Septiembre 04, 2007
Reuniones, cambios de nombre, etc.
¿Por dónde íbamos? Ah, sí. Decía yo a mediados de Julio que "la voz" había dicho que le había gustado mi guión para el corto que yo creía que iba a ser mi segundo corto. A la voz vamos a llamarla "P" a partir de ahora.
¿Creen que alguien se le puede conocer por los espacios en los que desarrolla su trabajo? Yo creo que sí. Mi primera reunión con P fue en su oficina. Tres carácterísticas de la oficina de P que me hicieron sentirme inmediatamente cómodo.
Una estatentería llena de ejemplares de la Revista Wired y de Adbusters.
Carteles diseñados con la estética de la cartelería política de los años treinta y cuarenta llamando al descanso, al esparcimiento y al sueño.
Espacios amplios. Vidrio. Sensación de tranquilidad. Carteles de cortos enmarcados en las paredes. Todos ellos preciosos.
P está ahí. P ya no es "La Voz". P tiene un cuerpo y estrecha la mano con contundencia. Yo, para variar, opto por sudar en mi modo "paquidermo molón". Estoy gordo y me siento orgulloso.
Hablamos del guión. Me propone dos cambios. P siempre propone. Uno no debería leer tanto sobre productores hijos de puta, porque en cuanto le tratan un poco bien (Ni siquiera bien, sino de la manera profesional que uno esperaría en cualquier otra profesión) se piensa que le están tomando el pelo. ¿Porqué me proppone cosas? ¿Porque sus argumentos parecen tener sentido? ¿Porque no me propone absurdos cambios que obedecen a criterios oscuros e incomprensibles para mí? ¿Por que cuando algo de lo que me propone no me parece bien no insiste sobre ello?
Los cambios que me propone P no son cualquier cosa. Propone cambiar el final y el título. Y, amiguitos. Lleva razón. El título es francamente raro. Aunque sea una expresión familiar para mi, no es muy claro. Ni siquiera se bien como se escribe. Es Bien ¿O te lo cuento? ¿Bien o te lo cuento? y sobre todo, ¿qué quiere decir eso si uno no lo ha oído en su puta vida? (No es mi caso) Lo del nombre le digo que bien, que me parece razonable. A ver si se nos ocurre algo. Yo siempre hablo en plural para que el marrón ya no sea solo cosa mía. Repartir mierda. Cada uno tiene sus trucos.
Lo del final no es exactamente así. No es cambiar el final en el sentido de que acabe de otra manera. Es cambiar el final en el sentido de que añada un poquito más de diálogo, que el tachan final sea un más tachan de lo que es. (Cuando digo tachan, no quiero decir tachan tachan en plan Sorpresa de El Sexto Sentido sino tachan en plan "Se acabó", quizás sería mejor decir Chim Pum)
Días después de esa reunión recibo un correo con cuatro propuestas de título. De las cuatro elijo una y ahora que las releo vuelvo a pensar que es la mejor elección y a P es la que más le convence.
A partir de ahora el corto se llama "Y todo va Bien".
Y, aunque ni vosotros (ni yo) os lo creaís mucho, ya tiene fecha de rodaje.
En la próxima entrega: El día que conocí a la mítica "E" y Lawrence Lessig llegó a la oficina de "P".
Julio 11, 2007
Llamadas, espera y películas de terror
Tenía, como ya dije, un guión y una lista con tres teléfonos. "La lista es la vida, fuera de la lista no hay nada"- que decían en la Schindler.
De toda la lista hay dos nombres que conozco y uno de ellos pertenece a la productora que no va a aceptar más guiones ese año. En realidad, me interesa más la otra. ¿El motivo? absurdo feeling que soy completamente incapaz de explicar. Llamo.
Todas estas llamadas son raras. Uno no dice su nombre. De pronto su nombre se convierte en "Hola, soy un amigo de X que quizas él ya te haya contado ¿no? Vaya bueno pues es que soy un amigo que estoy con un guión" o "Hola soy un amigo de X que quizas él ya te haya contado ¿si? Bueno pues entonces..."
Esta vez era de las de sí.
Siguiente momento absurdo y gilipoyas. "Yo creo que éste proyecto os puede interesar". Hay gente que cuando dice estas cosas, realmente las piensa, a mi no me sale así. Balbuceo levemente mientras pienso "¿Y por qué les va a interesar?"
Al otro lado, una voz grave y amable, muy coloquial (lo cual me tranquiliza bastante) que me dice "Bueno tío, ahora tengo bastante lío, pero si me lo mandas por correo le echo un vistazo este fin de semana".
