1 de Diciembre de 2004
Lógica de Mercado
Nuestro sistema económico y sus portavoces, los medios de comunicación, son una fábrica eficaz de creencias e ideologías. El pensamiento único, que cada vez se parece más al pensamiento cero, es la principal consecuencia del monólogo del poder que imparte sus clases magistrales en los salones de cada casa. La televisión homogeniza mentes y fotocopia personas. “Cada uno es un mundo” aseguran los clones.
La lógica que se graba a fuego en el ideario colectivo es la lógica mercantil. Hoy en día son muchos los que miden el mundo con billetes de euro. Tu éxito lo miden los ceros de tu cuenta corriente, la calidad de tu vida la dicta tu salario y la rentabilidad es el fin que justifica cualquier medio. “Estudié y trabajé mucho para que ahora no me falte de nada”, dicen a los que les falta de todo menos dinero.
La SGAE, por supuesto, no escapa de esta lógica y al final de cada una de sus apocalípticas declaraciones deberían publicar una fe de erratas donde se aclare que donde dice “cultura” debe leerse mercado, donde dice “música” debe leerse dinero y donde dice “cantantes” debe leerse discográficas.
El pasado mes de Junio asistí a un seminario sobre propiedad intelectual en el Hotel Meliá de Sevilla. Al final de la primera ponencia un señor nos empachó de números y nos emborrachó de cifras. Todas, por supuesto, lloraban la decadencia de la “industria de la cultura y el ocio”. A mí me gusta tomar notas sobre lo que se dice en las charlas a las que voy y todo lo que escribí sobre aquella fue: “vendemos menos”. Al terminar miré el programa del seminario para conocer el nombre del economista que acababa de hablarnos. El economista, finalmente, resultó no serlo. Aquel señor era el Secretario General de la Fundación Autor.
Es algo habitual, los sectores cercanos a la cultura pocas veces hablan de ella y cuando lo hacen es para insultarla identificándola con el número de obras vendidas. “Por culpa de la piratería cada día se venden menos discos. Y por tanto la cultura va muriendo” decía la SGAE y Vale Music en la contraportada del disco “No a la piratería”.
Para Pedro Farré, jefe de la Oficina de Defensa de la Propiedad Intelectual de SGAE, la copia de obras sujetas a propiedad intelectual es como si “después de haber estudiado muchas horas para hacer un examen, el compañero que se sienta al lado lo copia. De forma natural cualquier estudiante se rebelaría contra esto, porque el esfuerzo de cada quien debe significar recompensa para este mismo”. Esta frase que traducida al castellano significa “mío, mío y mío” te enseña que no solo es importante que tu esfuerzo te beneficie a ti sino que, sobre todo, no beneficie también a los demás. No prestes tus apuntes, no dejes copiar tu examen, no ayudes por nada. La lógica del mercado nos recuerda que estamos solos y que el compañero es un parásito del que hay que desconfiar.
Es esa misma lógica la que pone precio a todo y la que te enseña que es el precio la medida exacta del valor. El valor, es decir, las cualidades de algo o de alguien, también se miden con dinero. Una cosa tiene el valor de lo que cuesta y una persona tiene el valor de su salario. No es poca la gente que conozco a la que se les infla el pecho cada vez que le suben el sueldo porque piensan que eso habla de sus cualidades personales y son muchos los que para que aprecies la calidad de lo que se han comprado te subrayan, antes de nada, su precio. El hecho de que tus zapatillas de deporte te hayan costado 200 euros significa que son las mejores y no que te hayan timado. Lo bueno, si caro, dos veces bueno.
Pedro Farré dice en el Boletín de la Oficina de Defensa de la Propiedad Intelectual que lo creado por alguien “tiene un valor” y “no puede ser libre y gratuitamente utilizado por cualquiera”. Por tanto lo que se da gratuitamente carece de valor. Este artículo tiene las cualidades que le da el precio de la revista, pero el mismo artículo colgado en Internet no vale nada por no tener ningún precio. Desde el punto de vista de la SGAE el aire no tiene valor.
