28 de Julio de 2005
Una bengala en una noche eterna de Fuegos Artificiales I
Empiezo la publicación en siete partes de un relato sobre la memoria, el futuro, el periódismo y los relatos. Lo escribí hace unos meses y he decidido darle salida. En las notas previas escribí: Este relato, quizás sea un homenaje a Giuliana Sgrena, periodista de IlManifesto, secuestrada durante un mes en Irak y tiroteada por las tropas norteamericanas el día de su liberación, que tres días después de tan traumática experiencia estaba escribiendo para su periódico.
Quizás sea un homenaje a mi abuelo Agustín, que se parece a Clint Eastwood (Clin Esbod, diría él)
Desde luego es un homenaje a Garth Ennis y Darick Robertson, que me dieron la clave
Y no existiría si no fuera por David Granado, que imaginó este relato como si fuera del siglo XX.
Va el primer capítulo. Mañana más
“(...)Porque he sentido toda la dureza de la verdad, lo difícil que es de proponer. Y la fragilidad de quien la busca.”
(Giuliana Sgrena. Il Manifesto)
I.
“Los primeros rayos de la tarde se cuelan tímidamente entre los edificios. Joder, qué buen día hace.
Aquí, en la ciudad, las horas de luz son pocas. El sol desaparece pronto entre los edificios, sólo en la periferia atardece como es debido. La mayor parte de los niños nacidos en la ciudad no conocen la línea de horizonte. El horizonte es un skyline de vidrio y metal, eso si miras hacia arriba. Y tampoco es fácil.
Me ciño la gabardina y pienso en cuánto durará este invierno, con este sol que no enfría y este viento inmóvil que te hiela los huesos. Me apetece un cigarro, pero el médico dice que si quiero llegar a los cincuenta debería dejar de fumar, no es mala pregunta: ¿quiero llegar a los cincuenta? Podría solicitar a la CPU integrada que genere nicotina para mi organismo, pero el tabaco no es sólo eso, es la actitud, como todo.
Un taxi.
Mientras nos deslizamos por la zona superior hacia el centro, me conecto. Es uno de los modelos nuevos, muy sofisticado. Me va a costar una pasta. El lector LED va dando las notas necesarias, correos leídos, sin leer, trabajos variados: Aceptar, rechazar.
Me gusta trabajar en los taxis, así no hay charla. Me dice que hay atasco, ¿cuándo no? Se ha hundido un edificio de vivienda protegida al norte de la ciudad, sin muertos. Una especie de voladura controlada por la historia, grietas que se hacen socavones. Me conecto a la agencia y hablo con Ahira, han mandado a Carl. El nombre lo dice todo. Me pregunta cómo voy. Le miento y le digo que bien, que todo controlado. Su sonrisa de nácar se desliza por la pantalla, no me cree. Hace bien.
El atasco es cojonudo... ¿Y si voy andando? En mi cabeza se escuchan risas enlatadas de teleserie.
Me conecto a las cámaras de tráfico, muy poca gente sabe que esto es posible: Es un servicio público, hace como cien años empezaron a poner cámaras por toda la ciudad, el movimiento de derechos civiles consiguió una enorme movilización para defender la privacidad,: contra la monitorización social- así lo llamaron, siempre buscando nombres incomprensibles. Así que la administración metropolitana negoció que el acceso a las cámaras fuese público. Ese fue el trato, democratizar el morbo. Podemos mirar todos. El movimiento perdió fuerza, la gente estaba dispuesta a ser grabada mientras pudiera ver las vergüenzas de los demás. En diez años nadie se acordaba de las cámaras, formaban parte del paisaje urbano, y mirar no era tan divertido. El resultado final es que la administración sigue mirando y ya nadie sabe que puede hacerlo. En fin, menos cháchara.
Paso de una cámara a otra. Puede ser fácil varias horas de retención. El caos es realmente considerable”.
Ole Guillermo, así se escribe...buen coco.
Mel | 28 de Julio de 2005 - 01:54 PM


