19 de Marzo de 2007
Blerrinad. Capítulo Seis
Elorap y Leo. Primer relato de la serie de díez que acompañan esta historia. El dibujo es de Maria José con la colaboración de David Granado
"En el que los niños Albinos se portan de una manera inesperada. Se duda de la enfermedad de Leo y Elorap hace algo que no debe, pero que le hace llegar a conclusiones sorprendetes sobre el lugar en el que se encuentra"
Podéis leer el capítulo seis en el post extendido o el relato hasta ahora aquí
Primera Parte
Capítulo Seis
Les pusieron en una habitación juntos, los dos solos. Todo el mundo fue muy cuidadoso con ella y muy educado. No hizo que se sintiera menos extraña en medio de toda aquella gente que insistía en que su hermano estaba enfermo. Elorap no veía enfermedad por ningún lado. Su hermano estaba igual que siempre, lo único que pasaba es que no había vuelto a decir ninguna otra palabra. Tampoco había avanzado en el significado de Blerrinad, lo cúal no era de extrañar, porque Elorap tenía claro que su hermano podía ser un genio, pero muy listo no era. Inventar cosas era una cosa, que sirvieran para algo era algo bien distinto.
Pasaba los días con su hermano y se dedicaban, básicamente, a jugar. Pero Elorap notaba una tensión que hacia que el juego fuera cada vez menos divertido. Digamos que siempre había jugado con Leo porque sí, porque les divertía, no había un objetivo en el juego, el propio juego era el objetivo. No perseguían nada con ello. Ahora jugaban para que Leo “se curara” y volviera a ser el genio que era. Ahora jugaban bajo la mirada de Miqui y otros coordinadores de área, planta y sección. Todos muy amables. Todos muy comprensivos. Todos muy extraños a los ojos de Elorap. Además, echaba de menos a sus padres.
A las dos semanas de estar allí y sin haber tenido ningún resultado aparente, Miqui le propuso a Elorap que acompañara a su hermano también cuando estaba con los otros “creadores”: Los niños álbinos. A Elorap no le hacía mucha gracía, pero terminó por aceptar.
Entró en la sala de los juguetes, donde ya estaba su hermano y los demás niños albinos se acercaron a ella con curiosidad. Elorap pensaba que estarían enfadados con ella porque, de alguna manera, era una intrusa, pero al contrario: Parecían encantados con su presencia.
-Es perfecto- dijo uno- por fin tenemos a alguien normal a quién contarle nuestras ideas.
-Alguien como nosotros. Que nos entiende.
La trataban como una igual, pero parecía que querían sacar algo de ella. No paraban de decir que eran “iguales”, pero era evidente que no. No sólo porque su interés por las matemáticas era más que dudoso, sino porque no dejaban de recordarle a cada minuto lo iguales que eran y eso es muy raro.
Le preguntaban por el significado que habían elegido para las palabras que habían inventado. Elorap respondía con la mayor sinceridad, pero esos niños (Algunos más mayores que ella) respondía de la manera más extraña: Unos agradecían sus consejos como si fuera una especie de oráculo, otros se enfadaban con ella y decían que “no les entendía”. Elorap se limitaba a ser sincera. Dolorosamente sincera, a veces. Se decía que era la única manera de mantener el control de la situación.
Los niños albinos le presentaban sus ideas a los coordinadores de las distintas areas y luego se quejaban si les cambiaban algo: “Ellos que sabrán”- decían.
Una mañana, Elorap se dio cuenta de que a su hermano le había salido un mechón de pelo blanco y se dio cuenta de que Leo estaba empezando a cambiar. Por ejemplo, dormía muy mal, cosa que no le había pasado nunca. Descuidaba detalles en el juego y cada vez pensaba menos en las cosas que tenía a su alrededor. Cada vez estaba más ensimismado. Elorap estaba preocupada. Llego a pensar que si no inventaba nada más le dejarían marchar y que era mejor ayudarle. Luego penso que entonce sus padres perderían su crédito y ya no podrían hablar nunca más. Le gustaba hablar. Se había dado cuenta de que era muy divertido y era mucho más fácil explicar cosas concretas como inventos y modelos. Por cierto, hacía semanas que a Elorap no se le ocurría ningún ingenio nuevo. Su mente estaba siendo colonizada por preocupaciones, preguntas de niños Albinos y otras tensiones propias de otra edad o quizás de ninguna.
