15 de Junio de 2006
Escritura instantánea
"Lástima que todavía no inventan las novelas automáticas o instantáneas, imagínate: abres el frasco con tapadera plástica de rosca (las de metal se oxidan y le cambian el sabor a las cosas), leerías las instrucciones: 'échese una cucharada sopera bien colmada en una taza con agua hirviendo y listo, 269 páginas de acción, aventuras, misterio, horror, romance, intriga, traición, envidia, dolor, pasión y mucho más', la Cayetana inventaría una novela por día y sería, quizás, levemente feliz".(De A-B-Sudario, Jacinta Escudos).
Me llama la atención cómo se imagina la gente que los escritores escriben. Es frecuente que te pidan poemas o cuentos o conferencias o textos de algún tipo sobre un tema equis y te dan como plazo algo que puede variar entre un mes a 15 días. Se supone que uno debe, en ese brevísimo tiempo, escribir algo específicamente para lo que te solicitan, un texto nuevo, inédito, bien escrito, revisarlo, pulirlo, dejarlo descansar, volverlo a revisar y luego soltarlo para publicación. Y la mayoría de las veces, quieren que se haga gratis. O sea, ese texto tiene la exigencia además de escribirse en las horas que uno roba a su tiempo de actividades remuneradas y otras responsabilidades.
Pero no es tan sencillo eso de sacarse un poema o un cuento de las costillas, por lo menos no en mi caso.
No soy poeta, y los pocos poemas que he escrito, ha sido en etapas esporádicas que tienen pausas de años y que luego me paso revisando meses hasta que queden como yo espero. Seguramente uno o dos años después, volveré sobre ellos, les daré otra pulida y ya.
Ya no se diga escribir un cuento. Entre concebir la idea, encontrar el tono, la estructura adecuados, escribir el primer borrador, revisarlo y etc., pueden pasar semanas, meses. Hay escritores que para escribir un cuento se tardan años. Igual con la poesía, la crónica y demás géneros. Una conferencia igual puede tardar meses para concretarse su escritura.
Por un lado agradezco que le soliciten a uno textos de esta manera, pues imagino que piensan que para uno escribir es algo sencillo, que uno está próximo al genio y que por lo tanto, escribir algo es "fácil", como coser silbando. Pero la verdad no lo es.
En lo personal, me he negado siempre a publicar textos que no tengan por lo menos un año de reposo. Y a eso sumémosle las etapas de revisión y reescritura.
Me tardo esa cantidad de tiempo, quizás por mi afán perfeccionista, quizás porque me siento insatisfecha con mis textos y porque tengo y quiero lograr ciertos objetivos con mis escritos. Y también porque quiero cuidar el trabajo que eventualmente llege a publicarse. Creo que a estas alturas sería imperdonable que yo aparezca, como en cierta película que vi hace poco, enseñando los micrófonos en el borde superior de la pantalla.
La escritura de un par de columnas que he tenido en algún momento fue un ejercicio en ese sentido, en el de la escritura más rápida y relacionada con la velocidad del periodismo, ejercicio que nunca me ha gustado precisamente por esas prisas de escribir, de estar friendo y comiendo. Cuando la columna quincenal que tuve en La Prensa Gráfica, los textos por lo general ya estaban escritos dos o tres semanas antes de publicarse, y a menos que ocurriera algo coyuntural e inmediato, escribía algo rápido y se publicaba con toda mi preocupación por la inseguridad de la prisa.
Ahora, el ejercicio del blog me ha dado de nuevo ese sabor de la escritura rápida y ha flexibilizado en algo mi relación con el resultado. La dinámica de los blogs es así: rápida, diaria, más cercana a lo espontáneo. No planeo notas con semanas de anticipación, aunque trato de tener la visión de los temas que voy a tratar durante la semana. Escribo las notas la noche antes por lo general y trato de revisarlas y pulir el lenguaje lo más posible (por aquellos puristas del lenguaje que no perdonan ni un dedazo o algún lapsus o error de redacción y a quienes se les olvida precisamente que la dinámica del blog impone precisamente textos rápidos). A veces escribo y publico en el momento mismo, pero eso por lo general pasa porque ya he escrito el texto mentalmente horas antes. Esta nota, por ejemplo, la escribo unas 20 horas antes de postearla mañana y seguro la revisaré unas 4 veces más antes de ello, porque (tienen razón los puristas del lenguaje), tampoco nadie tiene por qué estar leyendo cosas mal redactadas.
En fin. La idea es que escribir tiene diferentes velocidades, que además, estoy segura, varía de persona en persona. Hay gente que le gusta escribir y publicar de inmediato. Y si ellos se sienten bien con eso, felicidades. Sin embargo, siempre he pensado que algunos de esos "textos rápidos" ganarían mucho más en calidad literaria si pudieran guardarse un rato y volver sobre ellos luego, con la mente fría, cuando los errores y las cosas que pueden mejorarse saltan a simple vista.
Volviendo al tema original, cuando me solicitan textos inmediatos busco entre lo que ya tengo escrito, lo reviso y ojalá se adapte a lo que solicitan, porque si no, prefiero no entregar nada (hecho que a veces se toma como arrogancia de mi parte, como mala intención, etc.). Pero como digo, no me urge publicar ni salir bailando en cada antología, revista, periódico o proyecto que me proponen con textos a medio hacer. Prefiero hacerlo con textos terminados, madurados y que ya llegaron al tope de lo que pueden dar dentro del pulido que solamente la revisión y el tiempo permiten lograr.
No soy escritor por eso tengo permiso para delinquir con el lenguaje, la redacción y la gramática, solo cuido un poco la ortografía y los acentos cuando no se me dificulta ponerlos en el teclado, de lo contrario los ignoro olímpicamente.
Cuando inicié el blog no tenía mayor experiencia escribiendo salvo participaciones en un foro mayoritariamente visitado por españoles que educadamente ignoraban mis terribles fallas gramaticales y que lógicamente las atribuían al estado de salvajismo natural en que me encuentraba por ser un "sudaca" de "pais que estuvo en guerra cerca de colombia".
Los años han pasado y la enorme experiencia adquirida con el blog me han reafirmado la íntima convicción y la lógica gratitud al señor de no haber hecho de las letras mi modo de sustento, porque sigo igual o peor que antes.
Asi que la mayor parte de veces yo publico directamente, cosa que es notoria y por lo tanto redundante al afirmar algo que salta a la vista.
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