6 de Septiembre de 2005
Princesas, cine social de género

Cine Luminoso como la vida (leves spoilers en alguna parte, ojo)
Calle (perfecto nombre) y Zulema son dos putas en un Madrid resplandeciente, no sabemos las razones por las que Calle es puta, pero tampoco sabemos las razones porque las Juana es cajera, o al menos no nos interesan ¿hace falta justificación para ser puta? (Primer inteligente gesto de Fernando León), Son putas como podrían ser cajeras, pero son putas, una sobre todo es puta, y la otra es sobre todo Sin Papeles.
Las dos comparten un miedo, una, a que lo que es: "puta", la determine por encima de cualquier otra cosa, y por eso lo oculta, pero esa tensión hace su vida imposible. La otra está atada a una situación de ilegalidad que la obliga a aceptar lo que sea: palizas, sexo poco o nada seguro, violaciones, etc.
Las dos son interpretadas con una belleza y una profesionalidad, naturalidad, etc. Desbordantes. Como el resto del reparto de la película.
Tres eran tres +1
Princesas es la cuarta película de Fernando León, su primera película se diferencia radicalmente de las tres siguientes, tanto en su forma como en su contenido, por el contrario, tanto Barrio, como Los Lunes Al Sol, como Princesas, son una parte de un todo, esa continuidad permite empezar a juzgar las películas por méritos concretos, y también relativizar sus hallazgos, algunas metáforas se repiten entre Barrio y Princesas, algunos recursos ya los conocemos, y lejos de no ser efectivos, sorprenden menos, y sobre todo, vuelven algunos momentos de la trama previsibles, de tal manera que lo que en la primera película era un detalle de buen guión, hoy es una pista, nos hemos acostumbrado a ese lenguaje, y eso puede suponer algún límite a la hora de dejarnos sorprender.
Bien es cierto que frente a la completa ausencia de "trama" en Barrio y Los Lunes al Sol, Princesas cuenta dos historias, y las cuenta, las tramas evolucionan, y se resuelven, con un arquitrave mínimo, pero existente.
A nivel de estructura creo que la película se resiente durante unos quince minutos pasada la primera hora en la que lo que sucede ya lo sabemos, los conflictos están planteados, pero no se resuelven todavía. Al final remontamos bastante bien el rumbo.
Lo que más me chirriaron fueron dos o tres momentos que me resultaban demasiado forzados en la coincidencia, y la escena del Mercedes con el chofer, que aunque da oxígeno, resulta demasiado artificial para mí.
A pesar de ello la arquitectura del guión ex excelente, y lo que en Los Lunes Al Sol era un bar cerrado a Cal y Canto, hoy es una peluquería con cristalera que se relaciona con el mundo, y eso se agradece.
Música y Papeles
Por último quería mencionar los dos excelentes temas que Manu Chao se saca de la manga, con su capacida de síntesis sugerente y unos arreglos entre la fiesta y una tristeza contagiosa, resultan uno de los grandes aciertos de una película que, por cierto, usa muy bien sus silencios.
Una gran película, que de rebote, me permite hablar del Cine Social como género.
El Cine Social como género
Pérmitanme una disgresión sobre cine social que no cambia nada mi opinión sobre Princesas: Títulos de Crédito de Los Lunes al Sol, en alguna ciudad perdida del norte de españa, los obreros de los astilleros se enfrentan a la policia y defienden sus puestos de trabajo, pierden. Los Lunes al Sol no cuenta esta historia, cuenta la historia de los obreros dignos en su derrota, no en su lucha.
Fernando León ha acompañado al colectivo Hetaira, el único que además de trabajar con prostitutas está compuesto por prostitutas (y no prostitutas) en su trabajo de investigación para Princesas, el pasado año (mientras duraba esta fase de documentación) el colectio Hetaira, junto con otros colectivos sociales de Madrid, convocó una extraña manifestación para nuestra ciudad que recorrió la Calle Montera. Frente a los deseos de un ayuntamiento cuya gestión social la lleva nada menos que Ana Botella, de invisibilizar a las prostitutas de nuestra ciudad y condenarlas a un limbo sin derechos como el que actualmente habitan, las prostitutas se rebelaron y exigeron que se regularizara si situación, lucharon. Nada de esto aparece en Princesas.
