3 de Noviembre de 2007
Una perspectiva diferente- Inventa una Historia 2007
Publico la última historia del concurso y hago una pequeña trampa. Tenía previsto publicar una historia mía en la que había de todo, una superproducción en lo que al relato corto se refiere. Había superheroínas, tíos buenos y hasta hacia un cameo Meredith Grey (La moza de Anatomia de Grey, para más señas) El caso es que no la he acabado. No lo he hecho por cuatro motivos
1)No sé (aún) como llegar al final y la historia me gusta lo suficiente como para esperar a descubrirlo.
2)No me ha dado tiempo (por pura vagancia probablemente)
3)Un pequeño plan para el año cuatro de éste blog que ha empezado a formarse en mi cabeza desde hace unos meses.
4)Tenía repuesto.
En 2002, en concreto en Agosto y mucho más en concreto el día 4 de Agosto, terminé un relato que formaba parte de algo que quedó en nada y que se llamaba "Los Cuentos del Espejo". Eran catorce cuentos que se quedaron en cuatro de los cuales sólo hay dos buenos. Este es uno de los dos. Lo leí hace unos días y me gustó y me gustó más incluso que cuando lo escribí. Era como si el yo de 23 años le mandara una carta al yo de ahora. El yo de 23 años estaba equivocado en algunas cosas (Atención al detalle sobre Oliver Stone) y era más ideológico y autoreferente, pero me parece que se merece una oportunidad. Por aquel entonces ni siquiera tenía blog :=)
Espero que os guste.
“Nike, en apariencia la mayor marca de vestimenta deportiva del mundo,
no posee ninguna fábrica, limitándose a ofrecer el uso de su logo e invirtiendo
exclusivamente en marketing y publicidad”
Naomi Klein: No logo
“En tiempo de Guerra la propaganda es determinante”
(Luca Casarini: Desobedecer y Desertar)
Me reclino cómodamente en la sala. La luz a oscuras, los sillones amplios, de cuero, muy confortables, no hay nadie a mi alrededor. Respiro y me acomodo en el silencio. Miro el reloj, son las diez y media. Suficiente. Indico que pongan la película. La pantalla se ilumina con un destello leve y en seguida puedo ver las imágenes. Cuando terminan de pasar (el montaje que me han preparado es de unos tres minutos) les pido que lo proyecten de nuevo. Elijo las partes que más me interesan, especialmente el momento de llegada del segundo avión. Si se pasa a cámara lenta, al ir tan rápido, parece un poco mecánico, como una maqueta. Sin embargo, si se acelera un poco le da un dinamismo muy interesante, es una pena ese plano frontal, pero confío en que dentro de unos días haya tomas de otros ángulos donde se vea mejor la explosión.
Siempre que hay una catástrofe aparecen cámaras por todas partes, es como si nos fuésemos vigilando los unos a los otros, con cámaras de video portátiles, que portamos de viaje en viaje con la esperanza de llevarnos algo de muerte para alimentar el objetivo. Seguro que habrá más planos.
Pido que aíslen ese trozo y me lo repitan en un bucle. Es perfecto. Después vuelvo sobre esta escena, quiero seguir las noticias. Me las ponen. El caos es bastante absoluto. Hablan de otros seis aviones. En la oscuridad de mi sala pienso morbosamente en donde caerá el próximo. El del pentágono realmente me ha impresionado, incluso me aturde. Las pantallas no pueden dejar de mirar, de mostrar. Los comentaristas no pueden explicar lo que ven. La corriente de pensamiento mundial se ha colapsado, el orden, la seguridad, todo eso ha desaparecido, no sólo aquí, en todo el planeta.
Muchas visiones hablan de que se pre- determinan los acontecimientos. Eso son chorradas, gilipolleces de Universitario. Los acontecimientos no se pre-determinan, se puede determinar una inversión en mercados a gran escala, o la compra de una multinacional. Se puede decidir un golpe de estado o el resultado de unas elecciones, pero no un acontecimiento. Los acontecimiento lo son precisamente porque no se pueden decidir, porque no se predicen. Porque cuando suceden sólo se puede improvisar.
Todo lo que se puede decidir es lo que mantiene este mundo unido. Todo el mundo sabe que su vida es una mierda, pero es segura. Todo el mundo espera que gane las elecciones el mismo presidente, u otro con la cara distinta, que les den un poco de espectáculo y que luego desaparezcan sin dejar huella. Los acontecimientos imprevisibles son los que cambian el mundo. Me digo esto mientras observo en la pantalla de mi sala de visionado la caída de las torres gemelas... ¿ah?, ¿quién podía decir que se iban a caer? Nadie. Puedes determinar un atentado, pero no sus resultados, puedes estrellar un avión contra un edificio, pero no puedes prever si ese día irá una estrella de la televisión, o si la planta que salta por los aires es la de una empresa de seguros que hace quebrar toda la economía. Esos son los acontecimientos... (decido escribir y reorganizar este reflexión para la cita de Davos de Enero, aunque tal y como están las cosas, igual se celebra aquí, en Nueva York )
La imagen tiene fuerza en sí misma, es muy atractiva. Podría aparecer en cualquier película de Hollywood, podría ser un James Cameron cualquiera, y eso me gusta, porque tiene la fuerza de un símbolo, y los símbolos son lo que mejor se vende, como la imagen del los Yuppies corriendo por el puente con la estatua de la libertad al fondo, eso... pimba, eso va directo arriba. Al inconsciente. Los yuppies corriendo, ¿quién lo iba a decir? O Manhattan bajo esa nube de polvo, esa espesa nube tapándolo todo... es como de ciencia ficción.
Bueno, hay mucho que hacer. En medio de la sexta o séptima proyección lo dejo, me levanto y salgo. Anthony me espera fuera, le miro de arriba abajo, tiene los mofletes gordos y un bonito traje, el pelo rubio, poco abundante, está algo entrado en carnes y de vez en cuando suda como un cerdo, hoy no es el día, debe estar controlado. Es tímido y completamente bujarrón, pero tiene la cabeza perfectamente amueblada y lo recuerda todo.
