4 de Agosto de 2005
Una bengala en una noche eterna de Fuegos Artificales V
Quinta parte de este relato en siete. Podéis leerlo completo aquí, esta quinta parte es, dígamoslo ya, de acción. Trepidante y con efectos especiales de los de CGI y toda la pesca. Un mero disfrute para chicos y grandes, y un siempre agradable paseo por los cielos de Metrópolis (¡que ustedes no saben lo que es Metrópolis¡ Bueno, ya se irán enterando) Y para los que acaban de llegar decirles que este trepidante relato trata- de momento- de un periódista que quiere llegar a su cita con una mujer que se muere y que no puede porque hay un atasco (así que Metrópolis podría ser Madrid un Agosto cualquiera) y entonces se va volando en taxi para llegar a tiempo. Y entre estas cosas, pues una mujer se muere y alguien recibe la noticia de que esta mujer se muere.
Puro minimalismo posmoderno.
Sin más, se abre el telón.
V.
"Sólo los miembros del cyber escuadrón, algún transporte público, los helicópteros de las grandes empresas mediáticas y los transportes de lujo pueden moverse por el nivel dos. Cuando las ciudades se colapsaron y su crecimiento empezó a ser también vertical, la riqueza se empezó a medir en alturas.
Alguna vez he ido en cruceros metropolitanos alrededor de la cúpula de Las Aguas, haciendo crónicas de sociedad de alguna de esas fiestas llenas de seres bioesculpidos, androides de compañía y otras delicatessen de diseño.
Nunca había surcado el cielo de metrópolis en taxi con un ser unicelular aterrado como conductor. La policía me había perseguido otras veces, pero nunca a esa altura. Da vértigo. Pero al menos yo no he vomitado.
Para alguien que nunca ha transitado el nivel dos, la idea de “calles” es algo compleja, al fin y al cabo estamos en el aire, y si bien hay pasarelas en muchos edificios (especialmente los corporativos y los grandes centros comerciales) en esas zonas no hay tráfico aéreo. Con lo que las “calles” consisten en unas bollas retropropulsadas que se encuentran suspendidas cada cierto tiempo en medio de la nada. Cuando uno está acostumbrado a deambular por la zona, esas bollas es todo lo que necesita para moverse, cuando es la primera vez cree que sólo son señales. No entiende que cuando se sale del recorrido marcado por éstas la policía se entera, y que cuando la policía se entera....
Pero al menos con la policía, los treinta metros escasos que nos han separado de una muerte segura, el pánico pegado al cielo del paladar y las impresionantes vistas, nos hemos ido acercando al sanitario metropolitano y a su pequeña pista de aterrizaje para los distintos deslizadores y los transportes médicos que se acerca a una velocidad considerable.
Son las cosas que hace la velocidad, cuando vas muy rápido tienes la sensación de que será imposible detenerse, tienes la sensación de que vas a acabar con los dientes decorando un parquímetro, pero los buenos ingenieros inventaron los frenos. Los frenos que han conseguido que, de alguna manera poco elegante, nos encontremos a poco centímetros del helipuerto del Sanitario Metropolitano.
Cory Wang se sujeta la ropa médica con las manos, intentando que los retropropulsores del taxi no la hagan salir volando y me mira con gesto de odio. No tengo tiempo de despedirme del conductor (que en breve tendrá un simpático encuentro con los AVS de la policía) así que me limito a saltar al suelo y correr hacia Wang. Me insulta (pero no es la primera vez) y me dice que está a punto de morir, entonces no hay tiempo que perder.”



