7 de Abril de 2006
Mis queridos juguetes de infancia
Un cubo de plástico transparente que en su interior albergaba un laberinto, también de plástico transparente; en una de las caras del cubo había un agujero donde metías una canica y el asunto era sacar la canica por otro agujero en la cara contraria, atravesando el interior del cubo.
Un juego de carritos de plástico que en realidad había salido de las cajas de Corn Flakes de Kellog's, que en casa se consumían con devoción y adicción. Los carritos eran amarillos, verdes, azules, rojos, de diferentes marcas, modelos y años. Recuerdo que los amarillos eran carros de los años 20 y eran mis favoritos, y los azules eran Chevrolets, Datsuns y Toyotas y creo que había un Mustang rojo. Jugaba con ellos sobre la alfombra del centro de la sala que tenía un diseño muy conveniente en el borde como para imaginar una calle de dos carriles, esquinas, vueltas, jardines, vecindarios. O también sobre la tela del banco del piano que tenía un diseño de curvas y vueltas, apto para jugar a los carritos. Los carritos los guardaba en una caja de metal de mazapanes Niederegger, los mejores de Alemania y del planeta y del cosmos entero.
Mi triciclo rojo de metal que tenía unas manivelas forradas de plástico rojo con unas tiras del mismo color que colgaban y que se movían cuando yo tricicleaba en el pasillo del frente de la casa de Los Planes.
Un juego de boliches de plástico. Los pines eran verdes, azules, rojos y la bola ya no recuerdo de qué color. Pero los pines tenían grabados unos ojos y una sonrisa.
Un saltacuerdas de plástico blanco con una línea color lila suave. Los agarraderos del saltacuerdas eran amarillos y tenían doble función, pues servían también como micrófono cuando hacía fonomímicas de mis cantantes favoritos frente al espejo.
Una Barbie negra que se llamaba Julia gracias a un programa de televisión que estaba de moda y que era sobre una enfermera negra que se llamaba Julia (interpretada por Diahann Carroll). La gran novedad de la Julia era que podía doblar brazos y rodillas en 3 posiciones diferentes y tronaba cuando le doblabas las articulaciones y a veces le doblaba y desdoblaba las canillas (piernas) a la muñeca sólo por escuchar el ruido, porque me gustaba.
Una cocinita rosada de metal, que tenía una puerta para horno y se abría y 4 hornitas y algunos trastes de plástico para hacer sopas de flores, hojas, palitos y hormigas muertas que les daba de comer a los pollitos de colores (verdes, azules, morados), que me traía mi papá del mercado, metidos en una bolsa de papel café con hoyitos, para que no se ahogaran.
Un juego de dominó hecho en hueso que iban dentro de una caja de madera y con tapita deslizable, también de hueso.
Un juego de "no te enojes" (creo que se llamaba), que era una estrella de varias puntas, cada una terminaba en un color y había canicas correspondientes a los colores de cada punta y uno tenía que llegar con su color a llenar la punta correspondiente.
Mi León Melquíades de plástico que se le podían poner y quitar la corbata y los puños, también salida del fondo de una caja de Corn Flakes y que tenía en mi mesa de noche junto al Santo Niño de Atocha (me encantaba la idea de que hubiera un niño que era santo). Al León Melquíades por supuesto que "lo desnudaba" para dormir y le quitaba el puño, el cuello y la corbata y lo acostaba y le ponía algún trapito encima, para cobijarlo, porque en Los Planes, de noche, en la edad de las cavernas cuando yo fui niña, hacía frío. También acostaba al Niño de Atocha, porque un niño sentado era imposible que durmiera bien, por muy santo que fuese. El que quedaba de pie era mi San Martín de Porras de madera, con su escobita y sus animalitos, él nos cuidaba el sueño a los tres (o sea, al León, al Niño y a mí).
Mi caja de colores marca Venus y mi caja de crayones Crayola, la gigante de 64 unidades con sacapuntas incorporada (que me regalaba mi tía cada vez que íbamos a los USA para las vacaciones de fin de año), mis tubitos de acuarelas chinas, mis juegos de pintar al óleo por número (recuerdo un juego que hice de las 4 estaciones).
El Monopoly. Me encantaba la onda de tirar dados, las tarjetitas con los castigos secretos, comprar y vender casas, hoteles y propiedades, tener dinero y las figuritas de plomo que servían para cada jugador. La que yo usaba siempre era un zapato viejo.
Una burbuja de esas que tienen un paisaje adentro y que cuando se agitan se revuelven unas cosas blancas para fingir que caía nieve. El mío era un paisaje navideño con fondo azul.
Mi osito de peluche café que tenía la punta de los brazos y las patas y el hocico de un cafecito más claro.
¿Y los suyos?
Jacinta a las 05:14 AM | Referencias 0Me llevaste a evocaciones de infancia que conmueven. Da para mucho. Solo que la primera vez que jugué Monopolio lo perdí todo -hasta el día de hoy como que soy malo para los negocios- y recuerdo que al entregar mi último peso, no dije nada pero me congestioné a tal punto que me sudó la frente... de la ira. No fui capaz de saber perder sino mucho tiempo despues. Gracias por despertar bellos recuerdos. Abrazo.
Julio Suárez Anturi | 7 de Abril de 2006 - 08:11 PM¿Los míos? Carritos, carritos y carritos, de esos modelos a escala de tamaño de unos seis centímetros. Siempre he sido loco-carro. Me gustaba jugar a carreras de autos y que todos ellos chocaban entre sí en la curva de la pista cuando al cruzarse de carril uno de ellos se llevaba de encuentro a los demás. ¿Violento? un poco. Mi lado "sado", quizá ;-) Había carros de todo tipo, futuristas, deportivos, de trabajo. Eran de esos de metal moldeados y de colores. Igual había plásticos, y casi todos rodaban. A muy pocos les faltaba alguna rueda. Recuerdo coche en particular, un modelo a escala del hovercraft (o aerodeslizador) inglés. Hasta muchos años después supe que el vehículo existía realmente y entendí su funcionamiento.
Por supuesto que estaba una baraja de cartas, además de un muchos juegos de mesa (variantes de serpientes y escaleras, "no te enojes", damas chinas, ajedrez, etc)
PD. Creo que el juego al que te refieres son las damas chinas. El "no te enojes" es el mismo parchís o "parcheese".
me parese guenimo
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