-¿Que tenemos?
Ni siquiera se para a respirar.
-Han llamado de la casa blanca, bueno, de donde sea que esté ahora. También su corredor de bolsa, su mujer y gente de la empresa, parece ser que hay un problema con una empleada.
“Mi mujer, John, el puto bush, y la empresa” Le digo sin pararme ni a saludarle (nunca lo hago)
-Señor, no ha llamado el presidente. Era alguien de la casa blanca pero el presidente...
Le sonrío, algún día tendré que despedirle, es muy poco ágil, me gusta que me sigan los chistes. Es igual. Voy hasta mi despacho, miro hacia abajo, hacia la ciudad. Extendiéndose como un mar gigante, disparando sus brazos, nadando sobre el territorio. Una vez estuve en el campo, no duré ni dos días, es como si no pasara nada. Habría que acabar con él. El puto campo, vaya invento.
Me siento en la silla, miro el ordenador, esta petardeando como loco. Yo ya no veo números, es como una construcción geográfica, como un mapa, como leer el código de Matrix. Anthony me pasa la primera llamada, mi mujer.
Chilla, está histérica, me dice no se qué de la tercera guerra mundial. No sé de que demonios me habla, le pido que concrete, me empieza hablar del ataque terrorista, que si los niños, que si hay más aviones. Me pregunto porqué no me he separado hace años. Pienso en abogados y recupero la cordura. Le digo que no se preocupe, que no va a pasar nada, discurso de nación patriótica, vaselina para todos. Vale, se calma un poco, me dice que estará viendo la tele. Perfecto, hay es donde tiene que estar, como todos. Me pregunto porque no han puesto anuncios entre medias. No han parado la emisión. (Me anoto hacer unas llamadas, esta noche habrá especial informativo, los chicos de la CNN van a intentar devolver la calma, así que todo el mundo va a estar preocupado por entender que ha pasado, y todos van a esperar a que se lo explique la tele, por tanto, tenemos que estar ahí, con anuncios familiares, de unidad... sí, tengo que hacer unas llamadas).
Segunda llamada. John Stadford, mi corredor de bolsa, la cocaina le tiene siempre muy alterado, pero no es mal chico. Está cerca de los treinta , a decir verdad, se está amodorrando un poco. Hay gente nueva venida de Harvard y sitios así que tienen mucho aguante. Me cuenta lo que hay, tomo las decisiones pertinentes. Mañana va a ser un día jódido, todo el mundo va a hacer lo mismo, el pánico se adueñará de los mercados, hay que ser inteligentes. Mover capitales y redistribuir, pensar quien va a sufrir más perdidas, de donde se va a vender. Pero hay que asumirlo porque esto es como tirar una piedra a un lago, las ondas suceden, no se puede hacer nada.
Busco en mi ordenador cual es la compañía apropiada. Vamos a hacer un salto al vacío. Le digo las palabras mágicas. En siete minutos, la empresa no será nuestra, nadie la querrá, en veinte minutos el consejo de administración entrará en crisis, reajustarán la plantilla, dos mil trabajadores. Pienso que si van a desmantelar la empresa este año, es posible que al año que viene haya varias igual, se pueden mapear y recomprarlas introduciendo nuevos criterios de producción, mejor maquinaria, dando salida a algunas propuestas que tenemos estancadas. Se reactivará parte de la producción y saldremos a la bolsa en alza. La tecnología es una de mis mejores armas y lo sé (Y la uso) Le digo a John que no gimotee y cuelgo. Esta historia de las torres está poniendo a todo el mundo como loco.
Tercera llamada. La casa blanca. Me relajo y respiro porque sé que no son buenas noticias. Efectivamente, lo que me cuentan no es agradable, propuestas que no se iban a llevar a cabo ahora se van a llevar a cabo y propuestas que se iban a llevar a cabo ya no se van a llevar a cabo. Por lo menos han avisado. No creo que haya más de quince personas en los estados unidos recibiendo estas llamadas. Los cabrones de las empresas armamentísticas se estarán frotando las manos. Pero ese no es mi campo. Yo me muevo en otro espacio. La guerra no me interesa, pero siempre supone un cambio, cambios geográficos, casas que hay que reconstruir, países que hay que rediseñar. Gobiernos más permisivos. Epidemias que hay que curar, infraestructuras que hay que exportar, pero sobre todo. Ideas que hay que vender. Les pregunto si tienen algún sospechoso. Me dan un informe completo. Bin Laden ( o Ben todavía no lo tienen claro, asumo Bin) dicen que es el responsable. No me suena, pero me va a sonar, y como le va a sonar a todo el mundo me pongo en marcha. Ya sabía yo que había que llamar a la CNN. Les doy las gracias y ellos me las dan también.
He contribuido en todas y cada una de las campañas electorales de los estados Unidos. Hace meses en la polémica Bush, Gore, salía ganando con cualquiera de los dos. Sólo hay que saber moverse. La realidad es bien sencilla, la complejidad y el espectáculo son para la galería.
