Mayo 28, 2010
Perdidos en Cinco Piezas

Aquí os dejo el artículo completo (En el post extendido) ordenador de la primera a la última pieza para facilitar su léctura.
Continuar leyendo»Cinco de Cinco: Perdidos, los fans y la narrativa transmedia en la cultura Hype.
“-Cuantas veces tengo que decir, John… Que yo siempre tengo un plan”
(Benjamín Linus)
Perdidos, lo hemos mencionado ya una tonelada de veces a lo largo de esta semana, ocupa un lugar privilegiado en el mainstream. Es un gozne entre lo viejo y lo nuevo. Es televisión clásica y a la vez televisión del futuro, es mito y ciencia ficción. Es cuidado por los personajes y cliffhangers locos, etc.
Perdidos es, aún a riesgo de ponernos un poco etnocéntricos, la ficción más importante del mundo post- 11 de Septiembre.
Perdidos cabalga entre el final del auge neo-con, el renacimiento de las viejas ideologías del estado, el socialismo del Siglo XXI, el fundamentalismo religioso en todo mundo y el new-deal aptísima de Obama, quebrado por el horizonte de la crisis.
Del 2004 al 2010, mientras el mundo parecía llenarse de señores con armas y respuestas que se empeñaban en decir que eran los buenos y que se acercaba la lucha final entre el bien y el mal, millones de personas en todo el mundo (especialmente en Estados Unidos, aunque no exclusivamente) se sentaban ante el televisor a ver a otros señores que no sabían que mierdas estaba pasando y que descubrían que cada nueva respuesta era una nueva mentira, que era muy difícil saber quienes eran los buenos y que, básicamente, preferían la confusión al fundamentalismo. La duda a la respuesta. El Misterio a la certeza.
No creo que sorprenda el decir que Perdidos es la recuperación del “gran relato” en el tiempo de la muerte de los grandes relatos. Un intento por reconstruir una nueva odisea posmoderna y situar a los nuevos héroes en un lugar indeterminado entre el hombre de ciencia y el hombre de fé.
Una serie que, tampoco podemos olvidarlo, ha tenido su esperanzador final en el momento del quiebre global de todas las esperanzas. Y quizás ahí reside también una parte del rechazo de muchos fans y de la adhesión de otros.

Hablabamos al principio de que Perdidos era 100% televisión, esto es cierto, pero también es Internet. Perdidos es una serie que ha aceptado a sus fans como co-creadores de un relato, que ha producido su sentido en relatos que iban más allá de la pantalla televisiva, cuyas claves se encontraban a veces en libros, a veces en webvisodios aparentemente banales, a veces en falsos videos dispersos por la red.
Una narrativa transmediatica que ha comprendido que el modo de narración del presente ya no es cronológico, sino cartográfico. Que no se trata de describir exclusivamente las acciones de los personajes, sino de darles mundos lo más complejos posibles para habitar. Mundos que estallan y crecer en la mente de los espectadores. Mundos llenos de preguntas que, como agujeros negros funcionan como atractores de los espectadores para que sean ellos los que llenen con sus teorías los huecos. Una narrativa fundamentalmente polisémica.
Perdidos ha explotado una realidad que pronto se va a expandir como lo ha hecho Star Wars, Star Trek o Battlestar Galactica. Nada puede garantizar que esos nuevos relatos sean tan interesantes como la serie (o si lo van ser incluso más) pero van a existir o no vivimos en el mundo en el que vivimos.
No vale decir que Perdidos tiene una relación con Internet porque nace con la explosión de las redes sociales, The Wire también y no juega a ese juego. Flashforward también y tampoco, ¿y por qué no? Porque los creadores de Perdidos saben que ellos también son parte del relato, que ellos, como prestidigitadores de un truco de magia deben ser visibles. El truco no, pero los magos si.

Perdidos ha entendido que lo que pasa fuera de la serie es casi tan importante como lo que pasa dentro y a la vez se ha mantenido fiel al adentro. Esa tensión entre el juego constante con el afuera y la coherencia con su narración ha provocado no pocos encontronazos con los fans de las serie. El que piense que la producción de una comunidad de fans en torno a un producto de ficción es un camino de rosas no entiende que la relación con esa comunidad solo puede ser conflictiva. Porque el conflicto es la madre del drama y no hay otra manera de entenderla.
Por eso es tan difícil medir hoy lo que significa Perdidos, saber si su final es una maravilla o un desastre, si es mejor el viaje o el destino, si todo estaba perfectamente artículo o perfectamente improvisado. Es muy difícil porque hoy Perdidos no es una serie, no es una ficción, sino un producto en un sistema de señales. Un espacio en una escala cultural.
