5 de Noviembre de 2007
Blerrinad. Capítulo 26
En el que Elorap hace repaso de lo vivido, Fango descubre que no es bueno usando las escaleras o los ascensores y se habla de la importancia de las estrellas, los cobardes y otras historias de amor.
Podéis leer el capítulo completo en el post extendido y el relato al completo aquí
Segunda Parte
Capítulo Veintiseis
Leo Dormía. Y Gris también. Elorap miraba a la ventana de su habitación desde la cama. Escuchaba el silencio de una ciudad que nunca hablaba. Los “silenciosos” estaban fuera. No decían nada porque hablar era caro. Ella había huido de casa. Se había escondido con su hermano bajo la protección de Gris y los suyos: Las Manos de las Palabras. Allí había aprendido a hablar código. Un lenguaje nuevo que engañaba a las máquinas. Elorap adoraba el código, su morfología, su sintaxis, todas las palabras que había conocido gracias a él. Todo le gustaba. Pero querían que contara historias y ella no tenía ningún interés en contarlas y lo que era pero, parece que en “Las Manos de las Palabras” las matemáticas estaban prohibidas. Estaba intranquila, quería ser capaz de contar historias como los demás, no quería defraudar a Gris, pero a la vez sentía que no era eso lo que quería hacer. ¿Había andado tanto para eso? Echaba de menos a su madre y a su padre, aunque en realidad no era exactamente a su madre y su padre, sino más bien a un fantasma de cada uno. Al reflejo que cada uno proyectaban. Sus padres habían intentado que volviera a casa con mentiras. Era intolerable. Gris no la mentía nunca.
Se dio la vuelta intentando conciliar el sueño y cerró los ojos. Su cerebro era un torrente de emociones luchando por salir. Era como si le hubieran puesto un freno a sus ansias de imaginar máquinas, cachivaches, fórmulas imposibles, etc. Y su cerebro se rebelara al aburrimiento de imaginar historias inventadas.
Sonó un ruido en la ventana. No muy fuerte. Un leve “poc, poc, poc”. Pero era un ruido rítmico. Los pájaron no hacen ese tipo de ruidos. Elorap se dio la vuelta y volvió a mirar a la ventana. Casi no entraba la luz de la noche, porque una figura bastante grande bloqueaba el marco de la ventana. Elorap dio un respingo y se puso de rodillas sobre la cama, asustada. A contraluz Fango era realmente aterrador.
Elorap le reconoció tras el primer susto y corrió a abrirle. No es que tuviera muchas ganas de hablar con él, pero estaba apoyado en el alfeizar de una ventana en un noveno piso. Abrió la puerta y Fango entro sigilosamente. Llevaba unos pantalones vaqueros grises bastante viejos y una sudadera con capucha de color negro. Le sonrío. Elorap optó por darle una bofetada.
-Te podrías haber matado- le dijo.
-No creo- dijo Fango pasándose la mano por la mejlla.
-¿No sabes llamar a la puerta?
-Es casi media noche.
-¿No sabes dormir a tus horas?
-No tenía sueño.
Siempre tenía que decir la última palabra.
-Gris está durmiendo.
-Venía a verte a ti, te dije que te llamaría.
-¿No sabes usar el teléfono?
Fango se encogió de hombros. Igual no sabía usar el teléfono.
-Me apetecía más verte.
Elorap notó como se le ponían rojas las puntas de los pies y supuso que si semejante parte de su cuerpo había iniciado semejante trasformación, la orejas y mofletes debían liderar el proceso. Bajo la cabeza. Esperó a que se le pasara el apuro y luego respondió como solo una niña madura podía.
-Pues ya me has visto, ¿algo más?
-¿Quieres ver las estrellas?
-No seas cursi- respondió Elorap automáticamente.
Fango la miro unos segundos y luego se rió.
-¿De que te ríes?.
Fango la miró mientras su risa se iba apagando.