El cine social no habla de conflictos sociales, sino de seres humanos individualizados y sus problemas, la derrota cotidiana y la "supervivencia" se ha convertido en una metáfora de la dignidad. Los dignos son los que sobreviven, o sea, todo el mundo, lo cual es como decir que nadie lo es. Los que se rebelan (aunque pierdan) no aparecen en la película, así nunca veremos una huelga en una película social, ni un "hasta aquí", son películas que describen la derrota social, son, pues, reaccionarias. No de derechas, de izquierdas, muy de izquierdas, y reaccionarias. Sistémicas, descripciones de un sistema, no herramientas para que ese sistema cambie, con las dificultades que eso entraña.
Princesas es una gran película de género social, yo adoro el cine social, aunque políticamente (cómo ven) me resulte poco útil, evidentemente, no hay necesidad ninguna de que el cine deba resultar herramienta de nada, y la mirada poética, solidaría, bellisima, de la película de Fernando León, del dolor que produce verla, y la emoción de la belleza que lleva dentro, compensa con creces cualquier crítica "desde fuera" (cómo ésta) a las elecciones que construyen una película.
Guillermo Zapata a las 12:01 PM | Referencias 0Princesas de la calle
Entrevista a Fernando León de Aranoa, de Carmen Briz
(Revista Página Abierta, 163, octubre de 2005. www.pensamientocritico.org)
Lo que sigue es parte de una entrevista hecha a principios de julio pasado a Fernando León de Aranoa, director de Princesas –cuando daba los últimos retoques a su película, antes de su estreno– para el Cómo se rodó (o making off) Princesas. Productores: Fernando León de Aranoa y Jaume Roures. Guión y dirección: Fernando León de Aranoa. Protagonistas: Candela Peña (Caye) y Micaela Nevárez (Zulema). Música: Alfonso de Villalonga y Manu Chao. Director de Fotografía: Ramiro Civita. Duración: 113 minutos.
Princesas, la última película del director de cine Fernando León de Aranoa, cuenta la historia de amistad de Caye y Zulema, una amistad inesperada, no buscada, no planeada, porque a ellas dos, en principio y casi por definición, les toca ser rivales. Ambas trabajan en lo mismo, pero Zulema llega del otro lado del Atlántico y significa la competencia abierta. Juntas aprenderán que su amistad es un hermoso refugio.
Suele repetir Fernando León que quería contar algo que trascendiera el mundo de la prostitución y que, en realidad, la película funcionaría igual de bien si las chicas fuesen cajeras de un supermercado. Pero no lo son, son putas, y este realizador ha sabido recoger con una sensibilidad exquisita todo lo alegre, todo lo doloroso, todo lo bello que encierran las vidas de esas superheroínas que ejercen la prostitución en nuestras calles. Para conseguirlo, se sumergió durante un largo periodo de tiempo en un trabajo arduo de documentación.
La tarea de documentación
Cuenta Fernando León de Aranoa que Princesas arranca de la historia que le contó un amigo. Su madre tenía una peluquería en la que se reunían las prostitutas del barrio, y él, siendo un crío, escuchaba sus conversaciones sin perder detalle. Cuenta también que la idea la escribió de un tirón en un viaje en tren y desde entonces no pudo soltarla. A punto de iniciar el rodaje de Los lunes al sol, mandó el guión en un sobre a Madrid para no volver a tocarlo, porque la historia de sus princesas ya le tenía atrapado.
Cuando volvió sobre ella, tras la larga vida de Los lunes –como siempre se refiere a su anterior película–, comenzó su tarea de documentación, un trabajo que cada vez se toma más en serio. Para Fernando León, la documentación empieza a ser un objetivo en sí mismo, más que un medio para escribir bien un guión o para poder hacer una película. «Tiene una parte muy bonita. Siempre que empiezo un trabajo de documentación lo empiezo pensando que, con ese trabajo y las entrevistas que a veces filmo, haré un documental algún día».
