21 de Agosto de 2007
Blerrinad. Capítulo 22
En el que Gris explica algunas cosas más. Elorap decide no hacer algunas preguntas y conoce al chico que la llama por un nombre que no es el suyo
Podéis leer el capítulo en el post extendido o el relato completo aquí
Segunda Parte
Capítulo Veintidos
Gris le había prometido a Elorap que le respondería a cualquier pregunta que le hiciera. Alguna vez había demorado un poco la respuesta, pero siempre había terminado por responder. En este caso lo hizo mientras caminaban por la calle invisibles a los ojos que los miraban a través de los anuncios (o quizás ya ni siquiera los miraban y Dantart y los suyos habían dejado de buscarles)
-Yo fui uno de los primeros en ingresar en la Factoria, cuando la fundaron no se llamaba así, era una academia. Llevaban a los niños más brillantes para estudiar el lenguaje y las historias. Al principio…- Elorap se da cuenta de que le duele hablar del tema- Al principio todo era perfecto, pero luego Dantart empezó a cambiar, todo empezó a cambiar.
-¿Dantart era profesor tuyo?- dijo Elorap
-Era el director de la Factoría.
-Debe ser muy viejo…
Las palabras de Elorap quedaron flotando. El misterio de la edad de Dantart era algo que ni siquiera Gris podía resolver. Quizás la bola dorada que escondía en el cuarto secreto de la factoría y que Elorap había descubierto fuese la clave para que su edad pasara desapercibida. Era un misterio que Elorap no podría resolver ya y eso le daba mucha rabia. La urgencia hacía que dejara las cosas a medias y no lo soportaba.
-Al principio, como ya te dije, hablar era gratis para cualquiera. Eran los buenos tiempos, pero luego empezaron a intentar cobrar por las palabras. La gente se resistió. Para ellos era inconcebible que hubiera que pagar por algo así, era como pagar por respirar. Así que acudieron a la academia. Nos habían dicho que éramos especiales, guardianes de las palabras, todo ese rollo. Nos dijeron que debíamos explicarle a la gente el “valor de las palabras”. Así lo llamaron. Yo no lo entendí en un primer momento, me parecía que aquello que yo hacía no podía hacerlo nadie más y que debía enseñarle a los demás lo especial que era.
Elorap escuchaba a Gris, pero tenía la sensación de que ya no hablaba para ella, que estaba reflexionando en voz alta mientras recorrian las calles de la ciudad. Como si hiciera realmente muchos años que no hablaba de lo sucedido, quizás nunca lo había hablado con nadie.
-Es hicimos. Convencimos a todo el mundo de que las palabras eran algo maravilloso.
-¿No lo son?
-No. Son algo estupendo. Las cosas maravillas no se pueden tocar, ni comer, ni sentir. Las cosas maravillosas están siempre detrás de escaparates. Qusimos darles las palabras y en realidad se las estábamos robando. La gente empezó a pensar que hablar era algo maravilloso que sólo unos pocos podían hacer bien y, poco a poco, empezó a comprender que las palabras eran un lujo y que merece la pena pagar por los lujos. Cuando me di cuenta de lo que estaba pasando era demasiado tarde…
-¿Qué hiciste?
-Me enfrenté a Dantart y me marché. En ese momento empezaron a traer los contadores y empezó la rebelión. Afortunadamente, aún quedaban muchos que pensabas que las palabras no eran algo maravilloso y que merecía la pena luchar por ellas. Y eso hicimos. El resto, como se suele decir, es
historia.
-¿Perdistéis? Pero, ¿cómo perdistéis?
