Abril 16, 2009
Efectivamente, ¿tú que coño sabes?

Hace un par de años hablé con una mujer en uno de esos bares que solo venden zumos y que se denominan "energéticos" (Eso ya me hizo sospechar) La mujer me intentó convencer de ciertas cosas con argumentos peregrinos. Me dijo, por ejemplo, que quería ser druída. Esto, que a una persona normal le suena a locura, pues está medio de moda. Como los zumos o las piedras que sanan.
Lo inquietante es que parte de sus argumentaciones tenían cierto toquecillo "científico". Tenían esa rotundidad de quién tiene argumentos aparentemente comprobables y a partir de los cuales se puede sacar conclusiones. La mayor parte de ellos venían del "documental" cuyo cartel se ve en la parte superior de este post. No puedo decir que sus argumentos me convencieran porque el sentido común me decía que no crea a nadie que beba zumos, crea que las piedras sanan y que el ser humano moldea la realidad a partir de su mente y puede cambiar el mundo a partir del pensamiento (Es algo que mi materialismo recalcitrante rechaza por principio) pero había algo inquietante en ese salto mortal argumentativo dónde ciencia y religión parecían darse la mano.
Hoy, leyendo No Recomendable, el blog de los responsables de Reflexiones de Repronto me he encontrado con un texto magnífico que viene a explicar hasta que punto esa supuesta relación entre ciencia y religión es simplemente mentira.
Y además, el texto es una manera interesante de saber algo sobre matemáticas y física cuántica para aquellos a los que las ciencias nos dan un poco de miedito.



