1 de Agosto de 2007
Blerrinad. Capítulo 21
En el que Elorap sueña, despierta y desucbre algo sobre su propio hermano a la vez que se plantea si está preparada para contar historias
Podeís leer el capítulo completo en el post extendido y el relato en su totalidad aquí
Segunda Parte
Capítulo Veintiuno
“La idea que no trata de convertirse en palabra es una mala idea, y la palabra que no trata de convertirse en acción es una mala palabra.”
(G.K. Chesterton)
“Ahora toca entrar en el mundo real y hacer algo”
(Paul Auster)
Elorap tuvo un sueño. Soñó que escapaba de unos hombres sin cara. Soñó que su madre la pedía perdón y ella sentía vergüenza. Soñó que llegaba a una tierra fantástica llena de hadas y duendes. Soñó que Gris estaba allí y que todo era perfecto de esa forma que sucede en los sueños. Luego despertó.
Cuando Gris le había dicho hacía unos meses que iba a ser uno de los miembros de “Las Manos de las Palabras” pensó que sería una eventura fascinante llena de peligros. La tozuda realidad se había empeñado en sacarla de su error desde entonces. Elorap y Leo dormían en casa de Gris. La misma casa a la que les llevó poco después de conocerse. La misma de la que habían huído. De la misma ciudad. No se habían marchado a ningún lugar feliz y perfecto. Lo único fascinante eran las lecciones de “código”. Gris ensañaba a Elorap a hablar usando sonidos guturales, pedorretas, chasqueos, etc. Sonidos que las máquinas no podían detectar. Iba aprendiendo las palabras, las construcciones gramaticales, los verbos, etc. Incluso estaba mejorando su vocabulario original incorporando palabras nuevas en código. Leo, sin embargo, iba más despacio que ella.
Gris le explicó que Las Manos de las Palabras era una comunidad de pocos miembros, tan solo unos cientos en toda la ciudad. Realmente muy poca gente. Se trataba de aquellos que habían sido derrotados en las “Guerra de la palabra” y se había negado a aceptar el pago de los contadores. Al ser tan pocos habían asumido la derrota y habían empezado a desarrollar un sistema de comunicación clandestino para engañar a las máquinas. Si el resto de la humanidad estaba dispuesta a pasar por el aro, ellos no. Gris parecía contento con el grupo que había ayudado a fundar y que cumplia ya casi veinte años. Le había dicho a Elorap que había otros niños, los primeros que habían aprendido Código como su primera lengua, pero Elorap no había tenido oportunidad de verles aún.
Ocasionalmente se incorporaban nuevos miembros, casi siempre por la acción directa de alguno de los antiguos. Un poco como había hecho Gris con Elorap, pero eran circustancias particulares. Incluso habían empezado a desarrollar sistemas de comunicación propios al margen de los teléfonos, ya que hablar en Código a través de ellos habría supuesto su inmediato descubrimiento y la cladestinidad era esencial para la superviviencia del grupo. Elorap había conocido a Gris durante una de esas misiones de conexión.
Elorap despertó de su sueño y se levantó para desayunar. Gris estaba ya vestido y había preparado el desayuno. Gris no era demasiado bueno en todo lo referente al cuidadodel hogar y de ellos mismos. Más que como a niños los trataba como a unos invitados ocasionales. Aquella mañana Gris parecía estar de buen humor.
-¿Qué pasa?- preguntó Elorap al notar su cambio de actitud.
-Hoy vas a conocer al resto de los niños.
A Elorap la noticia no le hacía demasiada gracia a priori. El “resto de los niños” solía ser un conjunto de jóvenes promesas del acné luchando por ser cada cual más idiota y que, por norma general, odiaban las matemáticas y a cualquiera que osara pensar con algo que no fuera las manos o los pies. Elorap tenía amigos, pero solía llevarse mejor con los adultos.
-No te hace ilusión.
-Sí- mintió.
Gris la miró de arriba a abajo.
-Solo son niños, podrías patearle el culo a cualquiera de ellos.
Gris siempre hacía sonreír a Elorap.
-¿Viene Leo?- dijo Elorap hablando en Código. Ahora siempre hablaban en Código.
-No está preparado.
-¿Qué vamos a hacer?
-Contar historias- dijo Gris con una sonrisa de oreja a oreja.
