9 de Julio de 2007
Blerrinad. Capítulo 18
En el que Elorap y sus padres hablan de lo sucedido y Elorap decide entre coger o no, la mano que su madre le tiende
Podéis leer el resto del capítulo en el post extendido o los capítulos anteriores aquí
Primera Parte
Capítulo Dieciocho
Los padres de Elorap entraron en el círculo de luz. Parecían sombras chinas moviéndose por un teatro. Desde donde estaba Elorap no podía saber si su madre se reía o no. Quizás había estado tan preocupada que no estaba enfadada, aunque su madre tenía cierta tendencia a dejar de lado esos pensamientos y dedicarse en cuerpo y alma a la misión “correctiva” que toda madre desempeña en el algún momento de su vida. Su padre iba detrás de ella. Severo, pero silencioso. Su padre era siempre así. Digamos que si no fuera por la capacidad para el habla y los abrazos, su padre habría sido mucho más feliz ejerciendo de sofá de color marrón.
La madre de Elorap la abrazó- Así que no debía estar muy enfadada- iba sin maquillaje y se notaba que había estado llorando, parecía muy cansada. Se la quedó mirando, sin decir nada. Le toco los labios con el dedo y miró hacia atrás. Dantart, que permanecía en las sombras, inclinó la cabeza con gesto de aprobación. Elorap entendió lo que estaba pasando. Su madre le pedía permiso para hablar. Su madre, una mujer decidida, contundente, la mujer que mejores albondigas hacia de la faz de la tierra conocida, la que se tenía que llevar trabajo a casa algunos fines de semana, le estaba pidiendo permiso a ese hombre que a lo largo de su existencia se había limitado a mentir a Elorap, meterse en la boca cosas brillantes y relucir con un aura que, bien pensado, tampoco servía para nada. Por primera vez, Elorap sintió pena por su madre.
-Hija, ¿estás bien? ¿Te ha hecho algo?
Su padre se acercó, le sonrió y le acarició el pelo a Leo.
-Estoy bien, mamá. Nadie me ha hecho nada.
Su madre la volvió a abrazar.
-Estábamos muy preocupados.
-Si hija- dijo su padre- Durante un tiempo nos temimos lo peor.
Elorap no entendía nada.
-Siento haberme escapado- dijo como excusa. Era mentira. No sentía lo más mínimo haberse escapado, pero consideró que no era el mejor momento para explicar su punto de vista acerca de la Factoria de ideas, Dantart, etc.
- Cielo, ya sabemos lo que ha pasado. No te preocupes. No hablemos más de eso.- Insistió su madre.
Dantart se acercó.
-Es posible que todavía esté en estado de shock- dijo
Era imposible identificar si en su voz había algún sentimiento.
-No estoy en estado de nada- dijo Elorap. Enseguida se arrepintió de haberlo dicho. A veces su boca iba más rápido que su cerebro.
-Un secuestro es algo muy duro, Elo- dijo su padre.
Su padre la llamaba Elo como quien llama a su perro Puffy. Otra vez los malditos diminutivos, ¿Y qué demonios era eso de un secuestro?
-No os preocupés- dijo Elorap- No nos han secuestrado.
-Blerrinad- Dijo Leo sonriente y se señaló el pene.
Sus padres se miraron un momento.
-Vámonos a casa- dijeron.
Se pusieron de pié. Le trajeron a Elorap una manta para cubrirse. Había algo en la mirada que habían compartido sus padres que no le gustaba absolutamente nada. Era una mirada que decía “La pobre niña no ha entendido nada. Es adorable, pero imbécil”. Elorap se detuvo.
-No nos han secuestrado- dijo con seriedad. Y se quedó parada en medio de la calle. Su madre se dio la vuelta y la miró con gesto de calma.
-Elorap, no importa. Vámonos a casa.
-Si que importa- dijo Elorap.
Las dos se quedaron mirando. Por detrás de sus padres pudo distinguir un gesto cansado de Miqui Dantart.
-Elorap- insistió su padre- ¿no estás cansada?
Claro que estaba cansada, estaba tan cansada que había salido por el otro lado del cansancio y estaba sentada haciendo castillos de arena en las playas de la lucidez. Sus padres no la creían y querían aprovecharse del cansancio para no hablar del tema y eso si que no. Leo, por cierto, estaba a su lado y había separado las piernas como si se fuera a iniciar una pelea. Elorap sonrió a su hermano.