El hype ha venido darle un lugar a Perdidos y lo que hemos vivido esta semana es la lucha de los fans contra los agentes del hype. Así de simple y así de claro. En lo que a España respecta es increíble como han actuado la televisión y los medios de comunicación intentando producir un secuestro del sentido colectivo de la experiencia de una serie. La paradoja es enorme, una serie de televisión mainstream (paradigmática del mainstream) que encuentra su medio natural de difusión y crecimiento cualitativo en la red llega a su final y los medios de comunicación y las cadenas de televisión intentar recuperarla de ese medio fértil y darle un sentido.
La idea de la emisión en directo es un secuestro de la multiplicidad y de la palabra y, como casi siempre en estas cosas, resultó decepcionante, pero no solo por eso, sino porque posteriormente, los profesionales del sentido, los agentes del hype, se rebelaron como espectadores normales y corrientes. Esos que debían explicarnos como acababa Perdidos y decretar si el final era decepcionante o maravilloso no parecían tener más herramientas que cualquiera de nosotros para medir la realidad.
Si el final de Perdidos ha tenido un sentido, ha sido a posteriori y es un sentido socialmente construído, pero aún muy atenazado por las garras del hype, del acontecimiento. Probablemente, quienes puedan apreciar la serie con mayor distancia sean aquellos capaces de sacarla de un determinado sistema cultural, salirse de una jerarquía. Quienes la encuentren por casualidad, quienes partan de un vacío para la recepción y la producción de sentido. Quienes puedan, en fin, pensar con cabeza propia, alejados del ruido del momento.
Yo estoy deseando ver que tienen que decirnos al resto. Igual que estoy deseando ver que nuevas vidas, que nuevas mutaciones le salen a esta serie y que nuevas criaturas nos proporcionan sus creadores.
Y creo que por el momento ya está bien.
No se vaya todavía, aún hay más: El Lunes tendremos un post epílogo con grandes frases, imágenes chorras, momentos míticos y debilidades de puro fan. El Lunes tendremos nuestro último post sobre Perdidos en mucho tiempo, y su título: No vamos a Guam, ¿verdad?
Mayo 27, 2010
Cuatro de Cinco: ¡PAM! Perdidos. La Conclusión
“-Y quiero que sepas que has muerto para nada”
(Locke poseído por el humo a Jack. The End 06x17)
Hablemos un momento del contexto. Escribo este texto, penúltimo de la serie sobre Perdidos, tan solo cuatro días después del final de la serie. Si bien es cierto que es algo más reposado que la tonelada de grupos de facebook o las apresuradas conclusiones que miles de fans han comentado ya desde la emisión del episodio final, tampoco lo es mucho mucho más.
Lo primero que salta a la vista es la importancia que le damos al final y los finales en general. La obsesión por los finales no es algo nuevo ni es cosa exclusiva de Perdidos, pero debemos tenerla en cuenta para entender porqué este final es como es. El final en la vida de un ser humano es, no solo un misterio, sino generalmente, un momento despojado de épica. No es una síntesis, no es tampoco una conclusión, es simplemente el final. La vida no cobra sentido en ese final, simplemente se acaba.
La ficción y los relatos, como reductores de la complejidad funcionan como productores de un sentido colectivo de la vida. En la ficción (y más en la ficción mainstream) los finales otorgan un sentido a lo anterior, mientras que en la vida, la cosas tienen (o deben tener) sentido en sí mismas. Perdidos ha intentado conjugar los dos elementos (como lleva haciendo la serie desde que nació en ese gozne entre lo viejo y lo nuevo, la autoridad y la libertad, la ciencia y la fe) en un final que si bien derrocha espiritualidad lo hace para otorgarle un valor a lo que ha pasado anteriormente. Para que los sacrificios tengan sentido, para que los errores tengan sentido. Para que las decisiones tengan sentido. Para que la vida, en fin, tenga sentido EN SI MISMA.

¿Qué importancia habria tenido lo sucedido a los personajes si al final una realidad paralela se integra con ésta y recompone lo destruido? O al contrario ¿Qué importancia habría tenido lo sucedido a los personajes si al final una realidad paralela se escinde del mundo original y permite vivir otra vida? ¿No rebaja eso a los personajes? (Si, los Kwon mueren, pero en realidad no. Si, Locke es asesinado, pero en realidad no)
Lo importante del final es que esa recompensa post-morten no viene creada por una entidad superior (llámale dios, llámale isla) Sino por la acción de los propios personajes al detonar la bomba de la quinta temporada. En un sentido muy poco religioso, ellos construyen su propio limbo. Es su saber teco-científico y sus acciones las que crean la posibilidad de un reencuentro, de un sentido para sus acciones.