Así que le mando el famoso correo. Por correo soy mejor vendendor y no pierdo la oportunidad de comentar de soslayo que he hecho un corto que han visto (entonces) ocho millones de personas. Para compensar mi audacia comunicativa me olvido de mandar el guión adjunto. Cuando me percato de mi alegre metedura de pata opto por un relajado mensaje tipo "CUIDADO: OTRO CORREO NO ADJUNTO. ESTE BUENO. LEER ÉSTE. ESTE. OCHO MILLONES DE DESCARGAS- GUIÑO, GUIÑO" Una cosa muy profesional.
Pasan los días. No hay respuesta. ¿Llamo a los otros teléfonos? ¿No es un poco traición? ¡Pero si ellos ni siquiera te conocen! Yo que sé... Vamos a esperar un poco más. Pasan los días. Nada.
¿Y si le llamo? Le llamo como un profesional alegre y despreocupado que soy. Un trabajor inmaterial, un tipo cool que habla con producers all day long... Llamo. Nuevos balbuceos. La voz me dice que tiene mucho lío, que no lo ha podido leer y el capital gelatina balbuceante responde "Bueno, era por ver si moverlos por más sitios y tal". La voz cordial mantiene la cordialidad y dice "Si, hombre, no te preocupes. Mándalo donde quieras".
Hay dos tipos de películas de terror. En las que el monstruo se ve y en las que el monstruo se intuye. Las películas en las que el monstruo se ve no dan miedo, da igual correr detrás de un tigre, que de un velocirraptor que de Iyosotof el dios estúpido y babeante. Las películas en las que el monstruo se intuye... En fin, todos hemos visto Alien.
Aquí el monstruo no se ve, se intuye. Sólo es una voz. Así que cuando cuelgo pienso que ese buen hombre ha decidido que no hace falta que se lea mi estúpido corto porque al fin y al cabo yo "los estoy moviendo por donde quiero". Sollozo por mi actitud pardilla.
Pasan más días. Hago llamadas. Los que no iban a coger proyectos me sorprenden con la noticia de que no cogen proyectos. En cualquier caso se leen el guión y me dicen que "está bien" y me hacen alguna sugerencia que no me convence del todo. Del otro número de la lista no hay respuestas.
Pasan más días. Ha pasado un mes ya. La fase "soy una puta braga" ha sido superada y ya estoy en "no reconocen mi talento" y a los pocos días campo a mis anchas en la de "pues lo hago yo por mi cuenta".
El problema es que no lo puedo hacer por mi cuenta. Es un corto complicado y, simplemente, no puedo. Así que toca empezar de nuevo. Escribo otro guión. Uno myu barato, muy sencillo, muy "no me hacéis falta hijos de puta".
Y me voy de vacaciones de semana santa a Nueva York Han pasado dos meses exactamente desde la primera llamada. Desde el Pensylvania Hotel de Nueva York, planta 13 junto al Madison Sqare Garden enciendo mi correo. Hay un correo de "la voz". "La voz ha escrito". AMO a la voz. La voz es la vida.
La voz dice: Me gusta éste guión. Creo que podemos hacerlo. Escribo inmediatamente y le digo que sí, que guay. Que en cuanto vuelva a Madrid hablamos.
Un momento, entonces, ¿Tengo una productora? ¿Y un guión? ¿Esto va en serio? Empiezan los temblores de piernas.
Junio 21, 2007
La segunda versión de la segunda versión y el tío del despachito.
La últimas entrada sobre mi supuesto segundo cortometraje es del 1 de Febrero. Han pasado tres meses y veinte días. Ahora es verano y hace calor. ¿Y qué ha pasado?
Terminé la segunda versión de la segunda versión, que es algo así como la cuarta, pero más lioso. Lo volví a enseñar. A los que les gustaban las primeras tres, les gustó. A los que no les gustaban, no les gustó. Eso quería decir que la historia ya estaba ajustada. Nadie comentó nada tipo "hay un problema de ritmo" o "No se qué no funciona". O les gustaba o no. Ya era la que tenía que ser.
¿Y entonces? Había que buscar una productora. Conozco a dos personas que hacen cortometrajes. Una de ellas- David Planell- alquiló una habitación en mi casa hace algunos años. La usaba de despacho y lugar de trabajo. Fueron unos meses curiosos en los que descubrí las mejores estanterías del mundo. Luego las estanterías desaparecieron y Planell se buscó un despacho más grande. Gracias a ello ahora tengo el dormitorio y el sitio del ordenador separados. Lo que quiero decir, es que Planell era el tipo de persona a la que podía llamar y decirle "necesito ayuda".
Por ejemplo, cuando quedaban tres días para rodar "Lo que tú quieras oír" llamé a Planell por teléfono y le dije que necesitaba su ayuda. Hay cosas que no te cuenta nadie de un rodaje. No vienen en ningún libro. Solo alguién que ya ha estado ahí te lo puede contar. Quedamos en la cafetería de un hotel.
