26 de Febrero de 2008
Blerrinad. Capítulo 32
En el que Gris descubre que tiene ciertas facultades en común con su abuelo verbo y Elorap deja claro que piensa hablar con Los Silenciosos, aunque no parezce una propuesta muy sensata. También hay una puesta de sol
Puedes leer el capítulo completo en el post extendido y el resto de la historia aquí
Segunda Parte
Capítulo Treinta y dos
En los días sucesivos fue a clase con normalidad e hizo lo que cualquier estudiante de “Las Manos de las Palabras” hacía: Contó historias. Sus compañeros se rieron de ella los primeros días. La noticia de su intervención en la iglesia se había extendido como la polvora, pero Gris cortó cualquier intento de mofa explicando que Elorap era nueva, llevaba mucho tiempo viviendo con los silenciosos y en vez de meterse con ella lo que había que hacer era ayudarla. Esa manera de enfocar la situación molestaba casi más a Elorap que la burla de sus compañeros. Que una pandilla de idiotas contadores de historias se metiera con ella no era demasiado distinto a su colegio de toda la vida, que Gris la tratara como una especie de niña pequeña e inmadura incapaz de entender las normas más simples de la historia de las normas (Porque había notado que Las Manos de las Palabras era una comunidad dónde lo simple era mucho más importante que lo complejo. Lo blanco y lo negro era más importante que lo gris, lo rosa o lo verde, etc.)
Por su parte, Gris estaba decidido a que Elorap fuera una de sus mejores estudiantes y le encargó su supervisión a uno de sus mejores estudiantes: Fango. Al terminar las clases Elorap y Fango se sentaban en las azoteas y aprendían a contar historias. No fue hasta la tarde del noveno día que Elorap le contó sus plantes. O más bien, que Fango no la obligó a contarle la verdad.
Fango no estaba enfadado con ella por lo sucedido en la iglesia, de alguna manera le sonaba lejano y distante, como un disparo amortiguado por una almohada o algo que te cuentan que le ha pasado a otra persona. Por otro lado, tampoco pensaba que Elorap fuera a “adaptarse y aprender” como pretendía Gris. Había llegado a conocerla lo suficiente como para saber qué era imposible hacerle cambiar de opinión.
-¿Qué vas a hacer?- le dijo Fango mientras el Sol caía por detrás de los edificios de la ciudad.
-¿Qué voy a hacer con qué?- Dijo Elorap.
Fango la miró un momento y luego miró al frente. Con el sol dándole en la cara parecía más mayor. Elorap olvidaba a veces que era más mayor que ella.
-Venga, Elorap… ¿Cuál es el plan?
Elorap se preguntó si Fango habría heredado alguna característica de su abuelo y por eso ahora sabía lo que ella pensaba en todo momento.
-Mi plan no ha cambiado- dijo Elorap.
-¿Quieres decir que vas a seguir con eso de ampliar el código a esas palabras raras?
-Sí- dijo Elorap sonriente. No parecía que Fango estuviera enfadado, más bien tenía curiosidad.
Fango la miró un segundo.
-¿Y cómo piensas hacerlo?- dijo desafiante. Le hacía gracia la inconsciencia de Elorap.
-Con cuidado- dijo Elorap.
Nuevo silencio.
-Más vale que tengas cuidado porque si Gris se entera…
-¿Se lo vas a contar tú?
Elorap notaba que algo sucedía con su manera de conversar, de alguna manera había logrado que esa pregunta tan sencilla sonara muy distinta, es cómo si en realidad estuviera preguntando otra cosa. Fango se puso rojo. Elorap se dio cuenta de que se había acercado sin darse cuenta a su cara y ahora estaban incómodamente cerca. Ella también se puso roja. Se sintió un poco tonta. No parecía que Fango lo estuviera pasando mucho mejor que ella.
-Si te preguntara- dijo Elorap- ¿Se lo contarías?
-No sabría que decirle. No me cuentas cómo lo vas a hacer.
-Para evitar que se lo digas.
-Y si no se lo dijera…- dijo Fango. Y Elorap se dio cuenta de que estaba imitando su tono de antes. El sol seguía filtrándose entre las paredes de color naranja ladrillo cercanos y hacía que el rostro curtido de Fango y el pelo negro más cortado brillara con mucha fuerza.