Cuarta llamada. La empresa. Tengo muchas empresas, empresas completas o pequeñas partes de muchas empresas, pero cuando Anthony me dice “la empresa”, hoy, once de septiembre, es evidente que se sólo se puede referir a una, porque es la única que opera en el World Trade Center. Me pregunto que demonios querrán, si el capital, los informes y todo lo demás está metido en ordenadores muy lejos de allí y ya he mandado está mañana un comunicado de apoyo a las victimas. O al menos he encargado que se hiciera. No entiendo que puede estar pasando. Lo coge Ralph Nader. 37 años, presidente adjunto del consejo. Moreno, pelo bien cortado, se cree un seductor. Un tocapelotas. Me comenta la situación. Al parecer una de las empleadas, que dan ya por muerta, estaba trabajando sin contrato, y si se ponen a investigar podría haber problemas. Su hermana, una mexicana que está aquí ilegalmente, esta hablando con mucha gente sobre su querida hermana y ha publicado el nombre en Internet, en la lista de desaparecidos. Sonrío abiertamente desde mi asiento, no hay nada que me produzca más satisfacción que tener excusas. “Estás despedido Ralph, vete a casa con tu mujer y no vuelvas a mi empresa”. Siendo sincero, ¿cómo este imbécil cree que se puede molestar al presidente de una gran compañía, de varias grandes compañías y gestor de otro montón, y venirle con que una puta mejicana sin papeles ha puesto el nombre de su hermana, otra puta mejicana sin papeles que estaría limpiando las colillas de tabaco de algún chupa pollas de wall street, en un foro de Internet?, ¿hay a alguien que le importe semejante mierda?, ¿este es el tío que da la cara por mí si hay un lío?, ¿un cretino que se caga encima si hay la más mínima sospecha de que tenemos contratada a una tipa que no existía y que ahora es ceniza?. No me jodas.
La llamada de Ralph me ha provocado ardor de estómago así que pido que me traigan un zumo. Ya sabía que iba a ser un día duro. Estaba en la oficina cuando pasó el atentado. Mi mente no es analítica, no es como la de los profesores, o los periodistas o los intelectuales, el menos no como la de aquellos que quieren cambiar cosas. Yo no funciono así. Las cosas cambian, a mi me da igual por que, esa es la clave del asunto. Las cosas cambian. Es evidente que voy a intentar, en lo posible, ser yo quien controle la situación, pero hay cosas que no puedes controlar. Y a mi me importa muy poco las causas, los motivos, a mi me importan las consecuencias. Tengo que pensar cuales van a ser las consecuencias de esto. Si lo pienso bien (y se que no soy el único que está pensando en esto). Es decir, si dibujo un mapa real de la situación y lo exploto como es debido, es probable que mi margen de beneficio se dispare. Cualquier crisis de los organismos de poder puede ser una crisis personal o un enorme beneficio, cualquier transformación en las estructura del mundo puede hacerme hundirme o sobresalir. Ahora mismo hay millones de tipos acongojados, aterrorizados, tipos que creen que su tiempo se acaba. No se puede vivir así. La clave es ¿qué podría sacar yo de esto?.
Los estados, los gobiernos, tienen poder. Yo no me encargo de controlar las revueltas, los disturbios, las amenazas. Los gobiernos saben que deben controlar eso si quieren seguir allí, mi labor es explotar cualquier crisis. ¿quién iba a decir, por ejemplo, que este año la policía iba a asesinar a aquel chaval en Génova?. Ni yo, ni nadie que conozca tiene esa función, nadie dice, “aprieten el gatillo”. Son los gobiernos los que tienen miedo. La cara pública. Yo no. Yo pienso en que al día siguiente mis periódicos deben sacar una buena foto de aquel chico, que mis periódicos deben hablar de descontrol y caos. Yo fomento el caos para poder vender el orden. Me gusta esta frase: “yo fomento el caos para poder vender el orden”. Es tan cierto como el mundo. Joder que sí.
Tengo miles de cosas que hacer, hoy más que ningún otro día. Pero lo primero es lo primero. Desde mi punto de vista, la clave de cualquier cosa, ya lo vengo pensando desde hace un tiempo, es lo del desorden. En un mundo ordenado tenemos ligeras variaciones, transformaciones imperceptibles que, poco a poco, van conformando la realidad. Sin embargo, en los momentos de caos, de desorden, es cuando los responsables de esas leves impercepciones que van configurándolo todo tenemos la obligación de ofrecer un nuevo orden. De reordenar la realidad, aunque esta realidad sea más dura. No se trata tanto de hablar del estado de bienestar o de la inseguridad, a la gente le importa, por encima de todo ello, el orden.
Cuando todo está ordenado, la gente puede volver a su estado de pasividad rutinaria, a sus pequeñas responsabilidades y miserias cotidianas, a pensar (como yo digo) en pequeño. Si la reordenación marca que hay que tener miedo (en ocasiones las circunstancias, evidentemente, se imponen) la gente entrará en al rutina del miedo, o del odio, o de la felicidad sostenible. En medio de todo eso, hay que saber nadar en varias direcciones. Porque no eres el único responsable de la realidad y porque no todo el mundo va a responder a la reorganización de la misma forma. La imagen de marca es una chorrada. Tengo 20 o 30 marcas, cada una para un público. Puedo sacar discos de Rap con la torres gemelas hundiéndose (joder, que buena idea) mientras emito anuncios de padres que protegen a sus hijos en coches enormes con lemas tipo “para épocas difíciles, la protección es lo primero” (Soy la hostia).
Apunto mis últimas ideas en la agenda electrónica. Luego tendré que pasarlas a “limpio”. Hablar con algunos colaboradores... otra llamada.
Es mi asesor. Tengo varios asesores. Lo cierto es que de este no recuerdo el nombre. Me dice que la película que estamos produciendo tiene problemas. Que hay demasiada violencia. Le digo que hablen con el productor ejecutivo. Me molestan estas tonterías.
Repaso mi agenda. A las 1:00 comida con Marion Hart de los informativos. A las 4 vienen los periodistas para la entrevista, sin duda me preguntarán por los atentados así que debo ir preparándome. Después no tengo nada. Todo el mundo ha cancelado sus citas. Yo también. Es curioso porque no tendría porque haberlo hecho, simplemente me parecía lo apropiado en una situación así. Ahora me encuentro con que no tengo nada que hacer.