Por muchas iglesias que veamos en el final de Perdidos no nos encontramos ante la religión en su sentido trascendente, ni en su sentido moral. Nada de eso. No hay juicio ni recompensa porque no existe ninguna entidad que otorgue ese premio o ese castigo. Las imágenes que vemos al principio de la sexta temporada en la que la isla se encuentra sumergida bajo el mar, completamente destruida, indican que quizás (esto es una hipótesis difícilmente demostrable con datos) los personajes pueden ser felices porque se han desecho del sistema de captura mitológica de la isla (Ya no son elegidos, sino por el contrario, libres) De una forma perversa en ese limbo se habría puesto en marcha lo que deseaba el humo negro y no parece que el mundo sea peor sin la fuente de energía que era el corazón de la isla…
Sin embargo, el coste de esa libertad en el universo paralelo es la ausencia de memoria, que no en vano representa la libertad absoluta. Los personajes no recuerdan nada y son libres, pero cuando se van reencontrando con aquello que les vincula al otro universo y a su propia memoria se desencadena un torrente de imágenes y emociones que les embarga por completo y les rebela la verdad, que su tiempo ha terminado. Porque hay una diferencia importante entre liberarse de la memoria como identidad heredada generacionalmente y olvidar tu propio rastro borrado por la arena. Olvidar los condicionamientos de la identidad te proporciona libertad, olvidar tus decisiones y tus sacrificios le resta valor a tus acciones. Por eso es tan satisfactorio para los personajes saber que su tiempo se acaba, porque eso significa que han tenido un tiempo, que han vivido.
Ver una serie, leer un libro, ir al cine, todas las actividades que nos relacionan con la ficción nos demandan como espectadores un cierto abandono de nosotros mismos. Una cierta capacidad para olvidar nuestra memoria. A veces esto es imposible y cuando vemos una iglesia o una luz blanca respondemos con asco (si somos antieclesiasticos) o con admiración (si somos religiososo) pero si nos abandonamos y pensamos lo que estamos viendo en la clave de la propia historia, quizás algo nos remueva emocionalmente o quizás encontremos claves nuevas y distintas.
Es probable que haya maneras mejores, más “neutras” a nivel estético, para hablar de un momento de reunión tras la muerte, de reconocimiento de lo vivido y de paso adelante, pero Perdidos siempre ha construido su ficción a la altura de los ojos de los personajes (Por eso en la primera temporada el misterio del oso era enorme y luego misterios aun más raros- como los viajes en el tiempo- se aceptaban con normalidad. Porque veíamos las cosas a través de los ojos de los personajes) Y a la altura de los personajes y de su contexto socio-cultural, todo lo que pasa después de la muerte se dirime el iglesias. Y haber utilizado un espacio estético distinto (Pienso en una sala de espera de un aeropuerto, por hablar de un lugar que es común a todos ellos) Habría generado aún más confusión sobre el final.
Si hay un reflexión al final es la de que cuando uno necesita a otros para sobrevivir, merece encontrar a esos otros cuando muere. O lo que es lo mismo, que no se puede vivir solo, que somos un grupo, formamos comunidades y cooperamos.

Pero hay otras dos maneras de entender la conclusión de la serie. La primera tiene que ver con la comunidad de fans. Si uno ve el capítulo como un homenaje y un reconocimiento a aquellos que han visto la serie y lo que la serie significa para ellos, el final adquiere un sentido muy diferente.
Que Hurley se quede como guardian de la isla no es tanto un gesto de coherencia dramática (que también) ni un signo de que los tiempos de la isla van a ser pacíficos y alegres (No en vano, el amoroso Hurley elige como número dos a un hijo de puta con rebabas, más listo que el hambre y con más vidas que un gato: Benjamín Linus) sino la forma de decirle a los fans de la serie “Ahí tenéis. Es vuestra”. Hurley es el fan por antonomasia. El tipo que cita a la otras películas. El que pretende que las cosas sigan bien, el que junta a la gente alrededor de algo. El que- atención- el que no quiere que las cosas cambien. EL FAN.
Pero es que la forma de presentarnos a los demás personajes de la serie al final y la cascada de imágenes y recuerdos también es un homenaje a los fans y un mensaje para ellos (dicho casi a cámara) hay que recordar y luego dejar que las cosas se vayan.
Conmemorar significa recordar juntos. Hacer memoria común. Y eso es el último capítulo de Perdidos. La imagen de todos esos personajes mirándo hacia delante en una iglesia mientras Jack Shepard se sienta y deja entrar la luz es casi una representación de la eucaristía del siglo XXI. Todos sentados con las personas a las que queremos mirando en la misma dirección. Y esa imagen, que tiene mucho más de irónica y cómplice que de trascendente, también es marca de la casa (O no es el mismo capítulo en el que Sawyer hace bromas con la bajada de Jack después de ver a la parra ardiente o Kate se mofa del nombre “Christian Shepard”- Pastor Cristiano) ¿A quién le habla el padre de Jack en esa última secuencia? ¿A el o a el y a nosotros?
Y esto también tiene una última léctura. El final de una serie es tambien el final para un equipo extensisimo de profesionales que han estado cinco, seis años trabajando codo con codo en una experiencia vital de altísima intensidad. No es extraño que los capítulos se intensifiquen a nivel dramático y que los personajes y la trama parezcan estar hablando no tanto de la serie como de la propia trama, de alguna manera el último capítulo de una serie es una carta de amor a la historia que uno escribe, a los fans y al équipo. Y en esos tres niveles funciona el capítulo de Perdidos.
