Marzo 17, 2008
El poder de la escritura
He pasado el fin de semana enfrascado en un doble trabajo. A saber, terminar mi segundo corto y escribir la primera versión del capítulo 218 de Hospital Central.
Los trabajos del corto incluyen desplazamientos por la ciudad e imprevistos. Los del guión incluyen sedentarismo y constancia. Como veis, son un tanto incompatibles. A veces el trabajo se acumula. Ayer terminé mi jornada de trabajo con la escritura de cinco secuencias del guión a eso de la media noche y más allá. Al terminar, estaba cansado físicamente, pero el cerebro seguía teniendo actividad suficiente como para que meterme a dormir fuera una perdida de tiempo. ¿Qué hacer?
Necesitaba algo para calmar el excitación cerebral y poderme ir a la cama. Eso implica cierta actividad... Así que para relajarme me puse a escribir. Simplemente, escribí otra cosa que no tenía nada que ver con el guión, ni con el corto y que tampoo era nada que tuviera pendiente de alguna responsabilidad más o menos importante. Nada de eso. Simplemente escribir por el puro placer de hacerlo.
Escribí un relato. Bueno, medio. O un tercio, no sé. El caso es que derrotado físicamente como estaba saque tres páginas bastante coherentes. Cuando esté acabado formará parte de una de esas cosas de futuro que os dije que os comentaría al acabar Blerrinad (Que espero sea pronto, pero ahora mismo no depende de mi, sino de mi trabajo)
Después de estar más de seis horas escribiendo que uno escriba otro par (Y se acueste a las tres de la mañana) para relajarse es... probablemente el motivo por el que alguna gente se dedica a escribir (Eso y su incapacidad para hacer cualquier otra cosa) Pero hoy me he podido levantar a las 8:30 y estaba fresco como una lechuga.
El relato, por si os interesa, va de una chica que se llama Angela, toca el bajo y está muerta. Son cosas que pasan.