Le digo a Anthony que me arregle las distintas citas y reordene la situación, también que me mande fotos del tal Laden, el de la torres. Si el mundo ha decidido, (y con esto quiero decir la casa blanca), que es el culpable, lo es. Aunque no viene mal tampoco sacar algo de confusionismo. Libros sobre la conspiración.
La conspiración es uno de los temas estrella del país, Si lograramos vender la conspiración al resto del mundo, seríamos invencibles. Los cubanos, Marilyn, Kennedy, hasta los alienígenas. Todo es fruto de una compleja y oscura trama orquestada por Washington. Creo que todo viene del asunto Watergate, pero en realidad se basa en que la gente deposita demasiada confianza en sus gobiernos, lo que permite que se sientan traicionados. Ahora con Internet, la fabulación y las teorías descabaladas, hacen que un montón de niñatos pajilleros jueguen a ser Mulder, ese es un mercado potencial. Así que alguna de mis editoriales sacará dentro de... dos meses o tres, quizás sea mejor un año, todo depende de la crispación que esto genere en el gobierno. Aunque intuyo que mucha. Sacarán un libro explicando todas las pruebas que el gobierno se ahorró comentarnos. Hay cientos de inspectores de vuelo suplicando por contar su leyenda urbana.
Fundamentalistas. Eso también va a tener tirón. “Hombres que se sacrifican por una causa, la de acabar con la libertad”- esto habría que pulirlo. Pero el fundamentalismo vende. Lo hicimos con Hussein en el 91, y lo hacemos con Hamas. El Demonio rojo a muerto y los niñatos del movimiento antiglobalización no hacen más que dar palos de ciego. Joder, Alan hacía un chiste sobre ellos que era tremendo... ¿cómo era?. Bueno, es igual. Fundamentalistas y conspiraciones, esto quiere el mundo. Los fundamentalistas deben vender terror. Si la gente va a tener miedo tiene que saber porque, así que hay que explicárselo.
¿Dónde he quedado con Marion?.Ah, sí. En ese asqueroso restaurante de diseño que tanto la gusta. Todo sea por el negocio. Me levanto, voy al armario de mi despacho y me pongo otra ropa. Me gusta ir de sport a estas reuniones. Especialmente con Marion. Pantalones de tela, gafas de sol y camisa blanca abierta modelo Gucci. Todavía hace calor. Me cepillo el pelo y salgo. Voy a ir en mi propio deportivo. No me gusta el chofer para estas cosas. Salgo del edificio y miro hacia arriba, ¿igual hicimos los edificios demasiado altos?. Mi madre tenía vértigo. Jamás hubiera estado en la planta no se qué del World Trade Center.
Cojo el coche y salgo a toda velocidad: la ciudad está desierta, como muerta, como en un velatorio. Empiezo a darle vueltas a la entrevista. Va a ser mi primera intervención pública, en cierta forma tengo suerte. Casi nadie saldrá en entrevistas... me refiero a gente como yo. Mañana estaremos en la sombra y serán los militares y los políticos (junto con algún representante del mundo de la bolsa) los que tomen la palabra, por tanto, mis declaraciones son extremadamente importantes, porque son una señal. Si salgo violento y me pongo a despotricar contra los árabes (lo cual no es mi estilo pero se puede explotar) estaré dando pistas para esa reconfiguración de la realidad. Las ideas se venderán en esa línea. Si salgo hablando de llanto y seguridad, se venderán otras cosas. Es decir. Tengo que pensar que es lo que quiero vender.
Pongo la radio, suena What a Wonderfull world interpretada por Louis Amnstrong, la locutora no puede ni hablar, quizás tiene algún familiar atrapado en las torres, muerto ya. Es algo absolutamente sorprendente que los presentadores de televisión se queden sin palabras, es en esos momentos en los que uno se da cuenta de la importancia del imperio que hemos construido con los medios de comunicación. No sabes lo importantes que son hasta que se callan. Ahora, en silencio, es como esos segundos que pasa el coyote cuando persigue al correcaminos y se queda en medio de un precipicio, este silencio son los segundos que pasa palpando la nada con los pies, antes de desaparecer del mapa gritando y reventándose contra el suelo.
Llego al restaurante en cuestión. Un aparcacoches me permite bajarme cortésmente y aparca mi vehículo: a mi alrededor mesas moradas tipo Ikea y extrañas e incomodísimas sillas. No me gusta este lugar, no me gusta su comida macrobiótica modificada genéticamente, ni las mujeres anoréxicas que sólo servirían para alguno de nuestros anuncios de colonia. No me gusta el tono pretendidamente homosexual de los camareros, ni su ropa de diseño ni sus perillas recortadas. No me gusta la forma en la que presentan la cómida (incomible) como si fuera un cuadro. No me gusta toda esta mierda de diseño que algún picha floja amariconado de la quinta avenida ha convencido al mundo que debe consumir. No me gusta y me jode que lo haya hecho tan bien. Me molestan estos niños bonitos... porque no suponen más que fluctuaciones. No son nada, me jode hasta cuando salen por la televisión. Esa mierda inventada por y para pijos no tiene ningún sentido.
Los guettos, los chavales negros que se apuñalan por unas zapatillas. Las gordas amas de casa del South Central con sus pelos teñidos y su compulsiva alimentación. Ese es el espíritu americano, ahí está nuestros consumidores. En las madres aterrorizadas que llaman a sus hijas al colegio por teléfono móvil. En las alarmas de seguridad y las escopetas que vendemos a padres que no tendrían una buena erección sino fuera por su programa de “super policías”. En los niñatos White Trash que consumen compulsivamente rock and roll y rap e imitan a sus ídolos.
Esta mierda de elite no le sirve a nadie y se mantiene en el mercado por su imagen cool, y sus nuevos sujetos “sociales” de clase alta que consumen cocaina importada de Colombia mientras escuchan discos free acid style jazz, que sincopan voces de Nat King Cole con proclamas socialistas. Mientras van a ver películas pretendidamente independientes financiadas en su totalidad por los restos del semen de algún ejecutivo de Hoollywood, que un día vio Matar a un Ruiseñor y estudió en alguna universidad californiana escuchando a los Doors y viendo películas de Godard. Putos subproductos.
