14 de Enero de 2008
Blerrinad: Cápítulo 29
En el que muere Verbo y Elorap descubre algunas cosas sobre la vida que ni siquiera sabía que sabía. Se prepara un funeral y Gris se quita la gabardina
Podéis leer el capítulo completo en el post extendido y el relato al completo aquí
Verbo murió una mañana, sin avisar a nadie, sin sufrimiento, sin hacer ruido. Se murió sin que Elorap pudiera enseñarle su plan. Elorap no lo entendía. No es que no entendiera que Verbo hubiera muerto, no entendía
porque había sido en ese momento, porque había sido sin dar ninguna pista, sin que ella pudiera prepararse, terminar su trabajo antes de que sucediera. No le parecía justo. Había llegado a asumir que la gente moría
y que, por extraño que pareciera, era una experiencia que todo el mundo iba a experimentar, era un fenómeno físico más o menos normal, aunque reconocía que en lo que a ella misma se refería no entendía muy bien lo
que sería estar muerta. ¿cómo sería? ¿Qué sentiría? Ni idea. La muerte no era una cosa que le pasaba a uno, sino a los otros, a los que se quedaban vivos. Por eso, Elorap creía que debía tener un sentido. Un tiempo determinado, una manera de proceder: Un orden. Si Verbo le había dicho que le podía contar su plan debía morir después de escucharlo, no antes. Y sin embargo Verbo había muerto.
La muerte de Verbo tuvo consecuencias en Las Manos de las Palabras. Elorap no era capaz de determinar exactamente qué estaba pasando, pero había cambios. El mayor cambio fue el de Fango. El día que se enteró fue como si se marchara de viaje sin moverse del sitio, quizás a la Luna a la que decía que podía viajar. Y lo peor es que Elorap no sabía que decirle. Gris, que habitualmente estaba tranquilo, se puso frenético. No paraba de hablar por teléfono, de concretar citas, etc. No se puso triste, se puso a preparar el funeral.
Lo malo no es que hubiera un funeral, lo malo era que en el funeral se iban a contar historias. La muerte no es algo que le pase a uno sino a los otros. Cuando murió aquel chico albino en La Facultad de libre invención no hubo funeral. Sus padres recogieron sus cosas y preguntaron si seguirían pudiendo hablar con normalidad o tendrían que volver a pagar. Esa manchita azul llena de sangre en la cabeza no tuvo funeral. Verbo sí, Verbo iba a tener un funeral por todo lo alto. Por lo que Elorap le escuchó decir a Gris, toda la comunidad de Las Manos de las Palabras iba a estar allí.
Fue entonces cuando a Elorap se le ocurrió la idea. Fue al saber que todo el mundo estaría allí contando historias sobre Verbo y para Verbo que tomo su decisión. Los días siguientes, cuando Gris le preguntaba por la historia que iba a contar en el funeral, Elorap se limitaba a sonreír. Ella notaba que Gris estaba nervioso y sabía el motivo, no quería que ella contara una mala historia, pero no estaba preocupada. Una vez tomada la decisión ya no tenía motivos para preocuparse. La muerte de Verbo no había tenido sentido hasta ese momento. La muerte es lo que le pasa a los otros.
Llegó el día del funeral de Verbo y Elorap se vistió con un traje especial, de color negro y, aunque odiaba decirlo, se sintió guapa por primera vez en su vida. O al menos le importó. Y supo que quería que Fango la viera así, a pesar de que hacía muchos días que no hablaban.
Iban a ir a una Iglesia. Gris también iba vestido de negro y había dejado su gabardina, así parecía alguien relativamente normal. Su hermano Leo, que no parecía entender muy bien qué estaba pasando, iba vestidos con unos pantalones verdes y una camiseta de color blanco. Gris no decía nada. La noche anterior Elorap le vio mirando aquella foto de la chica y él y murmurando cosas en voz baja, pero no entendió lo que decía.
Llamaron a un taxi y fue divertido ver a Gris escribirle las notas de la dirección sin decir nada. Casi nunca se relacionaban con silenciosos y la sensación era extraña. El taxi les llevó a casa de Verbo, dónde ahora
vivía solo Fango. Le iban a pasar a buscar. Habían quedado con él en la puerta. Cuando llegaron no había nadie.
Tras unos minutos de espera Elorap le pasó una notita a Gris. “¿Quieres que suba a buscarle?”. Gris asintió.
