4 de Enero de 2009
Moscas- Relato 2009 de 365 palabras
Como todos los años (aunque con unos días de retraso) publico el primero de mis dos acostumbrados relatos para dar la bienvenida al año. El primero, de 365 palabras, se llama "Moscas". Al volver de Nueva York encontré una veintena de moscas de la fruta en mi salón... No puedo decir que el relato sea 100% autobiográfico, pero casi. Encontré el argumento final en un foro sobre Internet en el que hablaban de los problemáticos bichitos. Creo que no se me habría ocurrido si en ese momento no hubiera estado leyendo "Fantasmas", la recopilación de relatos de terror de Joe Hill.
MOSCAS
Volvieron de vacaciones. Las primeras con el bebé. Al llegar a casa había 17 moscas en el salón. Eran negras y grandes. Zumbaban. Las mataron. Por la noche, en la cocina, había otras veinte. “Debe de haber algo podrido”. Movieron los muebles. Descargaron insecticidas. 150 moscas a la semana. Ella pensó en llamar a un exterminador. Él apuntaba la ratio “moscas/ hora” en un cuaderno. El bebé lloraba por las noches. Vino el exterminador. Exterminó. Dos semanas después volvieron las moscas. Cerraban todas las puertas para aislarlas. “Salen por la cocina”. Un día aparecieron dos en el salón. Ella propuso llamar al exterminador. Él le gritó: “¿Qué ha logrado el exterminador?”. El bebé lloraba. Él no podía dormir. Cuando echas insecticida sobre una mosca, las alas hacen un ruido característico, parece pan crujiente. Oía ese ruido cada noche. Una de las cajas de juguetes del niño estaba en la terraza, en su interior encontraron más de cuatrocientas larvas ya abiertas. El bebé lloraba. Él no podía trabajar. Le mandaron a casa.
Se metía en la cocina. Pasaba 24 horas observando. Las moscas se le posaban en la cara. A veces se le metían en la boca. No importaba. Esperaba para descubrir su agujero. Le despidieron. No importaba.
Su mujer dijo “vámonos de casa”, él dijo “no”. Una noche algo falló. O él se durmió con la puerta abierta o a su mujer se le olvidó cerrarla. Las moscas salieron. Entraron en la habitación del bebé. El bebé dormía con la boca abierta. Él no fue al funeral, estaba vigilando el agujero.
Su vecina vino a hablar con él. Había oído ruidos en su casa. Le explicó que estaba agujereando las paredes para encontrar un nido de moscas. Ella le miró sin entender y luego dijo algo de llamar a la policía. Le salían moscas de los oídos y de la boca al hablar. Ya no era solo un problema de su casa.
Tuvo una idea sencilla. Usó una bombona de gas. Cuando los bomberos llegaron el bloque estaba semiderruido. Doce muertos.
Encontraron su cadáver carbonizado. Alguien dijo que había muchas moscas. Un bombero explicó que se debía a los cadáveres: “Siempre aparecen cuando hay cadáveres”.
Durante un tiempo cuando vea una mosca me acordare de ti y este relato!! :P
Lucc | 5 de Enero de 2009 - 08:43 PMMejoras, Guille, mejoras mucho. Y yo me alegro y te tengo envidia. Feliz año ;)
Juan | 7 de Enero de 2009 - 12:22 PMMadre mia que terrorífico y apocalíptico eres, un bebé muerto, un edificio derruido.¿Lo de la obsesión te lo has mirado?. jejeje
Un beso piticli.
Eres de traca!!jajajajajajajaja