Me sientan en una mesa de cristal, me puedo ver los pies. Flores delante de mí, no huelen claro, son de papel. Pido una cerveza. A los poco minutos llega Marion: la puedo ver acercarse desde lejos. Traje de color gris, modelo falda y pantalón, zapatos de color negro, tacón alto, piernas largas. Camisa de color blanco, abundantes y bien formados pechos realzados por un buen sujetador. Cuello alargado y figura esbelta. Gafas de pasta de color negras, como su pelo, bastante largo. Palidez y ojos verdes. Treinta y tres años. La productora de televisión de mayor talento que conozco. Me muero por irme a la cama con ella. Se sienta y me mira con la mirada penetrante y lúcida.
-Siento llegar tarde- me dice mientras abre su portafolios y saca unos documentos- comprenderás que tenemos un lío tremendo.
-¿Cómo está la gente?.
-¿Tú como crees que están?. Entre los que alucinan, dos presentadoras que no paran de llorar, los que claman contra los árabes y los tres despistados que dicen que esto iba a terminar por pasar, todo el mundo se ha vuelto loco. Lo que es evidente es que esto nos va a tocar a todos.
Tiene toda la razón. Pero en sus ojos hay un brillo ( y por eso me gusta tanto) de desafío, porque intuye, o sabe, que lo que vamos a contemplar es un nuevo mundo. Que si hay guerra, habrá corresponsales de guerra, habrá documentales. El movimiento global del mundo, la construcción total. Se van a replantear religiones enteras, estados completos cambiaran su forma de gobierno, incluso se moverán. Las migraciones crecerán, los países occidentales replantearán sus políticas de inmigración, etc, etc, etc. Igual hasta resurge el pacifismo.
-Podríamos ir por ahí.
-Por ahí, ¿por donde?.
-Lo de que este suceso nos va a tocar a todos. La cuestión es que la gente está metida en su casa aterrorizada, necesitan responsables. Necesitan que alguien les diga lo que va a pasar. Esta historia ha metido a la gente en un “no saber” que los está volviendo locos. Lo que hace falta es convertirnos en la empresa que reconstruya su mundo. Que les diga “tranquilos”. Aunque sea “tranquilos, va a haber una guerra”. Ese debe ser el mensaje de deberíamos dar a partir de ahora.
-Como contar a la gente “que va a pasar mañana”.
-No se trata de tranquilizarles. Sino de volverles a instalar en un orden. Da igual cual. Quieren venganza, pero también quieren seguridad. Quieren volver a la puta burbuja donde estaban instalados. Quieren poner la televisión y ver que en sus series favoritas las torres no han caído.
La charla ya fluye por otros derroteros. Configuramos el documental de por la noche, tenemos que emitir así que nos planteamos cómo, nuestro planteamiento es el de la esperanza. Una especie de retrospectiva de los momentos más negros y peliagudos de nuestra historia y de cómo el pueblo americano había sobrevivido. Todo ese rollo.
Quedamos para vernos en dos días, necesito propuestas de documentales sobre el tal Laden, quien es, que hace, como funciona. No se trata de dejarle como a un imbécil, es evidente que no lo es. Así que es mejor un rollito tipo Espectra. No es cuestión de sacarle acariciando un gato pero es evidente que de aquí a una semana la gente va a estar hasta los huevos de la escenita del tío de cuclillas disparando la ametralladora, así que hay que verle en otro contexto. Difundir unos videos, yo que sé. La voz en off se puede inventar, aquí nadie sabe árabe. Leyendo el informe me he dado cuenta de algo extremadamente gracioso, parte de nuestros capitales están guardados en los mismos bancos. Que cabrón.
Vuelvo al despacho. Son las tres. Tengo una hora para repasar el mundo. Las reacciones europeas a los atentados son las esperadas. Todo normal. Vasallos que sirven a sus señores. Veo imágenes de chavales palestinos celebrando el atentado. En seguida me doy cuenta de que están descontextualizadas. Se nota por el tamaño del plano, porque son demasiado pocos, por detalles. Podrían haber pagado a quince chavales y sacar una imagen actual, pero usan imágenes de archivo y dan carnaza para los intelectuales izquierdistas. Aunque bueno, estos han encontrado el súper filón, estarán en su casa intentando dar una imagen de diversidad, cuando van a salir todos a piñón fijo a decir que la verdad es que se trata de un autogolpe, o que detrás no está Bin Laden. Joder, no entienden nada, ¿qué más da quien haya hecho esto? ¿Importa a caso si son los árabes o la utraderecha norteamericana? Que más dá. Los intelectuales deberían pensar como yo, con perspectiva. Preocuparse de donde están. No de lo que ha pasado, sino de lo que cabe esperar que va a pasar. Si hay algo oscuro detrás de esta historia (resulta que Bin Laden es ex agente de la CIA- gran novedad, la mayor parte de los terroristas y enemigos públicos del mundo occidental lo son) nos enteraremos cuando Oliver Stone haga la película. Cuando de igual. Y entonces diremos que en América, la verdad, siempre sale a la luz.
Cuando miro la pantalla de mi ordenador puedo ver un mapa, pero no es un mapa fijo, es un mapa móvil, que cambia constantemente. Mis empresas son los estados nacionales de ese mapa, y es como si hubiera una guerra permanente de unos estados contra otros, con sus fusiones, sus alianzas momentáneas. Todo completamente etéreo, pero completamente real. Cuando todo el mundo vende y las empresas pierden valor, se cierran. La gente es despedida, se va a la calle. Es maravilloso. Como jugar al Risk, invadiendo territorios. Y en el Risk soy el mejor. Hago otro par de llamadas a diferentes empresas, cambios sutiles, reestructuraciones. Reordeno mis fichas en el mapa.- Hay días, como en la guerra, que pierden todos, hoy es uno de esos días. La mayor parte de la gente se retira acobardada, pero los grandes, los enemigos de siempre, aquellos a los que tienes un respeto reverencial, a los que reconoces las jugadas que te hacen. Esos, como tú, están tomando posiciones.
