31 de Marzo de 2005
Leves variaciones para narrar buenas historias: La Factoría Pixar.

Un artículo que he escrito para el Numero 3 del periódico Diagonal, una interesante experiencia de periodismo desde los movimientos sociales. Lo podéis encontrar en .pdf en la web del periódico, además tienen una flamante licencia Creative Commons apostando por la libre circulación del conocimiento. El artículo sale un poco más breve en el periódico de lo que sale aquí (me pasé un pelín con los carácteres)
Leves variaciones para narrar buenas historias: La Factoría Pixar.
¿Quién no ha imaginado de pequeño que sus juguetes cobraban vida al salir uno de la habitación¿ ¿Quién no ha creído que había terribles monstruos bajo la cama o en el armario de la habitación? Esas creencias infantiles no son superficiales, remiten a nuestros mundos de referencia, a nuestro sentido de la responsabilidad, del miedo, de la honradez. Son las historias que nos engarzan a una comunidad. En Pixar lo saben y utilizan estos mínimos comunes colectivos para narrar historias.
Su última creación, Los increíbles, ha ganado dos Oscars incluyendo mejor película de animación además de estar nominada en categorías tan importantes como Mejor Guión original.
Un repaso a la llamada “Factoría Pixar” nos deja obras de profundo interés, sabiendo conjugar a la perfección los “deseos de los niños” (a los que tratan como niños, no como tontos) con los de los mayores que los acompañan al cine (o que se escapan en solitario para disfrutar de sus películas) Toy Story, que no en vano contaba en su equipo de guionistas con uno de los hermanos Coen, dio el pistoletazo de salida con una obra llena de ingenio (impagables los adorables alienígenas de secta y su grito “El gancho, el gancho elige a los que salen al exterior) a la que siguió Bichos, Toy Story 2, Monstruos S.A (quizás la premisa más original de cuantas han creado con esa empresa/ciudad modelo años 50-60 alimentada energéticamente por los gritos de los niños de todo el mundo) Buscando a Nemo (un auténtico salto de gigante en el ámbito de la animación por ordenador con el diseño del fondo marino) y por fin, Los Increíbles.
Brad Bird dibuja la clase media sin salirse del guión.
Brad Bird, director de los increíbles tiene en su haber una de las mejores películas de animación de los últimos diez años, un alegato antimilitarista contado en forma de cuento para niños y animación tradicional llamado “El Gigante de Hierro”. Su gusto por las películas de terror y ciencia ficción de serie B de los años setenta le llevaron por la puerta grande hasta Pixar.
A pesar de la indudable calidad de la propuesta, el entretenimiento que proporciona y su inteligencia (superhéroes retirados que no pueden usar sus poderes porque la gente los rechaza) parece que en esta ocasión el relato sigue de forma más lineal el los “canones” de un género que Pixar ha sabido variar con inteligencia. Desde un padre con trabajo aburrido, que encarna los valores del hombre vinculando su potencial “superheroico” a aspectos puramente físicos a la madre ama de casa alegre y resignada, cuyos poderes le permiten una gran fleixibilidad (elastic girl es su nombre) metáfora de un ama de casa bastante tradicional sin un mínimo de ironía en el trazo.
Los hijos de la “peculiar” pareja siguen un patrón similar, siendo él un joven reprimido por no poder usar su supervelocidad y ella, una tímida adolescente con capacidad para proyectar campos de fuerza y hacerse invisible que de nuevo vincula los poderes mentales a las mujeres dejando los físicos para los hombres.
Por su parte el malvado de la película tampoco se separa de esta línea: encarnar como “el mal” a aquel que pretende, usando el ingenio y la tecnología, permitir que todo el mundo sea “igual” y que no haya “superhéroes” no es nuevo en la industria del entretenimiento, y resulta un tanto preocupante desde el punto de vista pedagógico.
Parece sobrevolar permanentemente la idea de que la “igualdad” es aquello que aplana las diferencias y por tanto la autonomía, y que la defensa del bien, es la defensa de esa diferencia que nos hace irreductibles, el problema radica en que “esa diferencia” no es común a todo el mundo, sino patrimonio de seres especiales (al contrario que en otras películas de Pixar, como Monstruos, donde los gritos de miedo y la risa, común a todo el mundo, alimentaba energéticamente el mundo de los protagonistas)
Afortunadamente, la película nos reserva momentos de inteligencia memorable como esa kafkiana agencia de seguros donde las cosas funcionan en la medida en que nadie llegue a cobrar jamás. No todo está perdido. En Pixar siguen retorciendo (aunque sea levemente) los viejos patrones.
Guillermo Zapata a las 02:25 PM | Referencias 0


