8 de Febrero de 2010
La memoria como ética
A finales de enero pasado, se conmemoró el 65 aniversario de la liberación de los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau, los conocidos “campos de la muerte”, cuya sola mención sigue causándonos escalofríos. Poco más de un millón de seres humanos fueron asesinados solamente en el primero de dichos campos, aunque según informes posteriores de la KGB rusa, la cifra pudo haber sido hasta de 4 millones.
Estos números se dicen y escriben muy fácil, pero les recuerdo: detrás de cada una de esas cifras había seres humanos. Judíos, homosexuales, gitanos, comunistas, anarquistas, Testigos de Jehová, enfermos mentales, lisiados y todo aquel que el régimen nazi considerara debería ser exterminado por amenazar la pureza de la raza aria, fue eliminado sin piedad alguna.
Cuando ocurren tragedias así, es difícil que se conozca la historia verdadera. Difícil que se tengan estadísticas certeras. La realidad se va tejiendo puntada a puntada, escena a escena, con los testimonios de quienes pudieron sobrevivir, pero sobre todo, de quienes tuvieron la valentía de hablar.
El ser humano suele bloquear los recuerdos dolorosos. Los distorsiona, los confunde y en muchos casos, hasta los olvida por completo. Esto no es síntoma de enfermedad mental, sino un mecanismo natural de defensa que le permite a la persona continuar con su vida. Muchos de los sobrevivientes de los campos de concentración optaron por el silencio, evitando contarle a sus hijos o demás parientes y amigos, lo que habían experimentado.
5 de Febrero de 2010
Escribir para no volverse loco

Imagino al viejo Bukowski, sentado frente a su máquina de escribir, con un cigarrillo barato entre los labios, una botella de scotch al alcance de la mano, el radio encendido en alguna estación de música clásica, Sibelius o Mahler para alegría del hombre que escribe y escribe durante toda la noche, y que cuando termina la botella de scotch arremete contra varios six-packs de cerveza, cualquiera, no importa la marca, con tal de intoxicarse, con tal de perder la noción, con tal de cruzar esa invisible frontera que lo lleve al fondo de sí mismo, ahí donde no hay limitaciones para lo que se quiere decir/escribir.
Cuando levante la vista del papel será ya mediodía, mirará alrededor y se sorprenderá de ver tantas páginas tiradas en el suelo, en los muebles, en el viejo sofá donde se sentará a ponerlas en orden. Se sorprenderá de nuevo: escribió 23 páginas de un tirón y sabe que no tendrá que corregirlas. Apenas serán releídas, enmendados los errores mecanográficos. Recuerda cuando escribió su novela Cartero: agotó lo que tenía que decir en 19 noches, 19 noches que le valieron su primer éxito de ventas en 1971 y en la que contó sus avatares como empleado postal.
Claro que Charles Bukowski es Henry Chinaski. El mismo personaje que en otros libros hablará soezmente, será obsceno y machista, beberá como si de ello dependiera toda su vida y tendrá un ojo abierto, un comentario cáustico, una broma cruel para lo que mira a su alrededor.
3 de Febrero de 2010
So long, Salinger...

Podría aburrirlos diciendo que J.D. Salinger blablabla, y seguramente estaría patinando sobre cualquier cantidad de cosas que ya otros blogs y periódicos han dicho muy bien.
Podría hablar de cuando leí The Catcher in the Rye (si tuviera scanner, les mostraría la portada, toda viejita y arrugada). Tengo mi ejemplar hasta forrado en plástico transparente para que resista un poco más. Al hojearlo de nuevo descubro que apenas hay un párrafo señalado en lápiz. Es que a veces hay libros tan, pero tan buenos, donde todo te dice tanto, que no subrayo nada, porque tendría que subrayar todito el libro.
Podría decir que, oh horror, se perdió mi copia de Nueve cuentos. No sé dónde quedó, aunque temo que hay una caja completa de libros que se me perdió en algún lado (de eso hablo otro día). Y recuerdo exactamente el lugar donde lo compré (un kiosko ubicado en una esquina, una cuadra al sur de los semáforos de Lindavista en Managua, donde también compré los cuentos completos de Raymond Chandler. Lo insólito era que en ese kiosco vendían papel de regalo, camisetas, calcomanías y cosas de papelería y libritos malos... y ahí me encontré esas dos joyas).
2 de Febrero de 2010
Tutti frutti
- "Escritores y músicos suicidas", fotogalería de la revista Life.
- Si con eso no le bastó, también puede ver la galería de literatos borrachos y adictos.
- El primer capítulo de la novela "El Tercer Reich", de Roberto Bolaño, novela hasta ahora inédita que Anagrama presenta el 4 de febrero.
- Avión de Papel, tu televisión literaria.
- The Edgar Allan Poe Digital Collection: los originales escaneados del maestrísimo himself.
- "Vasos vacíos": el resultado de una entrevista que le hizo Sean Penn a Charles Bukowski.
- "Vida de un loco", texto de Ryunosuke Akutagawa.
- La nueva página web de Lila Downs. Y si quiere escuchar su música, oiga la radio de Lila.
- Los Noveles 38, en la red.
