7 de Mayo de 2007
Blerrinad. Capítulo 11
En el que Elorap descubre a alguien que responde preguntas y, a pesar de ello, muchas preguntas quedan sin responder. Desde el trabajo de los conectores a las zonas de sombra
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Primera Parte
Capítulo Once
La voz sonó áspera, dura. No era la voz que uno espera oír sobre su cabeza cuando es una niña que escapa de unos guardias y corre por un callejón de una gran ciudad. No es el tono de voz que Elorap (o cualquier otro niño sensato) esperaría para una voz que dice: “Dejas a los niños en Paz o tendréis problemas”. Pero era una voz y toda voz en aquella ciudad sin voz era como un disparo en un jardín de infancia.
Los guardias miraron hacia arriba casi antes que Elorap, aunque no antes que Leo, cuyos ojos estaban más abiertos de lo normal. Más negros y profundos.
Contra la luz del sol tan solo se distinguía una gabardina vieja de color verde que venía llena de un ser humano grande con pantalones de pana gastados y zapatos marrones más gastados aún. Una gabardina que colgaba del alfeizar de un cuarto piso y que se deslizaba hacia abajo a gran velocidad.
Los guardias no sabían que hacer y, simplemente, dejaron que la gabardina con el cuerpo grande llegara al suelo. La figura cayó entre ellos y Elorap. Elorap solo pudo verle la espalda verde a la gabardina verde, pero encima de la misma vio un cuello poderoso y una cabeza de un tamaño considerable, con una leve mata de pelo grisaceo que se iba curvando al llegar al cuello. Un pelo brillante y gris, aunque mal cortado.
El hombre, pues por mucho que Elorap soñara con criaturas de otro tipo en este caso se trataba claramente de un hombre (aunque a decir verdad, Elorap soñaba poco con criaturas, salvo la notable excepción de los robots, que jamás le habían parecido “criaturas” propiamente dichas, sino ingenios maquinicos nacidos en el futuro y que el ingenio humano intentaba atraer cada vez más el presente. Sueños que la acción de la ciencia y la física hacia realidad) Decía que el hombro volvió a hablar con su voz rasposa.
-¿Sabéis quién soy?
Elorap no podía ver a los guardias, pero se imaginaba unas caras de terror desencajado. Ella misma se asustó un poco de forma inconsciente y cerró los ojos. Pasaron los segundos. No se escuchaba nada. Elorap volvió a abrir los ojos. Frente a ella estaba el hombre en cuestión. Su hermano Leo estaba sentado a su lado, fascinado. No había nadie más en el callejón. El tipo era grande y corpulento, aunque mayor. Tendría unos cincuenta años, quizás más. Desde luego era mayor que el padre de Elorap (en edad y en tamaño) No tenía barba, pero sí esa piel áspera de quien se afeita de tanto en tanto. Sonreía con ironía. Ni rastro de los guardias.
-¿Eres muda?
Elorap se incorporó. No sabía qué hacer, si ponerse a hablar o no. ¿Seguirían teniendo crédito? ¿Seguro que no? El hombre debía ser riquísimo, porque hablaba sin parar… O quizás el también tenía crédito. Aunque viendo su ropa y su aspecto descuidado nadie diría que se encontraban ante alguien con recursos como para parlotear y amenazar a los guardias de la Factoría de Ideas. Quizás se gastaba todo el dinero en hablar y por eso llevaba esa ropa.
-No te preocupes, estamos en una zona de sombra. Aquí no pueden contar.
¿Una qué?
-No soy muda.
-Haces muy bien. ¿Y tú hermano?
-Es pequeño.
-Una descripción muy notable.
-Casi no sabe hablar, pero es un creador, uno buenísimo.
-¿Qué crea? ¿Muebles?- El tono del hombre era de evidente ironía. A Elorap todavía le daba un poco de miedo.
-Palabras. Ha creado la palabra “Blerrinad”
Leo se sonrío.
-Blerrinad- dijo orgulloso.
-¿Y le costó mucho?
Elorap no entendía a que venía tanto interrogatorio.
-¿Qué son las zonas de sombra?
El hombre les miró a los dos.
-Os habéis escapado de La Factoría, ¿no?
Elorap asintió con la cabeza.
-Pues enhorabuena, es bastante difícil. ¿Y qué queréis hacer?
Elorap siempre había pensado en ir a ver a sus padres, pero empezaba a parecerle una mala idea. Esos guardias eran mucho más agresivos que ellos. Si desaparecían un par de días sus padres se preocuparían y la bronca sería menor comparado con la sensación de haber “recuperado a sus hijos”
-Somos fugitivos- dijo Elorap con una mezcla de orgullo aventurero y un intento por creerse su propia aventura.
-Ah, muy bien. Pues en breve os van a encontrar, así que mi pregunta se mantiene, ¿Qué queréis hacer?
-Huír- dijo Elorap.
-Ah, muy bien,
El hombre se dio la vuelta y empezó a trepar por las ventanas del edificio. Cuando había subido apenas dos metros les miró.
-¿No venís?
Elorap se dio cuenta de que había estado todo el tiempo deseando que se lo pidera. Cogió a Leo y se acercaron a la ventana.
-¿Dónde vamos?-preguntó.
-De momento, al tejado. Estaba trabajando.
-¿En qué trabajas?
-Soy un conector.
¿Un qué?
-¿Qué es eso?
-Si me ayudas cuando lleguemos arriba te lo explico.
A Elorap le gustaba ese hombre porque respondía a todas sus preguntas. Aunque todavía le daba un poco de miedo.
-¿Cómo te llamas?
-¿Y tú?
-Yo soy Elorap y él mi hermano Leo.
-Elorap es Parole al revés.- dijo el hombre gabardina mientras seguía subiendo.
-Ya.
-Quiere decir “palabra” en Frances.
-No lo sabía.
Siguieron subiendo un poco más. Ya estaban bastante alto. Leo trepaba bien e iba entre el hombre y Elorap.
-Yo me llamo Gris.
Le dijo el hombre a Elorap cuando llegó arriba del todo, a muchos metros del suelo. Y le tendió la mano.
Me ha caído bien el grandullón :)
Kanae | 8 de Mayo de 2007 - 12:12 PM


