13 de Febrero de 2008
Blerrinad. Capítulo 30
En el que se rinde tributo a Verbo y Elorap expone por fin su plan
Puedes leer el capítulo completo en el post extendido y el resto de lo publicado hasta ahora aquí
Segunda Parte
Capítulo Treinta
Cuando llegaron a la iglesia estaba lloviendo. Una llovizna fría, muy suave, como una manta. A Elorap le pareció apropiada. Gris, no sólo la consideraba apropiada, sino que insistió en bajarse del taxi a un par de manzanas de allí con la intención de caminar hasta la iglesia sólo porque le parecía poco respetuoso llegar en Taxi. Cuando llegaron al edificio Elorap notó que era una idea bastante extendida, porque no parecía haber coches en la zona y lo que sí había era gente. Y había mucha.
Al entran en la plaza en la que se encontraba la iglesia vio a varios cientos de personas vestidas de negro, la mayor parte de ellas con paraguas. Se reunían en grupos de siete u ocho. Había algunos niños, pero no demasiados. En general parecían todo personas de la edad de Gris, aunque también había, dispersos, algunos hombres y mujeres realmente mayores, parecidos al abuelo de Fango, que se sostenían en bastones o con ayuda de alguna otra persona más joven. Había otros que hacían notables esfuerzos por mantenerse erguidos. Todos, sin excepción, tenían los ojos rojos y parecían emocionados.
Al entrar en la plaza Fango en la plaza se hizo el silencio. Gris iba en el medio y Fango a su derecha. Elorap llevaba a Leo de la mano y se sentía muy extraña en medio de toda aquella gente. La miraban y guardaban silencio, pero era solo una acompañante, una especie de borrón al lado de Fango, que caminaba con la cabeza recta, como si estuviera orgulloso de algo y a la vez parecía nervioso, tembloroso y dolorido.
Caminaron en dirección a la iglesia. La gente les dejó sitio y se fue colocando tras ellos. Era bastante grande y parecía aún más grande tan vacía. Elorap caminó por el pasillo central conteniendo la respiración. Al final del pasillo había un ataúd lleno de flores de colores. En el ataud estaba Verbo.
Caminaron hasta muy cerca del ataúd y se sentaron en el primer banco de la iglesia. Gris se levantó y se subió al púlpito, parecía más viejo y más serio. Elorap se acercó a Fango y le cogió la mano.
-¿Estás bien?- le dijo
Fango se limitó a apretarle la mano y sonreír. En ese momento Gris empezó a hablar.
-Una vida- dijo- Ni más ni menos. Cuándo empezamos éste camino, Verbo ya estaba allí y ahora debemos seguir ese camino sin él. Nos deja el ejemplo de su palabra. Nos deja las manos con las que forjó nuestras vidas. Nos deja su perseverancia, su inteligencia, no deja tantas cosas…
Una de las personas mayores del público se levantó. Era una mujer apergaminada, aunque aún atractiva, muy flaca, con las manos agrietadas, los labios pintados de rojo y un pelo lacio y rubio poco abundante.
-Nos amamos una vez- dijo- Al principio del todo. Me contó que las cosas serían distintas, que podían ser iguales o distintas y que era mi elección. Y elegí. Y las cosas fueron distintas. Pasamos tanto miedo que esa noche dormimos muy juntos e hicimos el amor como dos adolescentes.
La mujer se detuvo, emocionada por sus propias palabras. Una lágrima le caía por las mejillas, pero estaba sonriendo. Una chica más joven, aunque parecida a ella le tenía cogida la mano. La mujer se soltó y se llevó la mano a la boca, desde allí, lanzó un beso. Luego se sentó. Mientras lo hacía. Otras dos de esas personas mayores, ésta vez dos hombres, se habían puesto de píe.
El primero de los hombres llevaba un abrigo de color azul oscuro y estaba prácticamente calvo, allí dónde no tenía pelo le aparecían unas manchas de color marrón que recorrían su piel.
-Cuando empezamos a crear el código discutimos mucho. Discutíamos por todo. Supongo que eramos muy parecidos- la voz del hombre era ronca y tenía que detenerse para toser de tanto en tanto, pero era firme- aún hoy creo que yo llevaba razón en algunas cosas, pero él las llevaba en tantas otras. La gente cree que le llamábamos Verbo por las cosas que decía, pero no es cierto, empezamos a llamarle así porque no quería dejar de hacer cosas. No era simplemente Verbo, era el Verbo hacer.
Elorap escuchaba a todos aquellos ancianos fascinada. Según se iba sentado uno se levantaba otro y otro, contaban todo tipo de cosas. Algunas divertidas, otras tristes, las más de ellas simplemente emocionantes. Con algunas incluso se reía. A su lado estaba Fango, que no paraba de llorar. Las lágrimas le corrían por la cara como si tuviera un manantial en los ojos. Y no parecía querer parar, pero tampoco parecía muy triste. La sensación que Elorap tenía es que llorar era justo lo que necesitaba en ese momento, así que no le dijo nada.
