Septiembre 15, 2010
¿Habrá mierda para todos?
Gabriel García Márquez concluía de manera lapidaria su obra “El Coronel no tiene quien le escriba” con una contundente respuesta que el propio Coronel daba a su esposa cuando ésta le inquiría sobre que comerían. “Mierda” respondía un tipo cansado de corruptelas y que mostraba un gran sentido del honor.
Esta es la situación en la que se encuentran millones de ciudadanos españoles cercados por la incompetencia de las administraciones públicas, con oficinas de empleo que, como en el caso andaluz, ofertan menos de 900 puestos de trabajo para más de 190.000 demandantes; una clase política ensimismada en su mediocridad y prebendas; unos sindicatos sobornados con dinero público y que únicamente representan a los funcionarios. Para rematar el panorama, una patronal capitaneada por el jefe de los golfos apandadores.
He sido un currela como tantos, toda mi vida, como mi padre, mis abuelos, todos se ganaron honestamente la vida. Alguno de ellos tipos broncos, de raigambre obrera que al final de sus días se avergonzaron del putiferio en que se había convertido esto que nos empeñamos en llamar España.
La aprobación, el pasado día 9 en el Congreso de los Diputados, de la Reforma Laboral tendrá como efecto inmediato la convocatoria de Huelga General del próximo 29 de septiembre, un evento festivo de dudosa efectividad. Y es que el horno no está para bollos, según las encuestas, el 75 por ciento de los trabajadores (no sabemos nada de los que no tienen empleo) piensa acudir a su puesto de trabajo. Y es que los sindicatos no se enteran y nuestros legisladores pasan absolutamente de todo. ¿Como calificar a una legislación laboral que permite al empresario no pagar los salarios de sus empleados durante meses y que estos tengan que seguir presentándose en su puesto, poniendo de su bolsillo desplazamientos y comidas?
Sinceramente, no me importaría que se estableciese el despido libre siempre y cuando el sistema judicial funcionase. Así que yo reclamaría un marco muy flexible con costes más razonables para los empresarios pero en el que la fuerza de trabajo fuese un bien controlado por el trabajador. En caso de conflicto, lo que deberían funcionar serían los tribunales, con juicios rápidos que protegiesen a los trabajadores de las arbitrariedades de la patronal y que pudiesen establecer sanciones punitivas ejemplarizantes que resarciesen a los despedidos de una manera injusta. Otra de las propuestas sería acabar con la impunidad de los dueños de las sociedades haciéndole responsables de las quiebras y los impagos con sus bienes personales. Conozco el caso de grandes promotores, hoy supuestamente arruinados deudores de millones de euros a sus trabajadores, que mantienen el mismo nivel de vida y que siguen especulando con sus posesiones en Miami. Mientras tanto, los antiguos trabajadores agotan sus prestaciones y enjuagan sus lágrimas de rabia con sentencias judiciales totalmente inútiles conseguidas tras meses (e incluso años) de espera.
La realidad laboral de este país son sueldos que llevan bajando los últimos quince años, -donde ser mileurista se ha convertido en un lujo-, jornadas laborales inacabables sin ningún tipo de conciliación familiar posible (otro de los grandes fiascos del señor Zapatero). En resumen, un marco de relaciones más propio de un país en vías de desarrollo que de la sociedad moderna que pretendemos ser. Al margen quedan los funcionarios, de los cuales, el 30 por ciento deberían estar engrosando las oficinas del INEM o sus homólogas autonómicas (con lo que ahorraríamos más del 3% del PIB) junto con los miles de cargos políticos instalados mediante la “dedocracia” de los partidos y esos sempiternos sindicalistas liberados hace centurias de cualquier obligación laboral.
Y si no era esto suficiente, la ministra Salgado anuncia que la edad de jubilación subirá a los 67 años. Diseñar un sistema de cálculo de pensiones más racional debe estar fuera del alcance de sus mermadas neuronas achicharradas al leer el manual del nuevo Iphone 4 que la semana pasada se repartió entre todos los congresistas. Para predicar con el ejemplo, su señoría debería conceder las mismas prebendas con las que gozan nuestros representantes, al resto de los españoles y permitirles que con seis años cotizados se hiciesen merecedores de la pensión de jubilación máxima. Luego nos hablan del Pacto de Toledo, pensado para que la generación tapón, esa que ocupa todos los puestos más jugosos de instituciones, partidos, sindicatos y que forman una casposa clase empresarial, cobren suculentas pensiones.
La realidad para los componentes de la olvidada generación X y todos los que todavía son jóvenes -es decir, menores de 35 años- es saber si el día de mañana, habrá mierda para todos.