Al menos funciona así hasta que se emite. Entonces entran en juego toda otra serie de condicionantes, jerarquías culturales y expectativas. Pero de eso hablaremos mañana.
Mañana. Perdidos, los fans y la narrativa transmedia en la cultura Hype. (Si, lo sé, un título horrendo, que le vamos a hacer)
Mayo 26, 2010
Parte Tres de Cinco: Harás caso a tu padre, guardarás secretos, no te harás preguntas” El origen y la autoridad en Perdidos.
“-¿Por qué tachaste mi nombre?
-Porque te convertiste en madre… pero si quieres, el trabajo es tuyo”
(Jacob 16x06: What The Died For))
Durante bastante tiempo una de las pegas que le ponía a Perdidos y uno de los motivos por los que no seguí la serie de principio a fin era que los personajes no se contaban nada. Había un monstruo en una isla, era algo bastante evidente ya que se había comido al piloto de un avión enorme, y los personajes que lo sabían no se lo decían a los demás. Un tipo encontraba una escotilla extrañísima en el suelo y no le decía nada a nadie. Aquello me volvía completamente loco. Cuando decidí volver a ver Perdidos desde el principio e intentar llegar al final de la serie en “directo” tuve que asumir que iba a taparme la nariz y tragarme todo ese asunto de los secretos otra vez. Sin embargo, en un segundo visionado empecé a notar que la decisión de no contar las cosas se sostenía sobre una base constante: el personaje X encontraba algo y no lo decía porque o bien creía que lo había encontrado él y no otro por una razón o bien creía que contarlo iba a poner en peligro a todo el mundo. Locke y Jack eran expertos en seguir su propio camino sin preguntar. El hombre de ciencia y el hombre de fé eran, básicamente, señores autoritarios buscando respuestas o confirmando creencias
Pero es que en la segunda temporada el asunto del secreto se volvía casi demencial cuando una serie de simpáticos elegidos por el azar tenían secuestrado a Benjamín Linus en la escotilla (Un personaje que justifica su supervivencia y su poder sobre la base de que sabe cosas que nadie más sabe) le interrogaban y no le contaban a los otros lo que había dicho. En ese momento empecé a pensar que el asunto de los secretos no era un error, sino que, al contrario, era premeditado por parte de los guionistas. Ellos querían hablar del secreto como mecanismo de control y de poder. Un mecanismo justificado de mil maneras: para proteger a los idiotas, para tener una posición ventajosa en un determinado conflicto, para separarte del resto como un elegido, etc.
Mantener la información en secreto generaba muchísimos más problemas de los que resolvía. El secreto era la madre de la violencia. No contar las cosas, no ser honestos, no ser transparentes, todo ello justificaba la creación de unas jerarquías determinadas que se iban perpetuando por la vía de la violencia.
Así que Perdidos nos niega respuestas y a la vez nos dice que cuidadín con quién nos niega las respuestas.

La otra forma en la que Perdidos nos habla de los secretos es a través de su forma de rebelarlos: La mentira. Los personajes de la serie mienten sistemáticamente, pero sobre todo son controlados por la mentiras de otros a los que creen porque
a.- La respuesta se ajusta a sus necesidades y deseos
b.- La respuesta está imbuida de un determinado aparato estético-ideológico (Drama parece científica, luego debo creerla. Jacob parece un dios, luego debo creerle)
c.- La respuesta viene santificada por el tiempo y el mito del origen.
La idea de que el origen determina la realidad es una de las bases de la autoridad, porque nunca conocemos el origen y por tanto puede ser cierto o no. Que el humo negro no consiga salir de la isla nos permite mantener la duda sobre si lo que Jacob decía era cierto o no. Una respuesta en ese sentido habría decantado la balanza en una dirección u otra y no habría permitido desarrollar correctamente una narrativa crítica de la autoridad y la forma que tenemos de relacionarnos con ella.
Es curioso que una historia que maneja conceptos de la ciencia-ficción clásica más potente (Desde los viajes en el tiempo, al electromagnetismo, los experimentos sobre la conducta y el condicionamiento humano, etc.) Dedique todo su tiempo a viajar hacia atrás, hacia el origen de las cosas (La serie, si exceptuamos la realidad creada para la sexta y última temporada, se mueve tan solo cuatro años en el futuro con respecto al capítulo 1. Y de esos cuatro, la mayor parte son elipsis)
A través de ese viaje hacia atrás vamos desmitificando y destruyendo todas las teorías que se nos habían presentado como verdaderas
Los hombres de ciencia tienen las manos manchadas de la sangre de los habitantes originarios de la isla, pero los habitantes originarios de la isla tampoco podemos afirmar que sean 100% originarios, sino sujetos de su propia mitología, que tampoco tiene garantías de ser cierta. Y también tienen las manos manchadas de sangre.