Cuando terminaron de hablar los mayores empezaron los jóvenes, todos contaron sus historias sobre Verbo. Algunos simplemente decían “Yo no le conocí, pero una vez mi padre me contó…” O simplemente soltaban besos o rompían a llorar. Elorap perdió la cuenta del número de horas que estuvieron en el edificio, pero después de que hubiera hablado todo aquel que lo había deseado, el que habló fue Gris.
-La memoria es un tesoro- dijo- Y la guardamos como un Tesoro. Fango, ven.
Fango se levantó. Él no había dicho nada en toda la ceremonia. Subió los peldaños de mármol que llevaban al altar muy despacio. No dijo nada. Gris sacó un libro de su abrigo, era un cuaderno del tamaño de una cuartilla, de cuero marrón. Estaba atado con una cuerda y parecía bastante gordo.
-Este libro- dijo Gris- es la memoria de tu abuelo. Ninguno lo hemos leído, porque leerlo sería mezclarlo con nuestros propios recuerdos, cambiarlo. Y la memoria debe ser pura. Sin embargo, el responsable de guardarlo no soy yo, sino tú. Tuya es la responsabilidad de que nadie lo lea, de preservarlo intacto.
Fango cogió el libro con un gesto extraño, como si le pesara demasiado la carga de la responsabilidad. Elorap había escuchado las palabras de Gris, pero no las había entendido del todo. O al menos había algo en ellas que no terminaba de convencerla. Sin embargo, ella sabía que se estaba acercando su momento, así que su mente estaba demasiado ocupada juntando el valor necesario para hacer lo que creía que debía hacer.
Fango volvió a su sitio y Gris miró de nuevo al público.
-Hemos hecho lo que hacemos. Contar nuestras historias. Juntarnos y compartir. Ahora, si nadie tiene nada más que decir…
-Yo sí- dijo Elorap.
Se hizo el silencio. La Iglesia pareció de pronto más grande de lo que realmente era. Gris la miró con una mezcla de miedo, curiosidad y altas dosis de precaución. Elorap miró a Fango, que estaba a su lado completamente aterrorizado. Elorap le sonrío.
-Yo sí- repitió. Y se puso de píe. Avanzó hacía Gris.
-Ella es Elorap. La miembro más joven de “La Mano de las Palabras” y como miembro de pleno derecho de nuestra comunidad quiere expresar su cariño y su respeto por Verbo. Sea.
Elorap se dio la vuelta y miró a su alrededor. Estaba preparada. Era el momento que llevaba esperando desde hacía tanto tiempo. Aquello que estuvo a punto de contarle a Verbo el día que le preguntó si pensaba en números. ¿Cómo lo habría sabido? Ahora ya daba igual.
Empezó a hacer unos extraños sonidos. Sonidos parecidos a las palabras utilizadas en el código, pero que ninguno de los presentes había escuchado nunca antes. Siguió así durante unos segundos y luego empezó a hablar en el código que todo el mundo conocía.
-No me habéis entendido, ¿verdad? No me habéis entendido porque he usado palabras nuevas. Palabras que no conocéis, pero que son código. Son palabras que habitualmente no usáis, que no os interesan. Palabras como “diagrama” o “paralelepípedo” o “fractal” o… fórmulas. ¿sabéis que las fórmulas explican el mundo? Bueno, las formulas y las matemáticas. Quería haberle contado a Verbo mi propuesta antes de presentarla formalmente, pero lamentablemente murió antes de que pudiera hacerlo. He creado un montón de palabras en código para que Las Manos de las Palabras no tenga que ser solamente un sitio para contar historias, sino también un sitio para los matemáticos, los físicos, los químicos, los biólogos… Si consiguiéramos crear todo un lenguaje completo podríamos hacer que Los Silenciosos hablaran código y…
Para entonces sus palabras no se oían porque el estruendo era ensordecedor. La gente había empezado a murmurar casi en cuando había empezado a hablar y ahora estaba prácticamente chillando. Elorap no entendía que podía estar pasando. Miró a Fango, que la miraba con los ojos muy abiertos, no sabía sin enfadado o en estado de shock. Se dio la vuelta y miró a Gris… En ese momento se dio cuenta de que, sin saber muy bien como, se había metido en un lío muy, muy gordo.
Pobrecita Elorap... ¿En qué lío la vas a meter? En el fondo nuestra chica sólo es una incomprendida... Espero que tenga un final feliz!!! ;P
Jolie902 | 13 de Febrero de 2008 - 05:15 PMpobre Elorap... a saber cómo reaccionará Gris ahora...cuántos misterios por resolver!!
mrvertigoisagirl | 13 de Febrero de 2008 - 09:31 PMEstamos contigo, pequeña!!
kanae | 14 de Febrero de 2008 - 09:50 AM