Elorap subió corriendo las escaleras. Ardía en deseos de contarle a Fango lo que había decidido, aunque no sabía si sería mejor darle la sorpresa en la ceremonia. Llegó a su piso y llamó a la puerta. Nada. Volvió a llamar.
De nuevo, nada. Elorap se inquietó, ¿quizás Fango había salido antes o iba a la iglesia por su cuenta? La verdad, no lo sabía. Los últimos días había estado muy distante con ella. Volvió a llamar. A la tercera vez oyó un ruido, como de alguien moviéndose.
-¿Fango?
Se hizo el silencio. Volvió a llamar. Nada. Llamó una tercera vez.
-Fango, tenemos que irnos…
Nada. ¿Qué debía hacer? ¿Avisar a Gris?
-¡No pienso moverme de aquí, imbécil!- El insulto siempre había funcionado bien para espabilar a Fango, pero ésta vez no dio resultado. Los segundos se convirtieron en minutos y Fango seguía sin decir nada. Quizás no estaba allí, quizás se había equivocado… Aunque probablemente fuera otra cosa.
-Siento mucho no haberte dicho nada estos días, ¿vale? No sabía que decirte- Elorap notó que le ardían las mejillas.
Algo contundente golpeo contra la puerta con pesadez. Elorap se echó un poco hacia atrás.
-De verdad, Fango, lo siento. ¿Me dejas entrar?
El silencio duró tan solo unos segundos más.
-¿Va a ser así siempre?- la voz de Fango sonaba lejana. Cansada. Hueca.
La puerta se abrió. Ante Elorap estaba Fango. Pantalones vaqueros raídos de color negro, camiseta verde de manga corta llena de manchas. Alto, desgarbado, con el pelo moreno mal cortado. Sucio. Flaco. Con los ojos
rojos y casi cerrados. Con lágrimas cayéndole a los lados de la cara. Parecía más mayor. Mucho más que hacía tan solo tres días.
Elorap se quedó paralizada al verle. No sabía qué hacer. Ni que decir. No sabía si quiera como moverse.
-¿Va a ser siempre así? ¿Todo el mundo se va a marchar? ¿Así? Una mañana sin decirnos nada. Sin despedirse.
Fango apretaba los puños. Elorap notó que se le escapaban las lágrimas. No sabía porque estaba llorando, pero le daba igual.
-Dame una respuesta- exigió Fango.
Elorap le miró con los ojos bañados en lágrimas.
-¡Eres más lista que yo así que dame una respuesta!.
Elorap se le acercó y le miró a los ojos.
-Probablemente sí- dijo Elorap.
Fue como si una patada golpeará a Fango en el centro de la tripa. Casi llegó a encogerse, sólo que no se movía. Trago saliva. Seguía llorando.
-¿Y qué vamos a hacer?- dijo.
Elorap se le acercó a y lo abrazó con todas sus fuerzas. No dijo nada. No sabía que decir y no quería decir que no sabía lo que se hacía. No conocía las instrucciones, ni el método. No sabía nada de nada. Hay cosas sobre las que no tenía ni idea. Pero lo abrazó sin parar apretándose contra su pecho, llorando ella también. ¿Cuánto tiempo estuvieron así? No lo sabía. Cuando se separaron, Fango se secó las lágrimas.
-Prometemé que nunca me vas a dejar solo- le dijo.
-Te lo prometo- mintió Elorap.
Era una de esas mentiras que no hacen daño, al menos no en un primer momento. Simplemente, no se sintió con fuerzas para decirle que eso era imposible. Tampoco sabía muy bien cómo estaba tan segura de que era
imposible. Le cogió de la mano y le metió en el ascensor.
-Va a ser un funeral muy chulo- dijo.
Fango se río como si ya no se creyera algunas cosas. Quizás no había funerales chulos, pero Elorap sabía lo que tenía que hacer en éste. Lo sabía más que nunca.
Fango la miró a los ojos.
-Gracias- le dijo.
La muerte no le pasa a los muertos. Le pasa a los que se quedan. Elorap le apretó la mano con fuerza.
Guillermo Zapata a las 11:48 AM | Referencias 0Jo, qué triste!!! Y encima me has dejao muy intrigada con la sorpresa que tendrá preparada Elorap... No tardes un mes en contarla, eh???
Jolie902 | 14 de Enero de 2008 - 04:27 PM:(
Fango mola cada vez más.
Kanae | 16 de Enero de 2008 - 11:48 AMpor tu culpa me pican los ojos...me he leído todos los capitulos seguidos...
a ver si nos enteramos ya de la sorpresa de Elorap



