1 de Abril de 2006
Cocinando y arreglando
Por la tarde hice un pan de yogurt con chispas de chocolate. Mientras el pan se horneaba, me dediqué a arreglar el librero que recibí hace quizás dos o tres meses y sobre el cual sólo había puesto los libros. Este arreglo del librero es un preámbulo de lo que espero sea una temporada intensa de lectura y escritura, ya que parece estaré desocupada durante cosa de un mes. Estoy ávida por leer literatura. Y al arreglar el librero, el deseo se intensificó más. Ahora estoy como niña golosa en una pastelería, viendo por el vidrio sin saber qué pastelito escoger, deseándolos todos porque todos se miran ricos. Ahora los libros están bien bonitos puestos sobre el estante y estoy que agarro uno, lo hojeo, agarro otro, igual, y no sé por cuál decidirme. Quiero leer algo que esté lo más apartado y lejano posible de la realidad. Una historia agradable, de final feliz, sin violencias, sarcasmos o amarguras. Algo que no me recuerde lo descompuesto que está el mundo y el ser humano porque eso es algo que, por desgracia, sé demasiado bien.
No he podido leer en los últimos meses. O mejor dicho, me la he pasado leyendo mucho, pero cosas de trabajo. Informes, actas de reuniones, artículos sobre derechos humanos, derecho indígena, cosas así. Todo muy bien y de cultura general, si se quiere, pero lo mío es la literatura. Leer tanto durante todo el día, me impedía leer libros. Por cansancio mental y también físico. A veces me dolía la espalda, otras me ardían los ojos.
Luego, la campanita del horno eléctrico me avisó que ya el pan estaba listo. Y cuando entré a la cocina, todo olía a pan. Estaba listo, doradito, oliente. El chocolatito derretido por dentro del pan. Para perder la razón.
Lavé platos y seguí terminando de arreglar el librero. También acomodé otras cosas que había ido poniendo sobre el librero con el clásico pretexto de "otro día acomodo todo". Después hice un espresso y probé el pan (que quedó divino).
Eso fue a las 5 de la tarde. Van a ser las 9 de la noche y cada vez que entro a la cocina, siento todavía el intenso olor a pan. Y me agrada tanto, y pienso que el olor a pan o a café recién hecho, son la esencia de lo que es el olor del hogar.
En una oportunidad que también quise escapar un poco compré un par de libros de Danielle Steel, que son exactamente como tú dices: "Una historia agradable, de final feliz, sin violencias, sarcasmos o amarguras. Algo que no me recuerde lo descompuesto que está el mundo y el ser humano". ¿Quizás ella sea muy rosa para lo que buscas? En todo caso, yo me quedé con el olor a pan y café tostado. Abrazo.
Julio Suárez Anturi | 5 de Abril de 2006 - 03:27 AMAtente al tema del artículo e intenta aportar novedad a la discusión.
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