3 de Abril de 2006
Una Atención Diferente- Quinto relato del concurso "Crea una historia"
Este es el relato que cierra el concurso (Que no es un concurso) Es mío y, por cuestiones que no vienen al caso, se ha demorado un poco. Pero ya está disponible. Se título "Una Atención Diferente" y no voy a decir nada sobre él, porque decirlo yo estaría feo. Sólo espero que os guste.
Mañana pulicaré los pasos que vamos a seguir a partir de aquí con éste "primer experimento" (Digo primer porque habrá más)
Podéis leer el resto de relatos:
Perdido, ¿o no?
La Corbata Roja
Dijkarate, La Penultima Fortaleza
La Cabra, el destino y un pato que habla
UNA ATENCIÓN DIFERENTE
“Supongo que tú sabrás que hacer con esto. No sé, igual no.
Yo no le importaba mucho a nadie hasta que le corté la cabeza a mis padres, es así. Si revisáis las cintas veréis que es una cosa que me preguntan constantemente, aunque yo no respondiera. Era como el tema estrella, tampoco se porqué. Ni si tenía importancia que aquella tarde hubiera fútbol en la tele o quién ganaba las elecciones aquel año, pero es verdad.
Lo que pasa es que tampoco... tampoco se si eso es importante o no. No he vuelto a matar a nadie nunca y cuando miro la foto, la foto que pusieron los periódicos digo, pues no me reconozco mucho. Supongo que pasa eso con las fotos. Tampoco se si entonces lo llamaba matar. No me acuerdo, era pequeño.
Pero es un tema importante, ese. Lo de que nadie me hacía mucho caso, que yo no era importante. Es que los niños no son importantes, ¡es verdad! Piensa en tu vida, ¿tienen los niños alguna importancia? Si apenas coincidimos... Y ellos casi siempre están rodeados de otros niños, ¿no?.
O sea, que yo no sé si lo decía por algo, o me quejaba o qué. No... es que no consigo recordarlo, pero me lo preguntaban muchísimo.
Es como si tuviera dos vidas: la vida de antes, que casi no recuerdo, y la vida de después. La de después es como si hubiera nacido ese mismo día, con las tijeras en la mano y el pelo de mi madre ensangrentado goteando por la cuerda. Entonces no sé si yo soy el niño que cortó la cabeza a sus padres o el niño que vivió y creció después de cortarle la cabeza a sus padres. No lo sé, sinceramente.
Lo único que recuerdo con nitidez es que en el colegio nos habían enseñado a hacer globos de helio y nos habían enseñado a hacer calabazas de halloween. Eso si me acuerdo perfectamente. De eso y de que quería un globo.
No me acuerdo por qué quería un globo, ni si otros niños de mi clase tenían globos, ni de si mi padre me dijo que tenía que ser no sé qué en la vida. Mi padre no hablaba conmigo de esas cosas, no hablaba mucho conmigo.
Los padres no hablan con sus hijos cuando son tan pequeños. Mis amigos no recuerdan a sus padres hablando con ellos de pequeños. Mi padre me leía cuentos, eso si.
Tampoco sé porqué vomito siempre que veo una calabaza . Bueno, no se porque me entran ganas de vomitar, la verdad es que casi nunca vomito.
Cuando miro la foto, con sinceridad, casi no me acuerdo de mis padres, sólo me acuerdo del globo, del globo que quería. Y me llena una profunda sensación de placer recordar tener ese globo. Inmediatamente me siento mal por haber tenido esa sensación de placer y pienso en otra cosa...
Le doy vueltas últimamente a por qué me obligo a no tener la sensación de placer. Creo que no tiene nada que ver conmigo el obligarme a eso, pero lo hago siempre. ¿Cómo lo sé? Porque lo recuerdo todo, a la perfección, cada detalle. Y no tiene la mayor importancia
Lo recuerdo como una película que he visto mil veces y lo recuerdo desde siempre. Y lo digo porque sobre eso también me hacían preguntas sin parar, en el sitio aquel de las paredes blancas. No paraban de pedirme que se lo contara, y yo se lo contaba y ellos se horrorizaban y ponían una cara muy rara. A los dos días volvían y me lo volvían y preguntar, y yo se lo volvía a contar sin cambiar una coma. Creo que esperaban que algún día cambiara mi versión del relato. Nunca lo hice, en los tres años que estuve allí.
He notado que salvo ellos, nadie más ha querido oírlo nunca. Ahora no se muy bien por qué, pero en su momento me parecía que desde un punto de vista técnico, era toda una proeza. Me acuerdo que pensaba “me está quedando bien” “esto es difícil de hacer y me está quedando bien” Supongo que nadie más pensó lo mismo...
