Un trabajo largo y meticuloso, al que se agregó un ulterior percance: la primera traducción, realizada por la sección alemana de la Secretaría de Estado, habría sido considerada "no suficientemente precisa" por la oficina del obispo Paolo Sardi, que desde hace treinta años se ocupa de la elaboración de los discursos papales y que deja en manos de Ingrid Stampa, la famosa gobernanta del departamento del cardenal Ratzinger, las traducciones en alemán.
Vaya por Dios, ahora lo llaman "armonizar". Otro constraint más.
Vía: Periodista Digital
Imagina la que se puede montar si un texto legislativo (de la UE sin ir más lejos) estuviera sujeto a distintas interpretaciones según el idioma...