Tengo que descansar. Estoy cerca de los cuarenta y ya he tenido un amago de infarto. Durante una época lo solucionaba a base de drogas, pero estaba demasiado descontrolado. Así que lo deje. Después empecé a subir. Algunas ideas para programas de televisión, buenas jugadas en bolsa, dos inversiones. En estos últimos diez años he subido mucho. Me codeo con esos carcamales de las grandes multinacionales. Los ancianos piojosos del foro de Davos y toda esa mierda. Hablan como si fueran gobiernos. Lo odio. No me gusta controlar a los gobiernos, es una perdida de tiempo. No necesito meterle la mano en el culo a George Bush y moverle los labios como si fuera un ventrílocuo, no necesito eso. Se basta y se sobra solito para decir las cosas que me convienen. Es como nosotros, como Soros, o como yo: un empresario, sólo que de una clase peor. Tiene ideales. Prohibiría libros, limitaría las formas de vestir, pondría límites. Es absurdo. Las limitaciones sociales en occidente no permiten que grandes capas de consumidores se acerquen al bienestar social. Necesitamos a gente con dinero para comprar televisiones que les digan lo que tienen que comprar. Necesitamos reorganizar el mundo con espacios de producción y espacios de consumo. Así es como se hacen las cosas.
Esta mierda de las torres gemelas va a desequilibrar el estado del bienestar porque los intereses geopolíticos de los estados nación se están inmiscuyendo. Es una cultura de la destrucción del enemigo. Afganistán no necesita una instalación colonial de los estados Unidos, necesita que mis constructoras coloquen allí sus espacios de producción y consumo. No quiero tener nada que ver con el Bin Laden terrorista, pero podría entenderme muy bien con el Bin Laden empresario. Así se acabaría el invento. ¿cuál es la ideología de la empresa?. No puede haber empresas de izquierdas o de derechas. ¿eso que mierda es?. Los halcones del ala derecha estadounidense quieren más patria, más bandera, más mierda. Quieren que produzca sólo en estados Unidos, que genere bienestar aquí. Que se mueran, que se vayan a la mierda (seguro que hoy han caído unos cuantos). Mis fabricas están bien donde están. Demonios, tengo que descansar.
Los periodistas son dos. Un chico y una chica, ella: fotógrafa, tetas caídas, pelo rubio cortado a capas, varios pendientes en las orejas, pantalones de color vaquero y botas... lesbiana, seguro. Él es un tipo intrépido salido de alguna universidad privada, tiene el pelo bien recortado, nariz aguileña, ojos oscuros y un traje que se ha puesto para la ocasión pero que le delata como pardillo, es evidente que la chica me odia (una pena, me hacen gracias las lesbianas) él por el contrario me admira, cree que tendría que abrir mucho la boca para meterse mi enorme polla de ejecutivo agresivo entre pecho y espalda, pero nada más lejos de la realidad. Si él supiera. Les pregunto si quieren tomar algo y me dicen que no, yo voy a tomar un zumo (ya me he cambiado de ropa, por supuesto) y todavía no las tengo todas conmigo respecto a qué decir. ¿Quién voy a ser?
-Bueno, parece evidente- dice el joven intrépido- que tenemos que empezar por los atentados. ¿Qué cree que está sintiendo la nación americana ahora mismo?
Eso es ir directo al grano. Se siente un tío importante. El “parece evidente” del principio quiere decir que va a ser él quien decida cual es el rumbo de la noticia. Pero eso no es lo importante. Lo importante es darle la vuelta a su planteamiento pueblerino. A su única e indivisible nación americana. Es posible que, desde el punto de vista de la nación, sea necesaria esa amorfa unidad, pero no para las ventas. Ya sé quien voy a ser.
-Unidad- le digo sonriendo- el pueblo americano no es un bloque de cemento. Es una nación creada por miles de personas venidas de muchas partes del mundo. Crecidas en diferentes culturas y con estilos de vida muy diversos. Pero lo que nos define, hoy más que nunca, es que por encima de estas diferencias, somos una nación unida. Todos estamos poniendo nuestra diferencias a trabajar por esa unidad. Eso es lo importante del pueblo americano. Ningún atentado va a poder acabar con eso- nueva sonrisa.
Bueno, niño bonito, ¿quién tiene la polla más grande de la habitación?- exceptuando a tú amiga la fotógrafa bollera- el chico se ve reconocido en su pequeño líder de opinión. Bienvenidos a la reconfiguración del mundo punto com.
-¿cuál cree que será la respuesta de la casa blanca, ante este horrible acontecimiento?
Le miro con incredulidad. La chica ha terminado de hacerme fotos (Sí. Realmente le disgusto) y le indica al chico que le espera fuera. Esas preguntas no son para mí, así que, o bien quiere meterme en un lío, o bien es más idiota de lo que parecía en un primer momento.
-Creo que en este momento no es bueno especular sobre lo que la casa blanca puede o debe hacer, el presidente aún no ha dado una respuesta, lo cual es comprensible, lo primero en este tipo de situaciones es garantizar la continuidad del gobierno, hace apenas unas horas que todo ha sucedido y lo más importante ahora, antes que cualquier repercusión es recuperar la calma. Y estoy convencido de que la Casa Blanca trabaja para esto.
Me mira con un gesto difícil de describir, no es sorpresa, pero tampoco excesiva admiración, ¿qué quieres que haga chico?, ¿qué hago con tus preguntas de parvulario?, ¿quieres que te diga lo que tiene que hacer la Casa Blanca?, ¿te piensas que soy tan tonto como para dar directrices de ese modelo?. ¿y si alguien las siguiera?