“Across The Sea”, el capítulo que nos lleva hasta el punto de origen más cercano a un hipotético inicio es premeditamente esquivo. Jacob, el aparente guardian del libre albedrío es un manipulador de cuidado. Su hermano, que defiende la libertad por encima de todas las cosas, es un mentiroso cruel que no duda en asesinar para conseguir sus objetivos.
La serie dinamita sistemáticamente cuantas figuras de autoridad aparecen en ella, el caso paradigmático son los propios personajes: se cuentan con los dedos de la mano los que no tienen serios problemas derivados del mundo que heredaron de sus padres o directamente con éstos. Las figuras de autoridad y los sucesos traumáticos en el origen determinan la existencia de unos personajes que se debaten entre quienes quieren escapar de esa herencia, quienes la asumen alegremente sin hacerse muchas preguntas y quienes buscan redimirse a través de ella. Siendo el caso de Jack el más paradigmático. Un hombre que elige defender el poder de la isla porque no tiene otra cosa en la vida.

La figura de Jacob es la figura del padre simbólico en la serie. Aquel al que debes obedecer sin hacer excesivas preguntas. Aquel que sabe lo que es bueno.
Pero lo cierto es que Jacob, más allá de un complejo plan y un sistema de intrincadas normas absolutamente arbitrarias, no tiene respuestas y no está seguro de hacer lo correcto. Al contrario, está espiando un error (lo cual no impide que mande a Ben a buscar elegidos con interminables listas de nombres por un sistema de ensayo y error algo maquiavélico o que le diga que tiene que asesinar a toda la iniciativa Drama para unirse a sus filas) Cuando le preguntan porqué les eligió para defender la isla, Jacob dice que porque estaban solos, pero a muchos de ellos los eligió de pequeños, antes de saber cómo iba a ser su vida. ¿libre albedrío o sistema de poder en torno a un bien superior del que no se tienen pruebas? La serie es premeditamente ambigua y deja la decisión al espectador.
Pero lo mejor de todo es que la arbitrarias normas de Jacob, las limitaciones del humo negro, los rituales variados se nos presentan bajo una lógica aparentemente inamovible y, sin embargo, muy poco rígidos. Funcionan solo porque se cree en ellos. El ejemplo de la cita que inicia este texto es clave. Jacob escribe los nombres de los candidatos en la piedra (nada menos) y luego los tacha. Uno diría que el actos de escribir y borrar tiene importancia, pero lo cierto es que el propio Jacob indica que no es así.
La mayor trampa en la que los personajes se ven sujetos es la de la dialéctica “buenos” “malos”. El par de opuestos que articula toda la política del enemigo posmoderno.(Incluyendo la de que el enemigo es como el gas, puede aparecer en cualquier parte y ser cualquiera
Al enemigo se le conceden los valores que nos repugnan y nos asustan y nosotros nos auto-representamos como valedores del bien. ¿Cuántos “otros” hay en la isla? ¿Cuántas generaciones de “otros”?
Cuando los personajes intentan impedir que el humo negro abandone la isla lo hacen en nombre de la lucha del bien y del mal, pero lo cierto es que es una lucha entre la conservación y la libertad. Entre la permanencia y el cambio. Una lucha que los personajes aceptan (al menos aquellos que se autoimponen la tarea de defender la isla) y que funciona en la medida en que la creen, de nuevo, sin pruebas más allá de que la ética particular de Jacob y la del humo negro son un poco distintas.
Digamos que por encima (o mejor, por detrás) de las figuras paternas y las mitologías heredades hay una entidad que tiene, o parece tener, una cierta consciencia de si: la isla. Y si nos fijamos en las mitologías que se construyen en torno a la isla tenemos tres caminos y todos ellos son validos tal y como se presentan en la serie.
-El corazón de la isla es un volcán.
-El corazón de la isla es una fuente de energia electromagnética
-El corazón de la isla es una fuente de luz mística que genera vida, muerte y renacimiento.
No me voy a extender sobre la conclusión de la serie, porque de eso hablaré mañana, pero baste decir que si la isla tiene una conciencia de sí, es posible que toda la mitología creada en torno a ella sea una mitología de la autoconservación. Algo tan sencillo y natural como que la isla no quiere dejar de existir. No lo hace por el mundo, no lo hace por el bien y no lo hace por el mal, sino por puro instinto de supervivencia. Por tanto, la isla es una entidad muy humana: caprichosa, vengativa, corrupta, pero también capaz de cooperar, amar, ayudar, etc.
Mientras tanto, ya sabéis: si hacéis caso de lo que digan vuestros padres, si al enteraros de algo no lo contáis o usáis ese secreto para obtener poder, si mentís y seguís siempre las normas, tarde o temprano alguien os mandará que matéis matar u os condenará a morir.