-De ti. Te gustan las matemáticas y la física y todas esas cosas que desde un punto de vista razonable no le son útiles a nadie, pero te invitó a ver estrellas y te crees que es una propuesta romántica y llorona. No me gustan los cuentos de hadas, pero pensé que a ti si te gustaría ver el fenómeno físico de algo que lleva muerto millones de años y sin embargo sigue luciendo.
Elorap se quedó con la boca abierta.
-Eso lo has ensayado- dijo.
Gris la miro directamente a los ojos y Elorap notó como el corazón se le apuntaba a un grupo de samba.
-Si, ¿vienes?
Fango había abierto la ventana y tenía medio cuerpo fuera.
-Preferiría ir por las escaleras- dijo Elorap.
-Tú te lo pierdes.
Fango desapareció por la puerta. Elorap contuvo la respiración. No pensaba hacer caso de sus temeridades. Llegó a un pactó consigo misma, subiría a la terraza a ver las estrellas, pero por las escaleras, como la gente normal. Ese imbécil de Fango no se iba a salir con la suya siempre.
Abrió la puerta de la azotea. Se había puesto una manta encima de su camisón, pero tampoco hacia mucho frío. El suelo estaba iluminado por una luna enorme de color blanco y el cielo estaba plagado de estrellas. Parecían bombillas. Fango estaba sentado en el borde de la azotea, con los píes colgándole hacia fuera y las manos apoyadas en la baranda, semi recostado. Elorap se acercó a él sin hacer mucho ruido. Abajo, la ciudad seguía ajena a prácticamente todo.
-¿Te gustan las estrellas?- dijo Elorap.
-Mucho- dijo Fango sin mirarla. Con los ojos fijos en el cielo.
Se quedaron en silencio durante un buen rato. Escuchando sólo su propia respiración y como poco a poco se iba acompasando con la del otro.
-¿A ti te gustan?- dijo Fango.
-Bueno… No mucho. Están bien, pero… están muy lejos. Quiero decir que no se pueden tocar ni nada.
-Si que se pueden tocar. Yo puedo viajar hasta una estrella y volver sin moverme del sitio- dijo Fango con los ojos fijos en el cielo.
-En serio- dijo Elorap, excitada- ¿cómo?
-Con las historias- dijo Fango contundente.
Elorap se le quedó mirando decepcionada. Otra vez las historias.
-O sea- dijo Elorap- que con las historias puedes ir hasta las estrellas sin moverte del sitio.
-Exacto- dijo Fango orgulloso.
-Eres un cobarde- dijo Elorap.
No lo dijo de forma violenta o despectiva, era una mera descripción. Desde el punto de vista de Elorap las expresiones “cobarde” o “valiente” no eran buenas o malas, sino dos puntos de vista distintos. Leo no parece pensar igual porque se incorporó de un salto y se la quedó mirando desafiante.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Quiero decir exactamente lo que he dicho.
-No soy un cobarde.
-Claro que sí, cuentas historias sobre viajar a las estrellas para no tener que viajar a las estrellas.
Fango se quedó mudo. Fue a iniciar una frase, pero no le salieron las palabras. De pronto, Fango se sentó en el suelo, parecía triste.
-Mi abuelo se está muriendo- dijo.- Y no creo que pueda contarle ninguna historia que vaya a salvarle.
Elorap le miró con los ojos muy abiertos. De pronto Fango parecía pequeño y frágil. Un chico no muy mayor que ella. Se acercó y le abrazó. El corazón le latía a toda velocidad, pero Elorap no le hizo caso. Fango la miró y la besó en los labios. A Elorap no le importó lo más mínimo. A decir verdad, en ese momento no le importaba nada más que intentar que Fango se sintiera bien. Pensó en si habría alguna historia que sirviera para contar en ese momento. Si la había, ella no la conocía. Así que se limitó a besarle también, como si fuera el fin del mundo.



