16 de Abril de 2007
Blerrinad. Capítulo 9
En el que se celebra un funeral y Elorap descompone su problema en tres partes. Se habla de la Ley de Gravedad y de la necesidad de desobedecerla
Podéis leer el capítulo 9 en el post extendido o el relato completo aquí
Primera Parte
Capítulo Nueve
Hubo un funeral. Todo el mundo iba de blanco. Vinieron los padres de Todog, que parecían moderadamente preocupados por su hijo (al que no veían desde hacía dos años) Les dijeron que El Departamento de Creación iba a sentir mucho su ausencia y ellos preguntaron si su crédito de palabras iba a quedar cancelado o no. Les dijeron que no. Elorap suponía que los compañeros de Todog habrían preparado algo para despedirle, pero no fué así. Al contrario, el funeral se insertaba en la rutina de la factoria con una efectividad pasmosa. La conclusión que sacó Elorap era evidente: Había pasado más veces. De vez en cuando, alguien moría en la factoría. Un niño Albino salía al encuentro de la eternidad. La Eternidad era mucho tiempo y pensar en ella hacía que Elorap sintiera como un peso, pero en cualquier caso no parecía algo agradable y a nadie parecía importarle. Elorap se encontró deseando sentirse triste por un chico al que, realmente, casi no conocía.
Además, tenía otros problemas más urgentes: Su hermano Leo estaba cada vez más centrado en su trabajo, más ajeno a lo que pasaba a su alrededor. Apenas conseguía jugar con él una hora al día y notaba que el chico se aburría cada vez más. Pero ella había tomado una decisión, la cuestión era trazar la linea que iba de su mente a la realidad y, al igual que cuando intentó fabricarse un hermano de juguete, estaba comprobando que conseguir algo así era realmente complicado.
Había descompuesto el problema en tres elementos decisivos, porque así era como resolvía cualquier otra cuestión. Por un lado estaba la cuestión personal. Si se iban de allí les iban a buscar y, probablemente, hiciera sufrir a sus padres. Ese problema lo resolvió enseguida al comprender que lo hacía por el bien de Leo y que pasados unos días convenientemente escondidos podría hablar con sus padres y ellos entenderían que lo había hecho por una buena causa. Probablemente la castigarían por desobedecer a un mayor, pero el resultado de la operación valía el coste de un castigo.
Por otro lado estaba el propio Leo, ¿querría irse de allí? ¿Cómo iba a convencerle? Era un tema sobre el que seguía trabajando, pero tenía la determinación de sacarle de allí aunque él no quisiera, para eso era su hermana mayor. Aunque ocasionalmente se reconocía a sí misma que quizás necesitaría una argumento más sólido para imponer su autoridad.
El tercer problema era técnico y le estaba costando horrores resolverlo. El edificio del que debía escapar sin que la vieran era transparente. Por la noche la escapada era impensable (Había intentado durante dos noches seguidas llegar a la puerta y siempre le habían descubierto en el edificio principal alguno de los guardas y su excusa en torno a problemas urinarios cada vez era menos creíble) El resto del tiempo estaba lleno de gente que podía verles en cualquier momento. Ese problema lógico la estaba volviendo loca y era la piedra en el zapato de su plan. Se pasaba el día agarrada a un cuaderno donde iba apuntando las opciones para huir de esa bella caja de metal transparente que se había convertido en una cárcel.
Todog había muerto mientras buscaba una palabra para definir la espera ante algo que nunca llega y Elorap le había dicho que es palabra era la impaciencia, pero ahora Elorap estaba esperando algo que no era capaz de imaginar y la sensación era completamente distinta. le hubiera gustado que Todog diera con su palabra. Se dió cuenta esos días de la importancia de los nombres de las cosas, pero todos esos pensamientos no la ayudaban en nada a acercarse a una respuesta mínimamente útil a su plan.
