8 de Agosto de 2005
Una bengala en una noche eterna de fuegos artificiales VII
Septima y última parte de este relato en Siete, Que podéis leer completo aquí.
¡El desenlace final! ¡El momento cumbre!, la dolorosa verdad de una sociedad tecnificada y saturada de estímulos, un canto de amor al periodismo y los relatos. Déjense llevar por las sutiles palabras de esta gran narracíón... ah sí, y mañana publicaré el epílogo, pues cómo todo relato en siete partes, tiene en realidad ocho partes.
VII
“La noche es casi más luminosa que el día, en el centro la luz artificial ilumina metrópolis como un fluorescente violeta. Los anuncios surcan el cielo, las televisiones de calle emiten por doquier, los puestos de acceso a la red Wi-Fi proliferan por todas partes, todo el mundo emite y graba, los estímulos se disparan. La ciudad está más viva por la noche. Desde la terraza del apartamento puedo ver el deambular constante de la ciudad, completamente ajena a los sucesos de la tarde... No vieron su cuerpo convulsionarse por el dolor, no vieron sus mejillas atestadas de lágrimas, sus ojos hinchados. No la vieron buscar aire resistiéndose a la muerte. Yo si lo vi. Se llamaba Julian Parker, era periodista. Lo seguía siendo. Me encargó que contara su historia.
Estuvo en las primeras guerras del agua, cuando el banco Mundial impuso aranceles sobre el uranio escribió una crónica que recorrió el mundo. Contó cómo las primeras movilizaciones de transgéneros se hicieron populares. Entró con el ejercito Japonés en Taiwán y vio a los jóvenes Taiwaneses lanzar cócteles molotovs contra los Mechas japoneses. Escribió el mejor libro sobre política meridional de los últimos 20 años y no dejó de escribir en toda su vida.
Me pidió que contara su vida a pesar de que cualquiera de ustedes puede leerla en los depósitos informativos municipales, a pesar de que cualquier buscador les indicará con mucha más precisión que yo cómo y por qué hizo según qué cosas. A pesar de que todos sus artículos son accesibles. Me pidió que lo hiciera sabiendo que sería imperfecto, grosero y mentiroso (sí, créanme que hay partes que me he saltado o que he modificado, eso es el periodismo), que opinaría sobre otras cosas y que en algunas estaría en franco desacuerdo.
Miro por la ventana plagada de anuncios, constantes flujos de información atraviesan mis lectores LEDs, tengo miles de correos diarios, y miles de canales de televisión y lo entiendo. Su memoria, como una bengala en una noche infinita de fuegos artificiales, es un estímulo minúsculo. Me pide que cuente su historia para que la cambie, para que la traduzca, para que se la ofrezca, es mi responsabilidad y mi prerrogativa como periodista. Quiere que sus relatos se recuerden, me pide “cámbiame para seguir viva”.. Ha muerto esta tarde, se llamaba Julian Parker, y era periodista”