-Si no se lo dijeras te lo contaría, pero ¿cómo me voy a fiar de que no se lo digas? Eres su protegido.
-Hay muchas cosas que no le cuento a Gris. Secretos.- dijo Fango con rapidez casi de inmediato.
Elorap se quedó parada. ¿Secretos? Fango no parecía el tipo de persona que tiene secretos.
-Tú no tienes de eso- dijo Elorap
-Vale.
No le hacía ninguna gracia que Fango tuviera secretos. Ella no tenía secretos, ¿por qué Fango sí? De pronto volvió a sentirse irritada con él como le había pasado tantas veces antes.
-Pienso buscar ayuda entre los silenciosos.
Fango la miró con los ojos muy abiertos.
-No hagas bromas, Elorap.
-No es una broma. Y si se lo dices a Gris no volveré a hablarte nunca.
Elorap hizo una pausa.
-Y tú no tienes secretos.
Fango la seguía mirando como si no hubiera oído lo que Elorap acababa de decir. Abrió la boca un par de veces, pero no emitió sonido alguno. El Sol se había ocultado entre los edificios. Los rasgos de Fango empezaban a perfilarse y a Elorap ya casi no se le veía la cara.
-Elorap, no puedes hacer eso. Nosotros no hablamos con los silenciosos. Está prohibido.
-Eso es absurdo. Gris habló conmigo. ¿Se salto las normas? Si él puede yo también.
-Gris es mayor y puede traer miembros nuevos. Tú no. Hay unas…
-Unas normas, sí. Ya te he oído la primera vez- Elorap fingía estar aburrida.
Fango se puso de píe de un salto y camino en dirección a las escaleras del edificio. Elorap se dio la vuelta.
-¿Qué pasa?
-No me hables así- dijo Fango- Como si fuera un tonto al que das lecciones.
-Lo siento- dijo Elorap. Y era verdad.
Fango la miró con gesto de preocupación.
-En serio, Elorap. Es peligroso.
-Pues ven conmigo. Protégeme.
-No digas tonterías.
Elorap no sabía porque había dicho eso. Volvía a usar ese tono tan raro, medio desafío, medio broma. Interpretaba un papel, como si fuera un juego. Pero ahora Fango estaba hablando en serio.
-¿Y qué quieres que haga? ¿Qué no haga nada? Con esas historias que contáis no vais a llegar muy lejos.
-Las historias son importantes.
-Ya. Pero no son lo único importante. Creáis el código y luego no queréis que la gente lo use. No entiendo de que tenéis miedo.
Fango le dio una patada al aire. Con gesto perdido.
-Yo no tengo miedo.
-Pues acompáñame.
-¿Si te pido que no lo hagas me vas a hacer caso?- Dijo Fango.
-No.
Elorap creía que debía ser sincera con respecto a ese punto.
-Pues entonces no te enfades si no te acompaño. Sólo soy igual de cabezota que tú- dijo Fango.
Elorap había caído en su trampa. Fango hablaba mejor que ella y conocía el significado secreto de las palabras. Hablaba como si tejiera una tela de araña. Una enorme tela que te iba enredando. Elorap no podía quejarse, había perdido.
-Pues iré sola- dijo de nuevo con ese tono entre el humor y el desafío, aunque con menos convicción.
-Ese es tu problema- dijo Fango.
Y acto seguido se marchó la azotea. Elorap se quedó allí sola. La verdad, siempre había pensado que iría con Fango a hablar con los silenciosos. Pensaba que el chico era más o menos incondicional y ahora estaba confundida. La verdad es que quizás él pensara lo mismo de ella, que tarde o temprano conseguiría que parase con sus planes o quizás sabía que eso era imposible, pero no estaba dispuesto a acompañarla. En cualquier caso la decisión estaba echada. Al día siguiente iría a hablar con “los silenciosos”. Iría sola. No tenía miedo.
Volvió a repetírselo un par de veces: “No tengo miedo”. Suspiró. No estaba muy convencida.
"Cuando alguien desea algo debe saber que corre riesgos y por eso la vida vale la pena".
P. Coelho
Algunos caminos toca andarlos en solitario, aunque con algo de suerte se te une gente sobre la marcha^^
Kanae | 28 de Febrero de 2008 - 11:04 AM


