27 de Junio de 2006
Planeta Borges
Jorge Luis Borges tenía un gato llamado Beppo. El nombre lo tomó de uno de los cinco gatos de Lord Byron, que viajaban con él por toda Europa. En la foto Beppo panza arriba mientras Borges tiene el presentimiento de que Beppo está haciendo alguna gracia.
El primer libro que leí de Borges fue El libro de arena. Una querida amiga del colegio me lo prestó. Había escuchado hablar de Borges pero jamás había leído algo suyo.
Me encantaron todos los cuentos. El otro me dejó una sensación de desconcierto y de inquietud. Ulrica, melancolía. "No hay otro enigma que el tiempo, esa infinita urdimbre del ayer, del hoy, del porvenir, del siempre y del nunca" subrayé en There are more things. Traté con todas mis fuerzas de visualizar El disco: era amarillo y del tamaño de una moneda. Y ansié encontrar entre los libros viejos de mi padre un libro de arena. Tontos los protagonistas, pensaba, yo podría pasar fascinada el resto de mi vida abirendo y cerrando el libro sin perder la razón.
Borges siguió llegando a mí en diferentes etapas, libros y momentos. Llegaba en silencio, como un espíritu amable, a depositar sus páginas en mis manos. Tengo por ahí todavía una edición de El Hacedor, tapa verde desgastada, no recuerdo qué editorial, destartalado.
Imaginé un libro de Borges llamado Manual de zoología fantástica, por lo menos así insiste Salvador Canjura. Yo juro que existió, que tenía dibujos, que estaba en Fondo de Cultura Económica y que me lo robaron. Lo busqué durante años y jamás lo volví a ver hasta que, puesta en Costa Rica, y para más inri junto a Canjura, encontramos El libro de los seres imaginarios (que es el mismo, pero no es igual).
Cuando me mudé a Costa Rica y confronté la espantosa y difícil decisión de qué pocos libros traer tuve que hacer prioridades entre lo necesario y los gustos. Era obligación para mí empacar pesados diccionarios, un par de libros que ocuparía para corregir la novela que trabajaba en aquel momento, otros libros que podría ocupar para dar mis talleres de cuento... y con ese pretexto traje mis tres libros favoritos de él: Ficciones, El Aleph y por supuesto, El libro de arena.
Siempre envidié a Funes el memorioso, yo que prefiero olvidarlo todo. El milagro secreto me parece una obra maestra.
"Siglos de siglos y sólo en el presente ocurren los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y en el mar, y todo lo que realmente pasa, me pasa a mí..." es uno de mis tantos subrayados en El jardín de los senderos que se bifurcan.
Mi pobre Aleph está deshojándose, las páginas amarillas, cada cuento marcado con dos, tres, cuatro, cinco fechas diferentes de lecturas.
El 14 de junio de 1986 murió Borges. Aunque yo prefiero imaginar que no murió. Que debajo de la lápida que lleva su nombre no hay nada más que un ataúd vacío. Que descubrió la manera de llegar a esa biblioteca infinita que alguna vez dijo sería el cielo. Y que ahí debe estar. Leyendo.
Borges y Beppo, Desleal y la, uh, rata.
En 1978 llegué a El Salvador a pasar vacaciones. Acababa de terminar el tercer año de universidad y ya me había embriagado con la literatura. Mis amigos me advirtieron que tuviera cuidado porque habían libros que se consideraban "subversivos" y que me podían meter en líos con las autoridades. Aún así me pasaron una copia desgastada de "Las historias prohibidas del pulgarcito" de Dalton que leí a oscuras en la noche alumbrándo los renglones con una pequeñisima linterna. Pero eso es otro cuento…
En San Salvador busqué la librería de Mario Menen Desleal cerca del Centro porque quería comprar "Luz Negra", una de las obras maestras del teatro salvadoreño. Mi sorpresa fué que ahí estaba el maestro y no sólo le compré su "Luz" sino que también logré que me diera su autógrafo. Pero eso es otro cuento…
Lo que quería decir es que Don Mario portaba dos relojes, uno en cada muñeca. Pero lo más sensacional era que tenía una rata blanca que le recorría el torso con la mayor naturalidad del mundo. Primero le pregunté que por qué tenía dos relojes y el me dijo que era para vivir cada día dos veces. ¿Y la rata? "La rata es ciega" me dijo. "Y ¿cómo se llama?" inquirí. Dibujando una sutil sonrisa, el maestro replicó, "Se llama, Borges".
Bueno, yo sé que a Don Mario le encantaba leer a Borges y que la irreverencia e iconoclasmo era una forma de admirar al gran maestro argentino. ¿Pero que haría Beppo ante una rata blanca… con el nombre de su amo? ;-)
"Ficciones" y "El Aleph" son las dos obras de Borges que más aprecio. En "Ficciones", recuerdo haber leído muchas veces "La muerte y la brújula", un cuento sencillo, pero que en ese momento le encontré mucha fascinación. Hasta dibujé el romboide que determina el punto en el que el detective resolverá la serie de asesinatos y la víctima será ÉL.
Yo también, en algún momento, tuve en mi posesión el "Manual de zoología fantástica" pero se lo regalé a una amiga. Mario Vargas Llosa lo menciona en "Cartas a un joven novelista" y habla de la creatura fantástica del Catoblebas (me suena a Beppo, pero no creo que sea él), un animal que se devora a sí mismo, como el escritor que debe aprender a devorar su propia experiecia vital para producir narrativa.
Carlos | 27 de Junio de 2006 - 06:53 PMGracias por la anécdota pero... ¿no será "Alvaro" Menén Desleal? A menos que tuviera un hermano llamado Mario...
Jacinta | 27 de Junio de 2006 - 08:39 PM¡¡Duhh!! Eso me pasa por estar pensando en Vargas Llosa mientras escribo sobre Don Alvaro. Gracias por la corrección.
Carlos | 27 de Junio de 2006 - 11:50 PMJuuuu!!! Gracias, Jacinta... Muchas gracias!!! Voy a imprimir esto para mi archivo.
"Que debajo de la lápida que lleva su nombre no hay nada más que un ataúd vacío"... Mmm... Sobre Borges prefiero utilizar lo anti-borgeano, porque no quiero imaginar que sólo está representando una escena infinitamente repetida (la de una persona que muere), mucho menos que está muriendo infinitamente.
Otra vez: Gracias!!
Precisamente Mariano, sería muy mundano y ordinario que Borges estuviera muriendo infinitamente (eso le toca a Nietzche). No puedo decir absolutamente nada más, pero es una alusión a algo que tengo escrito, una idea que tengo mejor desarrollada en otro lado. Yo me entiendo.
Saludos.
Ahora entiendo el porqué del equívoco. El libro del que vos hablabas es el antecesor del que yo mencionaba. No son el mismo, pero casi.
Mi primera experiencia con los escritos de Borges fue a los quince años. En el texto de literatura del segundo año de bachillerato estaba reproducido uno de los cuentos de "Ficciones": Las ruinas circulares. Cada vez que leo este texto recuerdo el asombro, la fascinación y el silencio que provocó en mí. Pocas veces en mi vida he sentido como entonces un terremoto interior tan fuerte.
Arbolario | 30 de Junio de 2006 - 06:33 AMBorges, Borges. Nunca será suficiente lo que podamos compartir sobre él.
Aldebarán | 30 de Junio de 2006 - 07:10 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
Recuerda que el insulto nada tiene que ver con la libertad de expresión, por tanto si tu comentario resulta insultante u ofensivo será borrado.