Ya decía, y bien decía, Antonio Machado que “es de necios confundir valor y precio”.
David Bravo Bueno
Publicado en la revista @rroba
Y fíjense ustedes en las conclusiones de un curioso estudio realizado en los EE.UU.:
http://www.cnn.com/2004/TECH/internet/12/06/tech.music.reut/index.html
Sí, sí, en los EE.UU., cuna de libertades, donde a la gente se la procesa directamente por el intercambio en redes P2P.
Y aquí Bautista, Farré, sus acólitos voceras de la ACAM y compañía seguirán erre que erre, cual Paco Martínez Soria, vendiéndonos la burra.
Así nos luce. Saludos a todos.
Este artículo algún día se volverá a publicar (en 2006, quizá)
2 | Jordi | 14 de Enero de 2006 - 09:56 AMUps ! Me olvidé de colocar la URL
http://www.filmica.com/david_bravo/archivos/002810.html
Consumer and prescribing information.
Actonel with Calcium, Actoplus Met, Aczone, Angeliq, Arranon, Avandaryl, Estrogel, Exjade, Levemir, Hylenex, Increlex, Kepivance, Lyrica, Migraten, Nepafenac Ophthalmic, Nexavar, Orencia, Proquad, Relenza, Revlimid, Rozerem, Tamiflu, Vaprisol...
Por qué cree que Dios no existe?
El espejismo de Richard Dawkins.
Por el Dr. Daniel Barone.
Porque el iconoclasta de estos tiempos rechaza las religiones y abjura de todo Dios trascendente, porque su ateismo es absoluto. Un ateismo que se ufana de haber superado los mitos del pasado, pero se abstiene de someter a crítica sus desarrollos técnicos, sus enfoques científicos, sus teorías biológicas, psicológicas y sociológicas que son, estas últimas, encargadas de concebir que la evolución de la existencia individual y social es el resultado de determinismos que escaparían a nuestro control. Los objetores que no creen en Dios, están convencidos de que nada es real ni verdadero sino puede verificarse a través de los sentidos y de las ciencias.
La antropología y la etnología parecen haber demostrado que el hombre primitivo no pensaba y actuaba como nosotros, pero no hay indicios ciertos de que se haya alterado nuestra estructura psicológica. Aun no advierto la existencia de una mayor autonomía psicológica cuando examino lo elementos intelectuales que manejan los hombres y mujeres de nuestro tiempo, lo cual es grave porque los esfuerzos históricos efectuados para conquistar la libertad de pensamiento y de expresión se propusieron consagrar el derecho de cada ser humano a producir y transmitir pensamientos propios.
Es así, que el hombre actual deslumbrado por las conquistas de la ciencia, se convence que el pensamiento científico es el único conocimiento válido. Esta visión conduce a la atrofia de sus otras facultades, como la intuición, la percepción sensorial, la sensibilidad y los sentimientos.
Yo digo aquí y ahora, que el carácter infalible de las ciencias es un mito. Un mito sobre el cual se edifica el pensamiento contemporáneo.
Thomas Kuhn sostuvo en Structure of Scientific Revolutions, que las ciencia no progresa ni por el método de verificación ni por el de refutación. Según él, cada época se maneja con grandes construcciones teóricas que sirven de paradigmas o modelos para explicar lo que se sabe, nada más.
Los trabajos e investigación tienen por objetivo precisar, confirmar y consolidar los modelos explicativos tradicionales. No le interesa resolver enigmas, tienden a subestimarlas.
En ningún momento ofrecen garantías, ni siquiera el simpático Darwin pudo hacerlo. Sin una sólida formación sólo pudo aprender a tocar de oído, una fantástica melodía. En la actualidad, el único enigma que se pretende ocultar es el de los intereses inconfesables.
Hace años que Heisenberg demostró la imposibilidad de conocer toda la realidad al enunciar el principio de incertidumbre, cuya validez se acepta hoy sin discusiones.
Dawkins es sólo un hombre funcional, es quien más cabalmente encarna lo colectivo, quien mejor ha logrado subordinar su individualidad para adaptarlo a lo colectivo. Harvey Cox autor de The Secular City señalo que el estilo de la ciudad secular es pragmático o funcional, profanó o secular.