Gris se quedó callado un momento, la miró. Elorap vió algo que no había visto nunca en él. Una especie de debilidad, de vejez prematura. Gris apartó la mirada y siguió andado sin decir nada. Elorap comprendió que no era buena idea hablar del tema y le siguió en silencio. Quería hacerle más preguntas, pero intuía que Gris no diría más, que las puertas que le había abierto llevaban cerradas mucho tiempo y que por ellas andaba también el dolor. Pero había agujeros en la historia, como en toda historia que se precie. ¿Cómo perdieron una guerra tan justa? ¿Cómo cambió Gris de
opinión? ¿Cómo fueron las guerras? Y Elorap tenía una pregunta más, pero esa aún no se atrevía a hacerla, ¿por qué había desaparecido de casa de Gris todas las fotos de la mujer que lo acompañaba y quién era ella? Eso es lo que más curiosidad despertaba en Elorap, intuía que había sido algún
tipo de novia, pero ¿qué había sido de ella?
Gris seguía caminando por la calle como si las preguntas lanzadas por Elorap nunca hubieran salido de su boca, cuando de pronto, se detuvo y la miro a los ojos.
-Elorap, las batallas, por desgracia, no las ganan los que llevan más razón, sino los que las diseñan mejor. Y nosotros diseñamos mal la nuestra, porque ni siquiera era nuestra. Nos estábamos defendiendo, ¿me entiendes? Y cuando uno se defiende siempre pierde. El que ataca siempre
gana. Siempre.
Lo dijo sin dejar de mirarla directamente a los ojos. Dejando claro que era lo único que iba a sacarle sobre el tema. Luego se quedó unos segundos en silencio y sonrió. Había recuperado la vida en el interior. Le dio una palmada y siguió adelante unos metros más, hasta llegar a una escalera exterior de un edificio. Elorap no necesitaba saber mucho más, era evidente que iban a volver a reunirse en una azotea.
-¿Por qué siempre en azoteas, Gris?- dijo la niña.
Gris se encogio de hombro bajo su permanente gabardina de color verde.
-Paradójicamente es el sitio donde más zonas grises hay... Supongo que nos acostumbramos. Sube.
Elorap empezó a subir las escaleras detrás de Gris y, de pronto, se dió cuenta de que estaba a tan solo unos cuantos metros de conocer a las personas que formaban parte de Las Manos de las Palabras. Hasta ahora solo conocía a Gris y a Teclas, pero ahora se suponía que habría niños en la escuela. Quizás a alguno le gustaran las matemáticas o las ciencias... Aunque antes tendrían que “contar historias”. Otra fuente de suplicios para ella. Gris estaba convencido de que cualquiera podía contarlas, pero ella no. Ni siquiera le gustaban. No sabía que iba a hacer.
Llegaron a la parte de arriba y Elorap los vió por primera vez. Sus compañeros de clase. Eran seis. Cuatro chicos y dos chicas. Todos llevaban ropa vieja, no gastada pero si como de hacía unos cuantos años, sobre todo pantalones vaqueros y camisetas de manga corta. Uno de los chicos, algo más mayor que ella, alto, desgarbado, con unos pantalones negros, una camiseta gris y una gorra de color verde completamente roída por los bordes la miró con unos ojos marrones enormes. Elorap sinitó una sensación extraña al verle. Un cosquilleo seguido de un extraño nerviosismo que no parecía tener ningún centro motor. La sensación no le gustó un pelo, especialmente porque le parecía incontrolable.
-Hola “Números”- le dijo el chico.
Elorap miró a Gris.
-Este es “Fango”.
-¿Por qué me llama así?
-¿No te gustaban las matemáticas?.
Fango hablaba en código pero introducía cierta musicalidad entre los sonidos chirriantes, casí parecía bonito.
-¿Y?- Dijo Elorap desafiante.
-Por eso, números.
Fango sonreía dejando claor que no tenía ninguna mala intención. Elorap empezó a odiarle de manera sistemática y organizada a partir de ese momento.
Elorap returns!!
Yo quiero una bola dorada de esas :)
Kanae | 21 de Agosto de 2007 - 12:03 PMAish, si cobraran las palabras en la vida real... Seguro que algunos medirían más sus palabras!!!
Cuánto me alegro de volver a leer los "pensamientos" de nuestra pequeña Elorap!!!



