16 de Junio de 2006
El frágil hilo que me unía a la originalidad
En varias ocasiones hemos hablado por aquí de "el genio", de "los autores" y la creatividad y esas cosas. Para los recién llegados podemos decir simplemente, que es un cuento, que la autoría sólo es la capacidad para reordenar elementos previamente existentes para darle un sentido distinto a través de la mezcla. El plagio, que diría Lautremont, es la madre de la invención.
Pero el ego quiere hacernos creer que no es así, que realmente tenemos "ideas nuestras", propias, ocurrencias personales, intransferibles. Yo había renunciado a eso de las ideas propias hace tiempo, estaba bastante cómodo con las ideas ajenas para cimentar la propia originalidad como para preocuparme de "mis cosas". Pero eso se debe también a que tenía algún as escondido en la manga, hubo un tiempo (creía yo) en que fuí completamente original, inventé algo completamente nuevo, propio. Nada más lejos.
Les cuento. Cuanyo yo era pequeño hace como unos doscientos años, cuando pensaba que los mosqueperros eran "Amis, Porto y Dogoson", escribía cuentos. En realidad escribía sagas milenarias e interminables pero lo que es al papel llegaban una o dos páginas. Evidentemente, esos cuentos no eran originales, eran historias nacidas de demasiadas lecturas de "El Señor de los Anillos" y las "Crónicas de la Dragonlance" entre otros. Los protagonistas eran adolescentes de 14 años que luchaban contra el mal (Ya sabéis, lo típico) Vivián en una tierra épica y mítica llamada "Osquerland" (Porque me había fijado antes de saber que "land" es "tierra" que muchos lugares de mis novelas favortias sucedian en "landes") y allí vivían aventuras. Mi favorita era una en la que los chavales del "poblado" se iban de escursión y cuando volvían unos malvados caballeros negros habían destruído el pueblo y matado a sus padres y los chicos tenían que arreglarselas solos, total que encontraban una isla con un templo donde había una serie de armaduras con el nombre de los mozos y mozas, se hacían guerreros y luchaban contra el mal. El caso es que uno de ellos, el protagonista, mi cota de unión a esa gloriosa tradición de "autores originales", se llamaba "Lorimar".
Lorimar era un nombre magnifico y se me había ocurrido a mi, a mi sólo, sin mezclar ni pollas. Era MI NOMBRE. Un nombre precioso, redondeando Lo-Ri-Mar, magnifico. Ayer por la tarde ese frágil nexo con la "tierra fértil de los originales" saltó por los aires cuando gracias al correo de un amigo llegué a Esta página y vi el siguiente video.
¿Lo han visto? Lorimar no era más que el nombre de una productora de televisión, la encargada de Dallas, que yo veía por las mañanas en un sofá de color amrillento mientras me tomaba la leche. Si buscan ustedes Lorimar en la wikipedia descubriran que el drama es completo, resulta que la empresa se llama así por la ex mujer de uno de los fundadores "Lori". Así que vuelvo a la tierra de los creadores no originales, los normales y corrientes, los que reinterpretan signos. En esa tierra, por siempre jamás, Lorimar es un guerrero adolescente en las tierras de Osquerland.
Guillermo Zapata a las 01:40 PM | Referencias 0Jeje. Pero seguro que Dogosón sólo era tuyo :)
El principio de tu post me ha recordado a un texto que tengo apuntado, es de un tal Lewis Mumford y es un poco largo, pero ahí va:
"Como la invención no es nunca obra exclusiva de un solo inventor, por muy grande que pueda ser su genio, y como es el resultado de los esfuerzos sucesivos de innumerables personas, aplicados durante épocas distintas a finalidades a menudo diferentes, es una mera figura del lenguaje atribuir un invento a una única persona: se trata de una falsedad interesada fomentada por un sentido espúreo de patriotismo y por el sistema de monopolio de las patentes, un sistema que permite que un hombre reivindique recompensas monetarias especiales por la circunstancia de ser el último eslabón del complicado proceso social que ha dado origen a la invención. [...]. Esto también vale para países y generaciones; la riqueza común de conocimientos y habilidades técnicas desborda las fronteras de los egos individuales o nacionales; y olvidar este hecho equivale no sólo a entronizar la superstición, sino también a minar la base planetaria de la tecnología"
Saludines
Je, de algun modo, eso que acabas de contar, Guille, me ha recordado al final de Big Fish, cuando vas viendo las versiones idealizadas y "reales" de los diferentes personajes.