- "El reino del lapiz rojo", un excelente artículo sobre las correcciones que los escritores hacemos a nuestros textos.
- "La rueda de agua", un cuento de J.M.G. Le Clézio, adelanto del libro Mondo y otras historias.
- "Five Dials, celebrating the life and work of David Foster Wallace", charlas y lecturas de varios autores (entre ellos Zadie Smith, Jonathan Franzen y Don Delillo).
- Y para seguir y terminar con Foster Wallace, una entrevista de 84 minutos realizada por la televisión alemana (en inglés).
27 de Enero de 2010
Para no perder totalmente mi tiempo: una entrevista
El lunes de esta semana una periodista, de El Diario de Hoy de El Salvador, me envió un cuestionario de 13 preguntas para hacer un reportaje sobre talleres literarios en el país. Contesté la entrevista a pesar que de que me había pasado casi todo el día en la calle y estaba, además de cansada, colmada de trabajo y de pendientes. A pesar de no ahondar mucho en las respuestas, fui cuidadosa en su contenido, como siempre hago cuando me entrevistan, por lo que contestar todo esto y escribirlo me llevó poco más de una hora.
Resulta que hoy salió el reportaje en el periódico pero de las dos páginas y las 941 palabras en total que tuvo todo lo que envié, apenas se citaron 13 palabras mías (¿qué onda con el número 13?). Me di cuenta porque por casualidad compré el periódico (normalmente no los compro). Ya había leído la nota en internet y no había visto nada, pero pensé que quizás en la versión impresa venía más información.
Me molesta, no porque no me hayan citado ni hayan utilizado nada de todo lo que escribí ni porque crea que lo que yo digo es importante (en realidad no digo nada nuevo. Ahora pienso que quizás no les gustaron mis respuestas...). Lo que me molesta es el tiempo que uno invierte para contestarle a un periodista (que además me apura y me dice que el reportaje debía salir hoy), y que luego no se utilice el material. Es decir, yo perdí una hora de mi vida en algo que no se utilizó para nada.
Si uno tiene la buena voluntad de contestar una entrevista es porque uno sabe lo deteriorada que está la información cultural en los periódicos nacionales y porque con ello se puede quizás contribuir un poco a que las notas culturales no mueran o desaparezcan totalmente de nuestros periódicos. Pero es lamentable no sólo el desprecio por la cultura en nuestro país, sino que tampoco se valore el tiempo que una persona se toma para ayudarles con sus reportajes a los periodistas y que después, eso se traduzca en tiempo perdido para el entrevistado. Me parece francamente una falta de respeto.
En la hora que invertí para contestar esta entrevista, bien hubiera escrito un artículo que tengo pendiente o mi siguiente columna, que también debo entregar, o (precisamente), dedicarla a organizar mi próximo taller de narrativa.
No tengo tiempo de sobra, y si lo tengo es para dedicarlo a escribir mis libros y mis columnas. Pero por suerte tengo este espacio, y no daré por perdido mi trabajo en esa entrevista.
Se las comparto a todos mis queridos amigos lectores. Y cuando digo "queridos amigos", no lo digo como una cortesía de rigor, sino porque realmente muchas de las personas que me leen (sean en este blog o en La Prensa Gráfica), me envían frecuentes mensajes de afecto y de respeto por mi obra, que me conmueven día a día.
Es para ustedes para quienes yo escribo. Gracias y aquí la entrevista.
26 de Enero de 2010
Aclaración sobre la columna del domingo
No es primera vez que me pasa. Supongo que no será la última. Cuando escribo ficción (o sea, cuando me invento cosas), la gente suele preguntarme si lo que escribo es cierto o me ocurrió a mí (siempre les contesto que no hay necesidad de ser un asesino para describir un asesinato... ¿dónde queda la valoración de la imaginación como una de las más importantes y poderosas herramientas del escritor?).
Pero cuando escribo mis columnas, que NO son ficción y que por lo general están basadas en mis observaciones o en cosas reales que me contaron o que he visto ocurrir, la gente me pregunta si me lo inventé...
Me volvió a ocurrir con la columna del pasado domingo, publicada ayer en este blog. Dos o tres personas me dijeron que "qué buen recurso literario" el de inventarme que un niño nació ese día y escribirle una carta. Bueno, no tengo idea de cuántos niños nacen a diario en San Salvador o en el país completo, así es que inventarse un niño nacido ese día no sería nada espectacular ni imaginativo.
Pero el niño al cual va dirigida la carta-columna es real. Nació el 16 de enero pasado. Su madre fue una de las heridas por la granada lanzada al punto de microbuses de la ruta 12 en el centro de la capital. Todos los detalles, incluidos el nombre de la madre y el del muerto, son reales, y los tomé de las notas que los periódicos fueron soltando ese día.
Aquí la nota de prensa que resume el hecho.
¿Pero quieren que les cuente mi imaginación sobre este asunto? Que algún familiar de este niño haya leído la columna y la guarde, y que algún día, cuando ya sea adulto ese niño, se la den y la pueda leer. Y que en efecto, diga, "qué bueno que El Salvador ya es un mejor país".