GUILLERMO:
¿Qué tengo que hacer?
PLANELL:
Tranquilizarte, confiar en la script y en tu ayudante de dirección.
GUILLERMO
Pero... Por ejemplo, ¿quién dice "acción"?
PLANELL
La ayudante de dirección
GUILLERMO
¿y corten?
PLANELL
También.
GUILLERMO
¿y si la toma es buena?
PLANELL
Dices, "vale, buena" o "vamos a hacer una edicional".
GUILLERMO
¿Y si es mala?
PLANELL
Sí es por cuestiones técnicas alguién te avisara. Si no, simplemente dí "otra" y da las instrucciones de lo que quieres que pase.
Esas cosas no vienen en los libros. El caso es que tenía mi segundo guión en la segunda versión de su segudna versión (O sea, la cuarta) Así que llamé a Planell y le dije "Necesito ayuda". Y vino en mi ayuda. Quedamos.
Me dió cuatro números de teléfono y direcciones de cuatro productoras. Me avisó de que una de ellas no iba a participar en ningún cortometraje más ese año y nos despedimos.
Ahora dependía de mí.
Continuara...
Febrero 01, 2007
Cerca de la segunda versión, ¿o te lo cuento?
El problema era ELLA. Esa fué la conclusión que saqué tras la lectura de los comentarios de mis compañeros a la primera versión del corto. Las historias tienen unos raíles, unos caminos. De cada uno de los caminos que contiene una historia podemos sacar infinitas posibilidades, pero tiene que ser a partir de esos caminos. Si cambiamos de caminos estamos contando otra historia.
De esta forma, cuando uno se enfrenta a un problema en una historia y lo quiere resolver, tiene que pensar que la solución ya está en la historia. Que las preguntas que tiene que hacerse andan por alguna parte en el propio texto. La mejor manera de resolver problemas es preguntarse ¿qué quiero contar? Los famosos equilibrios también se ponen en juego.
Hace unos días me puse a trabajar en la nueva versión del cortometraje y me hice esas preguntas en torno al personaje de ella. Llegué a conclusiones y me puse a trabajar. La primera idea al respecto me vino hablando con Angel sobre Babel y la historia de la niña sordomuda. Algo quedó sumergido en mi mente que se materializó tiempo después. En concreto una noche de hace unos días, cuando bajaba a por comida china muerto de fría y empecé a pensar en esa conversación y me vinieron una serie de nuevas imágenes a la cabeza.
Lo siguiente que hice fue pone esas imágenes en un papel y pensar sobre ellas. Coger la trama de ELLA en la historia y descomponerla, preguntarme que pasa en cada una de las secuencias de la historia e intentar trasladar las imágenes a ese esquema que ya tenía. Cuando conseguí una historia que me convencía me puse a trabajar sobre ella.
He terminado hoy la primera versión de la segunda versión y la historia funciona evidentemenete mejor. El conflicto de ELLA es un conflicto real, no una imposición ideológica por mi parte. Al haber un conflicto real la resolusión también es real.
Algo que me ha hecho sentir bien al terminar de escribir es que he tenido que cambiar prácticamente todas las secuencias y eso significa que, de alguna manera, la historia de ELLA y la historia de EL se itnerconectan de alguna forma.
Se lo he pasado de nuevo a todos los que lo leyeron la primera vez y a una persona más. De esos, dos ya me han dicho lo que les ha parecido y cada uno de ellos ha hecho una sugerencia (Uno para la primera secuencia y otro para la última) que van a quedar en el guión final.
Ahora estoy mucho más seguro.
Un consejo: Reescribir es gratis. Volver a rodar o volver a montar es MUY caro. Siempre es mejor arreglarlo todo al principio.
Otro consejo: No encontrar la salidad a un problema es la mejor manera de someternos a la disciplina de imaginar. Los límites son lo único que contribuye a que mejoremos.
Enero 25, 2007
Apisonadora y los equilibrios

Lo más difícil de éste trabajo no es escribir, es decirle a otro qué te parece lo que ha escrito. No solo porque en las opiniones mezclamos los gustos, el ego propio y el del otro, etc. Sino porque además tenemos que ser fieles a nuestra propia opinión. Es una responsabilidad compartida entre quien da y quien escucha. Y es fundamental tener confianza suficiente para que te puedan decir "No me ha gustado".
Mi compañero de trabajo, Apisonadora, es capaz de hacer ésto. Puede decirte "No me ha gustado" y... eso no es lo peor (lo mejor, en realidad) Suele decirlo con argumentos. No es caprichoso. Analiza como un cutter y es completamente sincero.