El hombre secular se pregunta SI ESO FUNCIONA, es decir, juzga los resultados que se conseguirán en la práctica.
Este hombre profano es el que cuando encuentra a un extraño no le pregunta quien es, sino qué hace. El hombre de hoy está más solo que Adán en el día de la madre, y vive en un medio que no le permite el desarrollo de su autonomía. Si a nadie le interese lo que es el sino lo que hace, termina confundiendo su identidad con la función que cumple.
Cuando afirmamos que nuestras decisiones son personalísimas, ¿lo son en realidad? ¿Son productos de la actividad conciente del yo?
Cuando el hombre occidental dejo de creer en Dios, imaginó que se liberaba del yugo de una moral arbitraria.
Antes algunas personas a las que se reconocía alguna autoridad, como sacerdotes, filósofos, sabios, opinaban sobre temas metafísicos y morales. Hoy se habla con idéntico énfasis y aplomo, y sobre todo, es escuchado por igual al deportista, al político, al drogadicto o la actriz de moda. La autoridad que provenía de Dios, ha sido aplastada bajo el maremagno de opiniones que transmiten los periódicos, la radio y la pantalla de televisión.
La tragedia no radica en que todo sea lo mismo, sino en que todo sea igual. Así que paralizados por falta de certezas morales, los padres se guardan de formular exigencias o inculcar valores firmes a sus hijos, dejando que cada uno siga sus impulsos. Consideran que un proceder distinto es una expresión de arbitrario autoritarismo.
Así terminan, los párvulos, por rechazar la autoridad de nadie ni admiten que nadie invocando la condición de padre, maestro, sacerdote, filósofo, gobernante pretenda inculcarnos idea alguna.
De esta forma las sociedades que carecen en de normas y valores comunes, en una sociedad en el que cada uno se gobierna a si mismo, procurará transgredir las leyes y encontrar modos de violentar los intereses de los demás sin soportar por eso las consecuencias adversas.
Algún se darán cuenta de que “todos tenemos algo sagrado en la vida, todos”.
Referencia: El silencio de Dios, Saravia, Manuel José, ed. Emecé, 2001.
Por qué cree que Dios no existe?
El espejismo de Richard Dawkins.
Por el Dr. Daniel Barone.
Porque el iconoclasta de estos tiempos rechaza las religiones y abjura de todo Dios trascendente, porque su ateismo es absoluto. Un ateismo que se ufana de haber superado los mitos del pasado, pero se abstiene de someter a crítica sus desarrollos técnicos, sus enfoques científicos, sus teorías biológicas, psicológicas y sociológicas que son, estas últimas, encargadas de concebir que la evolución de la existencia individual y social es el resultado de determinismos que escaparían a nuestro control. Los objetores que no creen en Dios, están convencidos de que nada es real ni verdadero sino puede verificarse a través de los sentidos y de las ciencias.
La antropología y la etnología parecen haber demostrado que el hombre primitivo no pensaba y actuaba como nosotros, pero no hay indicios ciertos de que se haya alterado nuestra estructura psicológica. Aun no advierto la existencia de una mayor autonomía psicológica cuando examino lo elementos intelectuales que manejan los hombres y mujeres de nuestro tiempo, lo cual es grave porque los esfuerzos históricos efectuados para conquistar la libertad de pensamiento y de expresión se propusieron consagrar el derecho de cada ser humano a producir y transmitir pensamientos propios.
Es así, que el hombre actual deslumbrado por las conquistas de la ciencia, se convence que el pensamiento científico es el único conocimiento válido. Esta visión conduce a la atrofia de sus otras facultades, como la intuición, la percepción sensorial, la sensibilidad y los sentimientos.
Yo digo aquí y ahora, que el carácter infalible de las ciencias es un mito. Un mito sobre el cual se edifica el pensamiento contemporáneo.
Thomas Kuhn sostuvo en Structure of Scientific Revolutions, que las ciencia no progresa ni por el método de verificación ni por el de refutación. Según él, cada época se maneja con grandes construcciones teóricas que sirven de paradigmas o modelos para explicar lo que se sabe, nada más.
