1 de Agosto de 2005
Una bengala en una noche eterna de fuegos artificiales II
Segunda parte del relato en siete iniciado el pasado Jueves. Podéis leer la primera parte aquí. Espero que os guste, mañana publicaré la tercera parte.
II.
Cierra las manos sobre la tela de algodón sintético, la aprieta con fuerza, tirando hacia sí. Tensando la fibra con la energía que le queda. Escucha el latir de su corazón, cómo bombea con debilidad desde su pecho, dolorosamente. Si se concentra puede escuchar el sonido de los dedos agarrados a la tela.
Es como si alguien le pinchara con un punzón entre las costillas. Desgarrando músculo, impidiéndole respirar con normalidad. Su cerebro sólo puede centrarse en el dolor. En curvar aún más si cabe las arrugas de los ojos, con ese dolor que dan los párpados cerrados con fuerza.
Cuando suelta la sábana abre los ojos todo lo que puede, como intentando encontrar un aire que no existe, no abre la boca, es una respuesta refleja al dolor. Una lágrima provocada por la tensión se desliza por su agrietado rostro. La tensión pasa.
Bip. Bip
Las máquinas siguen funcionando, su cerebro empieza a recobrar la fluidez, el pinchazo desaparece. Nota entre sus bragas un tacto líquido que le recorre las piernas. Posiblemente se haya orinado por el esfuerzo, pero no sabría decirlo.
Los nanocirujanos ya no son capaces de detener la infección. No lo nota, pero se imagina cómo navega por su cuerpo como un cáncer silencioso, devorándolo todo. Impidiendo la respiración, el bombear de la sangre, la vida.
Una mujer entra, una enfermera. Toca los controles del panel que flota junto a ella. Le sonríe, pero se trata de una sonrisa plastificada, ritual. No necesita que la engañen. Sabe que se está muriendo.
Un relato bastante desgarrador...
biboz | 1 de Agosto de 2005 - 11:12 AM