Según él, cada vez dedica más tiempo a esta tarea de documentarse y cada vez la disfruta más. «Me parece un lujo, uno de esos regalos que te hace el cine, quizás de los mejores. Porque tienes acceso a que alguien le apetezca abrirse y te cuente cosas de su vida que de otra forma seguramente no te las contaría, sabiendo que tampoco vas hacer uso de ellas de forma real, como puede hacerlo un programa de televisión, sino que después vas a inventar, transformar y poner en boca de los personajes que tienen otra edad, otra pinta. En esta última película, más que en las otras, ha sido maravilloso».
Cuando tan sólo tenía las primeras veinte páginas de la historia escritas, se enteró de forma casual de que en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía podía verse una exposición fotográfica de Maya Goded, titulada Sexoservidoras, que es como llaman a las trabajadoras del sexo en México. «Había, además de la exposición, una charla del colectivo Hetaira, que trabaja por la defensa de los derechos de las prostitutas. Dos años después, cuando ya empecé a escribir la historia, volví a contactar con la gente del colectivo. Me costó un poco hablar con ellas(se ríe), todas estaban muy ocupadas haciendo manifestaciones. Finalmente lo conseguí y tuve la suerte de que confiaran en el proyecto, en mí, que me dejaran acompañarlas en su trabajo».
Durante un largo tiempo, Fernando León se convirtió en uno más dentro del colectivo Hetaira y estuvo en reuniones, manifestaciones, concentraciones, jornadas de debate y fiestas. Además, se sentó durante largas noches en la rueda de repuesto de la Libertina, la furgoneta con la que cada semana se visitan las zonas donde se ejerce la prostitución, y trabajó repartiendo cola caos, galletas, folletos, condones. Dice que empezar a acompañarlas en su trabajo fue para él la parte más interesante, más especial, por lo que supuso de contacto con la realidad. «Las mujeres de Hetaira, además del trabajo asistencial, crean una relación a lo largo de los años con las chicas que trabajan en la Casa de Campo, en los polígonos. Y se sienten cómodas a pesar de ser gente que no pertenece a su mundo, pero con quienes hablan de sus problemas y tratan de resolverlos. Les dan un poco de tranquilidad. Es algo que quizás no se puede escribir en un folleto de ayuda, pero es de las más importantes o de las más bonitas que he visto. Es pura socialización».
Pero sobre todo trabajó escuchando. Señala que ha tenido el privilegio, de poder estar muy cerca de muchas chicas en la Casa de Campo, en los polígonos industriales, de poder hablar con ellas, de escucharlas. Y añade que empezó este trabajo con la idea de hacer unas entrevistas, pero, poco a poco, se fue dando cuenta de que eso era lo menos útil de todo, que, en realidad, lo mejor era estar ahí. «Hay un momento en que eres parte del mobiliario simplemente y escuchas sus conversaciones igual que ellas escuchan las tuyas. Ves la normalidad de unas personas, y eso es impagable».
Ya tenía la historia armada y sabía, en líneas generales, lo que quería contar, pero necesitaba contrastar su ficción con la realidad: «Intentas entender a través de la documentación, oler un poco, quedarte con un aroma, encontrar un espíritu. No buscas una trama, un argumento. Eso sale de la mezcla de varias cosas, de la imaginación. Quería saber cómo es de dramático, cómo es de esperanzado, cuánto hay de ternura, lo que hay de dolor, lo que hay de alegría, lo que hay de juerga también. Eso no lo consigues yendo un día y preguntando. Seguramente no te van a contestar o te van a decir una cosa que seguramente no sea cierta. Para entender, necesitas hacerlo durante un largo tiempo, porque esa conclusión no la sacas ni de un día ni dedos.Normalmente partes de una intuición. Aparecen cosas que intuiste y otras sorprendentes, que suelen ser las más interesantes».
Y captó la belleza presente en las conversaciones sobre sus hijos, sus novios, sus familias, en sus miradas, en sus vestidos y peinados, en el contenido de sus mochilas, en la forma de enfrentarse al mundo: «Luego hay detalles –cómo cogen el teléfono, por ejemplo– que parece que son una tontería, pero que te hacen falta para escribir un guión. Se trataba de comprobar si no estaba muy equivocado sobre lo que estaba escribiendo. Lo del piso compartido de Zulema sale realmente en una conversación con Marga, una chica albanesa que trabaja en la Casa de Campo. Ella hablaba de sus problemas, de sus diferencias culturales con una familia de ecuatorianos con la que compartía casa, de las broncas con la música, con la ducha... La película se construye con todas esas pequeñas cosas, y hay docenas de ellas».