-Desde una perspectiva más prosaica se podría decir que se ha golpeado el corazón de nuestro país, incluso, el corazón de occidente.
-Lo que es evidente, y esto es algo en lo que no reparamos muchas veces, es que representamos algo. Que nuestra nación representa algo, no sólo a nosotros mismos, sino al mundo entero. Y ese algo está representado por mitos. ¿de qué nos hablan esos mitos?. Nos hablan de libertad, nos hablan de prosperidad, nos hablan de fraternidad. Hoy se ha intentado golpear esos signos, pero el profundo error que cometen los causantes de esta tragedia es creer que eso va a detener nuestras ansias de libertad, de prosperidad, de fraternidad.
El chico ríe como complacido. Su risa es la de una hiena, me molesta. Me hace sentir como si fuera yo el que hago la entrevista para él y no él para mi.
-No podrán parar esas ansias.- dice.
¿Qué coño le pasa?. “Nuestras ansias” ¿a qué viene eso?. ¿es una forma de creer que vamos todos en el mismo puto barco?. Joder chico.
-El pueblo americano sabe donde encontrar refugio. Lo ha sabido siempre... –le digo mirándole fijamente.
Dejo colgando la respuesta. El chico me mira admirado. No se puede dar respuesta a esas preguntas. Si respondes esas preguntas te conviertes en un bufón. Sólo dejas caer el mensaje. “el pueblo americano sabe donde refugiarse” y entonces, el pueblo se jira y encuentra a su bandera, a su presidente. Encuentra sus soldados y nuestras estupendas series documentales sobre derechos civiles. Encuentra nuestros festivales por las víctimas. Encuentra el rostro amable de Tom Hanks, del puto Tom Hanks con su enorme cara de comedor de maíz del sur, con su gesto atontado, diciendo que “ahora hay que estar más unidos que nunca”. Encuentran nuestras series de televisión, con Ross y Rachel en un nueva York donde siempre será diez de septiembre. Eso es lo que nos hará completamente ricos.
El chico me sigue mirando. Debo haberme despistado un momento. “perdón- le digo”
-Decía que si teme la caída de las bolsas.
La bolsa, bien pequeño traga noticias, me gusta que vayas por este camino. Ahora les explicaré la diferencia entre quien está arriba y quien sigue jugando al broquer gilipollas.
-Mañana será un día de caos. Y sólo la gente que esté más preparada aguantará. Se va a vender mucho. Ya se está vendiendo mucho. La inseguridad no es buen factor para la bolsa.
Listo. Bomba de racimo lanzada. Si no puedes luchar contra las ondas que produce la piedra en el lago, lo mejor que puedes hacer es subirte sobre ellas e intentar surfear un poco. Si cabrones de mierda, la venta a comenzado. Si yo digo que tengáis miedo, tenedlo. Vender. Desplomaos.
El chico sonríe nervioso. Me empieza a preguntar de otras cosas. Sobre política financiera, sobre los nuevos proyectos y si estos se verán transformados por los atentados (le digo que si, claro, que le puedo decir. Hay que asumir el coste del acontecimiento. Pero no concreto demasiado en que términos se verán transformados). A partir de un momento ya es rutinario. Las mismas respuestas de siempre, sólo interrumpidas por otras treinta o cuarenta llamadas de teléfono. Luego se marcha con su compañera lesbiana, que le espera fuera sentada pacientemente mientras se fuma un cigarro.
Vuelvo a la soledad de mi despacho. A encontrarme con mis ansiados números. Con mis pequeñas repúblicas, mis pequeños países. Mañana estaré en primera plana de la sección economía. Así es como se irá configurando el mundo. Miro de nuevo por la ventana y parece que han pasado muchas horas, muchos días. Ayer el mundo tenía su habitual cadencia cansina, acostumbrada, lenta como un enorme paquidermo. Hoy sin embargo, es como si todo fuera a gran velocidad. El presidente desaparecido, las torres caídas, cientos de miles de reportajes de todo signo, terrorismo, reacciones internacionales, las bolsas petardeando. Y yo en medio de todo eso. Sólo una persona: un simple mortal. (Vaya chorrada, no necesito esto para que se me ponga dura).
Llamo a Anthony y le digo que me marcho a casa, que si surgen algún otro asunto aparte de las habituales llamadas que me llame al móvil. Salgo del despacho y cojo el ascensor, de nuevo despacio, pensando en el día de hoy, con la leve incertidumbre del error, ¿podría haberme equivocado?, lo apasionante del mercado financiero es que es como practicar un deporte de riesgo. Como hacer puenting. Todo está perfectamente organizado, los sistemas de regulación funcionan a la perfección, eres un experto y lo has hecho miles de veces, pero justo cuando estás en el aire, te dejas unos segundos para recordarte que quizás se rompa la cuerda, y que si eso sucede no tendrás otra oportunidad. Te reventarás contra el suelo como un muñeco de trapo. Soy consciente del riesgo, es lo que me gusta.
¿Se podrá ir hacia casa?. Joder, seguro que está todo Manhattan con controles. No dejarán pasar a nadie. Sigo en el coche. Las calles siguen vacías, esperando la llamada del presidente, como una señal alienígena. Nadie ha salido a la calle. No hay manifestaciones espontáneas como he visto en otros lugares del mundo. Es un lento y sumiso silencio, una espera agónica. Nadie quiere salir de casa.
Dos mujeres se encuentran por la calle, se ven y se abrazan, una es una mujer de unos cuarenta años, negra. La otra debe ser su hija. Las veo llorar. Quizás hayan perdido a algún familiar, pero puede que no. Puede que simplemente necesiten abrazarse. Mirarse a los ojos y reconocer que después de todo siguen estando ahí, que mañana irán a la escuela, o a trabajar, que podrán abrazar a sus maridos y reírse. Tocarse para reconocer que la realidad tiene más aristas. Algo así, no lo sé. Ya he pasado de largo.