Eh... ahora me gustaría relajarme y hablar de otra cosa, la verdad. Pero lo malo es que no puedo, no es que no pueda relajarme y hablar de otra cosa sino que eso de mis padres siempre está ahí, si lo digo porque lo digo, si no lo digo porque no lo digo. De hecho, ¿Qué podría interesar de mi que no fuera eso? Si escuchas esto es porque soy yo y soy yo por lo de mis padres. Entonces no puedo hablar de otra cosa porque no hay otra cosa. Así que ya está”
Le llegó a través del correo electrónico, en un archivo adjunto. El cuerpo del mensaje decía “Por si te sirve” y el subjet “Chico Globo, diez años”. Reconoció la voz al momento, porque se habían entrevistado dos veces y son cosas que no se olvidan. De todas formas, sólo con “chico globo, diez años”, tuvo suficiente.
Los chicos no suelen suicidarse provocándose dolor, generalmente son más dados a tirarse de sitios. Las chicas suelen usas pastillas, o a veces se cortan las venas.
Le encontraron en la calle, con su cuerpo contraído en la acera. Diez años después, tenía 18. Fue un breve. Una nota de 60 palabras en una esquina.
Él ni siquiera lo sabía. Estaba enterrado en un rincon oscuro de una url oscura. En una página perdida en la sección de sociedad: “Diez años después, se suicida el “Chico del Globo”, eso decía.
Cuando le llegó el correo él no sabía que el chico se había suicidado. Escuchó la grabación un par de veces, pero tampoco le hizo mucho caso. Una semana después lo descubrió, por la casualidad caprichosa del aburrimiento y un cruce de etiquetas en un buscador. Se acordó de la grabación y quiso buscar en el archivo de su periódico para recordarse lo que había escrito sobre el tema. Así encontró el breve. Tampoco daba muchos datos, que se había tirado de un quinto piso y que era “El Chico del Globo”.
Pudo haberlo olvidado, claro. Pero decidió no hacerlo. Tampoco pensó demasiado en la razón por la que ahora era importante y antes le había dado igual. Lo que sabía es que ahora él tenía una grabación del chico que había cortado la cabeza de sus padres para hacerse un globo y que ese chico había muerto, y que su muerte no era noticia, pero la voz de un muerto sí. La voz de un muerto es como un mapa para el pasado, es una explicación.
El periodista pensó que esa grabación era una señal, pensó que si se lo había mandado a él era porque habían conectado en esas dos reuniones, porque habían sido “amigos” o algo así. O porque le había gustado lo que había escrito sobre él.
Pensó que tenía importancia.
Días después cubría varios periódicos. Días después un reportaje a fondo, a color, con su nombre, llenaba las páginas de una revista dominical, donde le pidieron que se cambiara de camisa y que, a poder ser, se dejara “barbita de tres días”. Varios días después, en la televisión hablaban del “fenómeno”. Una semana después, una niña escribió en su blog que “El Chico del Globo” la hablaba por las noches.
El periodista atravesó todo eso sin hacerse preguntas. De pronto, una noche de verano se despertó sudando, no podía respirar, se sentía fatigado. Pasarón los días y la situación no mejoró... Se empezó a hacer preguntas.
“Yo no le importaba mucho a nadie hasta que le corté la cabeza a mis padres”, “ nadie me hacía mucho caso“, “ en el colegio nos habían enseñado a hacer globos de helio y nos habían enseñado a hacer calabazas de halloween”. Estos eran algunos de los titulares que llenaban los periódicos aquellos días. Se hizo preguntas.
Las declaraciones institucionales sobre el tema se parecía a las de aquellas dichas hacía diez años. Todo se parecía, en realidad.
El periódista siguió haciéndose preguntas.
Una noche, a la hora de la cena, llamó a su ex- mujer. Hacia semanas que no hablaban. Le pidió que se pusiera el hijo que tenían en común, ese que cuando hacía algo mal llamaba “tú hijo”. El chico se puso. Hablaron del fútbol un poco, luego se agotó la conversación. El chaval le dijo que se marchaba a jugar y le dejó al otro lado del teléfono. El periodista pensaba que pasaría algo distinto. Que su hijo y él conectarían de nuevo, que él le contaría algo interesante y que las cosas se harían mejores, se volverían a acercar. Nada de eso.
Cuando colgó, miró la pantalla de su ordenador. Tenía abiertos varios artículos del “Chico del globo”. Pensó que esas pequeñas pantallas se llamaban “ventanas”, pero con la luz de la lampara dándole de lado y reflejado sobre la superficie del ordenador, no parecían ventanas, sino espejos.
“Por si te sirve”, ponía en el subjet del mensaje.
Guillermo Zapata a las 10:36 PM | Referencias 0Muy bueno Guillermo, me gusta mucho
herbon | 4 de Abril de 2006 - 04:35 PMSuper jazzed about gteting that know-how.
Doc | 30 de Septiembre de 2011 - 07:24 PMAcRtGI gsuapcuidjdj
tugqrddqa | 1 de Octubre de 2011 - 05:04 PMBLV5bX tloljpsiejln
xfkdva | 3 de Octubre de 2011 - 02:51 PM