Tampoco quería rodar desde la mirada del cliente que muestra a las chicas alineadas en el arcén de la carretera a través de la ventanilla del coche. Explica que le interesaba el contraplano de esa mirada; no el diálogo entre el cliente y la prostituta, sino la chica que se gira y se pone a hablar con otra compañera. «Tenía que estar allí cuando se diera la vuelta. Las chicas tenían mucha confianza en el colectivo y para ellas no era un problema que yo estuviera en la furgoneta acompañándolas. Eso me lo puso muy fácil. Una de las primeras cosas que descubrí es que, como en cualquier otro mundo, todo es bastante ambiguo, las fronteras no están tan claras, tenemos visiones bastante esquemáticas de las cosas. Es un mundo tan complejo como el que más, con tantas posibilidades y situaciones distintas como personas hay dentro. Cada chica con la que hablaba tenía una circunstancia vital completamente distinta».
Mimar a las chicas de la calle
Antes de comenzar el rodaje, y ya cerrado el casting, con Candela Peña como Caye y Micaela Nevárez como Zulema, Fernando regresó a la Casa de Campo acompañando esta vez a las actrices. Micaela afirmaba: «Ahora voy a ver dónde nace Zulema». Todo el equipo técnico y artístico de Princesas se volcó en el proyecto y mimó a las chicas de la calle. Fernando León quería que le devolvieran sus visitas, que fueran ellas ahora quienes se desplazaran hasta el rodaje, que formaran parte de su película. Quería que le echaran una mano y no sólo que aparecieran en la película. «Me apetecía que ayudaran a transmitir a las otras chicas de figuración cómo esperan, cómo se plantan delante de un coche. Me hizo mucha ilusión tenerlas por allí».
Ahora, casi un año después, tenía ganas de mostrarles la película, porque sentía la necesidad de “devolvérsela”, y también algo de temor: «Sobre todo a la gente que ha estado ahí, ayudándote, esforzándose, contándote cosas. Todo está reinventado en la película. Miedo siempre da. Pero esto me pasa siempre. Me ocurrió cuando mostré Los lunes a la gente de astilleros. Y ahora también pasará, pero está claro que habrá que hacerlo igualmente».
Pasó. Y en el preestreno en Madrid las chicas volvieron a acompañarle. No paraba de repetir, y con él todo su equipo, que lo que más le importaba esa noche era la opinión de las chicas. Y hubo momentos especiales en donde ellas aplaudieron con intensidad. Y de nuevo, un pequeño corro donde conversar, pero esta vez no en la Libertina, sino en el patio de butacas, con la mayoría de invitados ya fuera. Fue lo que él llamó, contento y orgulloso, “su primer cinefórum”.
Su deseo es que quienes vayan a ver la película se sientan cerca de las protagonistas, que éstas no les resulten ajenas, que entiendan sus motivaciones. A Fernando León le gustaría, como él dice, que tuvieran la sensación de que les conocen, de que les han visto antes. «Estaría muy bien si se quedaran con una idea parecida a la que me quedé yo durante todo el proceso de documentación. Los personajes de las películas sólo existen si alguien los imagina, los inventa, si alguien piensa en ellos, como dice el personaje de Caye en la película varias veces, algo que repite su madre: “Existimos porque alguien piensa en nosotras y no al revés”. Gracias a Zulema, Caye existe. Zulema piensa en ella y le da la vida. Ahora, si la gente piensa en los personajes, los recuerda y los considera ante todo como personas, les estará haciendo existir. Es algo parecido a lo que pide Caye para sí, lo que pide para ellas».
ustedes me quieren violar
esto no es nada de lo que busco pusto el pormedio del suceso lo que necesito es el genero social en la musica
enrique paez | 16 de Octubre de 2007 - 10:02 PMEs para Mamen briz y para Guilermo zapata, pues me gustaron sus comentarios y queria ver si los puedo publicar en una revsta titulada SERMUJER editada por el instituto de la mujer de BCS
Gracias



