18 de Febrero de 2008
Blerrinad. Capítulo 31
En el que Gris y Elorap tienen una charla que se posterga demasiado y Elorap sube sola a los tejados de la ciudad
Puedes leer el capítulo completo en el post extendido y el resto de la historia aquí
Segunda Parte
Capítulo Treinta y uno
Elorap no recordaba como habían salido de la iglesia. Todo había sido extraño, incómodo y demasiado rápido. La gente la sonreía con una mezcla de miedo, extrañeza y simpatía forzada. Tenía la sensación de que se dividían entre los que se sentían incómodos en su presencia, los que la despreciaban, que ni siquiera la miraban, y los que quizás se sentían intrigados por su propuesta, pero tenían demasiado miedo o se sentían demasiado culpables para comentar nada. De Fango no pudo ni despedirse. Se quedó allí como una manchita negra asediada por otras manchas negras de diferentes edades que intentaban por todos los medios que no fuera con ella y que a la vez intentaban confortarle, Elorap intuía que sin demasiado éxito. Y luego estaba Gris. Gris no había dicho nada. En realidad, nadie había dicho nada cuando había terminado de exponer su plan, ni un aplauso ni un abucheo. Definitivamente era raro.
Iban en otro taxi. Leo la miraba consciente de que lo mejor era callarse y ella tampoco decía nada. Gris iba delante, sin hablar. Por otro lado, en el mundo de “Los Silenciosos” tampoco se hablaba. Gris le había dado al taxista la dirección en un papel, así que era más o menos normal que nadie dijera nada, pero Elorap notaba la tragedia mascarse. Era cuestión de tiempo. Pero la verdad es que no entendía qué era aquello tan grave que había hecho. Había otras veces que era consciente de forma muy directa de cuales eran los errores que cometía, pero éste no era el caso.
Llegaron a casa. Gris se mantuvo en silencio. Siguió en silencio toda la tarde y parte de la noche. Elorap empezó a sentirse mal. Se sentía peor que cuando sus padres se enfadaban con ella, porque ellos inmediatamente la gritaban o la castigaban, etc. En el caso de Gris la situación era completamente distinta. Estaba claro que estaba enfadado, pero Elorap no sabía a que esperaba para soltar la tormenta. Y la tormenta llegó, pero cuando Leo ya estaba dormido en su habitación.
Elorap estaba en su cuarto sin hacer nada en particular. Esperando a que pasara lo que tenía que pasar. No podía concentrarse en nada y se limitaba a andar de un lado para otro, cada vez más nerviosa.
-Elorap- Gris la llamó. No había nada en su tono de voz que denotara un enfado especial y eso hacía la situación mucho más terrorífica.
Elorap entró en el salón, que estaba, como siempre, lleno de papeles. Gris estaba sentado de espaldas a ella, de cara a la televisión. Igual que la noche que oyó decir que era un terrorista y se escapó de él, la noche en la que estuvo a punto de volver al mundo de “los silenciosos”. Esta vez Elorap no fue a ninguna parte, caminó por el lado derecho del sofá hasta ponerse delante de Gris. Él la miraba con un gesto firme, muy serio.
-¿Qué vamos a hacer?- dijo.
Elorap no estaba acostumbrada a esa forma de enfocar los problemas. Normalmente, con más o menos razón (En la mente de Elorap y de forma más o menos general: Con menos) Sus padres se limitaban a gritar e impedirle hacer cosas que le gustaban o que ellos pensaban que le debían gustarla (Como por ejemplo, castigarla sin salir) Nunca sus padres le había preguntado nada y menos algo como eso. Pero Gris no era su padre. A decir verdad, no sabía que relación tenía con Gris.
-Elorap- siguió Gris- ¿Qué vamos a hacer? ¿Tú eres consciente de lo que has hecho hoy?
La verdad, Elorap no tenía muy claro si lo era o no.
-Nosotros tenemos normas. Hemos… Hemos luchado una guerra, Elorap. Una guerra por las palabras. ¿Sabes lo que significa eso? ¿Sabes lo que hemos perdido por esa lucha? ¿Sabes lo importante que es?
Elorap no podía evitar sentir cierta vergüenza ante la trascendencia de las palabras de Gris. Ella no había visto batalla alguna, ni perdida. Tan sólo un grupo pequeño de personas (comparado con los silenciosos) que se aferraban a las historias y los cuentos como si la vida fuera eso y que habían inventado una forma de hacer que hablar fuera gratis, pero que- por algún motivo- se negaban a dejar que el resto de la gente compartiera sus secretos.
-Sólo quería completar las palabras que faltaban. Hacer que el código fuera mejor.
-Esas palabras no faltan- dijo Gris. Y su tono se crispó un poco- Esas palabras no existen para nosotros. Las historias nos mantienen juntos. En el mundo de “los silenciosos” los números mandan, aquí no.
Elorap no entendía nada. ¿Cómo que “en el mundo de los silenciososos los números mandan”?
-Eso es una tontería- dijo Elorap- Los números son números.
-Los números le hacen cosas a la gente en la cabeza.