Sin embargo, sin angustia se disipó de la manera más paradógica, tras una llamada de Miqui. Elorap acudió a su despacho y el administrador (Elorap no estaba segura del trabajo concreto que realizaba Dantart en la Factoría) le dijo que su trabajo allí había conclusído. Su hermano estaba produciendo a pleno rendimiento y su presencia ya no era necesaria. Elorap intentó protestar, pero Miqui la aplastó con una argumentación contundente.
-Es puro sentido común, niña. Las cosas, Elorap, no son como tú sueles creer, complicadas. Al contrario, son muy sencillas.
Miqui había sacado una moneda y la había puesto al borde de la mesa.
-Esta moneda, por ejemplo, si la empujo crees que caerá ¿hacia arriba o hacia abajo?
Elorap le miró como si le estuviera respondiendo a uno de sus aburridos profesores.
-Para abajo. Es la ley de la gravedad.
-Exacto. La moneda obedece a la ley de la gravedad.
En ese momento, Elorap vió claro lo que debía hacer. La moneda no podía desobedecer a la lay de la gravedad, pero ella sí. Miqui querría que todos los que estaban en esa caja de cristal obedecieran a la lay de la gravedad como si la ley de la gravedad fuera natural, pero para Elorap no lo era. Ya sabía cómo escapar.
Fué a buscar a su hermano a su habitación. Leo estaba sentado en la cama, sin hacer nada.
-Leo- le dijo- ¿A tí te gusta éste sitio?
Leo se encongió de hombros.
-No está mal- dijo.
-¿No te aburres?
-No.- repitió el niño.
-¿Te acuerdas de cuando jugábamos toda la tarde al escondite?.
Leo se sonrió.
-Es que ahora tengo cosas que hacer- le dijo a Elorap como si fuera la respuesta más normal del mundo.
-¿Por qué?- le preguntó Elorap.
Leo parecía confundido. Nunca hacía pensado en el motivo por el que “debía” hacer esas cosas.
-Es lo que sé hacer.
-También sabes jugar.
-Sino lo hago no podremos hablar más.
-¿Y?
-Que hablar mola.
Su hermano tenía razón. Hablar molaba. Su hermano, con su simplicidad puñetera le estaba obligando a usar argumentos tan poco solidos como “pues nos vamos porque soy tu hermana mayor” Pero Elorap no quería hacer eso. No quería obligar a su hermano. De pronto tuvo una idea.
-Sabes... creo que están desaprobechando tu talento.
-¿Qué?- Dijo Leo sin entender.
-Sí. Aquí metido todo el día, ¿cómo se te ocurren estas cosas? ¿No te apetece pasear? ¿Ver cosas?
-Bueno... A veces.
-Igual es que fuera de aquí no se te ocurre nada.
-Si que se me ocurre-dijo su hermano con orgullo- Blerrinad se me ocurrió fuera.
-¿Y porque no nos vamos? Seguro que se te ocurren más cosas fuera y así podremos seguir hablando sin parar todo el tiempo que queramos.
Su hermano lo pensó un momento.
-Se van a enfadar. Miqui y los demás creadores se van a poner furiosos. Nadie sale de aquí.
Elorap se subió a la cama
-Pues tal y como yo veo esa es una regla de lo más idiota. No veo porque no puedes inventarte las cosas donde te de la gana.
Leo la miró un poco inquieto
-Baja de la cama, que te van a pillar.
Elorap se puso a saltar en la cama.
-No creo. Esos tontos no pillan ni un chiste.
Leo se río, por primera vez en mucho tiempo con una risa liberadora, alegre e infantil. Su madre siempre decía que Leo era un niño travieso. Elorap solo se lo estaba recordando.
-¿Nos vamos?
Leo le dijo que si con la cabeza, volvía a parecer un niño pequeño. Elorap bajo de la cama y sacó una mochila. Su plan de fuga acababa de ponerse en marcha y sabía que no iba a fallar.
Guillermo Zapata a las 05:38 PM | Referencias 0