El hombre de ciencia piensa científicamente y está dispuesto a aceptar, cuando las pruebas así lo indican, que hay un poder que escapa su entendimiento y decidir defenderlo. El hombre de fé termina asesinado por la espalda, sin esperanza y sirve de receptáculo de aquello que beneraba en su forma más perversa. Eso para que luego digan que Perdidos es una serie "religiosa".
Mañana: ¡PAM! Perdidos. La conclusión.
Mayo 25, 2010
Parte 2 de Cinco: El Camino que va de la Ciencia al Mito. El Misterio en Perdidos

¿Qué es la Isla? ¿Qué son los números? ¿Por qué hay un oso Polar corriendo por un bosque tropical? ¿Qué quiere la iniciativa Dharma? ¿Por qué Hurley puede hablar con los muertos? ¿Por qué no nacen bebés en la Isla? ¿Quiénes son Los Otros? ¿Por qué Richard Alpert es inmortal? ¿Qué es el humo negro? ¿Qué es Jacob? ¿Por qué Desmond puede ver el futuro?
Perdidos es una serie con numerosos misterios y numerosas preguntas, creo que esto no es ninguna novedad para nadie. Su desarrollo narrativo no se ha sostenido sobre las respuestas, sino sobre misterios que llevaban a nuevos misterios. Preguntas que conducían a nuevas preguntas. Pero, fundamentalmente, Perdidos ha sido una sobre SOBRE los misterios. Sobre la naturaleza profundamente misteriosa de las cosas y nuestra imposibilidad para comprenderlas de todo.
El pensamiento científico, por si alguien tiene alguna duda, no se preocupa de los sentidos, sino de los funcionamientos. Rebela como las cosas funcionan sin preocuparse de su ser. “Si, vale, el big bang explica el origen del universo, pero no le da un sentido” “Ya, bueno, es que quizás no tenga sentido”.
La conquista de la verdad de las cosas puede dejarnos, por tanto, sumamente desorientados si uno busca un asidero vital en el que existe un plan y todo está más o menos articulado con un sentido general. Por eso, las respuestas científico-técnicas son (atención a la perversidad) la madre del desconcierto para un montón de gente.
Los huecos de sentido que deja el pensamiento científico han sido sustituidos por ficciones articuladas principalmente como magia, filosofía o religión. Esos relatos, y muy especialmente los religiosos (aunque también la mayor parte de las ideologías políticas trascendentes) han producido un saber que se presenta como objetivo y totalizador, cuando aquellos que lo han producido (seres humanos contingentes) son subjetivos y parciales.
La magia por el contrario, no aspira a la trascendencia, tan solo a reconocer el misterio como algo bello. Quédense con esa idea.

Ahora vayamos a Perdidos. La serie ha producido tres tipos de preguntas/respuestas.
-Preguntas/respuestas que han tenido una solución concreta de tipo “científico- técnico”
-Preguntas/respuesta que han tenido una solución de tipo “mítico”
-Preguntas/respuestas que no han tenidos una solución.
Estos tres tipos de “preguntas/respuestas” han sido presentadas además de forma indirecta y subalterna. En muy contadas ocasiones el relato nos ha indicado “mira, una respuesta”.
Las preguntas/respuestas de tipo científico- técnico son, por ejemplo, porqué había un oso polar corriendo por un bosque tropical o porqué hay un “barco pirata” en medio de la isla. Son cosas terrenales y muy concretas y no apelan a un sentido, sino a una forma de orientación en lo concreto (por ejemplo, la historia. Revelar una cronología de acontecimientos que aparecían desordenados nos explica que Jacob colocó a su hermano y a su madre en unas cuevas, que la iniciativa Dharma tenía animales en un zoo o que un barco canario naufragó en una tormenta tropical)
Las preguntas/respuestas de tipo mítico se resuelven de forma concreta (generalmente también eludida) pero le piden al espectador una cierta creencia mágica y, cosa curiosa, no suelen presentar problemas porque en la medida en que funcionan dentro del cuadro “causa- consecuencia” el público las acepta sin demasiados problemas. Las mujeres nacidas en la isla pierden a sus hijos porque un barco reventó una estatua de la fertilidad, Desmond ve el futuro porque recibió una descarga electromágnética, Hurley habla con los muertos porque… los muertos se le aparecen y le hablan, etc.
