4 de Septiembre de 2007
Blerrinad. Capítulo 23
En el que conocemos a alguns niños más.Se establece un debate sobre el sentido de las historias y Elorap descubre que hay quién piensa que la gente como ella o su familia, son tontos
Podéis leer el capítulo en el post extendido o leer el relato completo aquí
Segunda Parte
Capítulo Veintitres
A Elorap le gustaban las clases. Nunca se aburría escuchando a un profesor salvo que el profesor fuera aburrido. En esos casos, Elorap siempre había considerado la sinceridad como una virtud y había explicado claramente que el motivo por el que no estaba escuchando en clase, sino haciendo (probablemente) complejas operaciones matemáticas en su cuaderno cuadriculado. era que el profesor en cuestión era muy aburrido. Su sinceridad le había llevado más de una vez al despacho del director de su colegio. Pero eso era su vida anterior, cuando tenía un colegio y varios profesores y asignaturas distintas. Ahora pertenecía a Las Manos de Las Palabras y, por lo que había descubierto hasta el momento, las clases eran impartidas en exclusiva por “Gris” y versaban sobre una única matería: Las historias.
En defensa de Gris había que decir que conseguía hacer interesante una matería tan aparentemente ardua para Elorap como eran los relatos, los cuentos, etc. Gris era entusiasta, didáctico, cercano. Hacía chistes, movía las manos al hablar, preguntaba constantemente y era, en definitiva, el tipo de profesor que Elorap adoraba cuando estaba dando física o alguna materia que tuviera una utilidad real.
Estaban sentados en círculo en la azotea del edificio que les servía de escuela. Eran siete contándole a ella. Otras dos niñas, que se hacian llamar “Llave” y “Puente” y que atendían a las explicaciones de Gris con entusiasmo. Un niño regordete que parecía tener sueño todo el rato y que, por lo que había descubierto Elorap hasta el momento, respondía al nombre de “Moco”. Un chico alto y desgarvado que parecía mayor que todos ellos al que llamaban “Manos”. Un joven pelirrojo que no paraba de hacer preguntas que se llamaba “Dudas” y el más odioso de los chicos que habían poblado la tierra: Fango. Con su nombre de mugre y sus chistes y... Elorap le odiaba.
-Como decía- continúo Gris- las historias no son simplemente cuentos bonitos. Nos son sólo finales felices. A veces ni siquiera son finales en absoluto. Las historias sirven para que vivamos nuestras vidas. Sin ellas no seríamos capaces de hacernos preguntas. No seríamos capaces de discutir con otros. Sin las historias estaríamos atados a la fría cuenta de la razón numérica. Aquí se plantea una pregunta interesante, ¿para que deben servir entonces las historias? ¿Para vivir la vida o para comprenderla?
Los chicos se miraron los unos a los otros divertidos. Elorap no entendía nada. Las historias servían para coger el sueño por las noches o para distraer la cabeza cuando uno dejaba de pensar en lo realmente importante. ¿Qué clase de preguntas eran estas?
-Moco- dijo Gris- ¿tú que crees?
Moco se desperezó con velocidad y miró a a Gris.
-¿Qué creo sobre qué?
-La pregunta que acabo de hacer- Dijo Gris mirándole muy cerca de la punta de la nariz- ¿Has sacado alguna conclusión útil de tu pequeña cabezadita? ¿Alguno sueño que quieras contarnos?
Elorap se sorprendió al descubrir que Gris estaba realmente interesado por lo que Moco tuviera que decir.
-Es que... no me acuerdo de lo que sueño.
-Una pena- dijo Gris- entonces, procura mantenerte despierto.- Llave, ¿tú como lo ves?
Llave se toco la larga cabellera de pelo rubio casi blanco algo nerviosa.
-No sé. Yo creo que son las dos cosas.
-¿Las dos cosas? ¿Cómo es eso?.
-Pues que las historias sirven para vivir la vida y entonces por ejemplo pues si estamos tristes nos alegran o si tenemos miedo pues nos enseñan que no tenemos que tener miedo. Pero también nos dicen que en la vida nos van a pasar cosas malas o lo tontos que son Los Silenciosos.
