23 de Abril de 2006
No tenga miedo, lea
Muy buena la nota de hoy domingo en La Prensa Gráfica escrita por Erick Rivera y titulada "No tenga miedo, venga", donde de una manera muy irónica relata la aventura que significa ir a la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI) de El Salvador, la editorial estatal, a comprar un libro. La nota se refuerza con otro artículo sobre el destino de la Biblioteca Básica, editada por la DPI y que sigue en gran número, guardada en bodegas.
Las notas se publican a propósito del Día Internacional del Libro que se celebra en esta precisa fecha, dada la coincidencia de la muerte de William Shakespeare, Miguel de Cervantes y Garcilaso de la Vega. La celebración adquiere en diferentes países diferentes intensidades, aunque supongo que lo importante de esta fecha debería ser un acercamiento de los libros a la gente y presentárselos a precios accesibles, de manera atractiva y no como un objeto de élite, por lo menos un día al año. Lo cual por supuesto en Centro América es un decir. En países donde el sueldo mínimo promedia los 100-150 dólares mensuales y la canasta básica sobrepasa ese valor, el libro es (por desgracia), un artículo de lujo. Pero tampoco las autoridades culturales hacen mucho por superar esta disyuntiva y se cruzan de brazos en la creencia de "la gente no tiene cultura de lectura".
Un país de más de 6 millones de habitantes como El Salvador cuenta apenas con un puño de editoriales (las cuento con los dedos de una mano y me sobran dedos), y ninguna es lo que yo consideraría "una editorial eficiente". Las librerías son escasas y prácticamente limitadas a la capital. La selección de títulos de esas librerías es pobre, excesiva en textos de auto-ayuda, new age, y por supuesto, bestsellers de octava.
La población desconoce por completo que existen escritores locales. Y esto lo sé porque alguna vez alguien, mientras vivía en El Salvador, me preguntó por mi oficio. "Escritora", le contesté. Y esa persona me respondió: "¿Qué? ¿Hay escritores en El Salvador?".
Pero no nos amarguemos este día del libro con reflexiones tan patéticas. Leamos, compremos libros, regalemos uno, o, por qué no, escribamos. Dejemos un libro en una banca del parque, del metro, del bus, para que alguien se lo lleve. Hagamos trueque de libros con amigos y salgamos de los libros que a nosotros no nos gustaron pero que a otro puede interesarle. Que circulen los libros.
Quizás así, si logramos que un vecino, pariente o amigo lea, habremos salvado a alguien de una triste vida sin libros.
Mire qué cosas. Así es nuestro país. Eso de que un libro sea artículo de lujo es demasiado triste. Siempre están las bibliotecas, creo. Ahora que yo he pagado multas que mejor hubiese sido que comprara el libro. Saludos.
Aniuxa | 24 de Abril de 2006 - 04:29 AMEl lugar común es odioso, y eso de "mal de muchos, consuelo de tontos" es más desagradable aún. Sin embargo, en Chile las cosas no andan mejor. Con un impuesto al valor agregado del 19%, escasas librerías, la existencia de sólo un suplemento literario inserto en un diario de circulación nacional, etc. Escribir es una opción; publicar, un azar. Pero, a pesar de todo, se insiste...
Ernesto Guajardo | 24 de Abril de 2006 - 05:53 AMRecuerdo que antes no podía salir de una librería con las manos vacías. Ahora, quizá porque las flamas juveniles ya amainaron, o porque la oferta editorial ha empeorado, puedo superar esa prueba.
Salvador | 26 de Abril de 2006 - 04:16 AMLeí el artículo y me pareció superficial. Si quería tratar el tema de la DPI, había otras historias que investigar. El mismo artículo, si te fijas bien, deja al menos una pista.
Aldebarán | 28 de Abril de 2006 - 05:41 PMBueno, el artículo estaba escrito dentro del contexto del Día Internacional del Libro. Pero claro, hay mucha tela qué cortar en referencia a la DPI, y las dos notas de LPG son apenas un atisbo de todo eso.
Jacinta | 28 de Abril de 2006 - 07:10 PMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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