Las preguntas/respuestas que no se han respondido deben dividirse en dos. Hay algunas de ellas que no se han respondido porque, como hablamos ayer, estos es 100% televisión y eso implica que no todo va a caer en su sitio y hay flecos, asumirlo nos hará más felices. Pero hay otras preguntas/respuestas que no se han respondido aposta. Se ha decidido no responder esas preguntas, tan solo (como veremos cuando hablemos del final) se ha indicado que las cosas a las que hace referencia son “reales”. Es decir, que no son el símbolo de nada, ni son alegóricas, ni una prueba, ni un medio para un fin. Son como las piedras. Uno puede saber qué las a formado, puede usarlas para hacer otras cosas, pero solo puede interpretar que sentido tienen. Por tanto, son un misterio. Perdidos propone que en vez de intentar descubrir el sentido del misterio (lo cúal general respuestas sistemáticamente trágicas o violentas) asumamos la belleza del misterio e intentemos explicar todo lo demás. O como decía esa bella canción de La Mandragora: “Prefiero caminar con una duda, que con un mal axioma”
Hay un último tipo de preguntas/respuestas que responden al orden “Por qué la isla lo dice”. Por ejemplo, la Isla no te deja ser feliz si te vas, la isla no te deja suicidarte, la isla te da o te quita la mortalidad, pero de eso hablaremos mañana, cuando intente demostrar que Perdidos es, básicamente, una serie anti autoritaria (Lo sé, titánica tarea)
Todas estas respuestas aparecen en Perdidos de forma indirecta, aquellos que deberían hacerlo tienen intereses propios para no hacerlos y sus motivos, a veces, son también misteriosos. No solo eso, en numerosas ocasiones la respuesta es polisémica. “Si, hay una fuente de energía mística, pero está en el mismo sitio que condensa una fuerza elecrtomagnética y, ah si, un volcán”.
Por tanto, las respuestas a los enigmas que plantea Perdidos tienen dos posibles aproximaciones.
Una es la del espectador que quiere dar sus propias respuestas y hay su interpretación de lo que sucede. De ahí, las miles de teorías que han sucedido a lo largo de los años de emisión de la serie. La otra es la del espectador que se maravilla no de las respuestas posibles o de las que los creadores dan, sino del juego en si. Las dos respuestas son perfectamente adecuadas y las dos suceden a la vez y hay un rato que uno está en una y otro rato que está en la otra. Los únicos que no pueden apreciar el juego, son los personajes para los que esa ficción es la realidad. Y es a través de ellos que nosotros experimentamos el viaje.
Pero entonces… ¿De dónde vienen las quejas de la serie? Las principales quejas se han orquestado en tres grandes campos. Una es el del espectador que no ha tenido paciencia para encontrar las respuestas y se ha ido (o se ha ido y ha vuelto cuando otros le han asegurado que todo va bien) Otra es la del espectador que ha aceptado una parte de las respuestas y no acepta otras porque las consideran en un orden del relato distinto y que no les convence (Aquellos que aceptan que se viaje en el tiempo porque es científico, pero no que se resucite a los muertos porque es mágico tal y como está presentado en la serie) y aquellos que, si bien aceptan todas las respuestas, no aceptan que no haya respuestas totales.
Los tres tipos de reacciones se dan, de nuevo, a la vez en cada espectador (con diferentes intensidades dependiendo del momento del espectador y la serie, las condiciones de visionado, etc) y son interesantes porque expresan la forma en la que la ficción mainstream se ha construido en los últimos años y expresa hasta que punto Perdidos ha modificado esa visión (Como toda transformación, ha habido violencia, ha habido conflicto y ha habido bajas) suponiendo, como veíamos ayer, el gozne entre lo viejo y lo nuevo.
La ficción mainstream era rápida y daba inmediatamente respuestas para todo. No exigía del espectador un trabajo.
La ficción mainstream era univoca: Se podía jugar a la magia, a la religión a la ciencia, pero no a la vez. Le decía al espectador que el mundo estaba, por definición, ordenado.
La ficción mainstream era terapeútica: El espectador iba a tener no solo todas las respuesta sino respuestas que dieran a ese universo una consistencia y un sentido, que no dejaban vacíos espirituales.
Perdidos es todo eso, pero es también el camino para dinamitar todo eso.
Mañana: “Harás caso a tu padre, guardarás secretos, no te harás preguntas” El origen y la autoridad en Perdidos.
Mayo 24, 2010
Parte Uno de Cinco: 100% Televisión.

“Si la gente se pierde con los viajes en el tiempo… tenemos a Sawyer sin camiseta”
Carlos Cuse: Productor Ejecutivo y Creador de la serie
El final de Perdidos se ha convertido en un acontecimiento global (tan global como la serie, pero de eso hablaremos más tarde) Hoy, la serie que durante cinco años había pasado semi-desapercibida para los medios de comunicación españoles, tiene artículos, expertos, etc. Es justo empezar por el principio. Son los fans de Lost los que han construido este fenómeno y quizás los únicos que tienen derecho a mirarnos al resto y decir “Teníamos razón…” Por mi parte ni una queja: Fans de Lost, teníais razón. Gracias.
Es posible que entre toda esta maraña de artículos y reflexiones caigamos en la tentación de hablar de Perdidos como una cosa que no es (una metáfora que sirve para hablar de todo) o le coloquemos el san Benito de “producto audiovisual” como una generalización y nos olvidemos del otro punto de partida esencial: Perdidos es televisión. Ni más ni menos.