Todos se rieron. Todos menos Elorap. Los Silenciosos era como se referían a la gente que no sabía hablar código y que no hablaba porque aceptaba pagar por las palabras.
-Mi madre es una Silenciosa y no es tonta- dijo Elorap en un código perfecto.
Elorap estaba acostumbrada a que si se avecinaba una discusión en la escuela, los profesores la cortaban de raíz, pero Gris no parecía querer parar lo que tenía cada vez más posibilidades de acabar como una gran discusión.
-Tu madre no sé si sera tonta, dijo Puente en tono repipi- pero va por ahí sin decir nada como si lo fuera.
-No dice nada porque tiene que ahorrar- dijo Elorap apretando los puños.
-Ya. Son tan tontos que se creen todo lo que les dicen por la televisión y así. Se creen que hablar es una cosa especial. Son bobos.
-No son bobos- insistió Elorap.
Elorap miró a Gris esperando una ayuda, pero el maestro no dijo absolutamente nada. Tendría que defenderse sola.
-¡No son bobos!- Chilló Elorap.
Estaba rabiosa. Quería aportar argumentos sólidos, pero le daba vergüenza. Su familia, al menos su familia hasta que se incorporó a Las Manos de Las Palabras no era nada tonta. En todo caso, su madre tenía demasiadas cosas en la cabeza como para entretenerse en descubrir que había otra manera de hacer las cosas y en cualquier caso, mierda, nadie se lo había contado nunca. Siempre le habían enseñado a tener miedo. Gris se acercó a Elorap y le acarició la cabeza cariñosamente.
-Elorap, cielo, ellos se rindieron. Muy listos no son.
Al oír aquello Elorap se sintió más derrotada que nunca. Más triste que nunca. ¿Cómo podía decir eso Gris?
El maestro levantó la mirada y dió una palmada al aire.
-Bien. Ahora vamos a hacer un poco de ejercicio: ¡Caza de historias!
El resto de los chicos grito un “Bien” colectivo y se pusieron todos de píe.
-Elorap, la Caza de Historias es un ejercicio muy sencillo. Nos separamos y caminamos por la ciudad buscando historias. Luego venimos y se las contamos al resto. Al final, explicamos como se nos han ocurrido. ¿Lo entiendes?
Lo entendía perfectamente y le parecía la cosa más tonta del mundo, pero estaba demasiado enfadada y triste como para discutir, lo cual tenía su cierta dosis de paradoja.
-Tenéis una hora.
Todo el mundo salió corriendo. Elorap bajó a la calle y miró a su alrededor. La gustaba estar sola. Por lo visto, los colegios en “Las Manos de las Palabras” no se diferenciaban mucho de los de “casa”. De pronto, notó una presencia a su lado y se dió la vuelta. Fango había salido de detrás de un callejón y caminaba ahora a su lado.
-Déjame en paz- dijo Elorap.
Fango caminó unos segundos en silencio a su lado y de pronto digo algo sorprendente.
-Yo no creo que sean bobos. Los he observado. La mayor parte de las historias que se me ocurren las sacó de observarlos y bobos no son. Son... fascinantes.
-No me interesa- dijo Elorap. Pero estaba mintiendo.- Si no te parecen bobos, ¿porque no has dicho nada en clase?
Fango se encogió de hombros.
-No me gusta discutir. ¿Vienes?
-No.
-Ah, vale- dijo Fango.
Y se alejó. Elorap notó un extraño resorte en su interior e hizo algo que nunca se habría esperado de si misma.
-¡Eh! ¡Espera!- gritó- Voy contigo.
Fango sonrió y, de pronto, Elorap se dió cuenta de que estaba nerviosa. Y no sabía el motivo.
Guillermo Zapata a las 02:24 AM | Referencias 0love is in the air... nananananananaaaaaaa
Kanae | 4 de Septiembre de 2007 - 03:08 PM