A Elorap le entró la risa. Fue una carcajada leve, seca, entrecortada. En seguida se arrepintió de haberlo hecho.
-¿Te hace gracia? Elorap, tú elegiste ser de los nuestros. Debes asumir tus decisiones. Aquí no hay números, ni formulas ni nada de eso. Y que lo hicieras en el funeral de Verbo es… Mira, sé que no entiendes bien todo esto. No me voy a enfadar, pero no lo hagas nunca más. ¿Deacuerdo?
Elorap no dijo nada. Se quedó mirando a Gris un segundo y sintió una sensación similar a la que tuvo la noche que decidió acompañar a Gris y alejarse de sus padres para siempre. Una sensación que decía que la respuesta que le diera a Gris sería definitiva y modificaría su vida de forma permanente. Sin embargo, aunque la sensación era similiar, no era exactamente la misma. Cuando Gris le había preguntado, su cerebro habría respondido “No”. Pero sus labios no lo habían dicho. Gris la había salvado, le había enseñado todas esas cosas fantásticas. ¿Estaba siendo egoísta? Si esa era la forma en la que vivían su vida y ella la había aceptado, debía ser consecuente, ¿no? Al fin y al cabo, Fango vivía así y le caía bastante bien y… y quizás ella podría acostumbrarse a las historias y contarlas, etc. Y sin embargo, su cerebro seguía martilleando “No” “No, no, no, no, no”.
-¿Deacuerdo?- Repitió Gris.
Elorap se le quedó mirando con los ojos muy abiertos, esperando a ver si había suerte y pasaba algo especial que le diera alguna pista sobre lo que debía hacer. No sucedió nada.
-Elorap…
-Me voy a la cama- dijo Elorap automáticamente.
Gris parecía desconcertado por su respuesta. La cogió del brazo. Un poco fuerte, pero no mucho. Sin embargo, a Elorap no le gustó.
-Te he hecho una pregunta
-Y yo estoy pensando la respuesta.
Gris le soltó la mano. No esperaba eso de Elorap. La chica se dio cuenta enseguida de que era una de esas preguntas que a veces hacen las personas mayores que, aunque parezcan tener muchas respuestas, en realidad solo tienen una. Si Gris preguntaba “¿deacuerdo?” La única respuesta posible era “Sí”.
Se fue a la cama, pero no pudo dormir. Así que se puso una bata y una manta y volvió a recorrer las escaleras en dirección a la azotea, esta vez sin Fango. Subió allí y se quedó mirando a la luna durante horas. Era redonda y parecía un enorme faro. Fango decía que podía viajar a la Luna con una historia, pero eso no era suficiente. Para ella no. Si Elorap un día quisiera ir a la luna, cosa que no descartaba, lo haría construyendo un cohete enorme. Y si Fango quería, podría acompañarla. Pero, ¿cómo iba a hacer un cohete si no podía hablar con nadie y ni siquiera tenía palabras para explicar las formulas físicas necesarias?
Y entonces se dio cuenta de lo que pasaba. Ella nunca accedió a ser miembro de “Las Manos de las Palabras”. Lo que quería era dejar el mundo anterior. El mundo de “Los Silenciosos” era horrible, pero “los silenciosos” no eran culpables, o al menos no eran solo “culpables”, sino también “víctimas” o “esclavos”. Y además ella sabía que no eran simplemente “tontos”. Había visto a su madre hacerle señas silenciosas a su padre. “Los silenciosos” también tenían su “código”, quizás no fuera tan refinado como el de Las Manos. Quizás no estuviera tan organizado, pero ahí estaba. Así que a “Los Silenciosos” tampoco les gustaba tanto pagar por hablar… Y ella simplemente no quería pertenecer a ese mundo, pero además de ser su mundo, eso no implicaba necesariamente aceptar ser miembro de “Las Manos de las Palabras”.
Gris le tendió una trampa. Gris le dijo: “Si quieres dejar éste mundo, tiene que venir a éste otro” y ella aceptó. Gris no lo hizo con mala intención, pero Elorap estaba segura de que no había sólo dos posibilidades, sino muchas. Y Gris, simplemente, no lo veía. Así que ella se lo demostraría y sabía que tendría que hacer algo que estaba un poco mal mientras tanto, pero era una de esas veces en las que las normas se vuelven “orientaciones relativas” y se impone el peso de la decisión particular de cada cúal. A la larga, Gris lo entendería.
Elorap se dio cuenta de que por primera ver en todo el día, sonreía.
Al día siguiente, cuando salió a desayunar Gris la estaba esperando. Nada más verla le dijo.
-¿Deacuerdo?.
Y Elorap le mintió por primera vez en su vida.
-Sí- le dijo- No volveré a hacerlo.
Jo, me has dejado desconcertada!!! Qué plan tiene esta vez? Mira que hasta el momento no le ha salido ninguno bien, eh? Bueno, confío en que encontrará la forma de que las palabras y los números convivan...
Jolie902 | 18 de Febrero de 2008 - 06:14 PM