Una noche encontró a Leo llorando y cuando le preguntó lo que le pasaba el niño no fue capaz de explicarse. Tenía que hacer algo, así que tomó una decisión. Quizás supondría su exulsión y la de su hermano, pero era lo único que se le ocurría.
Caminó por el pasillo hasta el despacho de Miqui. Le vió a través de las paredes de cristal. Estaba hablando por teléfono y parecía contento, mejor. Elorap entró sin vacilar y se sentó en la silla del despacho. Miqui hablo un poco más por teléfono. Elorap empezó a ponerse nerviosa, ¿y sí salía mal? ¿Y si la descubrían? Pensó en bajar de la silla e irse de ahí, pero era demasiado tarde.
-Dime, Elorap. ¿Cómo va todo? ¿Estáis bien? ¿Tenéis todo lo que necesitáis?
-Si- dijo Elorap- Todo bien.
-¿Entonces?
Elorap tirtubeó un segundo. Miró a Miqui a los ojos buscando algún destello que le permitiera plantearse qué tal le iba a salir el plan, pero no encontró ninguno.
-Es que… mi hermano Leo ya sabe lo que quiere decir Blerrinad.
Miqui estaba sonriendo mientras hablaba con ella, pero al escuchar eso consiguió sonreír aún más. El movimiento de su cara fue fascinante.
-¡Eso es maravilloso¡
-Lo que pasa es que solo me lo quiere contar a mi.
-¡Claro! Un tímido. Perfecto, perfecto. Hemos tenido algunos así. Luego se les pasa.
Estaba funcionando. Elorap no daba crédito a lo que estaba pasando.
-¿Y qué quiere decir?
Ahora es cuando Elorap se lo jugaba todo.
-Es… ¿Sabes cuando estás triste, pero no sabes bien por qué?
Miqui asintió con la cabeza, ¿la estaba creyendo?
-Pues hay veces que tienes esas sensación y quieres estar en otra parte, pero no sabes cual…
Miqui volvió a asentir. Elorap estaba copiando el tipo de cosas que escuchaba decir a los niños albinos y parecía estar funcionando.
-Eso es Blerrinad. La sensación de estar triste sin saber porqué y querer estar en otra parte sin saber cuál es.
Hubo un segundo de silencio. Después Miqui empezó a reír a carcajadas y miróa Elorap.
-Elorap. Tú hermano es un genio. Dile que ya puede empezar con su próxima palabra.
Elorap estaba anonadada. Se tiró toda la tarde y parte de la noche pensando en lo sucedido. Había mentido de la manera más simple y burda y sin embargo ¡había funcionado! Podía incluso inventarse la nueva palabra y un nuevo significado y su hermano y ella podrían jugar con total tranquilidad. Pero, entonces, ¿Cúal era el misterio? ¿Por qué tanta angustia y tantas preguntas? Era facilismo. Si ella podía hacerlo cualquiera podría.
Pensaba en éstas cosas tumbada en su cama, cuando escuchó un ruido cercano: Una risa. Parecía una carcajada, pero era más aguda y más cortante. Retumbaba por las paredes de cristal del edificio vacío. Se levantó y salió de su habitación en pijama. Vió una luz al fondo, en un cuarto que antes no había visto. Una puerta que solo se distinguía porque había una luz detrás de ella que permitía intuir el contorno de la hoja. Era la única puerta de todo el complejo que no era transparente.
Elorap caminó por el pasillo, de pronto estaba nerviosa. Escuchaba como le latía el corazón y, aunque su cerebro le pedía a gritos que no siguiera adelante, sus píes seguían avanzando hacia la luz.



