Mayo 04, 2011
Notas apresuradas sobre el asesinato de Bin Laden:
1.- Lo primero es la velocidad. La velocidad del hipérvinculo, la telerrealidad a 140 caracteres por ¿segundo? La información va tan rápido que hay quién la tiene antes de que las cosas sucedan. De ahí me viene el primer flashback, la sobredosis de imágenes del atentado de las torres gemelas. La primera vez en la que la realidad, de pronto era multicámara. Multicámara doméstica, además. Había pasado ya unos meses antes, en las Calles de Génova, en el mes de Julio. Como un pequeño universo paralelo que prefiguraba lo que iba a llegar, aunque con el enemigo cambiado. Eso es otra historia. Es historia antigua ya. Pero tiene que ver con el tiempo, como si la mecha ya estuviera prendida, pero no la estuviera mirando todo el mundo.
La velocidad que impone sacar conclusiones. Conclusiones ya, hoy, ahora. Prefiguraciones del mundo, relatos apocalípticos, hagiografías patrióticas. Me gusta la sequedad de una entrevista en Democracy Now: “Un asesino ha matado a otro asesino”. Simple y directo.
Booom... Bang.
Un estallido y un disparo... y entre medias un montón de vídeos de caídas y gatitos monos. Bienvenidos al los primeros diez años del Siglo XXI. La frase es de Jordi Costa, no mía.
2.- Luego está la realidad misma. “Bienvenidos al desierto de lo real”, la frase no es solo de Matrix, también servía a Zyzek para explicar el mundo post 11-S. La realidad era tan devastadora que parecía que no había ficción a su altura ¿lo recuerdan? La ficción había infectado la realidad. El trailer de Spiderman era demasiado doloroso. Empieza la obsesión por la realidad. La realidad documental. La ficción que se hace pasar por realidad. La cámara en mano, el punto de vista del espectador, United 93... Pero poco a poco, la realidad no es suficiente para contarla, poco a poco las redes sociales extienden un eco de contaminación de lo real. Lo real ya no se entiende por si misma, ya no es suficiente.
Año 2006, justo en el medio, el centro nodal, la sangría multiversal. Henry Jenkins escribe Convergence Culture, En la introducción, casi en la página 1 hay una imagen: Bin Laden acompañado de Blas, de Barrio Sesamo.
Bin Laden ya no existe, ya no es la realidad, es un icono pop, es la condensación de un fantasma, es una pulsión.
El creador de la ficción mainstream más importante del mundo produce otra película nodal: Cloverfield. Cámara en mano, united 93, sí. Pero ya no sirve para contar la realidad, hace falta un Godzilla primigenio para re-pensar el 11 de Septiembre. El género explica la realidad cúando la realidad ya no es suficiente.
Hay que intervenir en la realidad para contarla. La ficción infecta la realidad. El Pentagono libera imágenes de la operación para matar a Bin Laden, la imagen nos muestra al equipo de Obama atentos a una pantalla que no vemos. Alguien rebela la imagen a través de la ficción.

¿Exagerado? Todo el mundo lo hace. Telediario de televisión española, tres y media de la tarde. Ponen las mismas imágenes mezcladas con imágenes del Ala Oeste de la Casa Blanca. El audio de la serie sirve para explicar lo que sucede. Bin Laden ya no existen, Bin Laden es cultura... y la clase política norteamericana también. La ficción ya no infecta la realidad. No existe diferencia entre ficción y realidad.
El videojuego es la realidad misma. El desierto de lo real se ha evaporado.
Bang.
3.- El pasado 12 de Enero de 2010, El Emperador de los Helados se preguntaba si tenía sentido una serie como “24” y un rol como el de Jack Bauer en el panorama post-Bush con Obama premio nobel de la paz haciendo loas al multilateralismo. Las reflexiones eran absolutamente pertinentes... en Enero de 2010.
Obama ha sido definido como un candidato post-racial. Yo diría incluso que es un nuevo tipo de político. Como un personaje de ficción televisiva, puede encarnar sobre si mismo las proyecciones de un país para reconstruir la soberanía nacional y los liderazgos jugando de forma sistemática con su identidad pública, con su marca. Una marca que, en términso de mercado, se modífica para complacer a sus consumidores, que en éste caso son votantes.
¿Alguien imaginaba hace tan solo tres días que veríamos imágenes así de Obama?

¿O así?

El giro semiótico le convierte a la vez en el presidente del premio nobel de la paz y en el presidente que ordenó matar a Bin Laden. En el presidente de los derechos civiles y el presidente capaz de cerrarle la boca a la mayoría social republicnaa. La clave, creo que está en el “a la vez”. Y no me refiero a la evidente contradicción de términos entre estas dos cosas sino a que, a ojos vista, para el mundo (y no me refiero solo a los americanos) esto no es un problema. Se puede ser pacifista y mandar asesinar a alguien. Lo sabemos desde que se inventó la Guerra Humanitaria.
La catarsis colectiva por la muerte de Bin Laden no atiende a razones. Quién pone pegas o dudas a lo sucedido, quién invoca la necesidad de garantias procesuales, etc. No aparece como alguien que defiende otra opción política, sino literalmente como un aguafiestas. Como alguien aburrido. Alguien que nos está jorobando los chistes, el jolgorio y alegría ante la sensación del final de una historia. De Season finale. Un final televisado a nivel planetario, con un malo maravilloso en su papel y un bueno maravilloso en el suyo, que nos han hecho vibrar con su aventuras durante 10 años.
4.- Tengo la sensación (apresurada, ya digo) de que la muerte de Bin Laden es un cierre. Ni siquiera un cierre, es un epílogo que se hace pasar por cierre. Bin Laden ya no pintaba absolutamente nada en la política internacional, por eso está muerto. Porque ya no era importante. Porque su muerte no tenía costes políticos. Porque ningún gobierno de ningún país del mundo iba a alzar la voz por él. Por eso le han traicionado quienes le llevan escondiendo al menos cuatro años en Pakistan (Me refiero al gobierno pakistani, claro)
La perdida de sus centralidad política no se debe al acoso de quienes hoy le han dado el tiro de gracia, no es gracias a Obama, la CIA y el ejercito.
A Bin Laden lo quitaron de enmedio los mismos que quitaron a Bush. Quienes construyeron un movimiento planetario de rechazo a la guerra, quienes se opusieron a las elites asesinas de un lado y otro del planeta. Sea en Iraq, Nueva York, Londres o en la estacion de Atocha.
A Bin Laden lo quitaron de en medio los jóvenes hackers tunecinos, los hip-hoperos palestinos, las mujeres egipcias, lo quitaron de enmedio los muertos sirios. Lo quitaron de enmedio las revueltas democráticas en el mundo árabe.
Y no hizo falta matarlo.
Obama ha firmado su epílogo y la maquina mediática, que solo puede funcionar con forma de relato lo hace pasar por final.
Muchos creerán la historia un tiempo, pero un día, cuando ya no sea Trending Topic, cuando la aceleración del tiempo se desacelere y la fiesta termine... La gente volverá a preguntarse por sus viviendas, por su renta, por la bolsa y por el paro. Volverá a preguntarse por los soldados y la guerra.
Y Obama se dará cuenta de que con ésta muerte ya no quedan más enemigos. Solo están ellos.
Bueno... Y nosotros.