Un momento, Elorap no sabía nada de contar historias. Las historias y ella habían seguido caminos opuestos. Ella tenía tendencia a converger con los manuales, pero no con las historias. Las historias solían ser mentiras bonitas con una utilidad más que relativa. Además, estaba demostrado que el experto en palabras y cosas de ese estilo era su hermano.
-¿Historias?- se río por lo bajo- Eso es cosa de Leo.
Gris se la quedó mirando muy serio.
-¿Por qué dices eso?
Elorap titubeó. Era cierto. Su hermano era el que había dicho la palabra milagrosa.Y siempre estaba leyendo o al menos escuchando lo que otros le leían.
-Porque es verdad. Tú mismo me lo dijiste, que para Dantart y los otros mi hermano era como un diamante.
-Pero ahora no estamos allí.
-Si que estamos allí, no hemos ido a ninguna parte- dijo Elorap con un desdén un tanto infantil.
-¿Dónde querías que fuéramos?
-No sé, pensé que eso de Las Manos de las Palabras sería otra cosa. De momento hemos estado en tu piso y hemos aprendido código.
-¿Y qué querías? ¿Un castillo y un dragón?- dijo Gris sonriendo.
A Elorap le molestaba que la hicieran pasar por la niña que no era, pero la enfurecía aún más que sacaran a la luz la niña que seguía siendo.
-Elorap- dijo Gris- No hay castillo, ni hay princesas, ni nada de eso. Está la ciudad y la gente y nada más. Hay que ser invisible a sus ojos sin irse, ese es el desafío. En cuanto a tu hermano Leo, te diré que no tiene nada de especial. O mejor dicho, que tiene tanto de especial como tú o yo mismo. Para Dantart es fundamental convertir la creación de palabras en un misterio, así la gente les tiene miedo y le parecen inaccesibles y muisteriosas y alejadas de su vida. De esta forma es mucho más sencilla convencer a la gente de que debe pagar por ellas. Las hace “especiales”. Pero, querida amiga, no tienen nada de especial e inventar palabras es la cosa más tonta que uno podría inventar.
-No digas eso de Leo.
-Oh, no, por supuesto que no me meto con el joven Leo. Es un muchacho valiente y capaz, pero en lo que respeta a la creación de palabras, tu misma o yo podríamos sacar cinco o seis en pocos minutos, ¿verdad?
Elorap recordaba como había inventado palabras haciéndose pasar por Leo y lo fácil que le había resultado. En cualquier caso, una cosa eran las palabras y otra una historia completa.
-Vale. Mi hermano no es especial, pero yo no sé contar historias.
-Todos sabemos hacer eso.
No parecía que Gris estuviera dispuesto a disuctir sobre el tema. Por otro lado, en los dos meses que llevaban juntos no habían trabajado ni un sólo día las matemáticas, ni la física ni ninguna de las materias interesantes. Todo habían siendo giros gramaticales, sinónimos, antónimos, metáforas, sinestesias, etc. Quizás si pasaba el trago de las historias tendría por fin un oportunidad de enfrentarse a su aproximación a la realidad favorita. Así que se calló, recogió, se visitó y cogió a Gris de la mano al ir a salir de casa. Ya que salían quería hacerle una última pregunta que le había carcomido desde que conoció a Gris.
-Gris- dijo Elorap- ¿cómo sabes tanto de Dantart y La Factoria?
Guillermo Zapata a las 12:36 AM | Referencias 0Genial. Uno de los mejores :)
Kanae | 1 de Agosto de 2007 - 10:57 AMNo tiene nada que ver con esto... Cómo se que eres un aficionado ( o fanático ) a la serie Heroes, navegando por la red he encontrado un trailer de la segunda temporada de heroes!!! Se ve fatal, xq está gravado en un cine... en fin que si lo quieres ver está es la dirección:
http://www.youtube.com/watch?v=NvU4MfcsO0Y
P.D: Qué ganas de que llegue ya la segunda temporada!!!!!!!!!!
He visto tu corto en youtube y me ha encantado. Soy un poco torpe para esto de la tecnología y no se como incluir mis comentarios así que esto es lo que llamaría "prueba y error" pero es lo que hay... En cualquier caso me gustaría que supieras que has retratado perfectamente lo que se siente cuando a uno no le dejan elegir... y cuando uno elige cambia todo de color. Francamente bueno
Trenti | 24 de Agosto de 2007 - 03:52 PM