Mayo 21, 2010
La Casa Real y sus déficits de comunicación
Todo lo relativo a la monarquía en este país posee un aire críptico. Miedo, autocensura. presiones, cortesía, tráfico de favores, sentido de Estado, son muchas las circunstancias que convierten a toda la información relacionada con la realeza en algo complejo y complicado.No abundaré en el debate del republicanismo, me centraré en los aspectos de cómo aborda esta institución sus relaciones con los medios y la ciudadanía. La Casa de S.M. El Rey ”es el organismo que, bajo la dependencia directa del monarca, tiene como misión servirle de apoyo en cuantas actividades se deriven del ejercicio de sus funciones como Jefe de Estado”. Así lo determina el art. 1 del Real Decreto 434/1988. El Jefe de la Casa de S.M. El Rey está asimilado al rango de Ministro y de acuerdo con la constitución -como ocurre con todo el personal al servicio de S.M.- es nombrado y relevado libremente por el Rey. La Casa Real se compodría de la familia siendo su jefe, evidentemente el monarca.
Al mando de este organismo está el diplomático Alberto de Aza, que anteriormente se ocupó de la Oficina de Información Diplomática. Algunos lo tachan de “izquierdista”, si en el mundo de la diplomacia y la realeza españolas hay hueco para este tipo de ideas. La oficina de comunicación corre a cargo del periodista navarro, Ramón María Iribarren, y esta se encarga de las relaciones con los medios desde el pasado 15 de abril cuando sustituyó a Juan González Cebrián. Las últimas semanas Don Juan Carlos de Borbón y su hijo, Don Felipe han sido noticia por diferentes motivos. El primero por haberse sometido a una operación de pulmón en un hospital Barcelonés. Tras afirmar hace unos meses que el estado de salud del jefe del Estado era bueno, los españoles se vieron sorprendidos con la noticia de su hospitalización y operación. Un inteligente golpe de mano orquestado desde el conocimiento de que una anuncio precio hubiese inundado los medios de noticias más o menos veraces durante meses. La propia enfermedad durante esta crisis se ha convertido en algo secundario ocupando la atención de los medios elementos subsidiarios como el hospital, la profesionalidad del equipo y finalmente la elocuencia del monarca recomendando la sanidad pública (para luego ser atendido en su recuperación en una clínica privada). Por otro lado, las fotografías retocadas con diferentes uniformes del Príncipe Felipe han sido portada y comentarios en la mayoría de los medios de comunicación. Un asunto sin importancia que bien ha podido funcionar como cortina de humo con respecto a la enfermedad del Monarca.
La comunicación de la Casa de S.M El Rey deja mucho que desear, hay muchas zonas oscuras. Presiones para que no se publiquen libros como en el caso del libro sobre el 23-F de Amadeo Martínez Inglés. Ese momento de la historia de España ha sido inteligentemente vendido como un triunfo del Jefe del Estado, sin embargo fuentes solventes apuntan a una conjura palaciega reconducida. Nunca lo sabremos, pues las cintas de la centralita de la Zarzuela desaparecieron tan misteriosamente como se quemó el archivo de la Falange y la Guardia Civil. La presión más o menos sutil ha generado el retoque de la biografía de la Reina escrita por Pilar Urbano y que costó la cabeza a Juan González Cebrián (disfrazada de sustitución), debido a que se “deslizaron” comentarios no deseados considerados como nefastos. El episodio del secuestro del semanario satírico, El Jueves sólo demuestra torpeza por parte de las instituciones del Estado, la sátira es la mejor medicina para una democracia y es el mejor paliativo para cualquier organo del Estado. Una declaración del Rey en favor de la revista y en este sentido le hubieran hecho ganar enteros.
La modernización de la monarquía está capitaneada por el binomio Felipe-Letizia y sus mediáticos aliados del Grupo Prisa. Reportajes exclusivos en el País Semanal, inauguraciones de estudios radiofónicos, toda una alianza forjada a la luz de los intereses futuros. Sin embargo, quienes dirigen el entorno de la Casa de S.M. El Rey deberían conocer muy bien las reglas del Espectáculo. Los nuevos aires no deben pasar por una desmitificación del concepto regio, pues es esa idea taumatúrgica la que mantiene viva el mito y hacen que la monarquía sobreviva en un entorno cada vez más hostil.
