2 de Julio de 2007
Blerrinad. Capítulo 17
En el que la televisión informa a Elorap de alguna cosas que no sabía acerca de Gris
Podéis leer el relato en el post extendido o consultar los capítulso anteriores aquí
Primera Parte
Capítulo Diecisiete
Quizás si no hubiera visto la fotografía en blanco y negro de Gris y la chica de la cerveza y la camiseta negra, Elorap no habría reconocido la imagen del joven con gabardina militar, pelo largo, barba y ojos furiosos que estaba emitiéndose por televisión. En ella, Gris caminaba por una calle bastante ancha pero vacía y llena de suciedad, papeles, etc. Llevaba en las manos una botella de color verde con un pañuelo atado en la punta. Las imágenes mostraban como Gris cruzaba la calle e iba cogiendo velocidad, después se paraba en seco y sacaba un mechero, prendía el pañuelo y lanzaba la botella contra un edificio de Cristal que Elorap reconoció en seguida. Se trataba de La Factoría. La botella impactaba contra el edificio y estallaba en llamas. Probablemente iba llena de algún líquido inflamable que se extendía al romperse la botella. Había más imágenes de Gris. En un momento salía golpeando a un hombre con un palo, en otro se veía como volcaba un coche con ayuda de otras cinco o seis personas.
El sonido de la televisión estaba bajado y lo único que Elorap podía ver además de las imágenes eran las palabras que salían impresas en la pantalla: “Disturbios” y “Terrorista”.
Elorap se quedó parada en medio del salón. Gris estaba delante de ella mirando la televisión. Elorap a su espalda, quieta, paralizada, luchando por no hacer el más mínimo ruido. Recordaba la primera vez que Gris la encontró como había preguntado a los policias “¿Sabéis quién soy?” y como ellos habían huido aterrorizados. ¿Cómo había podido ser tan tonta? ¿Cómo no se había dado cuenta? Claro que Gris lo sabía todo de cómo escapar, lo llevaba haciendo toda la vida. En su mente se agolpaban pensamientos cada vez más oscuros.
Se dio la vuelta y, temblando de miedo, volvió por el pasillo. Entró en la habitación de su hermano Leo y se permitió un segundo de descanso, sólo para observarle dormir. Se dejó llevar por la paz que transmitía el pequeño Leo tumbado sobre el colchón de Gris. Pero sólo fue un segundo, un instante antes de acercarse a él y sacudirle el pelo. Leo abrío los ojos. Y Elorap se puso la mano en los dedos señalando que debían gardar silencio. Ese gesto en los últimos días había significado una única cosa: Problemas. Y Leo ya había aprendido lo que eso significaba. Miró a Elorap con gesto de cierta ansiedad y extendió los brazos para que su hermana le cogiera. Elorap hizo un esfuerzo y le cogió en brazos.
Salieron al pasillo, caminaron hacia el salón. Allí seguían las imágenes y seguía Gris en el sofá, pero parecía que se había quedado dormido. Elorap abrazó fuerte a Leo y caminó paso a paso hacia la puerta, lejos de Gris. Cuando iba a llegar a la puerta estuvo a punto de girarse para mirar a Gris, para intentar descubrir en el rostro de la persona a la que había estado siguiendo y que les había estado ayudando la clave para explicar las imágenes que mostraba la televisión, pero se contuvo y abrió la puerta sin mirar.
No la había oído. Elorap caminaba pasillo abajo, huyendo de su “salvador”, acompañada tan solo por sus miedos y sintiendo que estaba más sola que nunca. Salió a la calle. Era de noche y hacía frío. Leo bajó al suelo y la miró con cara de “Y ahora dónde vamos”. La verdad es que Elorap sólo quería estar en casa, pero no sabía como volver. Sin embargo tenía un nuevo plan. Uno bastante sencillo desde cierto punto de vista. Caminaron unos cuantos metros hasta llegar a una plaza lo suficientemente grande. Elorap se acercó a un anuncio de colonía que ocupaba la práctica totalidad de la fachada de un edificio y se quedó allí sentada, esperando a que llegara la policía.
Elorap siempre había pensado que el miedo no te dejaba pensar, pero en los últimos minutos había descubierto hasta que punto eso era falso. Lo cierto es que el miedo hacía que pensaras a las mil maravillas. El terror era como gasolina para el cerebro a juzgar por la velocidad a la que se agolpaban los pensamientos en su mente. Gris era un terrorista que quemaba cosas. Entre esas cosas se encontraba La Factoría, un lugar del que ella misma había escapado y que, francamente, preferiría que no existiera, pero había una distancia enorme entre desear que algo no existe y ponerse a ello con dedicación y botellas incendiarias, ¿no? Sí, claro que había diferencia. Elorap se había escapado de allí desobedeciendo a sus padres, a los profesores de su hermano y al propio Miqui Dantart, pero no había hecho daño a nada ni a nadie, ¿no?. Estaba confusa. Vale, había hablando cuando se supone que debería guardar silencio y se había aprobechado de las debilidades del sistema de registro de voz para hablar gratuitamente, pero esto era distinto, para Elorap suponía un límite. Un punto de no retorno. Miró a Leo y empezó a pensar en que quizás fuera la televisión la que la estaba engañando de alguna manera… Aunque las imágenes no dejaban lugar a dudas.
En el colegio decían que las cosas eran sencillas: Una mierda, sencillas. Elorap había pensado una palabrota, pero no la había dicho. Era como lo de Gris. Se intentó convencer de que llevaba razón, pero en seguida se dio cuenta de que le faltaba alguna parte del puzzle, alguna piezaa no encajaba. Estaba muy enfadada. Miró a Leo por si él tenía algo que aportarle al debate, pero su hermano estaba tocándose el pene por encima de la ropa. Algo que, por cierto, hacía bastante a menudo y a Elorap le debe un asco relativo. Aunque en ésta ocasión le hizo reír. Había algo divertido en que alguien se tocara “sus partes” (Que habría dicho su madre) Probablemente era mejor pensarlo que hacerlo, pero sin duda tenía menos gracia.
Iba a continuar desarrollando su pensamiento y divagando por puro placer con el objetivo de tranquilizarse cuando la plaza se llenó de luz. La luz venía convenientemente acompañada por unos treinta coches de policía. Molestaba bastante a los ojos. Elorap y Leo se los cubrieron hasta que, más o menos, pudieron acostumbrarse, al abrirlo vieron a tres figuras bajarse de uno de los coches. Uno de ellos debía ser Dantart, de los otros dos no había ninguna duda: Eran sus padres.
Después de tanta complicidad, ¿le juzgas y te vas así sin más, sin preguntar? Te voy a dar, canija!!
Kanae | 3 de Julio de 2007 - 11:34 AM