-No nos han secuestrado, Gris…
-Gris es un terrorista, cielo- dijo la metálica voz de Dantart- Es listo, claro que sí, pero no esperes nada bueno de él.
-Da igual, dijo Elorap. No nos ha secuestrado. Nos fuimos con él porque nos dio la gana.
Silencio. Las luces blancas seguían enfocándolo todo.
-Elorap, por favor- El tono de su madre desvelaba algo más. La que estaba cansada era ella. Cansada de tener que esperar a su hija, cansada de su terquedad. Cansada de todo. Le tendió la mano.
Hay pocas veces en las que un ser humano es consciente de la importancia que tiene para su vida la decisión que está tomando en un momento concreto. Normalmente nos limitamos a decidir en frío sin pensar en las posibles consecuencias a largo plazo. A veces, por el contrario, la cadena de consecuencias es bien visible para cualquiera que sepa mirar, y Elorap sabía. La mano tendida de su madre era una invitación al cansancio. A Rendirse. Acepta esa mano y aceptaras que te secuestraron. Acepta esa mano y aceptarás que hiciste mal en escaparte. Es más, que ni siquiera lo decidiste. Acepta esa mano y guardarás silencio. Hablaras cuando te toque, dirás lo que se te diga que digas.
-No, mama- dijo Elorap- No nos secuestraron.
-Elorap, maldita sea, hazlo por tu hermano.
Algo se rompió definitivamente cuando su madre dijo eso. Algo extraño y profundo se rompió para siempre. Chantaje.
-Leo está conmigo.
-Blerrinad- dijo Leo desafiante, pero esta vez se estaba sacando un moco.
-Solo eres una niña
En ese momento Elorap supo que no cogería la mano, que no volvería a casa, que no vería más a su madre. Que sus padres pensarían que alguien la había secuestrado, que le había prometido algo imposible. Que la habían engañado. Ella solo era una niña. Nos la quitaron. Elorap sabía que no era cierto. Ella se fue.
-No vamos a ir a casa.
Su madre empezó a llorar.
-Ya está bien- dijo Dantart.
Dio un paso al frente a agarró a Elorap del brazo. Le hizo daño. Elorap vió sus ojos inyectados de ansia. No era violencia lo que trasmitían, sino miedo. Un miedo inmenso y apabullante. Elorap se intentó soltar, pero no pudo. Su padre estaba allí mirando la escena como quien mira la televisión, ausente. Elorap tiró y tiró, sin éxito. Su hermano Leo pataleaba a su lado.
-¡Ayudadme¡- Grito Dantart a los policías.
Varios se acercaron y se pusieron sobre ellos.
-Deja en paz a la niña de una vez.
La voz retumbó en la plaza mientras una figura encorbada entraba en la plaza atravesando la luz blanca. Con una gabarinda gris y vieja. Los dientes torcidos y amarillos. Gris miró a Elorap. ¿Estaba enfadado porque se había ido? La chica no sabría decirlo. Y además daba igual. Sesenta agentes de policía se le apuntaron. Elorap escuchó perfectamente como se cargaban las armas. Dantart la soltó. Todo parecía ir a cámara lenta. Elorap miró a Gris. La estaba mirando.
-Pregunta lo que quieras, peque.- dijo Gris.
“Silencio” gritaron varias voces.
-No me llames peque- dijo Elorap.
-Pregunta lo que quieras- Insistió Gris.
Se amartillaron más armas. La madre de Elorap gritaba “No, no”. Su padre seguía inmóvil.
-¿Hiciste todo eso que decían en la televisión?- dijo Elorap
Gris la miró con seriedad.
-Sí- dijo.
Y acto seguido empezó a reír. No una risa desafiante ni terrorífica. La risa jovial de quien acaba de escuchar un gran chiste. Una risa profunda y contagiosa. Alegre.
Cómo está la cosa, qué ganas de seguir leyendo...
Hace tiempo que no dejo comentarios, pero que sepas que me está gustando mucho, mucho, mucho.
Si fuera una serie de TV, estaríamos apretujando el cojín más cercano y pensando "por favor, no... por favor, no..." y "pero vete de ahí, idiota!!! qué haces!"
Que no le pase nada^^
Qué gran párrafo el que hace referencia a las decisiones que tomamos en nuestra vida!!!
A mí también me está gustando mucho. Tiene mucho enganche!!! ;P



