2 de Abril de 2007
Blerrinad. Capítulo Ocho
En el que Elorap descubre que lo que ella piensa y lo que la gente piensa no siempre es lo mismo y la diferencia entre pensar jugando y pensar trabajando. Y las consecuencias trágicas del segundo modelo
Podeís leer el relato completo aquí o el capítulo ocho en el post extendido
Primera Parte
Capítulo Ocho
Elorap salió al pasillo y dedicó una fracción de segundo a mirar al fondo del mismo, dónde estaba la habitación secreta de Miqui, pero a la luz del día era imposible verla. Cuando todo está iluminado es mucho más difícil percibir las cosas tal y como son. El exceso de luz no se diferencia mucho del exceso de oscuridad. La mente de Elorap podía ponerse a andar como si tuviera un motorcito propio que la alejaba de la percepción. De lo que le decían sus sentidos. Todos decían por ello que era una chica despistada, pero lo cierto es que lo registraba absolutamente todo. Y en ese momento, mientras pensaba en la luz y en la oscuridad, lo que sus ojos y oídos estaban registrados era un follón considerable.
La gente corría de un lado a otro angustiada. Había gente sentada en los bancos transparentes de los pasillos transparentes que lloraba angustiada. Había gente hablando muy seria con un tono de voz inflexible. Había gente parada sin saber muy bien qué hacer. Había gente hablando por teléfono.
Elorap iba caminando por uno de los pasillos superiores y todo el mundo se dirigía hacia abajo. Miró por la barandilla y pudo ver, al fondo, cuatro o cinco pisos más abajo, una mancha de color azul, blanco y rojo. Era una mancha azul como el pijama de Leo. Era una mancha blanca como el pelo de los otros creadores. Era una mancha roja como el color de la sangre.
Elorap bajó corriendo la escaleras, saltó varios escalones y llegó hasta el último piso tan rápido como pudo. Ya había una buena concentración de gente en la zona, Pero Elorap los empujó a todos para ponerse en primera fila. Era uno de los chicos albinos. Uno con el que había hablado un par de veces que estaba preocupado por no encontrar una palabra para describir “La ansiedad de esperar algo que nunca llega”. Elorap le dijo en su momento que esa palabra ya existía, que era la impaciencia y el chico se había enfadado con ella. Últimamente le había visto solo, murmurando cosas sin mucho sentido, pero no le había dado importancia.
Tenía sangre saliéndole de los oídos y de la nariz. La de la nariz le había hecho una gran mancha de color escarlata sobre el pijama azul. Elorap había pensado que el chico se había caído desde uno de los pisos superiores, pero viendo la sangre y que no tenía ningún golpe, llegó a otra conclusión. Al chico le había pasado eso que decía su padre cuando la veía estudiando sin parar: “Si piensas tanto, un día te va a estallar la cabeza”. El chico albino tenía la cabeza en su sitio, pero parecía que todo lo que había dentro había decidido dar un paseo como cuando mueves una botella con gas y luego le quitas el tapón. Elorap nunca había pensado que pensar pudiera ser peligroso. Pero allí los niños albinos no pensaban. No era como cuando ella jugaba con las ecuaciones de primer y segundo grado. No era un juego porque los juegos no tienen consecuencias. Se juegan para eso, para probar que pasaría si uno hiciera tal cosa sin enfrentarse al riesgo de hacerla de verdad. Si fuera un juego no pasaría nada por no encontrar la palabra que significa “La ansiedad de esperar algo que nunca llega”. Elorap sintió un escalofrío.
Miqui apareció en el grupo. Elorap pudo verle reglejado en el charquito de sangre cercano al niño albino. Parecía tranquilo. ¿La había visto? Seguramente sí. Le miró con gesto de preocupación, pero Miqui no la estaba haciendo caso.
-Por favor, por favor. Un momento de calma. Ya sabéis que Todog estaba enfermo. Era cuestión de tiempo que pasara algo así.
Elorap, ya lo hemos dicho muchas veces, tenía cierta descoordinación entre su mente y sus otros órganos. Su boca, por ejemplo, había aprendido a decir las cosas antes de que su cerebro le dijera si era prudente o no. Así que mientra su cerebro temblaba de preocupación, su boca dijo (Y lo dijo bien alto)
-¡Y si estaba enfermo porque le teníais trabajando sin parar!
Miqui sonrió.
-Elorap, cielo. Aquí no se trabaja. Aquí estamos creando.
Todo el mundo se río. Elorap no esperaba esa reacción. ¿Es que no veían que ese chico había muerto? La risa entró en su mente y conectó algún mecanismo que hizo que a Elorap se le llenaran los ojos de lágrimas. Quiso decirles “¿Qué os pasa? ¿Estáis locos?” Pero quizás por herencia de los tiempos en los que no podía hablar se limitó a gritar con todas sus fuerzas.
Subió de nuevo las escaleras, rabiosa. No podía creer lo que estaba pasando. No miró hacia atrás. Si lo hubiera hecho hubiera visto quizás la mirada de Miqui mientras reía. Una mirada que durante un segundo parecía la de alguien lleno de hambre y odio.
Elorap subió a su habitación y cerró la puerta con fuerza. Su hermano estaba dentro. Ni siquiera la miró cuando entró.
-Leo, ha muerto uno de los niños Albinos.
Leo la miró, parecía más mayor que la noche anterior.
-Tengo mucho lío, Elorap.
Su hermano nunca había hablado así. A decir verdad, además de Blerrinad, no había dicho nada reseñable desde que llegarón.
-En serio, tengo que sacar esta nueva palabra- Insistió Leo.
Elorap se dio cuenta de que su hermano tenía un nuevo mechón de pelo blanco y tomó una decisión. Una decisión definitiva.
Aun a riesgo de resultar repetitiva, me está gustando mucho.
Bavmorda | 2 de Abril de 2007 - 08:24 PMMe gusta, me gustaaaa
Kanae | 4 de Abril de 2007 - 12:40 AM


