15 de Enero de 2007
Banderas de nuestros padres: El estado, el dolor y la representación.

La gente pregunta ¿por qué Clint Eastwood es republicano? Si es tan majete, tan contrario a la violencia, hace esas películas donde habla de la discriminación racial, la violencia contra las mujeres, la eutanasia, etc. A veces, la verdad, cuesta creerlo. Pero es ser muy corto de miras si uno cree que un republicano es una persona "de derechas" y punto. Repúblicano y demócrata no significa "derecha" e "izquierda", sino (y esto es una simplificación grandísima) Más gobierno o menos. Más poder de la administración o menos. Y en eso Clint Eastwood es todo un repubicano: desconfía de la política y del poder del estado frente a los individuos y sus capacidades organizativas.
¿Tiene esto que ver con Banderas de Nuestros Padres? Un poco. Porque una de las cosas que cuenta esta historia es como el poder del estado, en este caso en su dimensión "propaganda bélica", anula a los individuos en pos de un objetivo que, al menos, les es ajeno. Sin embargo, Eastwood va mucho más allá y quizás por eso es tán extramadamente interesante su filmografía. Eastwood escucha la canción por detrás de la canción, el mapa detrás de la representación de las cosas y hace lo contrario de lo que hace el noventa por ciento de los directores del planeta: Complejiza.
Banderas de nuestros padres es una bella (aunque un tanto descompensada) historia sobre los héroes y la representación de los mismos. Una historia sobre la naturaleza ambivalente de los símbolos. Un símbolo funciona como reductor de la complejidad, como expresión de un anhelo, es un poco mentira y a la vez más verdadero que la realidad. Tiene una relación con su significante compleja ya que anula las aristas, proyecta una imagen de las cosas, pero a la vez hace habitable el mundo. Eastwood narra esto con diferentes herramientas, desde una colina de papel maché subida por los hombres que subieron y pudieron morir en la colina real que representa. A la vez, esos mismo soldados falsean la realidad para hacer habitable el mundo a una madres desconsoladas.
El dolor genera silencio si no se comparte, se socializa y se extiende. La representación propagandística tiende a borrar el dolor. Construye una experiencia "segura" para el espectador. Eastwood nos cuenta todo ello en medio de grandes batallas.
Y sí, creo que ésta vez he logrado no decir absolutamente NADA que tenga que ver con lo cinematográfico :=)
Como decía en el cole: "Pero a mi me ha gustao, eh... Mazo"
Queremos a Laura y javier juntos. Carlos es un soso y no puedo con el. La pareja de laura Carlos me ha echo dormir con la serie algo impensable para mí hace tiempo
elena | 15 de Enero de 2007 - 04:09 PMTodos queremos cosas. Yo, por ejemplo, querría que los comentarios tuvieran algo que ver con los post donde se publican: que si uno habla de Hospital Central los comentarios fueran sobre eso y si uno habla de Clint Eastwood los comentarios fueran sobre eso. Se ve que es imposible. Que aún hay gente que tiene la absurda creencia de que si pone algo en un sitio inesperado, se ve más o presiona o algo. En fin, cada loco con su tema.
El sabado vi la pelicula, y despues de 2 horas a mi me gusto, la encuentro antimericana, con el engaño que simbolizo el monumento de la bandera, a ellos y alos demas de alrededor, fueron marionetas en medio de un mundo de caos, lo que mas me llamo la atencion, es cuando un senador dejo de los arabes " son nuestros amigos", despuesde de 60 años, como cambian las situaciones,
Y refieendome al comentario anterior, hay de todo no?
Un beso=).
Iris.
Yo ví la pelicula la semana pasada porque me la habían puesto por las nubes...y siempre que te ponen algo por las nubes, lo normal es que no te guste tanto...y esto es lo que me pasó a mi. Como siempre...me esperaba más...aunque me gustó.
Lo que me pregunto yo es: ¿Cómo pueden hacerse dos peliculas en un mismo año tratando el mismo tema, pero desde la visión de cada país? Porque también está la versión japonesa de esta peli, que es la que se ha llevado el Globo de Oro.