Los trabajos e investigación tienen por objetivo precisar, confirmar y consolidar los modelos explicativos tradicionales. No le interesa resolver enigmas, tienden a subestimarlas.
En ningún momento ofrecen garantías, ni siquiera el simpático Darwin pudo hacerlo. Sin una sólida formación sólo pudo aprender a tocar de oído, una fantástica melodía. En la actualidad, el único enigma que se pretende ocultar es el de los intereses inconfesables.
Hace años que Heisenberg demostró la imposibilidad de conocer toda la realidad al enunciar el principio de incertidumbre, cuya validez se acepta hoy sin discusiones.
Dawkins es sólo un hombre funcional, es quien más cabalmente encarna lo colectivo, quien mejor ha logrado subordinar su individualidad para adaptarlo a lo colectivo. Harvey Cox autor de The Secular City señalo que el estilo de la ciudad secular es pragmático o funcional, profanó o secular.
El hombre secular se pregunta SI ESO FUNCIONA, es decir, juzga los resultados que se conseguirán en la práctica.
Este hombre profano es el que cuando encuentra a un extraño no le pregunta quien es, sino qué hace. El hombre de hoy está más solo que Adán en el día de la madre, y vive en un medio que no le permite el desarrollo de su autonomía. Si a nadie le interese lo que es el sino lo que hace, termina confundiendo su identidad con la función que cumple.
Cuando afirmamos que nuestras decisiones son personalísimas, ¿lo son en realidad? ¿Son productos de la actividad conciente del yo?
Cuando el hombre occidental dejo de creer en Dios, imaginó que se liberaba del yugo de una moral arbitraria.
Antes algunas personas a las que se reconocía alguna autoridad, como sacerdotes, filósofos, sabios, opinaban sobre temas metafísicos y morales. Hoy se habla con idéntico énfasis y aplomo, y sobre todo, es escuchado por igual al deportista, al político, al drogadicto o la actriz de moda. La autoridad que provenía de Dios, ha sido aplastada bajo el maremagno de opiniones que transmiten los periódicos, la radio y la pantalla de televisión.
La tragedia no radica en que todo sea lo mismo, sino en que todo sea igual. Así que paralizados por falta de certezas morales, los padres se guardan de formular exigencias o inculcar valores firmes a sus hijos, dejando que cada uno siga sus impulsos. Consideran que un proceder distinto es una expresión de arbitrario autoritarismo.
Así terminan, los párvulos, por rechazar la autoridad de nadie ni admiten que nadie invocando la condición de padre, maestro, sacerdote, filósofo, gobernante pretenda inculcarnos idea alguna.
De esta forma las sociedades que carecen en de normas y valores comunes, en una sociedad en el que cada uno se gobierna a si mismo, procurará transgredir las leyes y encontrar modos de violentar los intereses de los demás sin soportar por eso las consecuencias adversas.
Algún se darán cuenta de que “todos tenemos algo sagrado en la vida, todos”.
Referencia: El silencio de Dios, Saravia, Manuel José, ed. Emecé, 2001.
Por qué cree que Dios no existe?
El espejismo de Richard Dawkins.
Por el Dr. Daniel Barone.
Porque el iconoclasta de estos tiempos rechaza las religiones y abjura de todo Dios trascendente, porque su ateismo es absoluto. Un ateismo que se ufana de haber superado los mitos del pasado, pero se abstiene de someter a crítica sus desarrollos técnicos, sus enfoques científicos, sus teorías biológicas, psicológicas y sociológicas que son, estas últimas, encargadas de concebir que la evolución de la existencia individual y social es el resultado de determinismos que escaparían a nuestro control. Los objetores que no creen en Dios, están convencidos de que nada es real ni verdadero sino puede verificarse a través de los sentidos y de las ciencias.
