, en cartas escritas a mano en papel de arroz o en simples postales enviadas por turistas de tercera clase.
Yo siempre fui anti teléfono, no me gusta hablar por teléfono, cuando lo hago soy muy escueto y cortante, tanto que mi esposa siempre me riñe por lo "simple" que soy al hablar con ella por teléfono como si me molestara platicar con ella, pero con el tiempo entendió que mi bronca es con el Teléfono, tanto que en el trabajo me asignaron un celular porque no tengo personal, pero por suerte se me "arruinó" y no he reportado su desperfecto.
Sin embargo tambien sueño con una Palm Treo que tenga telefono y todas las funciones de la Palm, tuve una Palm II cuando eran una novedad en el pais, ahi la tengo todavía pero ya casi no la uso pues se quedó atras y utilizo mejor una "Latop" (Que también me asignaron en el trabajo, para hacer mis cosas y manejar mis archivos), mi trabajo es muy técnológico lo que me obliga a estar junto a todo nuevo aparato electrónico, pero con el teléfono estoy reñido desde siemmpre.
Yo también odio el celular, me regalaron uno hace mucho, que vive sin batería y tirado en un cajón!!!
Vito Martin | 27 de Septiembre de 2006 - 02:32 PMcomo los amo hablando de celular y telef. no son hermanos chismosos apenas son comunicativos en un mundo de la comunicacion , si quieres comunicate conmigo en el dia de la comunicacion y si estas triste prende tu celular que alguien se equivocara de telef y estaras comunicandote . un abrazo de este comunicador
larc | 27 de Abril de 2008 - 10:03 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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