2 de Febrero de 2007
Marylin Tm. Capítulo Tres
Marylin, un avatar virtual de una empresa de servicios sexuales, ha sido robada. La policía dice estar buscando el culpable, alguien llamado "Geraldine". Emisor, un periódista, tiene sus propios motivos para intentar localizar a Marylin y entrevistar a la persona que la ha robado. La visita en Elemetro a la casa de Wasabi, el creador de Marylin, no le ha dado muchas respuestas, pero al salir del edificio una misteriosa llamada le invita a conocer a "Geraldine" y Emisor no puede negarse.
Disfurta ahora con la tercera parte de esta sucia historia de suspense y sexo en un futuro a la vez lejano y cercano o lee antes El primer capítulo y el segundo
Capítulo 3
Un taxi se para a mi lado. El taxista sonríe, como esperando algo. La voz del comunicador es de varón, un poco cascada. Miro a mi alrededor sintiéndome pequeño y ridículo. Voy a decir algo, pero han colgado. El taxista vuelve a sonreírme. Es evidente que no entiende nada de lo que está pasando, pero se siente parte y, hoy día, es lo único que puede hacer que alguien sonría.
Me subo, claro. El taxista arranca.
-¿Dónde vamos?- le pregunto
Sonríe aún más.
-A casa de Josephine.
Y vuelve a reírse.
La casa de “Josephine” está en una zona de pisos abigarrados en uno de los límites exteriores de Metrópolis. Pegada a una autopista, con las fachadas manchadas de la contaminación de la carretera, columpios oxidados y antenas improvisadas en los tejados. Aquí la comunicación se roba. Una forma tan vieja como el mundo de sentirse parte y conectarse al flujo de los demás. Desde aquí la zona del elemetro y Las Aguas parecen otro planeta.
El taxi se marcha y me deja sólo, enfrentado a ese edificio con las ventanas pegadas como en una colmena. Nueva llamada.
-¿Josephine?- digo.
“36,12ºA” Dice una voz que, asociada al nombre “Josephine”, suena sospechosamente a club cutre de bioesculpidos. Camino hacia el edificio con el número 36 en la puerta mientras pienso que a alguien le han dejado a medias la operación de cambio de sexo. Miro hacia arriba. El doce debe ser el último piso. Entro.
Mis ojos me dicen que debe oler a meados por todas partes y que los charcos que me encuentro por el suelo deben apestar a agua estancada, pero el tabaco ha neutralizado mis vías respiratorias tanto como mi sentido del olfato, así que me limito a andar apretando el paso.
En uno de los pasillos me cruzo con un niño de unos seis años que deambula como un zombie con un repetidor de realidad virtual en la cabeza. Da unos pasos, suelta una risita y se queda sentado en el suelo, torpemente. Parece un modelo virtual antiguo, aquí todo es así. Llego hasta el 12A y llamo a la puerta.
Josephine abre de inmediato. Es un hombre de unos cuarenta años, con los pelos de una barba muy desordenada aflorando en la zona de la perilla. Está muy flaco y lleva unas gafas último modelo con todo tipo de impletamentaciones. Camiseta blanca bastante vieja y unos pantalones que apenan disimulan un cuerpo esquelético, a pesar de su altura (me saca una cabeza) Lleva en la mano un recipiente de plástico del que saca una especie de fideos azules con unos palillos. Al verme me sonríe.
-Emisor.- Dice como saludo y me invita a pasar con la mano.
Entro en un piso enmoquetado con olor a cerrado y humedad. En la pared frente a mi se proyecta una película de hace cientos de años, en blanco y negro, sin sonido. Todo está lleno de papeles y restos de comida. El sonido está copado por un run- run típico de una terminal física de computación y muchos ventiladores.
-Póngase cómodo.
Me siento en un sofá después de apartar una columna de papeles llenos de código informático impreso. Conecto mis dispositivos de grabación, pero noto un pitido muy fuerte en la oreja.
-Aquí va a tener que tomar notas. Los dispositivos de grabación interfieren con el sistema informático y no me lo puedo permitir- Dice desde algún lugar en el interior de la casa.
Vale. Conecto entonces mi digipalm. Hace años que no la uso. Josephine vuelve con una silla no demasiado cómoda y la pone con el respaldo mirando hacia mí. Se sienta y coloca los brazos sobre el respaldo, mirándome.
-¿Y bien?- le digo- ¿Cómo me ha encontrado?
Se ríe.
-Yo no le he encontrado, usted fue a casa de ese cerdo. Le transmitió por los canales de su diario, era muy fácil saber cuando iba a salir de ahí.
-¿Y mi teléfono?
-Es información pública señor Emisor, sólo hay que saber donde buscar.
No se me había pasado lo de “ese cerdo”, pero parecía el tipo de persona a la que no hay que preguntar nada, ansiosa por hablar.
-Muy bien- le digo- ¿Y que estoy haciendo aquí?
-Usted está buscando a Geraldine y yo sé como encontrarle.
-¿Geraldine también es un hombre?