La antropología y la etnología parecen haber demostrado que el hombre primitivo no pensaba y actuaba como nosotros, pero no hay indicios ciertos de que se haya alterado nuestra estructura psicológica. Aun no advierto la existencia de una mayor autonomía psicológica cuando examino lo elementos intelectuales que manejan los hombres y mujeres de nuestro tiempo, lo cual es grave porque los esfuerzos históricos efectuados para conquistar la libertad de pensamiento y de expresión se propusieron consagrar el derecho de cada ser humano a producir y transmitir pensamientos propios.
Es así, que el hombre actual deslumbrado por las conquistas de la ciencia, se convence que el pensamiento científico es el único conocimiento válido. Esta visión conduce a la atrofia de sus otras facultades, como la intuición, la percepción sensorial, la sensibilidad y los sentimientos.
Yo digo aquí y ahora, que el carácter infalible de las ciencias es un mito. Un mito sobre el cual se edifica el pensamiento contemporáneo.
Thomas Kuhn sostuvo en Structure of Scientific Revolutions, que las ciencia no progresa ni por el método de verificación ni por el de refutación. Según él, cada época se maneja con grandes construcciones teóricas que sirven de paradigmas o modelos para explicar lo que se sabe, nada más.
Los trabajos e investigación tienen por objetivo precisar, confirmar y consolidar los modelos explicativos tradicionales. No le interesa resolver enigmas, tienden a subestimarlas.
En ningún momento ofrecen garantías, ni siquiera el simpático Darwin pudo hacerlo. Sin una sólida formación sólo pudo aprender a tocar de oído, una fantástica melodía. En la actualidad, el único enigma que se pretende ocultar es el de los intereses inconfesables.
Hace años que Heisenberg demostró la imposibilidad de conocer toda la realidad al enunciar el principio de incertidumbre, cuya validez se acepta hoy sin discusiones.
Dawkins es sólo un hombre funcional, es quien más cabalmente encarna lo colectivo, quien mejor ha logrado subordinar su individualidad para adaptarlo a lo colectivo. Harvey Cox autor de The Secular City señalo que el estilo de la ciudad secular es pragmático o funcional, profanó o secular.
El hombre secular se pregunta SI ESO FUNCIONA, es decir, juzga los resultados que se conseguirán en la práctica.
Este hombre profano es el que cuando encuentra a un extraño no le pregunta quien es, sino qué hace. El hombre de hoy está más solo que Adán en el día de la madre, y vive en un medio que no le permite el desarrollo de su autonomía. Si a nadie le interese lo que es el sino lo que hace, termina confundiendo su identidad con la función que cumple.
Cuando afirmamos que nuestras decisiones son personalísimas, ¿lo son en realidad? ¿Son productos de la actividad conciente del yo?
Cuando el hombre occidental dejo de creer en Dios, imaginó que se liberaba del yugo de una moral arbitraria.
Antes algunas personas a las que se reconocía alguna autoridad, como sacerdotes, filósofos, sabios, opinaban sobre temas metafísicos y morales. Hoy se habla con idéntico énfasis y aplomo, y sobre todo, es escuchado por igual al deportista, al político, al drogadicto o la actriz de moda. La autoridad que provenía de Dios, ha sido aplastada bajo el maremagno de opiniones que transmiten los periódicos, la radio y la pantalla de televisión.
La tragedia no radica en que todo sea lo mismo, sino en que todo sea igual. Así que paralizados por falta de certezas morales, los padres se guardan de formular exigencias o inculcar valores firmes a sus hijos, dejando que cada uno siga sus impulsos. Consideran que un proceder distinto es una expresión de arbitrario autoritarismo.
Así terminan, los párvulos, por rechazar la autoridad de nadie ni admiten que nadie invocando la condición de padre, maestro, sacerdote, filósofo, gobernante pretenda inculcarnos idea alguna.
De esta forma las sociedades que carecen en de normas y valores comunes, en una sociedad en el que cada uno se gobierna a si mismo, procurará transgredir las leyes y encontrar modos de violentar los intereses de los demás sin soportar por eso las consecuencias adversas.
Algún se darán cuenta de que “todos tenemos algo sagrado en la vida, todos”.
Referencia: El silencio de Dios, Saravia, Manuel José, ed. Emecé, 2001.