La ocultación de cacerías de osos borrachos, los tejemanejes de Urdangarín, la eliminación casi física del papá de Froilán o los viajes semi clandestinos de la reina a Londres, son episodios que deberían ser evitados. La modernización debería venir de la mano de una política de comunicación fluída y transparente; seria y rigurosa alejándose del papel couché y ayudándose de los nuevos medios tecnológicos. El Jefe de Gobierno debe estar sujeto al escrutinio de los ciudadanos que pagan su sueldo y permiten su subsistencia no por gracia de Dios, sino por voluntad democrática. El ejemplo de esta falta de pulso es la increíblemente soporífera web de la casa real. Fotografías mal recortadas, poses imposibles, información escasa, nula elegancia y usabilidad hacen de este sitio una experiencia difícil de olvidar. Majestad, menos naftalina y mas seriedad.
Mayo 04, 2010
La importancia de la Comunicación en política
No entiendo quién se encarga de la comunicación de nuestros partidos políticos. ¿Quién asesora a nuestros líderes políticos?. Quizás sea el mismo Belcebú. No entiendo la política del silencio que practica el líder de la oposición, esa pose blandita que se empeña en defender lo indefendible, de no trazar una línea clara sobre la corrupción. La ciudadanía necesita mensajes claros y meridianos y no declaraciones al estilo Esperanza Aguirre en las que afirma que la “corrupción es consustancial a las instituciones”. La eterna animadora de la derecha confunde actor con teatro de operaciones. Las instituciones no pueden ser corruptas, los corruptos son quienes pueblan los pasillos de dichos organismos y quienes se encargan de dirigirlas.
Me encantaría departir con los asesores de comunicación de esta señora y del resto de los del Partido Popular, quisiera preguntarles sobre los silencios, las contradicciones y sus estrategias. ¿Existen realmente?, o todo se reduce a un seguidismo de las ocurrencias de sus más que mediocres dirigentes.
Las cosas no están mejor a la izquierda de los populares (y no confundan estar a la izquierda con ser de izquierdas). Si la oposición dormita en sus escaños, nuestro Presidente impone un estilo muy personal a todo lo que le rodea. El señor ZP (quizás único acierto de toda la comunicación del PSOE, fruto de la agencia Señora Rushmore) piensa que los mensajes políticos deben estar envueltos en papel de celofán y adornados con muchos lazos. Sin embargo, la vacuidad de ideas y una continua contradicción son el reflejo de ese grupo de “pensadores débiles” que lidera José Blanco, látigo orgánico de escasa brillantez dialéctica apoyado por ese fenómeno mediático, la planetaria Leire Pajín, cuya última entrada de blog sonrojaría a cualquier mente bien pensante. La estrategia del PSOE pasa por aglutinar el hastiado y desengañado voto útil de la izquierda y aglutinarlo en torno al caso Garzón. Este magistrado siempre me ha parecido un oportunista y engreído. Esto no quiere decir que comparta su intento de linchamiento por parte de la ultraderecha, pero de ahí a convertirlo en paladín de la memoria histórica… Por favor.
Anestesia
La ausencia de una buena comunicación y una praxis coherente que la acompañe, genera en nuestra sociedad un cabreo creciente. La crisis se ha asomado a nuestros hogares -y en muchos casos se ha instalado en el salón junto a la mesa camilla-, de manera que los españolitos comenzamos a hablar de cosas realmente importantes, y como es habitual en nosotros, con bastante mala leche. No puedo dejar de escuchar allá donde vaya conversaciones sobre la crisis social, moral, política. Despertamos del sueño con el que nos habían anestesiado durante una década y que hunde sus raíces en el “buen rollismo” de los ochenta. Hemos infantilizado la sociedad. Les recuerdo que aquí unos es joven oficial hasta los 35, y todo se mueve por el ego, el “yoismo” que genera frustración y violencia.
La apuesta por mensajes fofos y edulcorados ha generado una sociedad blandita acostumbrada al subsidio estatal, paternal. Hemos trocado la razón por el consumo. Los valores eran algo trasnochado y limitante de la libertad. En la ecuación han ayudado los medios de comunicación y la falta de crítica de una sociedad que se ha regodeado en el viaje al Caribe y la hipoteca pelotazo.
La incapacidad de la autoproclamada “clase política” para reconducir la situación actual, de tomar decisiones impopulares (y no siempre para los trabajadores) pero necesarias en un contexto económico de funeral, sólo puede conducir a dar oxigeno a salvapatrias de los que los españoles somos tan aficionados. Es más fácil guardar silencio que introducir reformas profundas en el sistema haciéndolo más participativo y justo (que no subsidiado). Estamos cansados de ser gobernados a golpe de eslogan por absolutos incompentes.