Hay que tener muy claro cuando alguien le da a leer algo, que "Apisonadora" no deja títere con cabeza. Y hay que ser capaz de escuchar con los oídos a tope, porque lo que vas a oír no te va a gustar. Yo soy un mal opinador y un gran escuchador. Solo tardo 24 horas en pasar de "pero este hijoputaquesehacreídonotieneniputaideadeescribir" a "lleva razón".
Hace unas semanas le pasé una copia de la primera versión de mi corto a varios compañeros, Apisonadora incluída. Todos ellos hicieron sus comentarios y yo los he ido digiriendo a lo largo de estas días. Creo haber identificado el problema al que hacen referencia todos ellos (Todos lo hacen de una manera o de otra)
Se trata de ELLA. El personaje de ELLA no es tan bueno como el de EL. La historia está descompensada. Se cae. ELLA, amigos. Esa es la clave.
Todas las historias tienen sus equilibrios. No hay recetas para saber cuales son los equilibrios de la historia, digamos que simplemente "están ahí".Y ese es el problema. El motivo por el que estoy bloqueado. Ahora sé que tengo que cambiar el personaje de ella, pero las ideas que tengo rompen el equilibrio. Esa cosa mágica que te lleva a saber cosas y no saber explicar por qué las sabes. Esa absurda alquimia que dice "Esto sí, esto no".
En cuanto sea capaz de resolver esto, tendré una primera versión decente. Yo me las prometía muy feliz, pero la cosa no está siendo tan fácil.
Los equilibrios, los malditos equilibrios.
Diciembre 12, 2006
Bien o te lo cuento: Versión 0.5
Antes de irme de vacaciones dejé terminada la versión 0.5 del guión de mi próximo cortometraje. La he llamado así porque nada más terminarla me di cuenta de que había un par de cosas por atornillar aún y que no era una versión uno de pro, de verdad. Lo he acortado un poco y he cambiado casi todos los diálogos del principio de uno de los dos protagonistas (Sí, hay dos. Un chico y una chica: Nacho y Marta)
También se lo he dejado leer a mi compañero de trabajo, Angel. Que ha conectado su función apisonadora y en próximos días me dirá que le parece el asunto (De momento ha identificado varias miles faltas de ortografía, como suele ser mi estilo) También le he leído a Antonio las dos primeras secuencias y ya me ha dicho una cosa en la que lleva razón y que voy a revisar. Cuando esté la fase uno se la pasaré a diez o doce personas de cara a hacer la (probablemente definitiva) versión 2.
Sigue siendo caro y complicado, pero ahora funcionan mejor sus diálogos, etc.
Noviembre 22, 2006
Bien o te lo cuento: Versión Cero.
El 20 de Septiembre, pocos días después de que Lo que tú quieras oír (mi primer cortometraje) llegara a 150.000 visitas en youtube. Escribí una entrada en este blog que terminaba diciendo Ahora me voy a ver Pulp Fictión y a empezar a pensar en que... coño, va haciendo falta rodar otro corto, ¿no? Bien. Hoy he terminado la versión cero del guión de ese cortometraje. Hace pocos minutos, en realidad.
Antes de ese post del 20 de Septiembre yo ya tenía la idea del cortometraje, ya sabía como acababa y todo lo demás, eso lo supe el 2 de Agosto de 2006. (Lo bueno de llevar un blog es que uno puede tomar nota de estas cosas) Decía yo el 2 de Agosto Yo soy un farsante que no va a escribir un corto sobre supervillanos, pero el mundo es un pozo de mierda. Me voy a casa. Lo que no decía es que, efectivamente, no iba a escribir un corto sobre supervillanos, pero esa misma tarde de calor, trepando por la calle Carretas, descubrí esta historia y decidí que sería mi próximo cortometraje.
En realidad no la encontré toda, sino la clave para que fuera apetecible. La historia ya la tenía escrita e iba a ser una película. Estaba en mi ordenador en un archivo que se llama "Sin el Mute".
De momento se llama Bien o Te lo Cuento, aunque hasta hace poco se llamaba Chat. El título se lo debo a mi padre cuya respuesta favorita a la pregunta ¿Qué tal estás? Era y es "Bien o te lo cuento".
La versión cero es una versión de guión plagada de fallos, donde los personajes hablan distinto en una secuencias que en otras, donde se te van ocurriendo cosas según escribes y las dejas apuntadas para poder seguir escribiendo. Es un mapa para saber si eso que pensabas que podía funcionar efectivamente funciona... Y sí, funciona. Las siguientes versiones vendran en los próximos días o semanas.
Es un corto complicado y caro y no tengo ni las más puta idea de como lo voy a sacar adelante... Pero éste es el siguiente.
Así que ahora hay una categoría en el blog de nombre "Bien o te lo cuento" que (salvo que cambie el título) se irá llenando con nuevas informaciones sobre el proceso de elaboración de cortometraje.