Carmen | 17 de Enero de 2007 - 01:30 AMCarmen, porque las dos las dirije Clint Eastwood. Es un proyecto interesántisimo.
Guillermo Zapata | 17 de Enero de 2007 - 12:48 PMNueva obra maestra insigne de Clint Eastwood, de largo el mejor director contemporáneo de cine y uno de los mejores de la historia del Séptimo Arte, sin duda alguna.
Con esta magna obra logra de nuevo emocionar, hacernos reflexionar, y sufrir, con los avatares de un grupo de hombres corrientes y molientes, que fueron considerados héroes por sus conciudadanos, cuando no eran más que jóvenes soldados que solo pretendían salvar la piel en una espantosa guerra mundial.
Eastwood, con su maestría habitual logra una soberbia adaptación de la estupenda obra de James Bradley y Ron Powers, gracias al entusiasta y perfecto guión a cargo de William Boyles Jr, y su ya habitual colaborador Paul Haggis.
Partiendo de un hecho aparentemente superficial en medio de un enorme caos de muerte y destrucción, la colocación de una bandera de Los Estados Unidos en lo alto de un volcán de la isla japonesa de Iwo Jima a cargo de seis soldados de los marines de dicho ejército, Eastwood nos narra una historia conmovedora, llena de ternura, cariño y también de crueldad y violencia. Y no olvidemos que se trata de una historia real, no inventada.
Y ahí reside su mayor virtud, que Eastwood no la desvirtúa, narrando unos dolorosos hechos nada complacientes con el Gobierno de Los Estados Unidos, muchos de cuyos miembros usaron a heridos y atormentados seres humanos para sus partidistas fines...igual que lo siguen haciendo hoy en día (no solo Los Estados Unidos, sino prácticamente todos).
Eastwood divide su historia en tres épocas diferentes, la de la isla de Iwo Jima, con sus terribles confrontaciones bélicas, narradas con todo lujo de detalles, algunos de ellos singularmente violentos; la que siguió a la isla, con los tres soldados que sobrevivieron y colocaron la dichosa bandera, usados para captar dinero para la Guerra, y en la que asistimos a un rosario de injusticias, humillaciones, prejuicios e hipocresía, pero también de amistad, compañerismo y lealtad hacia unos compañeros ninguneados que dieron su vida por ¿la patria?.
Y por último, la época actual, donde el hijo de uno de los soldados escribe la historia real que ocurrió en Iwo Jima, entrevistando a los hombres que participaron en ella y, por tanto, continúan vivos para contar la verdad.
Y es esta última parte, la que ocupa el último tercio, la que está llena de humanidad, respeto y cariño, no hacia el soldado valiente, el héroe nacional, sino hacia simplemente el padre que intentó y logró formar una ejemplar familia llena de amor. En este sentido, la conmovedora escena del hospital es una de las más bellas que quien esto escribe ha visto en los últimos tiempo, y quizás en muchos, muchos años.
"Banderas de nuestros padres" es, repito, una obra maestra sin discusión alguna, enormemente entretenida, que se seguiría con gusto y también dolor, viendo muchos minutos más. Gracias a un riquísimo guión, estupendas interpretaciones a cargo de actores y actrices no demasiado conocidos, perfecta ambientación (se nota el dinero metido por Spielberg, co-productor del filme), y un empaque técnico soberbio, con fotografía, montaje y música (del propio Eastwood) ejemplares.
Una película que una vez finalizada deja literalmente sin habla al espectador, anonadado ante tanta belleza, lirismo y humanidad.
Para finalizar, conviene no echar a correr como posesos una vez comienzan los títulos de crédito finales. Estos son muy interesantes, pues se ven, en todo momento, fotografías de la contienda real de iwo Jima y a sus verdaderos protagonistas. Y mientras suena la exquisita música de Eastwood. Estimo que no es de recibo salir escopetado y quedarse sentado en la butaca, entre otras cosas para lograr recobrar el resuello y que nadie note las lágrimas que fácilmente se nos pueden haber caído durante la visión de este peliculón.