En fin, en mi opinión, la oriinalidad está sobrevalorada. Lo importante es disfrutar el resultado final.
usagi2099 | 16 de Junio de 2006 - 07:36 PMlewis mumford...hacía lustros que no le veía citado -Las Ciudades en la Histaria es un gran libro. Me lo he pasado muy bien leyendo este post, es bastante cómico.
pimodan | 17 de Junio de 2006 - 11:06 AMEn cuanto a las series ¿existe alguien encargado de supervisar la coherencia de los personajes? He dejado de ver alguna serie porque ciertos cambios,ciertas acciones, "deshacían"(a mi entender)algún personaje...
¿podrías recomendarme algún libro relacionado con la profesión de guionista? Gracias.
Me gusta y me interesa mucho tu blog.
“Todas las historias del mundo, en el fondo, se componen sólo de 26 letras. Las letras siguen siendo las mismas y sólo cambia su combinación. Con las letras se hacen palabras, con las palabras frases, con las frases capítulos y con los capítulos historias”.
MICHAEL HENDE [La Historia Interminable]
Direy | 17 de Junio de 2006 - 05:15 PMYo escribí un cuentecillo (tenía unos 11 años y nunca lo llegué a terminar) basado en un video musical (de Tom Petty) que a la vez estaba basado en "Alicia en el País de las Maravillas". O sea, originalidad '0'. Creo que la cosa está en reconocerlo y en aportar algo personal (ahora tengo 28 años y sigo sin haber conseguido lo segundo).
Ah, y no transcribo los nombres de los personajes porque me da vergüenza. ¡Pero mucha vergüenza!
el pirata Roberts | 17 de Junio de 2006 - 10:08 PMNo existe nada nuevo, sólo lo olvidado. No sé si fue el sabio Salomón quien lo dijo, pero tiene mucho de verdad. Yo hablé en uno de mis blogs de un amago de primera novela que escribí: La mujer rata, que no era más que una copia más o menos españolizada de una película que me impactó mucho en su día: Un hombre lobo americano en londres. Pero, ¿qué son los géneros sino copias de un mismo universo?
zero neuronas | 18 de Junio de 2006 - 01:22 PMJajajajajajajaja!!! XD
Dios mío, qué desgracia más enorme... Supongo que Dallas caló en ti de una forma subliminal y algún día tenías que darte cuenta. Es lo que tiene haber crecido junto a la tele: el mundo real, en comparación, resulta aburrido y además no tiene ni sintonía de cabecera pegadiza ni títulos de crédito.
Todo depende de que entendamos por originalidad. Yo creo que es imposible escribir algo sin basarte en algo que hayas vivido,visto, o que te hayan contado.Si llamamos originalidad a inventar algo desde 0, nada es original.¿que piensan ustedes?
yeiyar | 18 de Junio de 2006 - 05:56 PMBueno, yo escribí un cuento narrando la historia del juego de "Topo Soft", "Mad Mix Game"... toma ya.
fanshawe | 19 de Junio de 2006 - 02:14 PMUff! Gracias por la historia... y yo atormentado por mi adolescencia Friki dibujando mapas de tierras imposibles y escribiendo historietas de espada y brujeria, originalidad 0, en todas rodanba la sombra de Conán....
Descubro con alivio que no era el único, aunque sin llegar a tus extremos Fanshawe..
Un saludo.



