Septiembre 09, 2009
Chupate Esa. Christopher Moore y los vampiros

La penúltima novela de Christopher Moore es, probablemente, la peor de las tres que yo he leído. Ni es tan original como “El Angel más tonto del Mundo”, ni tiene el interés dramático y la fuerza argumental de “Un Trabajo Sucio”, sin embargo, es una novela divertida y NECESARIA.
¿Necesaria? Si, en un año en el que la sobredosis de criaturas vampíricas (por llamar de alguna manera a eso seres que brillan) ha superado los límites de lo tolerable (Al menos para mi) una novela que se ría un poquito de “los señores de la noche” y, sobre todo, de sus fieles admiradores, es una alegría. La historia es, la verdad, bastante tontorrona y el recurso utilizado por Moore de empezar la novela “in media res” y que luego uno vaya entendiendo cómo se ha llegado al punto de origen solo genera una cosa: Confusión (y la sensación en varios pasajes de que se trata de dos libros y uno se está leyendo la segunda parte de algo)
Sin embargo, la pareja protagonista es adorable y carismática y, como en algunas películas, un secundario aparentemente sin importancia se come todo el relato. De vez en cuando tenemos la oportunidad de leer los extractos de un diario de una joven “emo” (que intenta ser siniestra, pero se queda en “emo de clase media alta”) adicta a los Starbucks, que intenta por todos los medios estar a la altura literaria de su “siniestralidad”. Un desastre divertidísimo lleno de frases como “La noche ominosa y cargada de torturas y dolores pretéritos trajo hasta mi al señor de la bruma. Mi maestro en lo oscuro. Pd.- Comprar pasta de dientes para mi hermana.”
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