26 de Marzo de 2007
Blerrinad. Capítulo 7
En el que Elorap descubre lo que se esconde detrás de la puerta
Puedes leer el relato completo aquí O leer el capítulo Siete en el post extendido.
Primera Parte
Capítulo Siete
Mientras andaba por el pasillo pensó en lo importante que estaba siendo en las últimas semanas su capacidad para el silencio, aunque en el departamento de creación no hacia falta ser muy discreta porque todo el mudo estaba hablando todo el rato. Sin embargo, era de noche y noche y silencio son dos palabras que se unen casi sin quererlo, como “salto” y “golpe” y otras menos fatalistas.
Los cristales transparentes reflejaban su pijama de color azul claro, pero su pelo moreno absorbía mucha luz, así que casi parecía que Elorap era un pequeño fantasma flotando en dirección al haz de luz que había aparecido al fondo del pasillo, donde supuestamente no había nada.
Cuando estuvo cerca sintió un momento de terror, pero se obligó a seguir adelante con valentía. La luz era de un color dorado, casi denso. Se acercó a la rendija y se dio cuenta de que se trataba de una puerta que se abría hacia dentro. Puso las manos sobre la superficie opaca y contuvo la respiración. Empujó un poco y el haz de luz se desparramo por el pasillo. Se acerco a la rendija y abrió mucho los ojos para ver el interior.
La luz provenía de una esfera enorme que colgaba suspendida del techo. Era como una pelota formada por miel. Su superficie se “derramaba”, aunque no llegaban a caer gotas al suelo. La esfera brillaba con esa luz dorada tan particular y hacía un sonido extraño, una especie de ronroneo que, de alguna manera, le recordó a Elorap al sonido que hacían las cosas cuando las escuchaba a través de una puerta o cuando de más pequeña metía la cabeza en un cubo o escuchaba a través de un vaso de cristal. A pesar de la luz que “salía” de la esfera la habitación estaba prácticamente a oscuras. Sin embargo, en la esfera se podían ver reflejado un rostro que Elorap no era capaz de reconocer. Era un hombre cansado, ojeroso y triste. Movía la boca arriba y abajo y cerraba los ojos con fuerza. Tenía una sombra de barba mal cuidada y los ojos rojos. Elorap tuvo que dedicar unos segundos a examinar la figura para darse cuenta de que el hombre reflejado era una especie de hermano gemelo de Miqui Dantart. Porque no podía ser Miqui. Miqui no era así, Miqui era mucho menos… real. Más dinámico. Las palabras salían de su boca como si fueran haciendo surf a través de una ola gigante, mientras que éste hombre tenía una cierta babilla corriéndole en la comisura de los labios. No podía ser Miqui y sin embargo, lo era. La sensación que tenía Elorap es que el auténtico Miqui guardaba a su hermano malo en aquella habitación, con aquella esfera dorada de color dorado y aspecto aceitoso.
Miqui se rió, con un sonido estridente y continuado. Sonaba como cuando chirrían los dientes. Elorap sintió un escalofrío y cerró los ojos un momento. Sintió el aire moverse. Miqui avanzaba. Si la descubrían allí podría tener graves problemas, pero Elorap no podía moverse. Miró hacia atrás, al pasillo vacío y sintió una nueva sensación de miedo. No debía haber mirado para atrás. Nunca se debe mirar para atrás, todo lo que hay detrás es demasiado grande y complejo y, sobre todo, todo lo que hay detrás sigue estando detrás cuando uno mira hacia delante, solo que ya no lo vé y por eso es terrorífico. Elorap decidió abrir los ojos aunque eso supusiera encontrarse de cara con aquel tipo que había suplantado a Miqui Dantart, pero nadie se había acercado a ella. Al contrario. Miqui iba en dirección a la esfera y en el momento en que Elorap abrió los ojos, estaba a punto de tocarla.
Los dedos de Miqui Dantart se fueron tiñendo de dorado hasta que los metió en el interior de la esfera. Al hacerlo, empezó a sonreír y sus dientes empezaron a parecerse a los del Miqui que Elorap conocía. La figura sacó los dados de la bola y se frotó los dientes con ellos. Lo hacía con ansiedad, sin disfrutar del momento. Elorap estaba asustada y a la vez fascinada de lo que estaba viendo. Ante sus ojos, Miqui empezó a ser Miqui otra vez. Elorap no podía dejar de mirar como la sustancia dorada iba atravesando a Miqui y convirtiéndole de nuevo en ese ser excepcional que ella conocía. Sin embargo, ahora le daba miedo. De alguna manera podía ver que ese baño dorado no era más que una cáscara y que debajo estaba el hombre babeante. El contraste daba más miedo aún.
Elorap estaba mirando a Miqui cuando escuchó un sonido detrás de ella. Alguien le hacia una pedorreta. Miró hacia atrás y vió a Leo sentado en pijama en medio del pasillo. El corazón le empezó a palpitar a mil por hora. Miqui se detuvo y miró hacia la puerta. Elorap no sabía si la había visto o no, porque ya estaba corriendo por el pasillo. Ya estaba con su hermano en brazos. Ya estaba metida debajo de la cama, escuchando. Escuchó a Miqui salir de la habitación y cerrar la puerta. Escuchó su respiración, como la de un lobo. Paseando por el pasillo. ¿la había visto? ¿Sabía que ella conocía su secreto?
Su hermano Leo tardó poco en dormirse. Elorap no pegó ojo. Había conseguido dormir una hora cuando una voces la despertaron. Era de día. Las voces chillaban con terror. Algo malo había pasado.
Estupendo^^
kanae | 27 de Marzo de 2007 - 12:18 PMMuy grande la reflexión sobre que nunca hay que mirar atrás, sobre todo porque "todo lo que hay detrás sigue estando detrás cuando uno mira hacia delante.." Esta frase me parece digna de expediente X, no digo más...
Buffy | 28 de Marzo de 2007 - 01:28 PM