-Eso términos no se aplican, es un nick, un apodo.
-¿Y usted sabe como encontrar a Geraldine?
Asiente con la cabeza, pero se levanta y se mete en la habitación del zumbido como si le hubieran puesto un petardo en el culo.
-Es que estoy trabajando.
Parecía no haber dormido mucho en las últimas tres semanas, estaba claro que había estado tomando algo para aguantar y no precisamente cafeína concentrada. Le escucho cacharrear en la habitación de al lado, teclear frenéticamente y murmurar cosas que no entiendo. Al poco rato vuelve a salir.
-Lo siento. La cuestión es que se como encontrar a Geraldine.
-¿Por qué no se lo ha dicho a La Policía?
Se ríe como si acabara de comentar una obviedad.
-¿Para qué? La policía no entiende nunca nada. Usted, usted es el importante.
Me señala con el dedo con una pose un poco exagerada.
-Creo que me subestima.
-Yo creo que no. Esta claro que ese chino piojoso no le impresionó, impresiona a todo el mundo, pero a usted no.
Supongo que se refiere a “Wasabi” El creador de Marilyn.
-Se refiere al creador de Marylin.
-Ese mierda no habría creado a Marilyn ni aunque le hubiera puesto un chip de autoaprendizaje mientras le comía la polla.
-Es lo que él dice y lo que dice la compañía.
Josephine se rasca la frente con velocidad y apunta algo en una digipalm similar a la mía, me vuelve a mirar.
-Wasabi es el coordinador del proyecto, pero sólo es imagen. Nosotros somos el alma de Eterea, nosotros creamos a Marylin.
-¿Nosotros?
-Yo le puse el nombre y la cara. ¡Ahí está!
Saca un mando del pantalón y para la imagen del proyector de la pared. Se pone a dar saltos alborozado mientras murmura cosas sin sentido “Ese cabrón... Ese hijoputa, no la reconocería ni aunque le pusiera los labios en las pelotas”.
En la pantalla la imagen se ha detenido en una mujer de unos treinta y cinco años, de piel muy blanca y labios rojos carnosos. Tiene una peca en el lado derecho de la cara y un mechón de pelo rubio le cae haciéndole un tirabuzón sobre la frente. Tiene la boca abierta y una hilera de perfectos dientes blancos aparece debajo de los labios, se está riendo.
-Es maravillosa- Dice Josephine.
-Muy atractiva.
Se me queda mirando iluminado por el proyector.
-Yo cree su cara. Junté su imagen con una foto de una modelo bioesculpida y los pómulos de mi primera novia del instituto. En la empresa trabajamos miles. Wasabi no es más que un comemierda y un chupapollas. No sabe nada de programación. Si vuelve por ahí pregúntele por qué se llama Marylin, verá como palidece.
Probablemente no palidecería, me diría lo que quiero oír con todos los datos. Ese es su trabajo, ser la cara pública de algo sin cables ni aristas. Algo sin trabajadores mal pagados, sobreexictados y llenos de ego.
-¿Y dónde está?
-La tiene Geraldine.
Me lo dice como si le decepcionara que no lo hubiera adivinado por mi cuenta. La gente no entiende que mi trabajo no consiste en adivinar cosas, sino en buscarlas. Y en buscar a gente que me cuente cosas para poderlas contar luego yo, eso es todo.
-¿Geraldine la ha robado?
Me mira con un atisbo de furia en los ojos, pero en seguida vuelve al tono anterior, a la decepción.
-Estos términos no se aplican. Geraldine la creo tanto como yo, es suya. La compañía puede decir lo que quiera. Si no le han encontrado ya no es porque no lo sepan, es porque mientras Marylin está desaparecida tienen publicidad gratis todos los días.
Le miro de nuevo. Está nervioso. Empiezo a notar que le incomodo allí, que no le gusta como están saliendo las cosas. Que esperaba, quizás, algo distinto.
-Wasabi dijo que Geraldine no podría conectarse a la red, que la estaban rastreando constantemente.
-Pero Wasabi sabe que ha sido Geraldine, lo sabe desde el principio. O eso o es más gilipoyas de lo que pensaba. Sólo están haciendo tiempo.
-¿ Y dónde está Geraldine?
Me lo dice. Y luego me hace prometerle que contaré en mi artículo que Wasabi no es más que un farsante y yo le miento y le digo que si, que lo haré. Cuando me voy tengo la sensación de que ya no confía en mí. Ha visto algo que le ha hecho desconfiar, o quizás es que desconfía de todo.
(Continuará el Lunes 5 de Febrero)
Guillermo Zapata a las 11:26 AM | Referencias 0¡Ole, ole, me está gustando, Guille! ¿Cuántos capítulos habrá? ;)
Juan | 2 de Febrero de 2007 - 12:14 PMHola q tal?
Soy compositor malagueño, y me gustaría invitarte a que escuchases la música que escribo en mi website oficial, por si cabe la posibilidad de colaborar en algún proyecto. Saludos!