Cuando Alan Moore pone en cuestión las adaptaciones cinematográficas de sus tebeos lo hace porque sus historias no se entienden sin el lenguaje y las técnicas expresivas del noveno arte. Es imposible que una novela, una película o una serie pueda expresar mejor que una viñeta lo que Moore nos quiere contar. Con Perdidos pasa exactamente lo mismo.
Puede que existan libros o películas que amplifiquen el universo de la serie, pero solo en el lenguaje de la televisión se consigue lo que Perdidos ha conseguido.

¿Y que ha conseguido?
Ha conseguido construir una narración que funciona solo a partir de la serialidad. Solo por sus constantes interrupciones. Solo a partir de la espera semana a semana. Del “venir a por más”. Pura televisión.
Ha sido, además, televisión muy inteligente. Que ha sabido capturar a su audiencia con una actualización de los clásicos lugares comunes del medio televisivo: El héroe, el triangulo amoroso, la tensión sexual no resuelta, los giros imposibles y melodramáticos, los repartos amplios, las grandes historias de amor y desamor, cierta sensiblería, los "one liners" la explotación de los arquetipos, etc. Y a partir de ahí le ha ido planteando un reto cada vez más complejo con una ruptura absoluta de las convenciones del tiempo y el espacio que han llegado a desgarrar el tejido mismo de su realidad. De flasbacks a flasforwards, de tiempo lineal a diferentes líneas temporales, de un universo a varios, etc.
Además de ser pura televisión ha sido televisión orgullosa de serlo. Televisión que ha homenajeado desde los seriales matutinos a los programas de aventuras (No en vano empezó siendo una versión de ficción de supervivientes) pasando incluso por el culebrón latinoamericano o las series de ciencia ficción de bajo presupuesto.
Y como buena televisión ha tenido su dosis correspondiente de “cosas-que-no-caen-en-su-sitio”. En una película la improvisación de soluciones narrativas es una anécdota, los tiempos de rodaje son relativamente pequeños y existe un guión y uno solo. En una serie de televisión la producción se mantiene durante años y existen cientos de guiones, decenas de personajes encarnados por decenas de actores y actrices que pueden caerse, embarazarse, morir o, simplemente, no negociar bien sus contratos. Mantener una serie en marcha es como atravesar una lluvia de meteoritos con una estación espacial: puede hacerse, pero va a haber bajas, el casco va a sufrir golpes, se va a estropear y va a haber que arreglarla, etc. Perdidos no es una excepción.
No es incompatible pensar que, si bien la serie tiene una cotas de coherencia envidiables y una progresión dramática y de escala narrativa de lo más rigurosa, también tiene su porcentaje de historias a medias, expectativas no cumplidas, callejones sin salida, personajes desaparecidos de pronto, etc. Lo que pasa es que, además, ha conseguido integrar muy bien sus “cosas-que-no-caen-en-su-sitio” con las “cosas-que-están-justo-dónde-deben-estar”.
Pero Perdidos no es solo televisión clásica, sino también el gozne entre la televisión del pasado y la televisión del futuro, especialmente en lo que se refiere a la relación con el público.
Hablaremos en las otras cuatro partes de este artículo largo y tendido sobre esa relación, pero es evidente que en lo que al medio televisivo se refiere, Perdidos lanza un punto y aparte. Quizás desde Twin Peaks no veíamos una serie que articulara su discurso teniendo tan en cuenta a sus fans, la diferencia es Perdidos ha llevado la “conversación” sobre los capítulos, desde los primeros “boards” de noticias y las bbs de las bibliotecas, los grupos de usuarios, etc. Hasta las comunides on-line, la red 2.0, etc. Siempre manteniendo un equilibrio excelente entre lo que los creadores de la serie querían contar y lo que el público les demandara. Demostrando también que en un contexto de sobredosis de información y expectativas, la única forma de alcanzar cierta originalidad y grandeza es a través de la decepción. Decepcionar no es otra cosa que darle a alguien cosas que no espera, única forma de abrir la caja de lo imprevisible.
En una entrevista publicada hace pocas semanas con motivo del final de la serie, Damon Lidelof y Carlton Cuse hablaban de que es poco probable que pueda existir una serie de la envergadura de Perdidos en la televisión del futuro. Probablemente tengan razón en todo lo que tiene que ver con la escala de la producción, pero no la tienen si piensan en las herramientas narrativas que nos han proporcionado, en su cuidado por los personajes y la progresión dramática y en su relación con el público. Eso son los regalos que el equipo de creadores de Perdidos nos ha legado. Son las armas que contamos para lanzar preguntas, entretener y emocionar y para eso solo hace falta tiempo, una mesa dónde conversar, un portátil y una impresora.
La televisión intentará hacer otros “Perdidos”, unos serán buenos y otros no tan buenos, pero lo más interesante será la traducción de los principios rectores de la serie en nuevos proyectos innovadores, rompedores y arriesgados. Ese es el reto y ahí está el listón.
Mañana: El camino que va de la ciencia al Mito. El Misterio en Perdidos.