Supongo que tarde o temprano tendrán que dejar pasar a la gente, dejarles volver a sus casas, así que hago tiempo. No pongo la radio. No podría soportar más gimoteos de los comentaristas, aunque supongo que para estas horas ya se habrán repuesto y habrán reiniciado la “charla”.
Mientras paseo con mi coche por la ciudad me pregunto por toda esa gente anónima que ahora está en su casa aterrorizada, pensando que se avecina una guerra mundial. Pensando que hay decenas de aviones dispuestos a reventarse contra todo, contra ellos mismos, contra sus casas. Inmóviles y sumisos ante el terror. Esa masa de silenciosos insectos que se ha visto de pronto, convertida en una masa de seres humanos, obligados a sentir, a pensar. Todos esperando a que la tele les indique que hacer. No han saqueado los supermercados. Todo el mundo está aterrorizado pero no hay un solo elemento de caos. Hay un orden en suspenso. Están esperando al nuevo orden. Aterrorizados. Incapaces de salir a la...
Hay un grupo de gente reunida en torno a una plaza. Serán unas treinta personas. Veo varias banderas. Pero es demasiado silencioso como para ser una manifestación. Detengo el coche sin preocuparme demasiado por donde dejarlo pues la calle está prácticamente vacía. Salgo y cruzo la calle. Hay hombres y mujeres, blancos, negros, algunos chicos jóvenes con bicis aparcadas. En el suelo hay un extraño símbolo que no puedo ver bien. Me acerco más, no me desplazan, me permiten acercarme, es el símbolo de la paz. Hay varias velas. Algunos rezan. Otros simplemente están allí, quietos, como esperando algo. Hay algo profundamente extraño en todo esto que me intriga. Quizás sea como las dos negras que se encuentran, se pide paz para seguir pensando que todo sigue existiendo, que queda realidad, como una forma improvisada de nuevo orden. Algo así. No lo sé. Hay varios carteles con fotos de gente, muertos en las torres, ¿cómo sabrán tan pronto que están muertos?. Algunas personas lloran. Otros cuentan terribles historias. Llamadas a móviles que dicen adiós, o mensajes en contestadores automáticos fingiendo alegría. Mensajes de fantasmas. Colgados en medio del tiempo. Otros dicen que varios cientos de personas se han tirado de las torres, desesperadas ante la imposibilidad de salvación. (Esto, evidentemente, no se ha emitido, así que se trata de gente que estaba en zona)
Sus gestos rotos. Sus miradas desencajadas, sus lágrimas. Su deseo de paz por encima de todo, una paz que no se puede explicar, una paz que quizás no sea militar, sino otro tipo de paz. Una paz amorfa y abstracta, carente de derechos. Una paz de símbolo que me llena de “orgullo”. Es un gesto humano. Una respuesta frente a la desesperación. Una gente reunida en torno a una plaza, que no se conocen, que se juntan sólo porque sí, porque lo necesitan. Que improvisan una altar kisch con velas y fotos, con textos escritos en servilletas y con banderas dibujadas por niños de siete años, con las estrellas que no parecen estrellas y las barras rojas y blancas torcidas. Americanos que no van a restaurantes de moda, sino que se encuentran en medio de la calle, nadie sabe quien ha puesto la primera vela y nadie lo quiere preguntar. Nadie dice “vamos a la plaza a hacer tal cosa...” es un gesto. Un deseo. Una necesidad....
Me hurgo en el bolsillo, quiero contribuir con algo propio a ese altar de llanto y alegría, a ese monumento a la paz difusa. Sólo llevo las llaves y la cartera... y, no, espera un momento. Aquí hay algo. Lo miro y me parece un complemento perfecto a este pequeño obituario. Lo deposito limpiamente junto a una foto de un chico con aspecto de recién salido de la universidad y gesto atontado. Allí. Mi contribución humana. Mi buena acción personal. El resto de las personas me mira con un gesto que no sabría reconocer. Me alejo del lugar, hasta el coche.
-Anthony- hablo por el móvil mientras conduzco- llamas a Martín Harris, el productor, sí. Le dices que me llame. Tengo una idea para el noticiario de la noche. He encontrado un gesto. Si. La unidad del pueblo americano en una plaza. Es perfecto. Es lo que necesita la gente. ¿crees que nos censuraran una llamada a la paz?. ¿Qué?. No, hay un símbolo de la paz en el suelo, junto a otro montón de cosas. Me preocupa dar un mensaje de pacifismo sin saber lo que va a hacer el gobierno. No importa. Usaremos la unidad del monumento y la condimentaremos con entrevistas a gente que haya perdido a sus familiares. No un rollo muy violento. Nada de venganzas. Sólo justicia... ¿qué?. Ya, ya se que no entiendes nada puto maricón, sólo pensaba en voz alta. Localiza a Harris.
Realmente es de una lentitud mental asombrosa. En fin. Hoy ha sido un buen día. Se avecinan nuevos tiempos. Eso está claro.
Me alejo de allí y me siento orgulloso de mi trabajo. Mañana todo el país podrá ver a ese grupo de gentes reunidas en torno a una plaza, rindiendo tributo a las víctimas, mientras otros piden justicia. El mundo hacia dentro, unidad y monumentos. El mundo hacia fuera, justicia y reconstrucción... paradójicamente, lo que más ilusión me hace de todo es que, en medio de los planos del grupo, junto a una foto de un chaval con pinta de universitario, se podrá ver mi pequeño y modesto billete de veinte dólares, mi contribución humana, mi buena acción personal, colocada como tributo a la masacre...
HISTORIA SOBRE LA JUC¡STICIA
roxana | 12 de Noviembre de 2007 - 10:20 PM


